Un oleoducto para salvarnos a todos: 1.200 kilómetros a través del desierto para esquivar Ormuz
El oleoducto Este-Oeste fue construido precisamente con la crisis actual en mente. Riad sabe desde hace décadas que depender exclusivamente de Ormuz conlleva un alto riesgo estratégico
Campo petrolífero de Khurais, a unos 160 km de la capital de Arabia Saudí, Riad. (EFE/Ali Haider)
Atraviesa Arabia Saudí de costa a costa durante unos 1.200 kilómetros, sorteando desiertos, mesetas rocosas y cordilleras hasta alcanzar el mar Rojo. El oleoducto Este-Oeste —conocido en la industria como Petroline— conecta los gigantescos yacimientos petrolíferos del golfo Pérsico con el puerto de Yanbu, al otro extremo de la península arábiga. Una infraestructura estratégica concebida, cuatro décadas atrás, con el peor escenario posible en mente.
Ese escenario de pesadilla es ahora una realidad. El estrecho de Ormuz, el mayor cuello de botella energético del planeta, ha quedado paralizado por la guerra entre Estados Unidos e Israel, por un lado, e Irán, por otro. Sin ese paso marítimo, por el que antes del conflicto transitaba alrededor de una quinta parte del consumo global de petróleo, todo el mundo está buscando desesperadamente rutas alternativas. Y por ahora, el Este-Oeste está demostrando ser el mejor ‘plan B’ disponible.
Saudi Aramco, la estatal petrolera del reino, ha aumentado rápidamente el flujo de crudo a través del oleoducto, que antes de la crisis transportaba alrededor de un millón de barriles diarios hacia el mar Rojo. Ahora la compañía espera llevar el sistema hasta su capacidad máxima, unos siete millones de barriles diarios, a medida que los buques petroleros estacionados en la entrada del estrecho de Ormuz se redirigen hacia la costa occidental saudí. Un desafío mayúsculo que implica reorganizar en cuestión de días una logística energética que normalmente se planifica durante meses.
Según la propia Aramco, el nivel máximo de flujo podría alcanzarse pronto, aunque todo depende de la velocidad con la que los petroleros logren reposicionarse y de la capacidad de las dos terminales de exportación de Yanbu para absorber el aumento de tráfico. Además, parte del crudo que llega por el oleoducto se destina a refinerías situadas en la propia costa occidental saudí, lo que reduce el volumen disponible para exportación.
El Este-Oeste fue construido precisamente con la crisis actual en mente. Arabia Saudí empezó a desarrollarlo en la década de 1980, durante la guerra entre Irán e Irak, cuando el Golfo se convirtió en escenario de ataques contra petroleros en lo que se conoció como la “guerra de los buques cisterna”. Las decenas de barcos dañados hicieron evidente para Riad que depender exclusivamente de Ormuz era un riesgo estratégico.
El resultado fue una infraestructura diseñada para exportar petróleo sin pasar por el estrecho. Esto, a pesar de que la aplastante mayoría de las exportaciones saudíes sale por terminales del golfo Pérsico, donde el sistema portuario está optimizado para cargar enormes volúmenes de crudo destinados principalmente a Asia. Por ello, es una tubería que durante décadas ha estado condenada a funcionar muy por debajo de su capacidad, esperando al día en el que fuera necesaria. Y ahora, vaya si lo es.
El Este-Oeste no está solo en este cometido. Los Emiratos Árabes Unidos también cuentan con una infraestructura diseñada para sortear el estrecho de Ormuz. El oleoducto Habshan-Fujairah conecta los campos petrolíferos de Abu Dabi con el puerto de Fujairah, en el golfo de Omán, y permite exportar alrededor de 1,5 millones de barriles diarios sin pasar por el estrecho. En situaciones de emergencia, esa cifra puede acercarse a los dos millones.
Un parche vital, pero insuficiente
Incluso en un escenario en el que ambos oleoductos funcionen a pleno rendimiento, las refinerías del oeste de Arabia Saudí se paralicen y exista una coordinación perfecta de buques para mantener el flujo constante, estas infraestructuras solo pueden compensar parcialmentelo que ya es la mayor disrupción petrolera del siglo.
Antes de la guerra, por el estrecho de Ormuztransitaban alrededor de 15 millones de barriles diarios de crudo del Golfo, dentro de un flujo total cercano a 20 millones de barriles entre petróleo y productos refinados. Ahora, en el mejor de los casos, el total de exportaciones de los oleoductos rondaría los nueve millones de barriles diarios.
Además, transportar el petróleo hasta el mar Rojo es solo una parte del desafío. El siguiente cuello de botella aparece en los puertos desde los que ese crudo debe cargarse en petroleros. El oleoducto saudí desemboca en el complejo petrolero de Yanbu, que cuenta con dos grandes terminales de exportación: Yanbu Norte y Yanbu Sur.
Sobre el papel, ambas terminales podrían cargar alrededor de 4,5 millones de barriles diarios. En la práctica, como señalaban varios analistas del sector al medio financiero Invezz, la capacidad efectiva probablemente se sitúe más cerca de cuatro millones de barriles diarios. De hecho, la máxima carga diaria registrada hasta la fecha solo ronda los 1,7 millones de barriles.
Por ello, el consejero delegado de Aramco, Amin Nasser, alertó este martes de que, si la guerra con Irán sigue perturbando el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, las consecuencias para el mercado energético mundial serían “catastróficas”. “Cuanto más se prolongue la interrupción, más drásticas serán las consecuencias para la economía global. Aunque en el pasado hemos afrontado perturbaciones, esta es con diferencia la mayor crisis a la que se ha enfrentado la industria del petróleo y el gas de la región”, declaró ante la prensa
Carlos SánchezGráficos: Unidad de DatosGráficos: EC Diseño
No obstante, como indica el analista de Bloomberg Javier Blas, los oleoductos que evitan el estrecho de Ormuz sí desempeñan un papel crucial en la crisis actual. Aunque son, en el mejor de los casos, “una solución temporal y parcial”, permiten que parte del crudo del Golfo siga llegando al mercado y compran tiempo al sistema energético mundial. “En lugar de chocarse directamente contra un muro esta semana, (Donald) Trump cuenta con algunos días más”, valoró el experto en su cuenta de X.
El desvío de exportaciones a través de oleoductos tampoco está exento de riesgos. Al aumentar los flujos por estas rutas alternativas, Arabia Saudí y Emiratos quedan más expuestos a posibles represalias iraníes contra infraestructuras energéticas que hasta ahora no han sido objetivo de sus ataques. El ‘Plan B’ puede funcionar ahora. La semana que viene, quién sabe si toque buscar un ‘C’.
Atraviesa Arabia Saudí de costa a costa durante unos 1.200 kilómetros, sorteando desiertos, mesetas rocosas y cordilleras hasta alcanzar el mar Rojo. El oleoducto Este-Oeste —conocido en la industria como Petroline— conecta los gigantescos yacimientos petrolíferos del golfo Pérsico con el puerto de Yanbu, al otro extremo de la península arábiga. Una infraestructura estratégica concebida, cuatro décadas atrás, con el peor escenario posible en mente.