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Noche de fiesta en un refugio antiaéreo en Israel: disfraces, aplausos al ejército y hartazgo
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Noche de fiesta en un refugio antiaéreo en Israel: disfraces, aplausos al ejército y hartazgo

Según las cifras oficiales, en Israel hay aproximadamente 53.000 refugios comunitarios que la municipalidad mantiene y están preparados para proteger hasta 3.1 millones de personas

Foto: Israelíes en un refugio subterráneo de Tel Aviv. (EFE/Abir Sultan)
Israelíes en un refugio subterráneo de Tel Aviv. (EFE/Abir Sultan)
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La guerra contra Irán pilló a los israelíes en plena festividad de Purim, una celebración que incluye disfraces, alegría y vino a raudales. Conmemora la salvación del pueblo judío en el antiguo Imperio Persa (sí, el Irán de nuestros días) de un plan de exterminio planificado por el primer ministro del rey Asuero, Amán, según lo relata el Libro de Ester. Ella, joven reina judía, es la protagonista y salvadora. Consecuentemente, el disfraz favorito de las niñas en Purim es el de reina Ester. Este año hubo muchas reinas Ester en los refugios.

La fiesta de Purim más sonada durante la lluvia de misiles de Irán fue la del garaje del centro comercial Dizzengoff de Tel Aviv, en la planta menos cuatro, donde familias enteras se han mudado y donde cientos de israelíes fueron a cantar y bailar y no dejar dormir a los que habían desplegado su tienda de campaña y colchones, sus férulas dentales y los peluches de los niños.

Varios de los festejantes señalaron “la no coincidencia” de la victoria sobre el mal absoluto que representaba el persa Amán y la situación actual con el malvado, y ya difunto, Ali Jamenei. “Son unos pelotudos, pero pelotudos peligrosos”, dice Tamara Weis, 59 años, vecina del mismo barrio donde está el centro comercial y partidaria de la solución diplomática. “Frente a esos que festejan así solo puedo decir que esta sociedad se ha convertido en una sociedad de mortífagos, están presos de una locura que justifica internamiento, son pirómanos útiles”, asegura.

La división entre los que creen en las soluciones diplomáticas y los que creen en las bélicas es en realidad la única división que importa, mucho más allá de si los israelíes y los estadounidenses coinciden o no en sus objetivos finales de esta campaña.

Y Weis está en minoría en el Israel de ahora, como indica esta semana de nuevo un sondeo del Instituto Israelí para la Democracia: el 92,5% de los israelíes judíos apoya la guerra, cifra prácticamente idéntica al 93% registrado en la encuesta de la semana pasada. Entre los israelíes árabes, la oposición ha aumentado del 60% la semana pasada al 65,5% esta semana. Por el alto apoyo de los judíos y el bajo de los árabes, la media queda en un 80%.

Irene Shashar, 88 años y superviviente del gueto de Varsovia, se refugia, como Weis, en el cuarto blindado dentro de su piso, y tiene otro relato: “Esto que está pasando ahora es un mini déjà vu para mí. Yo fui una niña escondida durante el nazismo, así sobreviví, seis años escondida, y ahora estamos obligados a estar escondidos, recluidos en los refugios. Pero creo que esta guerra es muy justificada, contra Líbano e Irán. Estoy muy optimista y creo que debemos vencerla como obligación a las generaciones venideras, si no, no nos lo perdonaremos”.

Alarmas telefónicas, sirenas y mensajes

En las guerras contra Irán, van dos —los analistas ya llaman a esta la Tercera Guerra del Golfo—, los teléfonos móviles han sido abducidos por una alarma muy inquietante que advierte unos ocho minutos antes de que comiencen a ulular las sirenas que han sido lanzados proyectiles desde Irán. En realidad, lo que hacen es advertir que va a haber sirenas.

Es la alarma ululante la que manda a los casi diez millones de israelíes a sus lugares protegidos. Pero la mayoría ya está muy tensa desde hace más de diez minutos. El timbrazo del teléfono que advierte que ya se puede salir del refugio, paradójicamente, suena igual que la que impele a ir al refugio. Y alguien en redes sociales se preguntaba cómo era posible que la start up nation y el país del high tech no pudiera hacer algo para remediar aquello.

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Muchas veces una sirena sigue a otra, y la ciudadanía empieza a dudar de cómo reaccionar ante las bombas de fragmentación que está lanzando Irán. Estos proyectiles liberan alrededor de 70 submuniciones a unos siete metros del suelo antes del impacto, dispersándolas sobre un amplio perímetro y generando un radio de destrucción que puede alcanzar hasta diez kilómetros a la redonda. En los últimos días, ha habido también lanzamiento de misiles de Irán y del Líbano simultáneamente. En el norte del país, los bombardeos y drones suicidas no paran y sus habitantes, no desplazados en esta ocasión por decisión del gobierno, son los que más tiempo pasan refugiados.

Según las cifras oficiales, en todo el país hay aproximadamente 53.000 refugios comunitarios que la municipalidad mantiene y están preparados para proteger hasta 3.1 millones de personas. Desde 2024 se habilitaron también las estaciones de metro como cobijo donde los vecinos han instalado colchones y sillas. Además, existen aparcamientos específicamente diseñados como refugios antiaéreos. Sin embargo, el Comando de la Retaguardia —la autoridad militar israelí encargada de la protección de la población civil y la gestión de refugios en caso de ataques— advierte de que no todos los garajes ofrecen protección frente a misiles y desaconseja utilizarlos si no se trata de instalaciones expresamente reforzadas para ese propósito.

Lo cierto es que cualquier garaje es usado por quien escapa al oír las sirenas, los obreros de construcciones, trabajadores esenciales, peatones y los propios vecinos… Muchos portales de edificios quedan abiertos por si alguien tiene que resguardarse.

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Sin embargo, si bien la legislación exige desde 1969 que los edificios incluyan un refugio comunitario y, desde 1993, que se construya con habitaciones seguras, uno de cada tres ciudadanos no tiene acceso a un refugio adecuado, según el Defensor del Pueblo.

Y los que viven en la periferia, geográfica y social, son los que menos probabilidades tienen de contar con él: el 50% de los israelíes de comunidades árabes carecen de acceso a refugio antiaéreo. Según el Comando de la Retaguardia, el 33% de la población, más de tres millones de personas, no tiene refugio antibombas estándar y en funcionamiento en su entorno inmediato durante los ataques.

Braja Ron, de 84 años y habitante de un edificio viejo y sin protección del centro de Tel Aviv, no baja al refugio al que van sus vecinos. “No puedo bajar las escaleras rápidamente. Me quedo en mi casa, eso sí, tengo una silla afuera en el descansillo, salgo, me siento ahí, que es algo más protegido que mi piso, y espero", relata.

Shlomo Katz baja con su familia, dos hijos y su novia, al refugio semisubterráneo de su edificio. Allí, los vecinos pasan mucho tiempo compartiendo el pequeño espacio bajo la luz fluorescente con sillas de plástico. La mayoría pegados a sus teléfonos móviles, algunos radiando la última hora, otros leyendo cuentos a los niños, otros tranquilizando a sus mascotas... “Detesto que la gente esté pasando información en voz alta de lo que van viendo en sus móviles mientras estamos en mitad del evento”, dice Shlomo. “Mis hijos están muy nerviosos y nada peor que un vecino contando que ha caído un misil no sé dónde y que tiene mala pinta”, agrega. Preguntado sobre el futuro de sus hijos: “It is what it is. Parte de vivir aquí es servir en el ejército y, si esta vez salen bien las cosas en esta guerra, tal vez de verdad cambie la cara de Oriente Medio y podamos vivir en paz”, sentencia.

Los líderes de la oposición política israelí también apoyan sin fisuras la guerra, exceptuando uno: Ayman Odeh, de la lista árabe unida, quien habla también de diplomacia. Los líderes opositores Yair Lapid, Naftali Bennett, Avigdor Lieberman, Benny Gantz y hasta Yair Golan intentan combinar la admiración por los logros militares con la crítica al mal gobierno liderado por el primer ministro, Benjamin Netanyahu, que sigue adelante con su reforma judicial mientras llueven los misiles.

El motivo por el que la mayoría de los israelíes apoyan la guerra probablemente sea porque creen que destruir al máximo las capacidades militares de Irán y debilitar su régimen podría crear las condiciones para una paz y seguridad duraderas. En consecuencia, están dispuestos a soportar una situación intolerable a corto plazo. La pregunta es cómo lograrlo exactamente. Y cuándo acabará todo esto.

Esta semana Karolin Leavitt, la portavoz de la Casa Blanca, dijo que la campaña terminará cuando el presidente estadounidense, Donald Trump, determine que los objetivos militares de Estados Unidos se han alcanzado plenamente e Irán se encuentre, de hecho, en una posición de "rendición incondicional". Algunos empiezan a temerse que esta ronda con Irán sea precisamente eso, una ronda de otras más que estarán por llegar.

La guerra contra Irán pilló a los israelíes en plena festividad de Purim, una celebración que incluye disfraces, alegría y vino a raudales. Conmemora la salvación del pueblo judío en el antiguo Imperio Persa (sí, el Irán de nuestros días) de un plan de exterminio planificado por el primer ministro del rey Asuero, Amán, según lo relata el Libro de Ester. Ella, joven reina judía, es la protagonista y salvadora. Consecuentemente, el disfraz favorito de las niñas en Purim es el de reina Ester. Este año hubo muchas reinas Ester en los refugios.

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