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Donald Trump ha roto el Golfo Pérsico. Puede que para siempre
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sin burbuja estratégica no hay paraíso

Donald Trump ha roto el Golfo Pérsico. Puede que para siempre

Las petromonarquías del Golfo presionaron para evitar la guerra, pero no les escucharon. Ahora, su población, su economía y su futuro están en serio peligro. Gane quien gane, ellos ya han perdido. Y están enfadados.

Foto: El skyline de Doha. (EFE)
El skyline de Doha. (EFE)
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Da igual cómo acabe la guerra en Irán, Oriente Medio ya nunca volverá a ser el mismo. La ofensiva de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica tiene cada vez menos probabilidades de finalizar con un cambio de régimen limpio. Los escenarios para el día después son sombríos. Es difícil encontrar algún análisis o prospectiva que augure una región más estable o próspera cuando cesen las hostilidades. Donald Trump ha roto el Golfo; puede que para siempre.

Con sus diferencias y tensiones, los seis países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) llevaban una década trabajando en levantar una imagen mancomunada de nuevo paraíso financiero. Con sus impolutos rascacielos, coches de lujo, playas artificiales e influencers de marca vendían al mundo un oasis de paz y negocios en medio de una región pobre y lastrada por perennes conflictos. Parecía que el Edén podía aguantar la férrea represión interna, las constantes denuncias de abusos a los derechos humanos y el fanatismo religioso, pero no que suenen alarmas antiaéreas.

"Estados Unidos e Israel pueden haber provocado una transición de régimen de la peor manera posible", asegura Ilan Goldenberg, exasesor de la Casa Blanca y del Departamento de Defensa, y vicepresidente del lobby prosionista liberal J Street. La muerte natural del abatido ayatolá Alí Jameini, con 86 años y enfermo de cáncer, podría haber propiciado una transición hacia un liderazgo menos radical o, como mínimo, más pragmático, argumenta el analista.

"En vez de eso, el régimen iraní tomó su decisión más trascendental bajo una amenaza externa existencial, otorgando a los sectores más duros una clara ventaja. Ahora tenemos a un sucesor 30 años más joven (Mojtaba Jamenei, hijo del asesinado Alí), profundamente vinculado a la Guardia Revolucionaria y radicalizado por la propia guerra —incluida la muerte de sus familiares—. Desastroso", sentencia Goldenberg.

Durante semanas, las petromonarquías del Golfo hicieron una intensa —aunque a la postre futil— presión diplomática en Washington y Tel Aviv para evitar el conflicto. No les escucharon. Ahora, su población, su economía y su futuro están en serio peligro. Gane quien gane, ellos ya han perdido. Y están enfadados.

"América ha perdido el control de su propia política exterior", se lamentó Badr Albusaidi, ministro de Exteriores de Omán y uno de los mediadores en las recientes negociaciones nucleares entre EEUU e Irán. "Esto es una verdad incómoda (...) Pero debe decirse", escribió el alto funcionario en una columna en The Economist, pidiendo una salida negociada a una "guerra ilegal".

Un dron de interrogación

Allí saben que matar al nuevo líder de la Revolución Islámica no solucionará el problema. Es muy difícil conseguir un cambio de régimen a punta de bombardeo sin poner botas sobre el terreno y romper la cadena de mando cívico-militar (o el país). Si no, otro clérigo radical chií ocupará el puesto. Mientras eso suceda, advierten los expertos, siempre habrá un gran signo de interrogación sobre la seguridad de las petromonarquías del Golfo.

Un escenario que amenaza su multimillonario negocio de ahora y su ambiciosa transición a futuro como polo turístico, hub de transportes y centro financiero global para diversificar una economía dependiente de los hidrocarburos. Sectores —turismo, aerolíneas y banca— que son en extremo sensibles a la percepción de riesgo.

"(Los países del Golfo) van a tener varios problemas serios. Uno: deben redirigir mucho dinero que antes iba a hacer realidad esas visiones a futuro a reparar y reconstruir infraestructura energética y civil. Dos: las inversiones en defensa, que ya eran altas, se van a disparar. Y tres: el financiero. Ya no es el dinero que se va a ir de la región, algo que ya está sucediendo, son empresas y familias que quizás estaban considerando venirse a Riad, Dubái o a Abu Dhabi y ahora van a decir que no porque estas percepciones de seguridad y estabilidad se han roto", comenta Albert Vidal, investigador asociado del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos.

"Esto es lo más grave. El dinero que nunca va a llegar", agrega el analista, especializado en industria de defensa en Oriente Medio.

Tampoco la victoria que persigue Israel —en la que no importa si el país queda sumido en alguna suerte de conflicto civil, regional o étnico/religioso— ofrece garantías de estabilidad a largo plazo. Y si Tel Aviv no consigue un resultado en su campaña que le satisfaga, podría dedicarse a "segar la hierba" en Irán. Una táctica que consiste en bombardear el país cada cierto tiempo —como ha hecho en los últimos años con Gaza o Líbanopara evitar cualquier fortalecimiento militar. De nuevo, los países del Golfo estarían en la trayectoria de cualquier potencial enfrentamiento de salvas entre los adversarios.

"Por cómo se está desarrollando el conflicto y por la naturaleza estratégica de Irán, creo que esto va a ser una ronda más. Desgraciadamente, creo que esto se va a repetir, de un modo u otro. Ni siquiera es necesario que sobrevivan los ayatolás como tal, puede ser la Guardia Revolucionaria o cualquier otro tipo de régimen hostil a Israel y Estados Unidos", apunta Vidal.

Ayatolás sin dientes

Hay algunos analistas más optimistas con el resultado de las operaciones. Consideran que la campaña de bombardeos, que suma más de 15.000 objetivos atacados entre EEUU e Israel —según el secretario de Estado de Defensa, Peter Hegseth— va a dejar a los ayatolás sin capacidad de proyectar fuerza fuera de sus fronteras.

"Cuando ves lo que ha sucedido a los principales instrumentos de poder de Irán —su arsenal de misiles balísticos, su infraestructura nuclear, sus defensas aéreas, su marina de guerra y la arquitectura de sus comandos proxy— el panorama no es de un fiasco estadounidense. Es de una sistemática y progresiva degradación de una amenaza que las administraciones anteriores dejaron crecer durante cuatro décadas", argumenta Muhanad Seloom, profesor de política internacional y seguridad en el Instituto de Doha, en una columna en Al Jazeera.

"Los críticos de la guerra están evaluando el coste de las acciones como si el coste de la inacción fuera cero. Y eso no es así. Era una amenaza que, si se dejaba sin freno, habría generado exactamente la crisis que todo el mundo teme: un Irán nuclear capaz de cerrar el estrecho de Ormuz a voluntad y rodeados de fuerzas proxy que podrían secuestrar toda la región indefinidamente", abunda Seloom.

Los que apoyan esta visión argumentan que la dramática caída en los ataques iraníes con misiles y drones (90%) en los primeros compases de la guerra evidencia que los ayatolás se han quedado sin dientes. La Guardia Revolucionaria y el ejército regular pasaron de lanzar oleadas de cientos de proyectiles (137 misiles balísticos y 209 drones el día 28 de febrero) a apenas unas docenas (4 misiles balísticos y 6 drones el 15 de marzo, según el ISW). Sin embargo, los observadores militares apuntan a que Teherán está atacando de forma más pausada y dispersa, buscando una sensación de riesgo permanente.

"No hace falta mucha capacidad, ni mucha precisión, para causar este daño psicológico y eso se ve muy claramente en el estrecho de Ormuz. No tienen que atacar cada barco que pasa. Simplemente con lanzar un dron cada semana o cada dos —como vimos en el mar Rojo— es suficiente para disparar las primas de riesgo", explica.

Como muestra, un botón. Los premios de Fórmula 1 o las competiciones internacionales de fútbol (como la finalísima) han quedado suspendidos. Hay más de 150 buques petroleros y gaseros esperando paso por Ormuz, y varias navieras, como Maersk y MSC, han suspendido operaciones en la zona. La petrolera Macquarie se retiró de un acuerdo de oleoductos con Kuwait y Meta (y socios) pausaron el trabajo en el proyecto de cable submarino 2Africa Pearls en el golfo Pérsico debido a los riesgos.

La situación podría complicarse más si el Pentágono da la espantada y cierra en falso el conflicto, al que parece que fue arrastrado por Israel. Pero, en realidad, se pueden ir cuando quieran.

“Parece que hay bastante confusión interna en cuanto a los objetivos entre Centcom (destruir capacidades militares), el Departamento de Defensa (capacidades militares + programa nuclear) y la Casa Blanca (cambio de régimen). No sé si esto es por diseño (by design) o no, pero permite a EEUU varias vías de salida, decir que han cumplido su propósito y salir sin tener que rendir cuentas. Aunque no haya cambio de régimen o no hayan terminado con el programa nuclear. Y pese a que es probable que continúe algún tipo de conflicto de baja intensidad", avisa Vidal.

Paradigmas bombardeados

Y esto no lo soluciona un alto el fuego. El conflicto abierto con Teherán ha quebrado dos paradigmas geopolíticos que hacen tambalearse los pilares estratégicos y diplomáticos de la región. El primero es que las bases norteamericanas eran un seguro de vida para los países del Golfo, ya que nadie se atrevería a atacarlas. El segundo es que el Golfo era un buffer diplomático que aportaba estabilidad a la zona.

Ahora, ambos tabúes se han roto. Al menos 17 instalaciones estadounidenses han sido atacadas por los iraníes en Oriente Medio hasta la fecha, de las cuales 11 eran militares, según han identificado analistas de inteligencia de fuentes abiertas y medios. ¿Hará esto que cambie la percepción de las petromonarquías hacia estas bases? ¿Guardarán rencor por haber iniciado el conflicto en plenas negociaciones y sin darles preaviso (lo que les impidió preparar sus arsenales)?

"Es una pregunta difícil porque estos países tienen una relación amor-odio con la presencia militar de EEUU. Veo muy complicado un divorcio de Washington en el corto plazo. Estos países por sí solos no pueden hacer nada contra Irán. No tienen suficientes capacidades efectivas, son muy vulnerables a nivel energético y en infraestructura civil. En última instancia, aunque esto no lo sabemos, es probable que su nivel de capacidad de absorción de sufrimiento y de dolor sea menor al de los iraníes. Además, los países del Golfo tienen más que perder", profundiza Vidal, quien acaba de publicar el análisis Defendiendo los cielos de los países árabes del Golfo, en el IISS.

"El tema no solo son las bases militares. Estos países compran gran parte de su armamento a Estados Unidos. En algunos casos más de 60%. Entonces, es muy difícil decirle a Estados Unidos que se vaya del país y seguirle comprando armamento. Quizás sí veremos a corto-medio plazo una diversificación en las compras de equipo militar. Y puede que, a futuro, una renegociación más dura sobre el uso de las bases", apunta el experto.

Rencores balísticos

Mientras, Irán está sembrando agravios y desconfianzas que resonarán por generaciones en el Golfo y redibujarán el mapa de alianzas de Oriente Medio.

Antes de las hostilidades, países como Omán y Qatar habían sido tradicionalmente más cercanos al país persa. Qatar incluso comparte la explotación del mayor campo de gas del mundo (North Field/South Pars). Emiratos Árabes Unidos y Kuwait, aunque reacios, habían optado por un enfoque más pragmático en los últimos años. En el polo opuesto están Arabia Saudí y Baréin, adversarios históricos de Teherán.

Sin embargo, en estas tres semanas de toma y daca, misiles y drones iraníes han impactado en infraestructuras civiles, logísticas y energéticas de (prácticamente) todos los países del Golfo, matando a unas 15-20 personas (militares y civiles) en la región y provocando la cancelación de más de 40.000 vuelos. Esta misma semana, Teherán atacó una importante instalación de exportación de gas licuado en Qatar, mientras amenazaba con incrementar sus represalias contra infraestructuras energéticas.

La estrategia mosaico de guerra asimétrica y descentralizada de Irán no ha tenido en cuenta los lazos históricos o la afinidad religiosa. Se ha centrado en su estrategia de supervivencia, por lo que uno de los países ha sido más hostigado que el resto.

"¿Por qué Emiratos? El objetivo de Irán no es ganar una guerra convencional. Es causar la máxima destrucción económica posible y, a través de eso, que se acumule la presión política y económica externa y también doméstica. Emiratos es el nodo central financiero y logístico de la región. Puedes causar mucha más disrupción atacando a Emiratos que atacando a Baréin. Además, Emiratos es aliado de Israel y hostil a Irán", apunta Vidal.

De hecho, en la actual guerra de salvas, Irán ha destinado más poder de fuego contra las monarquías del Golfo que contra el propio Israel. Esto ha sido más por necesidad que por elección. Tras los enfrentamientos del año pasado y en los primeros compases de las presentes hostilidades, Irán gastó parte de su arsenal, mientras que las fuerzas estadounidenses e israelíes se han dedicado a arrasar con los vectores de lanzamiento de misiles de largo alcance, sus depósitos y fábricas. Así que golpear a corto alcance, con misiles y drones, le es más barato y viable.

"No va a haber manera de curar esa herida al 100%. Probablemente, (en un eventual escenario de alto el fuego) intentarían mantener un nivel de estabilidad con el que puedan vivir. Pero si de entrada había varios países que no confiaban en Irán, ahora ninguno lo va a hacer. Ni Omán, ni Qatar. Todos saben que mientras el régimen iraní siga allí, esto puede volver a suceder", concluye. Arabia Saudí, Qatar y Kuwait ya estaban entre los diez mayores importadores de armas del mundo (Emiratos se queda en el undécimo puesto), y sus gastos en defensa por encima el 5% del PIB.

El escenario más esperanzador sería que ese enemigo común acabe unificando a las monarquías del Golfo. Que la percepción de ese peligro lime unas asperezas que han empezado a florecer en los últimos cinco años, especialmente entre Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, y de este trance salgan más fuertes que nunca...

Guerra entre hermanos

La tensión entre hermanos del Golfo siempre había sido clara con Qatar, especialmente por el importante uso que ejercía de la cadena Al Jazeera en la proyección regional de sus intereses, muchas veces en contra de los de las monarquías vecinas. La decisión de Doha de buscar su rol geopolítico como puente con los indeseables del mundo (Hermanos Musulmanes, Hamás, los talibanes) le granjeó enemigos y llegó incluso a cristalizar en un bloqueo total de sus vecinos durante casi cuatro años (2017-2021). Qatar, el maverick (disidente, heterodoxo) de Oriente Medio, sobrevivió y fue devuelto al club del Consejo de Cooperación del Golfo.

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Los roces más recientes, sin embargo, eran entre Arabia Saudí y Emiratos. "En los últimos cinco años, ambas naciones estaban reevaluando la dinámica de poder de su relación. Uno de los factores que lo impulsa es la percepción de sí mismo de Emiratos como competidor de Arabia Saudí, en lugar de socio menor", sostiene Cinzia Bianco, investigadora del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR).

En esa reorganización regional, la competición es por la vía más dura (guerras proxy, como Yemen y Sudán) y la más blanda (económica). Arabia Saudí, en su calidad de mayor país del Golfo, y quizá también por la parálisis de su monarquía hasta la llegada del joven Mohamed bin Salman (MBS), se ha permitido tomar más tarde decisiones y aventuras económicas que sus vecinos tuvieron que acelerar en su evolución desde una economía petrolera o gasística.

Así, Arabia Saudí entra más tarde en mercados ya copados por sus vecinos más pequeños, pero con inversiones de mayor tamaño. Por ejemplo, en la aviación: Qatar y Emiratos han logrado establecerse como hub de unión entre Oriente y Occidente con sus respectivas aerolíneas bandera. Hace unos años, Arabia Saudí entró a base de billetera estatal en el mercado. Y así ha replicado la estrategia en los servicios y free zones (zonas francas) financieras, o la diplomacia deportiva.

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"La competencia regional entre países del Golfo ha evolucionado en los últimos años, a medida que Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos buscan atraer inversores y talento extranjeros", admite Eman al Hussein, experta del Instituto de los Estados Árabes del Golfo en Washington, aunque en su opinión esa competencia económica es, de momento, más soterrada.

Pero pocas cosas ejemplifican esa mayoría de edad geopolítica de Emiratos Árabes Unidos como la incursión en Yemen. En 2015, Emiratos se unió a Arabia Saudí en la primera aventura militarista del recién entonces nombrado ministro de Defensa, Mohamed bin Salman, la ofensiva sobre Yemen contra los rebeldes hutíes (parte del eje chií aliados de Irán). Pero cuando la operación se demostró lejos del paseíllo militar que MBS calculaba, Emiratos Árabes Unidos retiró en 2019 sus fuerzas y se dedicaron entonces a apoyar a las milicias, con la intención de asegurar su acceso a los puertos al Mar Rojo. Emiratos y Arabia Saudí se encontraron, desde entonces, en lados contrarios de un conflicto todavía abierto. Un escenario que se replica en Sudán, donde Emiratos Árabes Unidos ha invertido capital y mercenarios para asegurarse el control de puertos estratégicos a la otra orilla del Mar Rojo.

"Es preocupante porque [la tensión militar entre Arabia Saudí y Emiratos] compromete los esfuerzos para abordar todos los puntos de tensión en la región: Yemen, Gaza, Siria, Líbano y Sudán", aseguró Dan Shapiro, exdiplomático estadounidense ahora en Atlantic Council, al Financial Times el pasado diciembre. "Será más difícil resolver cada uno de estos problemas si Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos no están de acuerdo y ven sus intereses en conflicto".

Acabe como acabe la guerra, Oriente Medio no va a ser el mismo. Y con el sueño del Golfo roto durante al menos las próximas dos décadas, con las recetas de futuro económico muy mermadas y el status quo entre potencias regionales temblando, ¿habrá suficiente pastel para todos, o deberán despedazarse por los restos de lo que pudo ser?

Da igual cómo acabe la guerra en Irán, Oriente Medio ya nunca volverá a ser el mismo. La ofensiva de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica tiene cada vez menos probabilidades de finalizar con un cambio de régimen limpio. Los escenarios para el día después son sombríos. Es difícil encontrar algún análisis o prospectiva que augure una región más estable o próspera cuando cesen las hostilidades. Donald Trump ha roto el Golfo; puede que para siempre.

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