Es noticia
La trampa imperial: cómo se invade una pesadilla estratégica de 1,6 millones de km²
  1. Mundo
¿Operaciones limitadas en Ormuz?

La trampa imperial: cómo se invade una pesadilla estratégica de 1,6 millones de km²

El Confidencial ha consultado a una decena de expertos qué opciones de escalada militar tiene la Casa Blanca. Esto no son predicciones sino un ejercicio teórico para explicar el potencial y la magnitud de los riesgos de estas acciones

Foto: Misiles iraníes de exhibición de la Guardia Revolucionaria de Irán (WANA/Mahid Asgaripour)
Misiles iraníes de exhibición de la Guardia Revolucionaria de Irán (WANA/Mahid Asgaripour)
EC EXCLUSIVO

Se cumplen dos semanas del conflicto en Oriente Medio y no está muy claro quién va ganando la guerra.

Si nos atenemos a los números, Estados Unidos e Israel están aplastando a Irán en la ofensiva de salvas. Al menos, militarmente. En los primeros 12 días de hostilidades, entre ambas fuerzas golpearon más de 5.000 objetivos en 30 de las 31 provincias del país persa, degradando severamente sus defensas antiaéreas, vectores de lanzamiento de misiles y marina de guerra. Es cuestión de tiempo para que —supremacía aérea de por medio— Washington y Tel Aviv puedan utilizar el vasto arsenal de sus cazabombarderos a discreción.

Pero los expertos insisten: no se puede derribar a un régimen como el de los ayatolás únicamente con misiles.

Mientras, la respuesta de Teherán, en forma de oleadas de misiles y drones contra Israel y los países del Golfo ha caído en picado en estas dos semanas. De 480 misiles y 720 drones el primer día (28 de febrero) a 40 misiles y 60 drones diez días después (descensos de más del 90%), según el Pentágono. El dramático descenso puede que se explique por la neutralización de lanzaderas y arsenales o porque Irán está racionando la munición para un enfrentamiento prolongado; o por una combinación de ambos factores. Pero aunque sean menos y la gran mayoría acaben interceptados por las defensas antiaéreas, siguen siendo más que suficientes para amenazar la seguridad de las petromonarquías y la estabilidad de los mercados energéticos globales. No sabemos por cuánto tiempo.

Israel e Irán están en una batalla de máximos. Para los clérigos radicales chiítas, ganar es, simplemente, sobrevivir. Y el sistema teocrático está diseñado para ello.

Por su parte, el estado judío no tiene intención de aflojar hasta eliminar al enemigo. Pero, si quiere erradicarlos de raíz, sabe que necesita un componente terrestre para forzar su salida física del poder y romper la cadena de mando político-militar. La oposición iraní no tiene entidad. Y Tel Aviv no puede hacerlo solo, como hizo en Gaza. Necesita el músculo militar y financiero de Washington.

Así que, en algún momento, el presidente Donald Trump tendrá que decidir si deja escapar a los ayatolás (con el riesgo de que volverán a armarse) o entra en Irán e intenta forzar militarmente el colapso del régimen. Cañones no le faltan.

Foto: israel-iran-guerra-bombardeo-conflicto-1hms

Una fuerza colosal, ¿para qué?

El Pentágono tiene desplegada en la ofensiva iraní una concentración de tropas no vista desde la invasión de Irak en 2003. Los expertos militares estiman que ahora mismo la mayor potencia militar del planeta tiene un 41% de sus buques de operaciones enfocados en Oriente Medio, con un despliegue aéreo de entre 120 y 180 aviones adicionales a los que ya tiene de forma permanente en la región (en total rondarían las 300 aeronaves, según cálculos de analistas).

Los activos militares confirmados en el teatro de operaciones incluyen dos grupos de combate aeronavales (carrier strike group) liderados por los portaaviones USS Abraham Lincoln entre el mar Arábigo y la costa de Omán, y el USS Gerald R. Ford en el Mar Rojo y Mediterráneo oriental, ambos cargados con F/A-18E/F Super Hornet y F-35C Lightning II, y sus respectivas escoltas de destructores clase Arleigh Burke. A estos se les está uniendo un tercero, encabezado por el USS George H. W. Bush, que está cruzando Suez hacia el Mediterráneo oriental.

Además, la US Navy cuenta con varios destructores adicionales y un número indeterminado de submarinos en el Golfo Pérsico, el Mar Rojo y el Mediterráneo. En tierra, la US Air Force tiene bases aéreas avanzadas en Jordania, Qatar y Arabia Saudí con aviones furtivos de quinta generación (F-35 Lightning II y F-22 Raptor) y cazabombarderos de cuarta generación (F-15E Strike Eagle y F-16 Fighting Falcon), aeronaves de inteligencia (E-3 Sentry AWACS, RC-135 Rivet Joint SIGINT, el dron RQ-4 Global Hawk) y refuerzos antiaéreos (MIM-104 Patriot y THAAD Terminal High Altitude Area Defense).

placeholder El USS Frank E. Petersen Jr., lanza un misil Tomahawk en el primer día de la Operación Furia Épica. (Planet Pix)
El USS Frank E. Petersen Jr., lanza un misil Tomahawk en el primer día de la Operación Furia Épica. (Planet Pix)

También se han reportado docenas de vuelos de transporte militar C-17 Globemaster III y C-5 Galaxy con un número indeterminado de tropas, municiones y equipos, que se sumarían a los 40.000 efectivos desplegados en Oriente Medio antes de la invasión. Estos refuerzos incluyen miembros del grupo de asalto anfibio Bataan, que transportan a los marines de la 26ª Unidad Expedicionaria (unos 3.000 soldados y marineros, según el Comando Naval estadounidense). Estos utilizan buques de asalto anfibio con capacidad para llevar aeronaves tipo MV-22 Osprey y cazas AV-8B Harrier II o F-35B de despegue y aterrizaje vertical.

Para golpear desde lejos, el Pentágono ya está utilizando su flota de bombarderos estratégicos B-52 Stratofortress, B-1B Lancer y el más moderno B-2 Spirit (encargado del anterior ataque contra las instalaciones nucleares de Fordow), con los aviones cisterna KC-135 Stratotanker y KC-46 Pegasus desplegados en Europa y el Golfo para el repostaje.

Foto: guerra-iran-trump-precios-eeuu-1hms

¿Cuál será el siguiente paso de Trump? Las señales del inquilino del Ala Oeste son mixtas e inestables. Un día asegura que no habrá salida negociada en Irán; otro, desliza que la operación está a punto de concluir. A veces apunta en ambas direcciones en una misma intervención. El mandatario está ante el mismo dilema-trampa que enfrentaron —y en el que cayeron— muchos de sus predecesores: invadir el país es la única forma de terminar el trabajo.

El Confidencial ha consultado con expertos y analistas qué opciones de escalada militar tiene la Casa Blanca sobre la mesa. Estas no son predicciones, planes o estimaciones, sino un ejercicio teórico para explicar el potencial y la magnitud de los riesgos de estas acciones, desde las más agresivas e improbables (invasión a gran escala) a las más conservadoras y viables (operación especial).

"Si el objetivo es cambiar el régimen, tienen que meter tropas. Sin tropas es muy difícil, a menos que causes tal cantidad de daño y desestabilices el país a tal extremo que generes una guerra civil, o consigas meter a un tercer actor externo", apunta Juanjo Fernández, experto en defensa y analista de El Confidencial. "Me costaría creer que Trump se arriesgue a meter tropas en el terreno, que es algo que podría salir muy mal. Creo que va a seguir apostando por destrozar el país, la economía, activos militares. Si los bombardeos logran eliminar completamente la capacidad militar iraní, puede que Israel quede satisfecho", agrega.

Invasión total: una pesadilla de 1,6M de km²

La formidable fuerza militar que ha amasado el Pentágono para la ofensiva iraní pone en las cartas el escenario de una invasión a gran escala estilo Irak. En el Departamento de Defensa tienen numerosos planes al respecto, pero todos los analistas consultados, sin excepción, consideran que es una opción altamente improbable. El desafío se resume en tres factores críticos: reto geográfico, oposición militar y desafío operativo.

Una invasión terrestre de Irán sería una operación militar de extrema complejidad y alto riesgo de fracaso, como muestran las experiencias históricas de la Unión Soviética y Reino Unido en el siglo XIX y en el XX.

El país tiene 90 millones de habitantes y una superficie de 1,6 millones de kilómetros cuadrados (más del doble de Afganistán, tres veces Ucrania/España y cuatro veces Irak). Suma 5.900 kilómetros de fronteras terrestres, repartidas entre siete vecinos (Irak, Turquía, Azerbaiyán, Armenia, Turkmenistán, Afganistán y Pakistán). Además, comparte otras fronteras marítimas con seis estados del Golfo (Kuwait, Arabia Saudí, Baréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos y Omán).

Foto: ayatola-caos-esta-es-la-estrategia-para-convertir-a-iran-en-el-martir-definitivo

Cualquier plan incluiría operaciones combinadas aéreas y navales a gran escala como preludio a una acción terrestre de envergadura. Esto incluye campañas masivas de bombardeos hasta lograr la superioridad aérea y neutralizar puestos de mando, bases y concentraciones de equipos. Con los cielos despejados y el camino abierto, comienza la pesadilla estratégica.

Las fronteras terrestres de Irán están protegidas por dos grandes cadenas montañosas; los Montes Zagros, que se extienden 1.500 kilómetros por el oeste separando Irak de la meseta iraní; y las cordilleras Alborz en el norte, que resguardan la región de Teherán. En el interior dominan los desiertos de Dasht-e Kavir y Dasht-e Lut, que llegado el momento, serían un desafío para fuerzas mecanizadas y logísticas.

Ninguno de los países limítrofes se ha mostrado dispuesto a servir de plataforma para una invasión terrestre y convertirse en un blanco de posibles represalias iraníes.

"Se podría hacer [una invasión terrestre] a través de un país de la OTAN, que sería Turquía, pero no lo van a permitir. Se podría hacer cruzando Irak, pero allí la población chií es mayoritaria, además de no ser un país del todo estabilizado. Se podría hacer a través de un desembarco en Ormuz, pero un desembarco anfibio es una de las operaciones más complejas que existen", resume el general (retirado) Francisco José Gan Pampols.

Irak, Turquía, Azerbaiyán y Pakistán son, en teoría, aliados; pero no pueden permitirse política ni militarmente entrar en el conflicto. Armenia y Turkmenistán son en teoría neutrales, pero con fuertes vínculos con Rusia. Y Afganistán es territorio hostil para los norteamericanos.

Pero, en un ejercicio teórico, los ejes de invasión más obvios serían por Irak, en el oeste; Turquía, al noroeste, Azerbaiyán/Armenia en el norte y Turkmenistán, por el noreste, todos con un difícil acceso montañoso, pero con las rutas terrestres más directas a Teherán. Geográficamente, la entrada más sencilla sería por Afganistán, pero políticamente inviable. Mientras que la frontera con Pakistán está muy alejada de la capital.

Para la invasión de Irak, el Pentágono utilizó como plataforma principal Kuwait y tenía un segundo frente previsto desde Turquía que fue cancelado por el parlamento del país por la oposición social a la guerra. Antes, en la Primera Guerra del Golfo, que también incluyó un asalto terrestre a Kuwait e Irak, EEUU mantuvo toda Arabia Saudí como área de retaguardia y de preparación logística. También Rusia utilizó cuatro puntas de lanza para invadir Ucrania en su fallida guerra relámpago para tomar Kiev, Járkov, Jersón y el Donbás. Con el Kremlin, los servicios de inteligencia detectaron durante meses la acumulación de tropas terrestres en las fronteras ucranianas, algo que no se está produciendo por el momento. En 2025, el propio Trump acordó la retirada casi total de los soldados que todavía quedaban en Irak.

Entrar es difícil, pero luego también hay que avanzar. Aunque las defensas antiaéreas, la marina de guerra y la aviación iraní ya han resultado seriamente dañadas, todavía cuenta con un significativo poder terrestre, incluyendo unas fuerzas armadas regulares con 350.000 efectivos, casi 200.000 de la Guardia Revolucionaria y millones movilizables de la fuerza paramilitar Basij. El estado de capacidad de combate (combat readiness), entrenamiento y moral de estas tropas son desconocidos.

Pero apenas una fracción sería suficiente, según expertos militares, para librar una guerra asimétrica que —en teoría— la teocracia chiíta llevaría preparando décadas.

Como referencia, EEUU empleó 150.000 efectivos para invadir Irak en 2003, un país cuatro veces menor y con 25 millones de habitantes. Y como contexto, la regla de ocupación del Manual de Contrainsurgencia del Ejército de EEUU (FM 3-24) que establece unos 20-25 soldados por cada 1.000 habitantes para estabilizar un país. Esto supondría entre 500.000 y un millón de tropas, dependiendo de si la invasión es total o parcial. Rusia empleó también unos 150.000 soldados, más otros 50.000 paramilitares del Donbás en su ataque de 2022.

Este escenario supone, de partida, miles de millones de dólares en gasto militar, un enorme despliegue operativo y diplomático, mucho riesgo y beneficios limitados. Los costes bélicos directos para derribar a Sadam Hussein ascendieron a 55.000 millones de dólares el primer año, 70.000 millones el segundo y hasta 800.000 millones en toda la campaña. Con los costes indirectos (veteranos, deuda, seguridad, etc), las estimaciones más conservadoras ponen la factura por encima del billón de dólares. EEUU tuvo tropas de combate en el país casi nueve años (2003-2011) y luego tuvo que regresar en 2014 porque su propio desastre geopolítico favoreció el surgimiento del ISIS. Murieron 4.500 efectivos y 32.000 resultaron heridos.

"El escenario de invasión total está totalmente descartado a día de hoy. La invasión de Irak en 2023 requirió cuatro divisiones y meses de acumulación de fuerzas en Kuwait. No cuadra con los planes estadounidenses y las ideas de la actual Casa Blanca", explica Jesús Pérez Triana, director de OSINT Sahel y analista militar en El Confidencial.

Invasión parcial: buffer zone o cabeza de puente

Estados Unidos también podría verse tentado a repetir el atractivo modelo afgano de 2001. El Pentágono diseñó una invasión ligera, precedida por un bombardeo masivo con bombarderos furtivos B-2 y B-52, así como misiles crucero Tomahawk lanzados desde destructores y submarinos. En vez de desplegar una fuerza masiva y convencional como en Irak, se optó por un centenar de agentes paramilitares de la CIA (la fuerza operativa más letal de Estados Unidos), unos 200 miembros de las fuerzas especiales del Ejército (Boinas Verdes) y otros tantos de los Rangers. Unas semanas más tarde se desplegaron unos 1.000 marines en la base de Camp Rhino.

Los primeros equipos de la CIA entraron clandestinamente en el país, mientras que los equipos de fuerzas especiales utilizaron aviones MC-130 y en vuelos nocturnos desde bases en Uzbekistán y Tayikistán.

Estos activos sobre el terreno se encargaron de galvanizar y apoyar a las fuerzas locales Alianza Norte, una coalición de milicias afganas que ya luchaba contra los talibanes. Las tropas estadounidenses se encargaron de coordinar bombardeos, entrenar y asesorar a las fuerzas locales y dirigir las ofensivas terrestres. En apenas dos meses, Estados Unidos tomó Kabul y derribó al régimen talibán con apenas 2.000 efectivos propios y unos 20.000-30.000 combatientes de la Alianza Norte.

Eso no impidió que Washington se metiera en un barrizal estratégico que duró dos décadas y que en su momento álgido (2011) le llevó a desplegar 100.000 efectivos sobre el terreno (y otros 30.000 de socios de la OTAN). Murieron 2.400 efectivos y se gastaron 2 billones de dólares. En 2021, los talibanes volvieron a Kabul.

Foto: furia-kabul-blitzkrieg-taliban-diplomacia-espanola-occidental

Este escenario podría materializarse en alguna forma de operación terrestre o aeronaval limitada, con el objetivo de arrebatarle el control a los ayatolás de una parte del país. En esta hipótesis, EEUU trataría de crear unas zonas de seguridad (buffer zones) en algunas fronteras o zonas específicas del país, más fáciles de ocupar y controlar. Estos puntos sirven para desafiar la soberanía del régimen y tratar de partir la nación, creando espacios donde reagrupar y apoyar a las fuerzas opositoras al régimen iraní.

"No se parecería a 2003 o 1991, donde EEUU concentra fuerzas en la frontera y la cruza, sino que se parecería más a Siria, donde hay ya una fuerza en el terreno, y serían ellos los que luchan por el cambio de régimen, o por la independencia, y el Ejército de EEUU los apoya y les sirve a ellos", apunta Jacob Stoil, investigador de la Escuela de Guerra del Ejército de Estados Unidos y antiguo miembro del Centro de Guerra Urbana del 40º Regimiento de Infantería. "Dependiendo de dónde esté ocurriendo ese levantamiento y quiénes sean sus protagonistas, cambiaría mucho el tipo de apoyo militar de EEUU", añade.

Esta estrategia podría tomar varias formas. La más lógica sería involucrando a algún país vecino (diplomáticamente poco viable). Se ha barajado la posibilidad de utilizar fuerzas kurdas de Irak —principalmente Peshmerga— para apoyar operaciones de incursión o infiltración hacia el Irán kurdo (provincia de Kurdistán, Kermanshah o Azerbaiyán Occidental). Este tipo de acciones generan desestabilización interna y cultivan la insurgencia local, abriendo un amplio abanico de opciones militares, desde operaciones especiales hasta un hostigamiento directo a las fuerzas militares locales.

Es muy poco probable que los kurdos se presten a este tipo de plan —de hecho se han negado públicamente— que podría desestabilizar el kurdistán iraquí al ponerlos en la mira bélica de Teherán y generar tensión en Ankara, muy recelosa de cualquier tipo de fortalecimiento del movimiento kurdo armado.

La otra vía sería una operación aeronaval-anfibia para establecer una cabeza de puente en algún punto de la costa del Golfo. Se podría ejecutar con desembarcos limitados en zonas estratégicas cerca de Bandar Abbas (ciudad portuaria de 500.000 habitantes) o en islas a lo largo de la costa, como Kharg, Abu Musa, Greater Tunb o Lesser Tunb. Este viernes, el Pentágono aprobó el envío de una unidad expedicionaria, típicamente compuesta de hasta 2.500 marines y especializada, entre otras cosas, en este tipo de asaltos anfibios.

Esto les permitiría controlar físicamente puntos clave del estrecho, bases navales iraníes y territorio costero, y quizá limitar el rango de acción de Irán en el estrecho de Ormuz. Pero de nuevo, la geografía, la densidad de población y la resistencia militar iraní (con una costa fortificada con misiles antibuque), son desafíos mayores para una operación de esta escala.

Asaltos estratégicos: tomar ciudades o bases

Estados Unidos podría limitarse a asaltos estratégicos aerotransportados de diferente magnitud para eliminar la estructura del régimen. La ventaja de este modelo es que requiere menos tropas para infligir daños significativos. La desventaja es que este tipo de activos (de una ciudad o barrio a una base, una refinería o un puerto) suelen estar fuertemente protegidos y son difíciles de mantener con fuerzas pequeñas. Esto hace que cualquier eventual operación requiera de un diseño y ejecución sin mácula.

El ejemplo más claro (y complejo) sería una toma temporal de ciertas partes de Teherán. Esto no busca un control del país, sino un colapso del régimen, desorganizar al mando político-militar, fracturar las fuerzas de seguridad y generar un efecto dominó, alzando a la oposición de forma artificial.

"Para algo así, no hace falta siquiera la superioridad aérea total del país, basta con superioridad local", detalla Stoil. "Las fuerzas de EEUU tienen la capacidad expedicionaria para mover una cantidad bastante significativa de nuestra fuerza [ya sean tropas, ya sea material y armamento] por aire, mediante tropas aerotransportadas o de asalto aéreo", continúa. Todo empieza con la captura de un aeródromo, desde el que se establece una base desde el que se expande el apoyo.

Al contrario que la toma de Kabul o Bagdad, cabría esperar una fuerte resistencia armada en la capital iraní, con unos 10 millones de habitantes y otros cinco más en su área metropolitana. Cualquier asedio comenzaría por neutralizar las infraestructuras de acceso como aeropuertos civiles (aeropuerto internacional Imán Jomeini) y militares (Mehrabad), autopistas y otros nudos terrestres de comunicaciones. En paralelo, se buscaría cortar las comunicaciones del régimen, incluyendo centros de telecomunicaciones, redes militares (radares y antenas) y sedes de la radiotelevisión estatal (IRIB, IRIB TV1, IRINN).

En una segunda fase, se buscaría tomar los nodos de poder político (el complejo presidencial, la residencia del ayatolá, el Parlamento) y militares (cuarteles de la Guardia Revolucionaria, la fuerza de seguridad interior, de los cuerpos paramilitares Basij, la policía). Es complicado, porque el aparato iraní está diseñado con redundancias para evitar este tipo de fracturas. En Teherán existen múltiples cuarteles y centros de mando del IRGC diseñados para defender el régimen, muy ideologizados y dispersos por la ciudad, con capacidad para movilizar miles de milicianos.

Cuánto tiempo e intensidad requeriría una operación así dependería de los objetivos fijados por los planificadores militares. Pero ni siquiera una intervención directa en Teherán aseguraría la destrucción total del régimen, que podría reagruparse en las provincias. Pero quizás sí permitiría escenificar algún tipo de transición que divida al país y evite que los ayatolás recuperen su poder fácilmente, partiendo de facto al país.

Tampoco debería ser necesariamente (o exclusivamente) Teherán. La lista de ciudades estratégicas es amplia, como Tabriz (1,6 millones de habitantes), importante centro industrial y logístico con base de misiles en el noroeste; Isfahán (2 millones), tercera ciudad del país y nodo industrial y militar relevante; o Bandar Abbas (500.000 habitantes), principal puerto iraní en el Golfo y base naval clave.

Operaciones especiales: captura y destrucción

La opción mínima para cerrar el conflicto con botas sobre el terreno sería algún tipo de operación especial, como la realizada para la captura y extracción de Nicolás Maduro en Venezuela. La principal diferencia con las anteriores es que se tratan de misiones rápidas con objetivos concretos hit and run. Aunque tampoco aseguran (ni favorecen) que se afiance un nuevo sistema en el país, puede que le den a Trump la foto que necesita para retirarse del conflicto y vender una victoria en casa.

"La opción más asequible son acciones muy quirúrgicas, como se hizo en Venezuela, que entran y salen. En dos, tres o cuatro incursiones de las fuerzas especiales con todos los apoyos, podrían aplicar una potencia brutal en puntos concretos. Pero sin quedarse desplegados en el territorio y sin necesidad de meter unidades pesadas", explica el teniente general (r) Juan Montenegro, quien ejerció como representante español ante los comités militares de la OTAN y de la Unión Europea.

Entre las posibilidades estaría la captura del nuevo ayatolá, la toma y destrucción del complejo Fordow, uno de los sitios más protegidos del programa nuclear iraní, o el centro nuclear de Natanz, principal centro de enriquecimiento de uranio. El material radioactivo se encuentra "sobre todo" en las bases iraníes de Isfahán, en el centro del país, según la Agencia Internacional de la Energía Atómica. Un asalto limitado para hacerse con ese uranio es otro de los escenarios que está empezando a exponerse en círculos militares, con toque de operación hollywoodiense que tanto parece atraer a Trump.

Los mismos helicópteros MH-47G Chinook del 160º Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales de Estados Unidos, que capturaron a Nicolás Maduro en Venezuela, serían bien capaces de alcanzar Isfahán (500 kilómetros tierra adentro) desde los buques situados en el golfo Pérsico. Pero garantizar su operación y regreso requeriría la movilización de, como mínimo, un gran grupo de combate —normalmente un batallón reforzado con unidades especializadas, con más de 1.000 efectivos— para asegurar el perímetro y enfrentarse a las fuerzas defensoras iraníes, con cobertura aérea constante: vigilancia satelital en tiempo real, drones en órbita, aviones de reconocimiento, y toda una cadena de aviones cisterna. Siguiendo la doctrina militar estadounidense, se debería tomar primero un aeródromo próximo, la base aérea de Badr, a 10 kilómetros de las instalaciones nucleares de Isfahán.

Hay que añadir a la planificación la peculiaridad de la operación: túneles subterráneos y tratamiento de material radiactivo y nuclear. Shashank Joshi, editor sénior de defensa en The Economist, apunta a la mayor experiencia de las fuerzas especiales e ingenieros de combate de Israel, tras años operando en las redes de túneles de Hamás y Hezbolá. Una 'entente cordiale' de tropas israelíes con apoyo logístico y de transporte aéreo de Estados Unidos evitaría a Trump el duro trago político de enviar "botas sobre el terreno" a Irán.

"No le veo sentido a un asalto estratégico a Teherán. Nadie lo ha planteado. Las operaciones anfibias y aerotransportadas que se han barajado son ataques puntuales contra instalaciones nucleares. La Delta Force se ha preparado durante décadas para asaltar instalaciones con armas estratégicas enemigas y en cada Special Operations Group hay una compañía especializada en Hard Target Defeat (derrota de blancos difíciles)", apunta Triana. "También se habla de ocupación de islas y tramos de la costa para impedir a Irán acosar el tráfico marítimo en el Golfo Pérsico. La eliminación de bases y sensores necesarios para que Irán lleve su guerra naval asimétrica podría requerir poner tropas sobre el terreno y negar el uso libre de la costa a Irán", agrega el analista.

Con menos impacto, pero también muy gráfico, podría ser la toma y destrucción de bases de misiles (las ciudades misiles), como el complejo subterráneo de Khorramabad, en los montes Zagros, o el de Kermanshah, cerca de Irak, y también bases militares como Semnan, centro de prueba de misiles, o Tabriz, el principal enclave militar del noroeste, cerca de Turquía. O una combinación de las anteriores, sin pretender hacer una lista exhaustiva, solo representativa, de posibles blancos militares de relevancia.

No hay solución satisfactoria. EEUU se arriesga a una espantada que ponga en duda la seguridad que le da a las petromonarquías y el apoyo a Israel. O puede verse tentado de repetir la promesa imperial de cambiar el régimen, cueste lo que cueste.

"Los políticos americanos invariablemente han exagerado la amenaza, infravalorado los costes y desafíos de cambiar un régimen, declararon victoria prematuramente, fracasaron en anticipar las consecuencias inesperadas de sus acciones y, en última instancia, acabaron soportando con masivo coste humano y financiero", resumió Philip H. Gordon, analista en Brookings Institution.

Se cumplen dos semanas del conflicto en Oriente Medio y no está muy claro quién va ganando la guerra.

Irán Estados Unidos (EEUU)
El redactor recomienda