El bucle de la muerte en Irán: por qué veremos a un Teherán cada vez más radical
Cada vez hay más dudas sobre si la campaña de Israel contra los altos mandos de la República Islámica dará lugar a la caída del régimen o, por el contrario, a un nuevo modelo capitaneado por militares y más radical
Imagen de Ali Jamenei en un funeral de un miembro de la Guardia Revolucionaria de Irán. (EFE/EPA/Abedin Taherkenareh)
El máximo responsable de seguridad de Irán, Ali Larijani, caminaba hace poco más de una semana por las calles de Teherán. Iba vestido con un abrigo negro y gafas de sol oscuras en una manifestación a favor del régimen de los ayatolás. "Gente valiente. Funcionarios valientes. Líderes valientes. Esta combinación es invencible", escribió en su cuenta de X. Esa fue su primera aparición pública desde que Estados Unidos e Israel atacaron Irán el 28 de febrero. También fue la última. Días después, murió en un ataque con misiles de Tel Aviv.
Esa misma semana, Israel anunciaba que el líder de la milicia Basij, Gholamreza Soleimani, y el ministro de Inteligencia iraní, Esmail Khatib, también fueron abatidos en ataques aéreos. En total, en cuatro semanas, cerca de 35 figuras importantes de la República Islámica han muerto en el marco de la ofensiva.
Estos últimos asesinatos han sido la punta de lanza de una estrategia que se inició con la caída del líder de los ayatolás, Ali Jamenei. Después de esta operación conjunta con las fuerzas estadounidenses, Tel Aviv ha incrementado la presión sobre las figuras del régimen por su cuenta. Su objetivo final, según Israel Katz, ministro de Defensa, es "cortar la cabeza del pulpo".
Esa cabeza podría haber sido la de Ali Jamenei, pero los tentáculos siguieron moviéndose a pesar de la muerte del líder ayatolá. También después de la de Ali Larijani. En uno de los momentos álgidos de la ofensiva israelí contra los altos mandos de Teherán, se han empezado a plantear interrogantes sobre hasta qué punto puede ser efectiva su campaña para tumbar al régimen. O si, de lo contrario, puede tener consecuencias imprevisibles.
En Tel Aviv parecen convencidos de que los ataques sin tregua van a debilitar lo suficiente al Gobierno iraní como para que su única salida sea la rendición. Algunos analistas discrepan. Nathan J. Brown, profesor de Ciencias Políticas y Asuntos Internacionales en la Universidad George Washington y experto en políticas islámicas del Carnegie Endowment explica a El Confidencial que la promoción del hijo de Jamenei, Mojtaba, implica que Irán "se ha convertido aún más en una dictadura de un pequeño grupo de personas con un trasfondo combinado religioso, militar y de seguridad".
El hijo del líder ayatolá fue presuntamente herido en uno de los ataques aéreos al inicio de la guerra, pero se desconoce su paradero y su estado de salud. En los mensajes que ha dirigido al pueblo, no aparece físicamente ni se reconoce su voz. "No está claro qué efectos tendrá esta situación y su perfil, más conocido por su papel político que por sus credenciales religiosas, en la política iraní. Pero sí sugiere que una 'rendición incondicional' no es ahora una opción real", sostiene a este periódico.
Otras voces apoyan esta teoría y añaden que es difícil, si no imposible, derrocar a un gobierno desde el aire. Y, si el régimen iraní sobrevive, podría resurgir envalentonado y más peligroso. "Será una clara victoria para el régimen, tanto en circunstancias previsibles como imprevistas", afirmó Farzin Nadimi, investigador principal del Washington Institute, a The Wall Street Journal.
Un pueblo controlado por los militares
Este escenario plantea que, aunque haya un cambio en el Gobierno de la República Islámica, este no tiene que ser necesariamente positivo y que cada nuevo asesinato puede reforzar una radicalización de las altas esferas. "Este régimen se nutre de una teología del sufrimiento, por lo que cuantos más asesinatos haya, más resistentes se volverán y personas con menos experiencia ascenderán a puestos de mayor responsabilidad", sostenía el historiador Bader Al-Saif en un análisis.
Esto podría desplazar aún más el poder hacia las fuerzas armadas. En unas declaraciones recientes del presidente Masoud Pezeshkian, sugirió que las fuerzas armadas han recibido amplia autoridad para actuar si la cúpula militar queda incapacitada. En la práctica, esto podría significar que las decisiones se tomen con mayor rapidez, pero con menor coordinación central.
Varios analistas han compartido sus teorías sobre un Gobierno iraní capitaneado por las fuerzas militares. Uno de ellos es Jonathan Panikoff, el director de la Iniciativa de Seguridad para Oriente Medio de la consultoría política Scowcroft, compartido en Atlantic Council. Panikoff plantea la posibilidad de un Estado dominado por los militares en el que el nuevo líder supremo, Mojtaba Khamanei, es socio pero no la autoridad final o última, como lo fue su padre, y con el poder firmemente concentrado en manos de la Guardia Revolucionaria Islámica.
Este cambio en la cúpula de gobierno abre tres escenarios, según el analista. El primero es un aumento de la amenaza regional e interna y que Teherán adopte posturas aún más intransigentes para consolidar el poder militar. "En segundo lugar, podría intentar ganarse rápidamente el apoyo del pueblo iraní mostrando mayor flexibilidad para llegar a un acuerdo con Estados Unidos a cambio de un impulso económico mediante el levantamiento de las sanciones", explica.
En el tercer escenario se desencadenaría un período de confusión y luchas por el poder en el que los países occidentales tendrían que decidir hasta qué punto intervenir e influir en el resultado.
Nathan J. Brown añade que el régimen de Irán se describe normalmente como una mezcla de "teocracia" y democracia, porque el líder supremo es una figura religiosa de alto rango, mientras que el presidente y el parlamento son elegidos. Sin embargo, recuerda que ya bajo Jamenei se produjo una lenta institucionalización en la que algunas estructuras del Estado. "Sobre todo la Guardia Revolucionaria se volvió políticamente e incluso económicamente dominante y áreas clave de la política se mantienen fuera del alcance de las instituciones electas", explica a El Confidencial.
Si había alguna posibilidad de negociar un acuerdo entre EEUU, Israel e Irán, para muchos se alejaron con el asesinato de Ali Larijani la semana pasada. Esta figura era especialmente simbólica porque tenía fama de pragmático y ser capaz de trabajar tanto con figuras más moderadas dentro del Gobierno como con líderes militares de línea dura. Es un político difícil de reemplazar dentro de la cúpula de poder iraní.
Desde el inicio de la guerra y de la muerte de Ali Jamenei, también fue una de las figuras más reconocidas del Ejecutivo iraní. El propio Donald Trump aseguró que buscaba un diálogo con Irán, pero que ya no conocía a nadie dentro de las altas esferas del poder en Teherán. "Lo estamos pasando mal. Queremos hablar con ellos, pero no hay con quién hablar. No tenemos con quién hablar. Y saben qué, nos gusta que sea así", dijo.
"Su armada ha desaparecido. Su fuerza aérea ha desaparecido. Su defensa antiaérea ha desaparecido por completo. Todo ha desaparecido. Su radar ha desaparecido por completo. Todos sus líderes han desaparecido", añadió.
Muy poco antes de que expirara el ultimátum que el presidente dio este fin de semana a Irán para abrir el estrecho de Ormuz, Trump anunciaba otra tregua y aseguró que su administración había mantenido conversaciones con Teherán. Aseguró incluso que había "importantes puntos de acuerdo". Sin embargo, la República Islámica ha negado que estas conversaciones tuvieran lugar. Es, según el régimen, una estrategia de EEUU para intentar ganar tiempo y reducir los precios de la energía.
Donald Trump no ha dado detalles sobre quién está liderando esas conversaciones que, según Teherán, ni siquiera existen. Algunos de sus líderes han dado además pocas señales de estar dispuestos a sentarse en la mesa de negociación. Este lunes, un portavoz del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI) se burlaba del mandatario estadounidense con una de sus frases más reconocidas. "Oye, Trump, estás despedido. Ya conoces esta frase. Gracias por tu atención a este asunto", dijo en un vídeo difundido en redes sociales.
Sima Shine, exoficial del Mossad e investigadora senior en el Institute for National Security Studies (INSS) de Israel, reconocía en una entrevista con El Confidencial que los asesinatos recientes por parte de Israel no garantizan el camino hacia la paz. "Ninguno de los líderes eliminados hasta ahora era un moderado o un pragmático con el que se pudiera negociar con Occidente. Eran figuras radicales, y todavía quedan muchas. Veremos. Puede que se vayan nombrando a nuevos más radicales y sea aún más difícil. Pero tendrán que tomar una decisión sobre cómo quieren continuar: ¿ser destruidos completamente o llegar a un acuerdo? Espero que opten por un compromiso", concluyó.
El máximo responsable de seguridad de Irán, Ali Larijani, caminaba hace poco más de una semana por las calles de Teherán. Iba vestido con un abrigo negro y gafas de sol oscuras en una manifestación a favor del régimen de los ayatolás. "Gente valiente. Funcionarios valientes. Líderes valientes. Esta combinación es invencible", escribió en su cuenta de X. Esa fue su primera aparición pública desde que Estados Unidos e Israel atacaron Irán el 28 de febrero. También fue la última. Días después, murió en un ataque con misiles de Tel Aviv.