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La equilibrista Meloni: ¿será la guerra de Irán lo que haga tropezar a la mayor 'amiga' de Trump en Europa?
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Italia, muy afectada

La equilibrista Meloni: ¿será la guerra de Irán lo que haga tropezar a la mayor 'amiga' de Trump en Europa?

Meloni enfrenta presiones internas y externas por la ofensiva estadounidense contra Irán: calma protestas, defiende neutralidad parlamentaria y gestiona bases aliadas mientras teme impactos energéticos y el costo político de su cercanía con Washingto

Foto: La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, saluda al presidente estadounidense, Donald Trump. (Reuters/Yoan Valat)
La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, saluda al presidente estadounidense, Donald Trump. (Reuters/Yoan Valat)
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La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, tardó exactamente cinco días en pronunciarse sobre la Operación Furia Épica que ha desatado la guerra con Irán. Puede ser entendible: por un lado, es uno de los países europeos más afectados por la crisis energética que se viene en Ormuz y el Golfo. Por otro, gran parte del capital político de la líder en Roma se ha construido sobre cómo ha sabido navegar su relación con Donald Trump, sin caer en el halago más evidente (Mark Rutte) o la confrontación. Las palabras que pronunciara iban a ser escuchadas en Washington, como lo fueron las de Pedro Sánchez en Madrid o las de Keir Starmer en Londres.

Y las palabras fueron: "Italia no está en guerra y no tiene intención de entrar en ella".

Además del bloqueo del estrecho de Ormuz por miedo a los ataques iraníes, Qatar, el mayor productor de gas natural licuado (GNL) del mundo, decidió la semana pasada suspender su producción. En Roma, esta decisión supone un duro shock. Italia es de los países más vulnerables de toda Europa a una disrupción en el suministro de GNL desde el país árabe. Si bien los mayores importadores de GNL en Europa son Francia, España, Italia, Países Bajos y Bélgica en ese orden, Francia y España, por ejemplo, tienen más fácil acceso a otros proveedores, como Noruega, que ya se ha ofrecido a sostener a Europa en esta crisis. España, además, se enfrenta a esta crisis con las reservas en una buena posición, al 56%. De toda Europa, Portugal podría ser el menos afectado, habiendo adquirido prácticamente nada de gas de Oriente Medio desde 2020 (sus importaciones vienen mayoritariamente de Nigeria y Estados Unidos, con las rutas bien lejos del estrecho de Ormuz) y con las reservas por encima del 70%.

Italia, en cambio, está más expuesta. Según un informe de la plataforma de análisis Kpler, Qatar supone el 30% de la importación de GNL de Roma, de las mayores dependencias de Europa, aunque sus reservas no están a un nivel crítico (47%). Y hay más elementos: Italia está profundamente integrada en los flujos comerciales del Mediterráneo, por lo que las consecuencias serán inmediatas.

Foto: agnelli-elkann-gedi-venta-italia-1hms

Quizá por eso ha sido, junto con Francia, el primer país europeo que ha comenzado negociaciones con Irán para intentar reabrir el estrecho o al menos conseguir un paso seguro, según reportaba este sábado el Financial Times. De momento, infructuosas. También, y pese a ese "Italia no está en guerra y no tiene intención de entrar en ella", Italia, Francia y Grecia han mandado sus buques de guerra al Mar Rojo como parte de la misión naval europea de protección Aspides. Sin mucha confianza de que pueda cambiar la situación: el propio Emmanuel Macron ha admitido que "no se dan las circunstancias adecuadas" de seguridad para que una intervención europea de protección no acabe generando una escalada que arrastre a Europa al conflicto.

Un difícil equilibrio para los intereses nacionales de Italia en el que, por primera vez, la relación "privilegiada" (en las propias palabras de Meloni) con Donald Trump está siendo una carga.

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Su armonía nunca ha sido meramente diplomática, sino también simbólica e ideológica. En los círculos conservadores internacionales, a Meloni se la ha descrito a menudo como la líder europea que mejor encarna la nueva era política inaugurada por el trumpismo: soberanía nacional, seguridad, identidad cristiana. El magnate nunca ocultó esta conexión. "Giorgia Meloni es una líder fuerte, una amiga mía", declaró a la prensa pocos días después del inicio de las operaciones militares en Teherán. Para Meloni, esas palabras representaron tanto un reconocimiento como una complicación.

Porque en geopolítica, las relaciones personales funcionan bien en tiempos de estabilidad. Pero cuando Washington entra en guerra, ser el aliado más cercano significa también ser el más expuesto. Y esta es precisamente la paradoja que define la posición de Italia hoy: mientras Oriente Medio se desliza hacia una nueva escalada militar, la líder europea más cercana a la Casa Blanca debe convencer a su país de que Italia no se verá arrastrada a una guerra que la opinión pública observa con creciente inquietud.

Equilibrio en el Palazzo Chigi

Desde las primeras horas de la crisis, el Gobierno italiano adoptó una estrategia de comunicación sumamente cuidadosa. O más bien casi silenciosa. El objetivo fue claro: evitar la impresión de una implicación directa en el conflicto sin tensar las relaciones con Trump. Ante la Cámara de Diputados, finalmente Giorgia Meloni pronunció la posición oficial del gobierno, eso de "Italia no está en guerra y no tiene intención de entrar en ella".

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Una declaración en realidad necesaria. En primer lugar, la Constitución italiana rechaza la guerra (artículo 11) y en segundo otorga al Parlamento un papel central en las decisiones sobre el uso de la fuerza militar. La idea de que el gobierno pueda participar en un conflicto sin la aprobación de ambas cámaras es un tema muy delicado. Después, sin embargo, Meloni añadió un pasaje que revelaba la complejidad de la situación: "No podemos ignorar el riesgo que supone el programa nuclear iraní".

Un guiño necesario a la guerra de Trump. Italia es uno de los países europeos más integrados en la red estratégica estadounidense. Alberga algunas de las principales bases militares de EEUU en el Mediterráneo y es un centro logístico clave para las operaciones de la OTAN en la región. Al mismo tiempo, es también uno de los países europeos donde la opinión pública es más recelosa de las guerras en Oriente Medio.

Según una encuesta publicada por el Instituto Ipsos, la mayoría de los italianos critica el ataque de EEUU e Israel y se opone a cualquier intervención militar italiana en el conflicto. Una posición histórica que ahora puede cobrarse piezas electorales muy reales: el referéndum sobre la judicatura que se está empezando a convertir en un referéndum sobre la propia Meloni. Las últimas encuestas sugieren que la oposición está ganando terreno en la campaña y podría incluso derrotar la propuesta judicial en la votación, que será a finales de mes.

La oposición ve una fisura

En el Parlamento, la oposición aprovechó rápidamente la oportunidad política. La secretaria del Partido Democrático, Elly Schlein, instó al gobierno a aclarar de inmediato el papel de Italia en la crisis. "El gobierno debe declarar claramente de qué lado está", afirmó. "No podemos aceptar que Italia se vea arrastrada a una guerra sin un mandato internacional". Otras figuras de la oposición también alzaron la voz. El diputado Peppe Provenzano planteó la cuestión del uso que Estados Unidos hace de la infraestructura militar italiana.

"El Parlamento tiene derecho a saber si las bases estadounidenses en Italia participaron en operaciones militares", declaró. El ex primer ministro Giuseppe Conte, líder del Movimiento Cinco Estrellas, adoptó una postura aún más contundente, acusando al gobierno de no tomar una posición clara. "Meloni no puede seguir escudándose en fórmulas diplomáticas", declaró Conte durante un discurso en la Cámara de Diputados. "Si Italia no está involucrada en la guerra, el gobierno debe declararlo explícitamente y garantizar que nuestro territorio no se utilizará para operaciones militares".

El tema más delicado concierne a la presencia de las siete bases estadounidenses en Italia (desde Aviano hasta Sigonella), una cuestión que vuelve cíclicamente al centro del debate político en tiempos de crisis internacional. El ministro de Defensa, Guido Crosetto, intentó calmar los ánimos, explicando que Italia actúa "en cumplimiento de los acuerdos bilaterales con Estados Unidos y del derecho internacional". En la práctica, la postura es mucho más abierta que la del Gobierno de España.

Italia es demasiado importante estratégicamente como para mantenerse al margen de las crisis

Durante una sesión parlamentaria particularmente tensa, Crosetto también expresó una postura jurídica sobre la legitimidad de las operaciones militares. "Los ataques estadounidenses no se enmarcan en el derecho internacional", afirmó el ministro, precisando que "Italia no es parte del conflicto". Estas declaraciones, sin embargo, han avivado aún más el conflicto político. Para la oposición, el hecho mismo de que el gobierno se vea obligado a distanciarse de los ataques demuestra la complejidad de la relación política entre Meloni y Trump.

En las calles italianas

En cuestión de días, la tensión política trascendió el Parlamento y se extendió a las calles. En Roma, Milán y Bolonia, miles de manifestantes participaron en marchas contra la guerra. Sus pancartas exhibían lemas directos: "No a la guerra de Trump", "Italia no debe seguir a Washington". Las protestas congregaron a movimientos pacifistas, organizaciones estudiantiles y partidos de izquierda. La escena evoca dinámicas vistas en la historia reciente de Italia. Durante la guerra de Irak de 2003, millones de personas salieron a las calles contra la intervención liderada por Estados Unidos.

Incluso entonces, el Gobierno italiano estaba encabezado por un líder conservador con fuertes vínculos con la Casa Blanca. El paralelismo no ha pasado desapercibido para los analistas. Según el experto en geopolítica Lucio Caracciolo, editor de la revista Limes, la posición de Italia sigue siendo estructuralmente frágil. "Italia tiene enormes intereses en el Mediterráneo, pero una capacidad limitada para influir en los acontecimientos", explicó en una entrevista televisiva. "Cuando las grandes potencias entran en conflicto, Roma corre el riesgo de verse atrapada en medio sin tener un control real de la situación". Esta interpretación refleja una percepción generalizada en la diplomacia europea: Italia es demasiado importante estratégicamente como para mantenerse al margen de las crisis, pero demasiado débil políticamente como para determinar su desenlace.

Amistad bajo presión

En la política internacional, las relaciones personales entre líderes pueden ser una ventaja. Pero en tiempos de crisis, también pueden convertirse en un lastre. Durante años, Giorgia Meloni ha forjado su imagen internacional como una líder conservadora capaz de dialogar directamente con Washington y captar la atención de la Casa Blanca. Ahora, esa relación corre el riesgo de convertirse en una prueba política. ¿Cuánto tiempo podrá durar la amistad entre Meloni y Trump antes de que se convierta en un problema geopolítico para Italia?

La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, tardó exactamente cinco días en pronunciarse sobre la Operación Furia Épica que ha desatado la guerra con Irán. Puede ser entendible: por un lado, es uno de los países europeos más afectados por la crisis energética que se viene en Ormuz y el Golfo. Por otro, gran parte del capital político de la líder en Roma se ha construido sobre cómo ha sabido navegar su relación con Donald Trump, sin caer en el halago más evidente (Mark Rutte) o la confrontación. Las palabras que pronunciara iban a ser escuchadas en Washington, como lo fueron las de Pedro Sánchez en Madrid o las de Keir Starmer en Londres.

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