Las bolsas y el petróleo aprietan: ¿basta eso para que Trump 'se baje' de la guerra?
En la guerra ruso-ucraniana de 2022 también se hablaba de "estanflación", dado el aumento del precio de la energía, pero hay una gran diferencia: hoy, el mercado laboral de EEUU es bastante más débil
Tabla de los precios de petróleo. (Reuters/Nathan Howard)
A medida que la guerra de Irán se agrava y crecen los precios energéticos y todo tipo de riesgos globales, cada vez más voces republicanas y de Wall Street llaman a Donald Trump para sugerirle que, quizás, este sea un buen momento para cantar victoria. Por la economía y por las elecciones de medio mandato. Incluso por la paz.
Según The Wall Street Journal, "algunos de los asesores de Trump en los últimos días lohan alentado a articular un plan para sacar a Estados Unidos de la guerra y argumentar que los militares habían logrado en gran medida sus objetivos". Una idea que, por el momento, ha tanteado con cierta precisión Marco Rubio.
"Los objetivos de esta misión son claros", dijo Rubio, secretario de Estado y consejero de Seguridad Nacional, el lunes. "Se trata de destruir la capacidad de este régimen para lanzar misiles, tanto destruyendo sus misiles como sus lanzaderas; destruir las fábricas que producen estos misiles; y destruir su armada".
Desde este punto de vista, no haría falta cumplir los objetivos más difíciles de todos los que ha planteado públicamente Donald Trump en los últimos días: la destrucción del programa nuclear iraní, el cambio de régimen o, aunque sea, su "rendición incondicional". El propio Trump ha sugerido que los ataques estarían a punto de concluir. La duda es si lo ha dicho en serio o solo para calmar a la Bolsa.
En una conversación telefónica con Axios, Trump afirmó este miércoles que la guerra acabará "pronto" porque "prácticamente no queda nada para atacar". Esta semana también había descrito los bombardeos como una "excursión a corto plazo" y asegurado que la misión "está muy completa".
Desde que Trump juró por primera vez el cargo presidencial, se dice que uno de los escasos contrapesos reales a sus apuestas es la Bolsa de Wall Street. Si esta responde con números rojos a las acciones de Trump, es probable que Trump recule de alguna manera. Sucedió el año pasado con su ofensiva arancelaria, que fue recalibrada a los pocos días para frenar, aparentemente, la sangría bursátil y el caos en el mercado de la deuda, y sucedió recientemente con sus amenazas anexionistas a Groenlandia, que Trump enfrió, ante el mundo, en el Foro de Davos.
Si hacemos caso a esta métrica, Trump tendría que parar ya su guerra contra Irán. Y por los precios energéticos. La guerra "ciertamente está agravando las cosas", dijo el senador republicano John Boozman, en referencia al precio del galón de gasolina, que ha subido 50 centavos (un 17%) desde el 28 de febrero. "Estoy preocupado por ello. Es algo que marca una gran diferencia en nuestra economía".
Dado que el combustible puede ser considerado la sangre de los intercambios económicos, ya que alimenta los motores de los vehículos que transportan unos 50 millones de toneladas de bienes cada día en Estados Unidos, su encarecimiento se traslada a todo tipo de sectores. Sobre todo porque EEUU, si estimamos el uso de petróleo en cada dólar producido, es un 100% más dependiente del crudo que la Unión Europea, un 40% más que China y un 20% más que Rusia.
La paradoja es que Donald Trump volvió a la Casa Blanca gracias, en parte, a su promesa de rebajar los precios de la cesta de la compra. La pandemia de covid y la invasión de Ucrania, entre otros factores, habían disparado la inflación hasta un 9,1% interanual en julio de 2022, la mayor subida en 40 años. Los estadounidenses estaban cansados de pagar una fortuna por el alquiler o por una docena de huevos, y Trump se retrató como el hombre indicado para la misión: el gestor pragmático, transaccional, que restablecería la bonanza económica de su primer mandato.
Pero Trump ha parecido olvidarse del mantra de la "asequibilidad". Más que reducir o contener los precios, sus aranceles arrojaron arena en las cadenas de suministro y tendieron un velo sobre las perspectivas económicas. Y el presidente ha estado ocupado en muchas otras cosas, como la política exterior.
La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán ha resaltado todavía más esta paradoja, causando el mayor shock energético desde la crisis del petróleo de 1973. Una de las palabras más malditas de la economía, "estanflación", esa mezcla de precios altos y crecimiento bajo que lastró Estados Unidos en los años setenta, ha vuelto a entrar en boga. Según Axios, siete gestores y analistas financieros de Wall Street mencionaron la palabra en sus informes de este pasado lunes.
En la guerra ruso-ucraniana de 2022 también se hablaba de estanflación, dado el aumento del precio de la energía, pero hay una gran diferencia: hoy, el mercado laboral de EEUU es bastante más débil. El año pasado, su economía creó el menor número de empleos desde 2003, si descontamos las dos recesiones.
Ante la perspectiva de un dolor económico que podría agravarse, los republicanos están tratando de buscar un mensaje de calma. Algunos lo han encontrado: Short term pain for long-term gain. Es decir, morder la bala de la guerra confiando en que, a largo plazo, proporcionará beneficios a los estadounidenses.
"Llevará un par de semanas, pero los precios de la gasolina volverán a bajar", declaró el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Mike Johnson. "Es un bache temporal". El congresista Derrick Van Orden criticó a quienes estaban centrados en cosas como los precios. "Donald Trump está poniendo fin a una guerra que Irán nos declaró hace 47 años", dijo Van Orden, en referencia a la revolución de 1979. "El presidente Trump no piensa a corto plazo: ‘¿Cómo serán las próximas elecciones?’ El presidente Trump piensa en la próxima generación."
Además de los bolsillos, están las encuestas. Con excepción del bombardeo de Libia en 2011, es la única guerra lanzada por EEUU que no cuenta con la simpatía, en su fase inicial, de una mayoría de estadounidenses. La guerra de Vietnam suele encarnar la quintesencia del desastre. Pero al principio, era una causa relativamente célebre. Una encuesta de Gallup de 1965 reflejaba un apoyo del 61%. En 2003, entre un 60% y un 80% de la población respaldaba la invasión de Irak.
Carlos SánchezGráficos: Unidad de DatosGráficos: EC Diseño
La aprobación del ataque contra Irán, que se fraguó casi a hurtadillas, dada la falta de explicaciones públicas y de debate en el Congreso, es impopular. Ninguno de los sondeos disponibles revela un apoyo mayoritario.
Esta compleja ecuación tiene, además, otro factor: el propio Irán. En el caso de los aranceles, Trump podía dar marcha atrás, reducir la presión, añadir condicionantes y cerrar acuerdos de manera relativamente fácil con una serie de países que, de todas formas, deseaban llevarse bien con Estados Unidos por la salud de sus economías. El caso de Irán es muy distinto: la Casa Blanca ha planteado su guerra de manera que, para el régimen iraní, es una amenaza existencial.
Washington y Tel Aviv mataron a docenas de sus líderes, empezando por el ayatolá supremo, Alí Jameneí. Y han dicho que pueden hacer lo propio con quienes los reemplacen. El nuevo líder, Muytaba Jameneí, hijo del anterior, está herido. Y tanto los ataques indiscriminados, incluyendo contra infraestructura civil estratégica, como la retórica indican que, al menos al principio, el objetivo era aniquilar el régimen.
En este contexto, Irán, que técnicamente es el contrincante débil en esta pelea, ha hecho lo que suelen hacer los combatientes con menos recursos: atacar en horizontal, ampliar la guerra. En lugar de ir únicamente a por los aviones, barcos o bases de EEUU e Israel, quiere hacer de la vida en Oriente Medio un infierno, o, por lo menos, un engorro, de manera que descarrilen el turismo, las inversiones y las perspectivas. Una forma de elevar el precio de la agresión contra Irán.
Trump podría cantar victoria y decir que los iraníes han quedado militarmente arruinados, y que por tanto ya no son una amenaza para los intereses israelíes y estadounidenses. Pero ¿qué dirán los iraníes? Por el momento, no se han hundido, han elegido a un líder duro y están exportando más petróleo, incluso, que antes de la guerra..
Lo mismo se puede decir de Israel. Su primer ministro, Benjamin Netanyahu, acusado de crímenes de guerra por la Corte Penal Internacional, ha sido también criticado por utilizar el conflicto (ha atacado seis países desde 2023) para generar un ambiente de crisis y consolidar su poder. Trump podría, o no, buscar una "rampa de salida", pero a veces es más difícil acabar las guerras que empezarlas.
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A medida que la guerra de Irán se agrava y crecen los precios energéticos y todo tipo de riesgos globales, cada vez más voces republicanas y de Wall Street llaman a Donald Trump para sugerirle que, quizás, este sea un buen momento para cantar victoria. Por la economía y por las elecciones de medio mandato. Incluso por la paz.