Tras demostrar su resistencia inicial, un Irán envalentonado apuesta todo a su estrategia del caos
Irán saca incluso pecho de su aguante, desmiente estar interesado en un alto el fuego y amenaza a EEUU con subir el barril a 200 dólares
Miles de partidarios del Gobierno asisten a las oraciones del viernes en Teherán en la sala de oración del imán Jomeini durante los ataques de EEUU e Israel contra Irán. (Europa Press)
"Ten cuidado de no ser eliminado tú también". Ali Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional y líder de facto de Irán, se dirigió en estos términos al presidente Donald Trump en la red social X. "Incluso algunos más grandes que tú no pudieron acabar con Irán", le recordó.
Hace tan sólo unos días el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, se disculpaba en la televisión ante los países del Golfo que habían sido atacados por Irán, pero fue después obligado a rectificar por el sector más radical del régimen. Desde principios de semana, el lenguaje de las máximas autoridades iraníes se ha endurecido pese a la creciente intensidad de los bombardeos de EEUU e Israel.
Los jerarcas de Teherán trasladaron la impresión, en los primeros días de la guerra, de anhelar un alto el fuego similar al que ya pactaron en junio de 2025 tras 12 días de bombardeos de las fuerzas aéreas de Israel y de Estados Unidos muy concentrados entonces en sus instalaciones nucleares.
Ahora la cúpula iraní ha elevado el listón. "Para establecer un alto el fuego o detener la guerra, debe garantizarse que no se repetirán las acciones agresivas contra Irán", advirtió Kazem Gharibabadi, viceministro de Asuntos Exteriores. "De lo contrario, si se produce un nuevo ataque después de unos meses, dicho alto el fuego carecerá de sentido". "No buscamos en absoluto un alto el fuego", escribió Mohamed Ghalibaf, presidente del Parlamento. "Luchamos ojo por ojo, diente por diente, sin concesiones", recalcó.
El ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, fue incluso más lejos que todos ellos. Fanfarroneó con que Irán podría continuar sus ataques y seguir controlando la navegación en el estrecho de Ormuz, incluso después de que Trump hubiese proclamado el fin de la guerra y anunciado su victoria.
En ese torrente de amenazas irrumpió el miércoles Ebrahim Zolfaqari, portavoz del Ejército iraní, un estamento militar menos poderoso que los Guardianes de la Revolución. Anunció que no permitirán que "ni un solo litro de petróleo llegue a Estados Unidos, a los sionistas y a sus socios". "Prepárense para que el barril de petróleo alcance los 200 dólares, porque su precio depende de la seguridad regional que han desestabilizado", concluyó. Es más del doble de su precio actual (92 dólares). Antes de que estallase la guerra, era de unos 70 dólares.
"En Teherán creen ahora que fue un error aceptar el alto el fuego de junio de 2025 porque dio tiempo a Israel para reponer las bombas y defensas aéreas que había gastado", explica por teléfono Eldar Mamedov, investigador no residente del Quincy Institute y experto en Irán. "La estrategia iraní es causar el máximo daño y durante el máximo de tiempo para lograr así que [a sus enemigos] se les quiten las ganas de emprender otra guerra al poco de que acabe esta", prosigue Mamedov.
Por ahora, esa estrategia ha dado resultados a juzgar no solo por el incremento generalizado del precio de los hidrocarburos y las turbulencias de los mercados financieros. Los países árabes del Golfo, Irak y el propio Irán han dejado de exportar. Peor aún, un parón económico amenaza a buena parte de Asia. El 87% del crudo y el 86% del gas licuado que consume pasa por el estrecho de Ormuz, que Irán sigue bloqueando.
No está claro cuántos misiles balísticos y cuántos drones le pueden aún quedar a Irán tras casi dos semanas de bombardeos. El jefe del Estado Mayor Conjunto de EEUU, el general John Dan Caine, afirmó, sin dar más detalles, que "respeta" la resistencia iraní. Sus fuerzas están "combatiendo", pero "no eran mejores de lo que pensábamos", precisó en una sesión informativa en el Pentágono.
"La cadena de mando y control de los servicios de seguridad iraníes se ha visto dañada y se han dado casos de soldados que temen combatir o incluso desobedecen órdenes", escribió el miércoles Amos Harel, analista militar del diario israelí "Haaretz". "La impresión del estamento militar es que, pese a todo, el régimen sigue controlando la situación hasta cierto punto y es capaz de coordinar sus acciones a pesar de la intensa ofensiva", añadió. "Israel no ve indicios de que el régimen se derrumbe o sea derrotado en esta etapa", concluyó.
Al margen de las armas que haya podido preservar, Irán dispone de otros recursos para seguir sembrando el caos. Cuenta con un rosario de milicias chiíes afines en Oriente Medio. Si algunas, como los libaneses de Hezbolá, se han involucrado de lleno en la guerra, los hutíes de Yemen pueden aún implicarse mucho más si se lo piden desde Teherán. Su especialidad es entorpecer la navegación en el estrecho de Ormuz.
Cuando se cumplen casi dos semanas del inicio de la guerra, hay otras dos amenazas que parecen desvanecerse e incrementan la confianza de las autoridades iraníes. A diferencia de lo que sucedió en diciembre pasado, la población no se ha echado masivamente a las calles para pedir la caída del régimen.
"Los ataques de Israel a la infraestructura energética, que cubrieron Teherán de humo negro, están enajenando a la opinión pública", sostiene Alex Vatanka, investigador principal del Middle East Institute. "Se observó un cambio en la opinión pública que pasó de percibir que era una guerra contra el régimen a una guerra contra Irán", añadió.
Cuanto más dure la guerra, es probable que menos ganas tengan los iraníes de levantarse contra el régimen porque "con su economía hecha trizas y empobrecidos bruscamente, tendrán otras prioridades como garantizar su sustento y el de sus familias", explica un diplomático europeo que estuvo acreditado en Teherán.
La principal figura de la oposición al régimen, Reza Pahlavi, reitera además en redes sociales su petición a los iraníes de que "por su propia seguridad" se "retiren de las calles y permanezcan en sus hogares". Les insta, eso sí, a continuar con una huelga que habrían iniciado hace días. "Continúen con sus cánticos nocturnos para demostrar su unidad", concluyó su mensaje del miércoles.
La otra amenaza que no se concreta por ahora es la invasión por tierra de los 4.000 milicianos kurdos iraníes concentrados en el Kurdistán iraquí. Para facilitarles el camino a Irán, la aviación israelí ha machacado sistemáticamente las instalaciones de los Guardianes de la Revolución en el Kurdistán iraní. "Si entran por tierra habrá problemas en el oeste del país, pero llegar hasta Teherán es una misión imposible", advierte Mamedov.
Los kurdos están además divididos entre ellos sobre qué pasos dar. Han tenido malas experiencias con EEUU. El año pasado el Pentágono puso bruscamente fin al apoyo que brindaba a las Fuerzas Democráticas Sirias, una milicia kurda que en Siria le ayudó a luchar contra los yihadistas del Estado Islámico. Las tropas estadounidenses se retiraron después de la zona. Una intervención militar kurda en Irán provocaría también el enfado de Turquía, hostil a cualquier poder kurdo.
Aunque fue el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, el que embarcó a Trump en esta guerra, será el presidente el que decida cuándo hay que darla por terminada. "Trump declarará la victoria cuando lo considere oportuno y se retirará", comenta por teléfono Nicolás Pascual de la Parte, eurodiputado del Partido Popular y experto en defensa.
"Esa es la ventaja de no haber fijado un objetivo claro a la campaña militar en curso", asegura el eurodiputado. "El objetivo es flexible y circunstancial, en una escala progresiva que va desde un plan de máximos, el cambio de régimen, hasta otro de mínimos irrenunciables, acabar con el programa nuclear de Irán", prosigue. "La elección del objetivo final dependerá de tres factores: cohesión interna política y capacidad de resistencia militar de Irán; la rebelión o no del pueblo iraní y el impacto de la guerra en los mercados energéticos y financieros globales", concluye.
Al ritmo actual de los acontecimientos, este último parece ser el factor que más probablemente incite a Trump a cerrar el capítulo iraní y a centrarse quizás en Cuba.
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"Ten cuidado de no ser eliminado tú también". Ali Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional y líder de facto de Irán, se dirigió en estos términos al presidente Donald Trump en la red social X. "Incluso algunos más grandes que tú no pudieron acabar con Irán", le recordó.