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La 'matrioshka' De Wever: el primer ministro belga pide volver a la "energía barata" de Moscú
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A la UE le crecen los escépticos

La 'matrioshka' De Wever: el primer ministro belga pide volver a la "energía barata" de Moscú

El líder belga ha asegurado que la "verdad incómoda" es que Ucrania no puede ganar la guerra y que la Unión Europea debe reactivar las relaciones con el Kremlin

Foto: El primer ministro belga, Bart de Wever. (Europa Press/Benoit Doppagne)
El primer ministro belga, Bart de Wever. (Europa Press/Benoit Doppagne)
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En el pasado, en obstáculo se interpuso entre la Unión Europea y la idea de utilizar los activos congelados a Rusia como parte de las sanciones comunitarias para trasladarlos a Ucrania: Bart de Wever. El primer ministro de Bélgica resistió la presión de los grandes Estados miembros para que se utilizaran los fondos que se encontraban bloqueados en una empresa belga llamada Euroclear. Lo hizo durante semanas, con uñas y dientes, defendiéndose de todas las acusaciones de simpatía hacia Moscú y superando el miedo a perder los ingresos fiscales que generan esos fondos en manos de Euroclear. Y ganó: la UE acabó abandonando ese plan y apostando por un plan para emitir 90.000 millones de euros en deuda conjunta para transferir a Kiev.

Ahora, el líder del partido nacionalista flamenco N-VA ha ido mucho más allá, provocando importantes tensiones en el débil gobierno federal belga. “Debemos normalizar las relaciones con Rusia y recuperar el acceso a energía barata”, ha asegurado De Wever en una entrevista con el periódico económico francés L’Echo. El primer ministro belga ha arrojado dudas respecto a la estrategia europea de mantener el respaldo a Ucrania frente a la invasión de Rusia de forma indefinida. “¿Qué sentido tiene seguir con la guerra si no se vislumbra una victoria clara?”.

De Wever ha puesto sobre la mesa en público un debate que lleva tiempo en marcha: reactivar o no los canales con Moscú. Francia ya ha defendido que se debe dar el paso y de hecho Emmanuel Macron, presidente francés, ha hablado por teléfono con el presidente ruso Vladimir Putin. Giorgia Meloni, primera ministra italiana, que ha sido uno de los grandes apoyos de Kiev entre los grandes Estados miembros europeos, también se ha posicionado a favor. Hungría y Eslovaquia, cuyos dos primeros ministros son conocidos prorrusos, también piden la recuperación del diálogo.

“La postura oficial es que seguiremos adelante hasta que Rusia se vea obligada a rendirse. Pero eso solo es realista si se cuenta con el pleno apoyo de Estados Unidos, y ellos no están en absoluto a favor de Ucrania. A veces pienso que están más cerca de (Vladimir) Putin (presidente ruso) que de (Volodimir) Zelensky, el presidente ucraniano”, afirmó De Wever, un historiador no especialmente conocido por su contención verbal. Aunque sus aliados políticos se han mostrado molestos con sus palabras, lo excusan precisamente por esa incontinencia verbal e intelectual: es mordaz, de pensamiento rápido y provocador.

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De hecho, no es la primera vez que De Wever se gana fuertes críticas desde Ucrania, más allá del debate de los fondos congelados a Rusia. Durante un evento en Bruselas en diciembre de 2025, justo en pleno debate respecto a si se debían usar esos activos rusos, el primer ministro se preguntó “quién cree realmente que Rusia perderá en Ucrania”. “Ni siquiera es deseable que pierda y que surja inestabilidad en un país que posee armas nucleares”, añadió. Una nueva muestra pública de la gran diferencia entre los socios europeos occidentales, que en el contexto de la guerra de Ucrania siempre han confiado en contener a Moscú pero evitando ir más allá, y los orientales, que consideran que una clara derrota rusa es necesaria.

El asunto ha generado mucha división dentro del Gobierno belga. Maxime Prévot, viceprimer ministro y miembro de Les Engagés, un partido liberal francófono, ha matizado las palabras de De Wever: si bien respalda la idea de reabrir canales de comunicación con el Kremlin, considera que “el diálogo no es lo mismo que la normalización. Y esa es una distinción fundamental”. Los socialistas flamencos del Vooruit y democristianos clásicos flamencos del CD&V, miembros de la coalición, también han sido críticos con el primer ministro.

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La cuestión energética

De Wever, sabiendo la repercusión que tendría su entrevista con L’Echo, ya se dedicó en la propia conversación, de ir poniendo la tirita antes de hacerse la herida. “Da la impresión de que uno está traicionando a los ucranianos, pero es una verdad incómoda”, explicó al periódico francés. “En privado, los líderes europeos están de acuerdo conmigo, pero nadie se atreve a decirlo en voz alta. Debemos poner fin al conflicto por el bien de Europa, sin mostrarnos ingenuos con Putin”, aseguró. Sin embargo, cuando alguno, como él, expresa esta opinión en público “la gente te acusa inmediatamente de estar a sueldo de Putin”.

Aunque la opinión de De Wever respecto a la situación de la guerra es cada vez más extendida y hay muchas capitales que consideran que hay que reactivar las comunicaciones con el Kremlin, su opinión respecto a la energía rusa es mucho más delicada. "El futuro es que no importaremos ni una sola molécula de Rusia", le ha respondido Dan Jorgensen, comisario de Energía. La UE ha llegado recientemente a un acuerdo para prohibir las importaciones de gas y petróleo ruso a lo largo de 2027, pero la crisis del estrecho de Ormuz, que está cerrado por Irán como respuesta a los ataques de EEUU e Israel, ha relanzado el debate respecto a reabrir los grifos con Rusia.

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, ha descartado que eso sea una opción. “Hay quien sostiene que deberíamos abandonar nuestra estrategia a largo plazo e incluso volver a depender de los combustibles fósiles rusos. Esto sería un error estratégico. Nos haría más dependientes, más vulnerables y más débiles”, aseguró el pasado miércoles frente al Parlamento Europeo en Estrasburgo (Francia).

En el pasado, en obstáculo se interpuso entre la Unión Europea y la idea de utilizar los activos congelados a Rusia como parte de las sanciones comunitarias para trasladarlos a Ucrania: Bart de Wever. El primer ministro de Bélgica resistió la presión de los grandes Estados miembros para que se utilizaran los fondos que se encontraban bloqueados en una empresa belga llamada Euroclear. Lo hizo durante semanas, con uñas y dientes, defendiéndose de todas las acusaciones de simpatía hacia Moscú y superando el miedo a perder los ingresos fiscales que generan esos fondos en manos de Euroclear. Y ganó: la UE acabó abandonando ese plan y apostando por un plan para emitir 90.000 millones de euros en deuda conjunta para transferir a Kiev.

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