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¿Es el fin de la guerra? EEUU e Israel tienen ideas muy diferentes de cómo se gana en Irán
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¿Es el fin de la guerra? EEUU e Israel tienen ideas muy diferentes de cómo se gana en Irán

Parecía que Israel y EEUU estaban alineados en el cambio de régimen en Irán. La muerte del ayatolá abría la puerta a un escenario Venezuela (transición), pero Israel parece tener más en mente un escenario Gaza (destrucción)

Foto: Momento de una explosión en Sanandaj, provincia del kurdistán iraní. Israel ha reportado ataques en este área del país para, presuntamente, ayudar a los kurdos en una hipotética rebelión contra el gobierno central de Teherán (Reuters)
Momento de una explosión en Sanandaj, provincia del kurdistán iraní. Israel ha reportado ataques en este área del país para, presuntamente, ayudar a los kurdos en una hipotética rebelión contra el gobierno central de Teherán (Reuters)
EC EXCLUSIVO

El presidente de EEUU, Donald Trump, aseguró el lunes que la guerra contra Irán está "prácticamente terminada". Cuando se cumplen 10 días del conflicto, el magnate republicano aseguró que van "muy por delante" del cronograma previsto originalmente de cuatro o cinco semanas de hostilidades. "No tienen armada, ni comunicaciones, ni fuerza aérea. Sus misiles están dispersos. Sus drones están siendo destruidos por todas partes, incluyendo su fabricación. No tienen nada", aseguró el mandatario.

"Nuestro país lo está haciendo realmente bien. Quiero decir, a un nivel que nadie esperaba. Hicimos una pequeña excursión porque sentíamos que teníamos que deshacernos de algunos malvados. Creo que vas a ver que será una excursión breve", abundó en una entrevista con la cadena estadounidense CBS que los mercados recibieron con alza y el petróleo, con bajas. Pero, ¿es así? ¿Está la guerra cerca de acabarse?

En realidad, eso ya no depende (solo) de Trump, cuya pequeña excursión puede haberlo metido en un jardín estratégico de proporciones planetarias.

WTF?

Israel bombardeó el sábado una treintena de depósitos de combustible en Irán, argumentando que son clave para el régimen y sus operaciones militares. Pero en la Casa Blanca no sentó nada bien este ataque. Aunque las IDF (las Fuerzas Armadas israelíes, por sus siglas en inglés) avisaron a sus aliados norteamericanos de la operación, en el Pentágono se quedaron contrariados por el alcance, mucho mayor al esperado.

"Al presidente [Trump] no le gustó. Quiere ahorrar petróleo, no quemarlo. Eso le recuerda a la gente que están subiendo los precios de la gasolina", dijo un asesor de Trump al medio estadounidense Axios.

El desencuentro —reportado por fuentes estadounidenses e israelíes con conocimiento de la materia— es la muestra más reciente de que EEUU e Israel tienen visiones divergentes sobre qué significa ganar esta guerra. Una asintonía que podría acabar desgastando a los aliados y jugando en favor de Teherán.

"WTF (pero qué demonios)", escribió un mando estadounidense a su enlace israelí, informó Axios.

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No es la primera divergencia. Expertos militares señalan que la Operación Furia Épica (del Pentágono) y Rugido de León (IDF) parecen tener en blancos militares diferentes para lograr distintos resultados. Ambos han dedicado el grueso de su potencia de fuego a eliminar los vectores de lanzamiento de misiles iraníes, sus arsenales y defensas antiaéreas (para lograr la supremacía aérea). Pero mientras EEUU ha preferido mellar instalaciones clave altamente protegidas, como silos de misiles subterráneos, con sus bombarderos furtivos B-2 y diezmar la marina de guerra iraní (30 buques hundidos, según EEUU), Israel está enfocado en eliminar sistemáticamente a los dirigentes políticos y militares de la nación persa, así como algunas infraestructuras no militares.

En un solo día, 4 de marzo, Israel atacó cuatro centros de comando Basij en Teherán, así como el cuartel general de la Guardia Revolucionaria, la agencia de inteligencia, la fuerza paramilitar Basij, la fuerza de élite Quds, las fuerzas de seguridad interna y unidades de ciberguerra. Fuentes de las IDF dijeron a medios locales que se utilizaron más de 250 bombas en esta operación.

"EEUU e Israel han cooperado para lograr unos impresionantes éxitos operativos contra Irán, pero sigue faltando una definición de victoria que sea compartida mutuamente. Esta inconsistencia y falta de claridad podría minar la habilidad de los socios para lograr objetivos estratégicos duraderos", advirtieron Justin Leopold-Cohen y Ruan Brobst, expertos militares de la Fundación para la Defensa de las Democracias. "Las diferencias en la selección de objetivos y en las declaraciones de sus líderes apuntan a que los dos países podrían diferir en el fin que están buscando".

Entonces, ¿quién dirige esta guerra? ¿Y quién puede ponerle fin?

¿Quién manda aquí?

Es público que EEUU e Israel operan coordinados pero de forma autónoma. Lo dejó claro la semana pasada el subsecretario de política del Departamento de Defensa, Elbridge Colby. Testificando ante el Congreso, Colby consideró que el Pentágono se había fijado unos "objetivos delimitados y razonables", enfocados en degradar las capacidades militares iraníes. Cuando le preguntaron por qué la guerra había comenzado con un bombardeo masivo que mató al ayatolá Alí Jamenei, Colby reconoció: "Eso son operaciones israelíes".

El propio secretario de Estado, Marco Rubio, dio a entender justo después del inicio de la ofensiva que EEUU se había visto obligado a atacar "proactivamente de forma defensiva" bajo la asunción de que Israel iba a lanzar su propio ataque, lo que provocaría una respuesta de Irán contra fuerzas estadounidenses en la región. Menos de 24 horas después, Rubio trataba de recoger cable y alinearse con la narrativa del Despacho Oval, donde Trump aseguraba que sucedió justo al contrario y fue él quien forzó la mano de Tel Aviv tras convencerse de que "estos lunáticos van a atacar primero".

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A estas alturas de la guerra, es innegable que Israel tiene sus propios planes. Y, al contrario que en Washington, su objetivo es claro y meridiano. La aniquilación del régimen de los ayatolás por cualquier vía y a cualquier precio.

"Si podemos tener un golpe de Estado en Irán, genial. Si podemos tener gente en las calles, genial. Si podemos tener una guerra civil, genial. A Israel no le puede importar menos el futuro [...] o la estabilidad de Irán", resumió la posición israelí Danny Citrinowicz, investigador experto en Irán en el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Tel Aviv, en redes. "En este punto diferimos nosotros y Estados Unidos. Creo que en Washington está más preocupado por reconstruir el país y por las amenazas contra sus aliados regionales", agregó.

Y Trump, ¿cómo luce la victoria para el presidente? En realidad, nadie lo sabe. Y esto es un problema teórico con consecuencias muy prácticas.

Tú a Gaza, yo a Venezuela

Aunque la formulación académica de la teoría de la victoria (theory of victory) es relativamente reciente, el concepto militar que define hunde sus raíces en el mismo origen del conflicto. ¿Cómo se gana una guerra? La respuesta más intuitiva sería alguna versión de: haciendo todo lo necesario para someter al adversario a tus condiciones y, en caso de negarse, neutralizarlo o destruirlo.

Entre someter y destruir hay un amplio abanico de posibilidades. Para cada una de ellas, los planificadores militares establecen una serie de estrategias que, en teoría, producirán los resultados políticos deseados. Corresponde a los líderes fijar el objetivo último del conflicto. Y eso es lo que Trump, después de diez días de bombardeo, no parece decidirse.

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En los primeros compases de la ofensiva, parecía que Israel y EEUU estaban alineados en lograr un cambio de cúpula en Irán. La muerte del ayatolá abría la puerta a replicar un escenario Venezuela, el más benigno y eficaz de todos los posibles. Con el líder supremo fuera de escena y bajo la amenaza de la destrucción total, el cálculo en Washington era que el nuevo liderazgo iraní se aviniera a negociar el desarme nuclear y convencional sin líneas rojas (como ha hecho Delcy Rodríguez tras la captura de Nicolás Maduro). Pero Israel parece tener más en mente un escenario Gaza, en el que se elimine de raíz la teocracia chiíta aunque no quede piedra sobre piedra en el país.

De hecho, la inteligencia estadounidense tenía identificados a un buen puñado de candidatos (funcionarios, militares o figuras de segunda línea dentro de la estructura de poder de la república islámica) "más pragmáticos" y que podrían "ser convencidos para negociar" una "salida rápida". El requisito no es que fueran "moderados", sino que tuvieran "un interés personal en permanecer en el poder, incluso si eso significaba alcanzar un acuerdo con EEUU", informó The New York Times, citando numerosas fuentes de la Casa Blanca.

Esta información —inteligencia compartida entre la CIA y el Mossad— acabó convertida en un "quién es quién" de los líderes que Israel bombardeó en la primera semana de su campaña, mientras EEUU se dedicaba a atacar defensas antiaéreas y vectores de lanzamiento de misiles. "El ataque fue tan exitoso que eliminó a la mayoría de nuestros candidatos", dijo el propio Donald Trump este domingo. "Están todos muertos. Segundo, o tercer lugar, todos muertos".

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Esto ha acabado con Mojtaba Jamenei, hijo del fallecido ayatolá, en el poder. Una figura influyente, discreta y muy radical dentro del complejo aparato iraní. Es decir, un enemigo creíble y odiable que da luz verde a Tel Aviv para recrudecer la intensidad de su ofensiva. "Israel continuará atacando a cualquier sucesor [de Jamenei] y cualquier persona que intente elegir a un sucesor", afirmó el Ejército israelí en un comunicado en farsi este domingo.

¿Por libre?

Es preocupante para el Pentágono que Israel comience a operar por su cuenta. El domingo hubo conmoción en las redacciones de medio mundo tratando de confirmar si, como decía un periódico cercano al Gobierno judío, Emiratos Árabes Unidos había atacado, por primera vez, un objetivo en territorio iraní. La entrada de un país del Golfo a la ofensiva supondría un giro copernicano en la guerra, abriendo una brecha histórica en el ecosistema político y religioso de toda la región… si hubiera sido cierto.

Horas después, Abu Dabi salía a desmentir su presunta participación en el bombardeo de una planta desalinizadora iraní. La petromonarquía ni siquiera permite —en teoría— que Estados Unidos utilice su territorio o espacio aéreo para lanzar ataques contra Irán y solo acepta y realiza operaciones defensivas para derribar misiles y drones iraníes que amenazan su país. Días antes, Qatar tuvo que salir también a desmentir otro supuesto ataque de sus fuerzas aéreas en Irán.

En ambos casos, el reporte inicial se origina en una "fuente anónima" del diario israelí en inglés Jerusalem Post, replicada luego por la mayoría de la prensa del país y, especialmente, en los directos que alimentan la narrativa global del conflicto.

"Parece una campaña de desinformación israelí que intenta crear la impresión de que los estados del Golfo apoyan activamente su distorsionado esfuerzo bélico", resumía el analista Andreas Krieg, del King's College Middle East. "El objetivo último de Israel es crear una falsa bandera informativa para obligar a Irán a escalar aún más", añade. Forzar a Irán a recorrer un camino que solo puede acabar en su destrucción.

¿Está dispuesto Israel a agitar el avispero hasta las últimas consecuencias? Fuentes militares israelíes apuntan al Washington Post que temen que el primer ministro, Benjamin Netanyahu, acabe ordenando una nueva operación de invasión de Líbano con el objetivo de "destruir completamente Hezbolá". Por el momento, las IDF han bombardeado intensamente instalaciones de la milicia libanesa en el sur del país y han ordenado la evacuación masiva de barrios enteros de Beirut.

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Algo similar sucede con los ataques contra Turquía y Azerbaiyán, que muchos analistas ven extraño que hayan sido lanzados por los iraníes. "No está claro quién está detrás de los ataques a Azerbaiyán y Turquía. ¿Es Irán o una operación de bandera falsa? No parece interesar a Irán ampliar el conflicto a esos dos países", apuntó Ángel Saz Carranza, director de EsadeGeo (Esade Center for Global Economy and Geopolitics).

Inflación energética vs. deflación de misiles

Los aliados no solo divergen en cómo será el "día después" en Irán, sino también en cómo llegar hasta ese momento. Para Washington y las petromonarquías, es crucial mantener una cierta viabilidad del país que garantice la economía petrolera. Algo que para Israel es secundario frente a eliminar la amenaza. Y esto irá ampliando la brecha operativa y diplomática del conflicto.

"Cuanto más busque Israel escalar acciones para desestabilizar el sector energético en Irán, más probable será que aumenten las diferencias con Washington, especialmente teniendo en cuenta el riesgo de que el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica responda con una escalada regional, lo que impulsaría aún más los precios globales del petróleo y el gas", apunta Citrinowicz.

¿Y por qué Israel querría desestabilizar a Irán y la región? Los expertos militares coinciden en que es muy improbable que una guerra de salvas, por muy exitosa que sea, logre un cambio de régimen de raíz. Así que Tel Aviv tiene dos opciones. O convence a EEUU para poner (de algún modo) botas sobre el terreno —algo que el propio Trump llegó a sopesar en los primeros compases de las hostilidades— o persiste en sus bombardeos hasta lograr fracturar políticamente al país y neutralizar la amenaza de forma permanente. Para Israel es vital mantener a EEUU implicado, tanto militar, como financieramente.

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El Estado judío ve la caída en picado de los ataques iraníes con misiles y drones como una muestra de que el enemigo está exhausto. Es el momento de darle la puntilla. Otros expertos militares sopesan que las fuerzas armadas iraníes podrían estar racionando su arsenal ante la posibilidad de un conflicto prolongado. El cálculo de Teherán es cuánto tiempo podrá digerir la volátil agenda interna de Trump una escalada inflacionaria y cuánta presión podrán ejercer las petromonarquías (y el resto del mundo) por recuperar la normalidad y evitar una crisis energética global.

"La elección del hijo de Jamenei no variará ni moderará la estrategia de Irán. Es un perfil duro, si cabe más que su padre, cercano a la Guardia Revolucionaria. La cúpula iraní seguirá resistiendo, esperando que el caos económico haga mella en EEUU. La incógnita es cuánta munición le queda al régimen y qué nivel de coordinación militar interna son capaces de conseguir", apunta Saz Carranza.

Por eso, Trump, que el domingo prometía que no negociaría el fin de la guerra, está intentando ahora recuperar las bridas del relato. Necesita una teoría de la victoria, por pírrica que sea, para evitar meterse en otra guerra sin fin. Sabe que hay una línea muy delgada entre el impulso de popularidad que logra un presidente en guerra al hastío que genera la idea de otro conflicto lejano y caro que no le interesa a la sociedad estadounidense. Una forever war muy poco America First.

El presidente de EEUU, Donald Trump, aseguró el lunes que la guerra contra Irán está "prácticamente terminada". Cuando se cumplen 10 días del conflicto, el magnate republicano aseguró que van "muy por delante" del cronograma previsto originalmente de cuatro o cinco semanas de hostilidades. "No tienen armada, ni comunicaciones, ni fuerza aérea. Sus misiles están dispersos. Sus drones están siendo destruidos por todas partes, incluyendo su fabricación. No tienen nada", aseguró el mandatario.

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