Trump amenaza con crímenes de guerra en Irán: ¿sabe usted cómo ha respondido la ONU?
Un mes de entresijos y pasillos en el "inservible" edificio de Nueva York
"Ni está ni se le espera". "Deeply concerned". "Un proyecto corrupto que costó 5.000 millones". Naciones Unidas se ha convertido en el hazmerreír de una globalización demolida por patrias y misiles. Irán es la prueba, una más, de lo que ya demostró Ucrania o Palestina. ¿Cuántas vidas se salvan desde ese viejo edificio pegado al East River en Nueva York?, señalan los críticos de tanta burocracia inservible.
Todo esto mientras Donald Trump amenaza públicamente con cometer crímenes de guerra si Irán no reabre el estrecho de Ormuz para este martes. Bombardeos generalizados sobre centrales eléctricas, plantas desalinizadoras, pozos petrolíferos, carreteras, puentes y otras infraestructuras civiles para "devolver a la Edad de Piedra" y generar un sufrimiento generalizado sobre los más de 93 millones de habitantes del país: crímenes de guerra. ¿Y la ONU? Quizá es que no se entiende bien cómo funciona el proyecto, quién lo hace funcionar, quién tiene interés de demolerlo y, sobre todo, ¿cuál es la alternativa a está "inservible" asamblea?
Veamos qué ha sucedido con Irán, ¿el último clavo del ataúd del viejo orden internacional? Esta es una crónica de todo lo sucedido en el mundo del "deeply concerned" el último mes.
El sábado 28 de febrero, el mundo se despierta con la noticia de los bombardeos de Estados Unidos e Israel sobre Irán. Inmediatamente, se activan los mecanismos dentro de la ONU para tratar una guerra que amenaza con escalar y provocar un conflicto en toda la región. El mismo domingo 1 de marzo, se produce una primera discusión en el Consejo de Seguridad de la ONU que lo componen los cinco miembros permanentes, con su derecho a veto, EEUU, China, Rusia, Francia e Inglaterra, y los diez miembros no permanentes que son ahora Baréin, Colombia, República Democrática del Congo, Letonia, Liberia, Dinamarca, Grecia, Pakistán, Panamá y Somalia.
En esa discusión quedan claras ya algunas posturas que van a marcar el porqué del inmovilismo. La oficina del secretario general expone los hechos: Israel y Estados Unidos han bombardeado Irán, pero remarca también los ataques de Irán a los países vecinos. Es lo segundo lo que parece concentrar el interés diplomático, mientras que el ataque que desencadena todo pasa inadvertido.
"Estos ataques constituyen una grave violación de la soberanía de dichos países, de los principios de buena vecindad y una clara contravención del derecho internacional y de la Carta de las Naciones Unidas, independientemente de cualquier justificación o pretexto. Asimismo, atacar a civiles y bienes de carácter civil constituye una grave violación de las normas del derecho internacional humanitario", dice en un comunicado ese mismo 1 de marzo el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), del que forman parte Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Kuwait, Omán, Catar y Baréin. Señalan a Irán.
Las cartas de la partida diplomática ya se han repartido y, como siempre, los Estados miembros de la ONU juegan en el Consejo de Seguridad con la misma pelota pero con reglas distintas. Rusia especialmente asume el papel de estilete y culpa a Washington y Jerusalén de lo sucedido, con la aquiescencia de Pekín, mucho más sutil que Moscú en sus ataques, y la posición intermedia de Pakistán, Somalia y Colombia, que se sitúan en campo neutral. El resto, sin embargo, no critica los bombardeos de Trump y Netanyahu, pero sí señalan el peligro de extender el conflicto a terceros y a aguas internacionales con la respuesta de Teherán.
Tablas. Todos mal
"El Alto Comisionado de Naciones Unidas para Derechos Humanos, Volker Türk, condenó los ataques militares lanzados esta mañana contra Irán por Israel y Estados Unidos, así como las represalias posteriores de Teherán, y advirtió que, como en todo conflicto armado, la población civil es la que termina pagando el precio más alto", dijo la ONU el 2 de marzo. Tablas. Todos mal. Un comunicado muy ONU para enfadar y agradar a todos a la vez.
En los siguientes días, Teherán mantiene sus ataques a los países del Golfo, a los que considera aliados de Estados Unidos, e internacionaliza del todo el conflicto con un movimiento arriesgado y audaz en el que paraliza todo el clave tráfico marítimo que pasa por el estrecho de Ormuz. "Cualquier país en la región que sirva de base para atacar a Irán será considerado un objetivo legítimo", anuncia el Estado Mayor iraní, contraviniendo en su defensa todo el derecho internacional. Bajo esta doctrina, ¿Ucrania está legitimada para atacar a Irán por su apoyo a Rusia?
Una resolución desde el Golfo
Ese movimiento hace que el CCG ponga toda su maquinaria diplomática a trabajar. En esos días, la mayoría de embajadores extranjeros en esos países son llamados a consultas privadas en las que se les pide que sus gobiernos apoyen una resolución que presentará Baréin en el Consejo de Seguridad para condenar los ataques iraníes. Se mima cada detalle, cada párrafo, para que no haya un adjetivo o un nombre de más que provoque desafecciones.
El CCG, que cuenta con un miembro sentado en el Consejo, sabe que son ellos y sus petrodólares los que deben asumir ese papel diplomático, y no Washington, para no verse arrastrados por los recelos que genera Estados Unidos. "Les hablo mientras ahora mismo suenan las sirenas (antiaéreas)", advierte ante el Consejo el embajador de Baréin en la ONU, Jamal Fares Alrowaiei.
Los países del Golfo han movido bien sus hilos y no sólo consiguen que el 11 de marzo se apruebe la resolución que condena los ataques de Irán sobre ellos y Jordania, con la abstención de China y Rusia, sino que consiguen el récord histórico de apoyos a una resolución de la ONU. Baréin, para mostrar que el apoyo es genérico a su causa, decidió abrir la resolución al resto de Estados miembros no presentes en el Consejo de Seguridad. 136 países votan a favor de la condena de unos ataques que ponen en peligro la estabilidad económica mundial. "Cese inmediato de todas las agresiones iraníes", exige el texto.
El paria "abandonado" por China y Rusia
Para entonces, Irán sabe que se ha quedado aislado en su lucha, pese al paraguas de Moscú y Pekín. La comunidad internacional no va a apoyar al sangriento régimen de los ayatolás que un mes atrás ha desencadenado la enésima masacre entre su población, y que lleva años alimentando grupos extremistas que ponen en riesgo la estabilidad de toda la zona. Se habla de lo que hacen ellos, pero no de lo que les hacen a ellos. Ahí han perdido la partida.
El representante iraní calificó la jornada de "profundamente lamentable" y recordó que "Washington empezó esta guerra". El representante de Estados Unidos, Mike Waltz, esta vez sí estuvo contento con el funcionamiento de esa cara y vieja sede de funcionarios corruptos, que cree que es su jefe, y declaró: "Esto es exactamente de lo que deberían tratar las Naciones Unidas".
Esa misma jornada, Moscú presenta una moción propia porque cree que en la aprobada, y en la que ellos se han abstenido, no se aborda la causa final del conflicto que es el ataque unilateral de EEUU e Israel. "Moscú ha declarado repetidamente que la actual crisis en el Próximo Oriente se debe a la agresión no provocada de EEUU e Israel contra la República Islámica de Irán", señaló su Ministerio de Asuntos Exteriores en un sorprendente alegato donde Moscú se preocupaba por los daños a infraestructuras civiles y medioambientales, como si su actuación en Ucrania ocurriera en otra galaxia.
En Nueva York sus palabras son más conciliadoras y hablan de cese de las hostilidades sin mencionar culpables del conflicto. "Buscábamos un consenso", justifica su embajador, Vasili Nebenzia, ante la tabla rasa que se hace en su texto. Eso es el documento más próximo, en este ya más de un mes de conflicto, que se ha presentado en la ONU cuestionando a Estados Unidos e Israel, y ni siquiera se les menciona.
La propuesta del Kremlin contó con los votos a favor de Rusia, China, Pakistán y Somalia; los votos en contra de Estados Unidos y Letonia, y las nueve abstenciones del resto de miembros del Consejo de Seguridad. No pasó. La credibilidad de Rusia como garante de derechos humanos e internacionales no pasa por su mejor momento.
Pero... ¿y para qué sirve?
Evidentemente, la resolución de condena aprobada por la ONU, que no cuenta con propuesta ejecutiva, no sirve de nada que no sea para calentar el ambiente diplomático. La ONU no es un organismo autónomo, conviene recordarlo, es la suma de voluntades de sus Estados miembros, y con posiciones tan antagónicas de los países con derecho a veto es muy complicado sacar adelante nada.
Ni siquiera el viejo bloque occidental es ya compacto, ya que su líder, Washington, está en una nueva aventura donde Europa, y algunas democracias como Japón, Australia o Corea, han sido sustituidas por su "Board of Peace" (Junta de Paz) en el que los nuevos aliados son Bielorrusia, Vietnam, Pakistán, Israel, Camboya, Egipto, Argentina, El Salvador, Turquía, Hungría, Arabia Saudí… Una mezcla variopinta, entre dictaduras, monarquías absolutistas o democracias "amigas" de MAGA, de la que Trump ha dicho que "será el organismo internacional más trascendental de la historia".
Trump ha inventado y creado ad hoc este organismo que él dirige e inspira, y que debería sustituir a la inservible ONU. ¿Quién tiene interés en mantener por tanto el viejo proyecto de funcionarios woke en el que no funcionan las escaleras mecánicas si él está creando uno eficiente y nuevo?
Cuesta entender qué es lo que no le gusta de la ONU a Trump teniendo en cuenta que acaba de secuestrar a un mandatario extranjero (Nicolás Maduro) e iniciado una guerra (Irán), y no ha habido siquiera una votación en la Asamblea General sobre la legalidad de ambas actuaciones.
"Pekín defiende firmemente el sistema internacional centrado en la ONU", manifestó el Gobierno chino el 26 de enero ante las palabras de Trump de que el Board of Peace sustituyera a la ONU. No se vislumbra que el plan de Donald vaya a ser muy global.
Pero mientras eso sucede, los que aún creen en que la ineficaz ONU es más necesaria que nunca como, al menos, tablero de juego internacional, luchan por sacar adelante iniciativas en el único lugar donde globalmente hoy puede hacerse. El secretario general, Antonio Guterres, ha nombrado a un representante, el francés Jean Arnault, para abrir negociaciones entre Irán, EEUU e Israel, y a la vez ha movilizado una fuerza de choque, involucrando a varias agencias de la ONU, para conseguir que Irán abra el estrecho de Ormuz al paso de fertilizantes.
Guterres sabe que Irán puede perder todo mínimo apoyo del Sur Global si crea con su cierre de aguas internacionales un problema alimentario que empieza a vislumbrarse. El gas tiene una relación directa con los fertilizantes, y el cierre del Estrecho ha generado que barcos con toneladas de estos productos estén varados a la espera de la resolución del conflicto. El secretario general de la ONU está intentado sacar adelante un acuerdo parecido al que hubo con el grano en el mar Negro durante la guerra de Ucrania. "Las perturbaciones del comercio marítimo en el estrecho de Ormuz corren el riesgo de desencadenar un efecto dominó que afectará a las necesidades humanitarias y a la producción agrícola en los próximos meses", ha alertado Naciones Unidas.
¿Abrir Ormuz?
Baréin, que durante el mes de abril ocupa la presidencia del Consejo de Seguridad, ha ido a su vez jugando sus cartas, con el apoyo del club de los petrodólares, para sacar adelante una nueva resolución que abriera las aguas internacionales del estrecho de Ormuz. Durante días, los movimientos diplomáticos en Nueva York han sido discretos y muy medidos. Esta vez no valía el "deeply concerned", esta vez se apostaba por una coalición internacional con fuerza coercitiva. La propuesta era invocar el Capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas que permite el uso de la fuerza.
La jugada era compleja. China, el país que más depende del estrecho de Ormuz para su abastecimiento energético, está profundamente interesada en que se acabe el bloqueo, y ha ido moviendo sus hilos junto a Pakistán para hallar una solución al conflicto. Para Pekín esta es, además, una zona clave para consolidar su Ruta de la Seda hacía el oeste. Rusia debía medir hasta dónde llega su apoyo a Irán para no generarse problemas con el CCG, pero dejó claro desde el primer momento, al igual que China, que no iba a apoyar nada que invocara el Capítulo VII.
Ahí empezaron los malabares diplomáticos de Baréin. Se ha retirado la referencia al capítulo VII, pero el tono del texto sigue siendo de uso de la fuerza para asegurar el tránsito por el estrecho. Por ahora, Moscú y Pekín se niegan a una resolución que no implique el cese de hostilidades también por parte de Washington y Jerusalén.
La semana pasada, el propio ministro de Asuntos Exteriores de Baréin se desplazó a Nueva York para sacar adelante su propuesta. Fue llamativo ver al ministro llevarse al embajador chino aparte en lo que parecía intentar convencerle de algo que por ahora no ha sucedido: que Pekín bendiga su propuesta.
Francia, por su parte, también ha presentado alternativas. París no quiere un texto abierto, que implique uso de la fuerza de forma genérica, sino un plan defensivo, cuando la situación se calme, para asegurar el tránsito por aguas internacionales. Y tras Francia, hay muchos países europeos y no europeos que están dispuestos a mandar barcos si es con un mandato de ONU.
Baréin y el CCG siguen trabajando para que esta semana llegue al Consejo un texto que, si nada cambia, parece destinado al enésimo "deeply concerned" o al veto. Tras muchas idas y venidas se puso fecha a la votación: el pasado sábado 4 de abril a las 11 se iba a votar su plan en el Consejo. El viernes por la tarde, Baréin mandaba un comunicado diciendo que se posponía la votación alegando entre otras cosas que era Semana Santa.
La excusa no cuela, era Semana Santa ya cuando se convocó el viernes, pero los bareinís no quieren enfrentarse a una derrota segura con el veto de Pekín y Moscú. Y no parece que Rusia y China vayan a aceptar en este momento nada que signifique un mandato para abrir por la fuerza el estrecho de Ormuz sin detenerse los ataques de Israel y Estados Unidos. El CCG y sus petrodólares siguen buscando un hoy lejano consenso.
Esto ya no es un conflicto Sur Global versus Occidente, es un tema geopolítico mucho más complejo. La ONU se tambalea por su propio sistema de funcionamiento, basado en el mundo salido tras la II Guerra Mundial que en poco se parece al actual. Y por un cambio de liderazgos, especialmente en un EEUU, que bajo esta Administración no cree en la multilateralidad ni está dispuesta a tener que pasar por la aprobación de nadie en sus planes militares.
Irán ha sido otro clavo más en un ataúd de un proyecto global que muchos quieren enterrar. Siempre hubo vetos y parálisis de las superpotencias, que usaron el veto bajo sus intereses, pero ahora no hay ya siquiera interés en revestir de legal y global las actuaciones unilaterales.
Opinión Finalmente, a las 11 de la mañana de Nueva York, está previsto que se vote la nueva resolución que ha presentado Baréin. Los cambios son sustanciales en el borrador: ni hay ya referencia al capítulo VII, ni hay referencia en el texto que ahora mismo se ha presentado a las delegaciones diplomáticas al uso de la fuerza. Pero se abre una puerta interpretativa. Un párrafo que antes del sábado decía “se autoriza” todos los medios defensivos necesarios, que en lenguaje ONU significa uso de la fuerza, se ha cambiado por “strongly encourages States” (alienta encarecidamente a los estados), que en lenguaje ONU significa que se recomienda que se tomen medidas, y deja al arbitrio de los estados hacerlo. ¿Será suficiente para pasar el filtro de Rusia y China? ¿Será suficiente para que algún Estado se sume a la petición de Trump?
Como con Palestina y Ucrania, no la ONU, sino los países que la integran han demostrado que ante hechos similares tienen posicionamientos diversos según sus propios intereses económicos, electorales o geopolíticos. Los graves problemas de la aldea global quizá no se solucionen con la existencia de Naciones Unidas, pero parece que podrían surgir muchos más si el único organismo global desaparece. Y a Washington, el creador y benefactor del proyecto, no parece importarle ahora eso.
"Ni está ni se le espera". "Deeply concerned". "Un proyecto corrupto que costó 5.000 millones". Naciones Unidas se ha convertido en el hazmerreír de una globalización demolida por patrias y misiles. Irán es la prueba, una más, de lo que ya demostró Ucrania o Palestina. ¿Cuántas vidas se salvan desde ese viejo edificio pegado al East River en Nueva York?, señalan los críticos de tanta burocracia inservible.