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Israel está invadiendo el Líbano. Puede que esta vez se quede más del 10% del país
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Israel está invadiendo el Líbano. Puede que esta vez se quede más del 10% del país

Israel anunció el lunes la ampliación de su ofensiva terrestre en el sur del Líbano, donde los soldados israelíes quieren crear una 'buffer zone' para alejar la amenaza de Hezbolá

Foto: Soldados israelíes reunido en la frontera con Líbano. (Reuters/Shir Torem)
Soldados israelíes reunido en la frontera con Líbano. (Reuters/Shir Torem)
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De la manera más discreta posible, Israel preparaba en enero una operación a gran escala en Líbano. Más de un año después de conseguir un acuerdo de alto al fuego, violado en varias ocasiones por las fuerzas de Tel Aviv, el Gobierno de Benjamin Netanyahu consideró que sus homólogos libaneses no habían cumplido su promesa desarmar a la milicia Hezbolá que opera en el territorio. Tenían que ser ellos los que remataran la faena. Y la solución pasaba por iniciar otra invasión terrestre después de la última en octubre de 2024.

Los planes acabaron posponiéndose por el estallido de las manifestaciones que pusieron al Gobierno iraní contra las cuerdas. La prioridad de Tel Aviv se convirtió entonces en planear la ofensiva, junto con Estados Unidos, para derrocar al régimen de Teherán. Una semana después de la operación en la que el ayatolá Ali Jamenei fue asesinado, Hezbolá respondió al ataque contra su gran valedor y lanzó seis misiles contra el norte de Israel.

Líbano, una vez más, se convirtió en una de las prioridades militares de Israel. Y, con ello, revivieron sus planes de invasión terrestre. Después de varias oleadas de bombardeos en el Líbano en la última semana, el Ejército de Tel Aviv anunció este lunes la ampliación de una ofensiva "limitada y selectiva" en el territorio para acabar con las capacidades militares de Hezbolá. Nadav Shoshani, portavoz del ejército israelí, dijo que las fuerzas de Tel Aviv estaban avanzando hasta "nuevas áreas", pero no dio más información sobre el alcance de la operación.

Poco después, el ministro de Defensa, Israel Katz, ampliaba los detalles del plan, que contempla que se "vacíe" toda la zona al sur del río Litani. El objetivo de las fuerzas de Tel Aviv es crear una zona de amortiguación, una buffer zone, para alejar la amenaza de Hezbolá de la frontera y evitar que el norte de Israel sea atacado. Este área supone el 10% del territorio del Líbano y allí viven entre 300.000 y 400.000 personas. Katz añadía que hasta que no determinen el final de Hezbolá, los "centenares de miles" de personas que viven al sur del Líbano no podrán regresar a sus hogares. El anuncio ha avivado los temores de un éxodo todavía mayor al de las 800.000 personas que han tenido que desalojar sus hogares en varias zonas del Líbano. Los bombardeos de las últimas semanas suman ya cerca de 850 víctimas, según las cifras del ministerio de Salud libanés.

El plan de Israel al sur del Litani ya parecía estar en la agenda de las fuerzas de Tel Aviv antes de anunciarlo este lunes oficialmente. El diputado de extrema derecha, Amit Halevi, aseguró la semana pasada en una televisión local que el río Litani debería ser la "nueva Línea Amarilla del norte", en referencia a la línea hasta la que Israel se retiró en Gaza. "Debe crearse una zona de amortiguación hasta que Hezbolá sea desmantelado. Debe estar vacío de población", aseguró días antes de que se iniciara la invasión terrestre.

Fue la antesala de lo que Israel ha anunciado después como una "zona de defensa avanzada". "Esta operación forma parte del esfuerzo por establecer una defensa avanzada, que incluye la destrucción de la infraestructura terrorista y la eliminación de los terroristas que operan en la zona, para eliminar las amenazas y crear una capa adicional de seguridad para los residentes del norte (de Israel)", aseguró el Ejército.

Pero, a diferencia de otras ofensivas terrestres de Israel en el Líbano, el temor es que, esta vez, sea diferente. Los primeros indicios llegaron por otra referencia a Gaza en esta operación, en este caso por parte de Israel Katz, quien anunció que se había ordenado a los militares destruir la infraestructura terrorista cercana a la frontera para impedir el regreso de Hezbolá, "tal como se hizo contra Hamás en Rafah, Beit Hanoun y los túneles terroristas en Gaza".

En el marco de este mismo objetivo, el ministro de Finanzas de Israel, Bezalel Smotrich, advirtió a principios de este mes que los suburbios del sur de Beirut podrían quedar reducidos a algo similar a Jan Yunis en Gaza, en referencia a la destrucción generalizada causada durante la guerra de Israel contra Hamás.

La comparación específica con la Franja ha alimentado las teorías sobre una ocupación prolongada de las tropas de Tel Aviv en el Líbano, así como del aumento del riesgo de un desplazamiento forzado como el de los palestinos en Gaza. "Impedir que los civiles regresen a sus hogares en una zona que representa casi el 10% del territorio del Líbano, hasta que se garantice un vago estándar de 'seguridad', sería ilegal y aumentaría aún más el riesgo de desplazamiento forzado, lo que constituiría un crimen de guerra", asegura Ramzi Kaiss, investigador de Human Rights Watch en el Líbano.

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Para muchos de los residentes desplazados en el territorio, las palabras de las autoridades israelíes han recordado a la ocupación que ya sufrieron entre 1982 y 2000 por parte de las tropas de Tel Aviv, que también planearon la creación de la llamada buffer zone para proteger sus fronteras. En ese momento, la ciudad de Khiam fue una de las ciudades más disputadas de la zona ocupada y una base militar y logística fundamental para las fuerzas israelíes y sus milicias aliadas.

Ahora, este mismo lugar es uno de los puntos calientes de los enfrentamientos entre las tropas israelíes y los miembros de Hezbolá. Tras los ataques de la milicia en respuesta al asesinato de Jamenei, las fuerzas de Tel Aviv lograron un avance significativo en este bastión de la milicia, pero acabaron retrocediendo por la presión de los combatientes. Si Israel logra avanzar o no en esta ciudad podría marcar la evolución de sus planes de invasión terrestre. "Creo que esta guerra será mucho más grande que la anterior. No queremos aceptar una nueva ocupación del sur", afirmaba Mohammad Hassan, uno de los residentes de Khiam que huyó de su hogar, a The New York Times.

Una frontera "en peligro"

La nueva ofensiva terrestre israelí ha sido, para algunos analistas, un hecho casi anunciado. En noviembre de 2024, el Ejército libanés prometió tomar el control del sur del Líbano para asegurar que Hezbolá dejara de operar allí. A cambio, Tel Aviv dejaría de atacar el territorio. Poco después, el Gobierno de Netanyahu aseguró que Beirut nunca cumplió el acuerdo y siguió bombardeando lo que, aseguró, eran posiciones y armamento de Hezbolá.

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También en esas mismas fechas, el primer ministro israelí aseguraba que la milicia conservaba hasta un tercio de su arsenal de misiles anterior a la guerra. "Ya sea el 30% o el 10%, sigue siendo suficiente para representar una seria amenaza para los civiles del norte", declaró un oficial militar israelí a la cadena CNN.

La milicia libanesa había sufrido en ese entonces un duro golpe. Primero, cientos de buscapersonas de operativos de Hezbolá explotaron al unísono. Murieron 12 personas y 3.000 resultaron heridas en la operación que llevaba el sello de la inteligencia israelí. Poco después, un ataque de Tel Aviv provocaba la muerte del líder de la milicia, Hassan Nasrallah.

Sin embargo, varios informes de organizaciones israelíes parecen ratificar la teoría de Netanyahu y sostienen que la milicia todavía cuenta con la capacidad de atacar el norte de Israel. Según el Centro de Investigación ALMA, situado al norte del país, el arsenal de Hezbolá incluiría aproximadamente 25.000 cohetes y misiles, principalmente de corto alcance (hasta 80 km) y de alcance medio (hasta 200 km). Sin embargo, estiman que el grupo aún conserva misiles con alcances superiores a 200 km.

"Si tenemos esto en cuenta, es más que necesario establecer una estrategia clara para evitar que puedan alcanzarnos. La voluntad o capacidad del Ejército libanés para desarmar a Hezbolá ha demostrado ser irrelevante en repetidas ocasiones. A lo largo de los años, ese Ejército ha recibido miles de millones de dólares en ayuda internacional; lamentablemente, sigue siendo débil. No puede, ni quiere, actuar de forma sistemática y activa para desarmar a Hezbolá. La solución pasa por nosotros", afirmó la analista Sarit Zehavi, fundadora del centro de investigación ALMA en un informe compartido a El Confidencial.

La operación terrestre en el sur del Líbano sería también una forma de mostrar la nueva doctrina de seguridad de Israel después de los ataques de Hamás del 7 de octubre. "Se trata de la reanudación de la ocupación de partes del sur del Líbano. Sin embargo, Israel no está volviendo a la situación de 1982-2000, cuando ocupó parte del Líbano pero se vio envuelto en una guerra de guerrillas cuyas bajas lo obligaron a retirarse. Esta vez, se apodera del territorio y expulsa a la población, garantizando así la plena libertad de acción y reduciendo el riesgo de que surjan operaciones guerrilleras desde las aldeas", sostiene Yagil Levy, director del Instituto de la Universidad Abierta para el Estudio de las Relaciones Cívico-Militares en Israel, a The Guardian.

Otros analistas añade que la actividad militar de Tel Aviv en el territorio estaría también enfocada a reconfigurar el equilibrio de poder ante cualquier negociación diplomática. “Al mantener territorio libanés, Israel obliga a Líbano a negociar su soberanía, con la incertidumbre de si las tropas israelíes se retirarán finalmente o si las zonas actualmente ocupadas se convertirán permanentemente en una zona de amortiguación despoblada”, explicó Ziad Majed, profesor de ciencias políticas en la Universidad Americana de París, a Al Jazeera.

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Las negociaciones, por ahora, parecen estancadas. El ministro de Asuntos Exteriores israelí, Gideon Saar, ha rechazado públicamente la posibilidad de conversaciones directas, exigiendo que el gobierno libanés tome primero medidas concretas para frenar las actividades militares de Hezbolá. Esto, a pesar de que Beirut condenó la respuesta de la milicia al asesinato de Jamenei con un ataque contra Israel.

Por su parte, el presidente francés, Emmanuel Macron, afirmó que su país estaba preparado para acoger las conversaciones en París. Según Axios, Francia contaba con un plan detallado para negociar un alto el fuego y el desarme de Hezbolá, lo que requeriría que el gobierno libanés reconociera formalmente a Israel.

Tel Aviv y Washington estarían estudiando la propuesta, aunque el diario Haaretz citó una fuente que afirmó que las conversaciones se habían pospuesto después de que Israel retirara su apoyo al plan.

Hezbolá, por ahora, ha respondido al inicio de la invasión terrestre israelí en el Líbano haciendo un llamado a la resistencia. "Cuando el enemigo amenaza con una invasión terrestre, le decimos: esto no es una amenaza, sino una de las trampas en las que caerás", aseguró.

De la manera más discreta posible, Israel preparaba en enero una operación a gran escala en Líbano. Más de un año después de conseguir un acuerdo de alto al fuego, violado en varias ocasiones por las fuerzas de Tel Aviv, el Gobierno de Benjamin Netanyahu consideró que sus homólogos libaneses no habían cumplido su promesa desarmar a la milicia Hezbolá que opera en el territorio. Tenían que ser ellos los que remataran la faena. Y la solución pasaba por iniciar otra invasión terrestre después de la última en octubre de 2024.

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