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No pienses en un misil, piensa en 'hackear' las cámaras de Teherán: así se aseguró Israel de laminar cualquier ayatolá
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Fuentes de inteligencia que no saben que son

No pienses en un misil, piensa en 'hackear' las cámaras de Teherán: así se aseguró Israel de laminar cualquier ayatolá

Irán ha elegido ya al sucesor del ayatolá Ali Jamenei, pero Israel cuenta con una profundísima red de informantes en el país

Foto: Manifestantes sostienen carteles con imágenes del difunto líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, durante una manifestación. (REUTERS/Khaled Abdullah)
Manifestantes sostienen carteles con imágenes del difunto líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, durante una manifestación. (REUTERS/Khaled Abdullah)
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Solo con misiles no se podía acabar con la vida del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei. Pero sí quizá con un millar de cámaras espías en las calles de Teherán. El pistoletazo que dio inicio a la guera de la Furia Épica fue el bombardeo del palacio presidencial, residencia del ayatolá y otros edificios gubernamentales que descabezaron, de golpe y porrazo, al gobierno de la República Islámica: el premio del león fue la muerte de Ali Jamenei. Desde entonces, EEUU e Israel han atacado, con misiles, bombas y drones, más de 4.000 objetivos en Irán.

Pero pese al amplio poder de fuego que han demostrado ambas potencias militares, en los días siguientes al inicio de la operación, han empezado a surgir detalles del verdadero rol que ha tenido una segunda pata, y más importante, del aparato militar israelí: su inteligencia y espionaje. Y las investigaciones ofrecen detalles que van desde "chivatazos" hasta el pirateo de casi la totalidad de las cámaras de tráfico de Teherán.

Conseguir dar con su paradero fue un trabajo conjunto ejecutado minuciosamente por la CIA y el Mossad durante años, para finalmente acabarlo en un ataque preciso de 60 segundos. Para ello, la clave fue que alguien desde Teherán confirmara que Jamenei iba a estar ahí [una reunión la mañana del sábado con varios altos mandos de la Guardia Revolucionaria] y que ese era el momento perfecto para atacar.

Foto: yassamine-mather-analista-irani

Pero debemos retrotraernos a unos momentos antes. Gracias a un trabajo todavía no hecho público, Israel llevaba años estableciendo lazos de inteligencia, tanto humanos como tecnológicos, en el país. El más sorprendente ha sido el éxito a la hora de hackear todas las cámaras de tráfico de Teherán. Las imágenes eran enviadas a servidores ubicados en Tel Aviv y en el sur de Israel, según afirmaron personas familiarizadas con la operación al Financial Times.

Una de las cámaras, señalaron, ofrecía un ángulo especialmente útil, ya que permitía identificar dónde solían aparcar sus vehículos personales altos funcionarios iraníes cercanos al ayatolá y proporcionaba una ventana a la rutina cotidiana dentro de un recinto altamente protegido.

Además, fuentes familiarizadas con la operación —consultadas por The New York Times— sostienen que la CIA ha estado monitoreando los pasos de Jamenei durante meses. Cuándo salía, qué movimientos hacía, cómo se movía, por qué y para qué. Un mapa trazado que no hubiera sido posible diseñar si la inteligencia de Israel no hubiera participado activamente en este seguimiento.

Y que demuestra también la profunda eficacia de los tentáculos de la inteligencia israelí. En Irán y en el resto de sus enemigos. Cualquier parecido con una película de ficción es pura coincidencia... En 2024, la explosión simultánea de varios dispositivos beepers pertenecientes a personas vinculadas a las milicias de Hezbolá demostró al mundo hasta qué punto la inteligencia israelí planificaba operaciones poco convencionales, "fuera la caja", que dicen los británicos. Días después, vino el ataque directo contra el líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah. Entre las decenas de edificios donde Hezbolá podría tener presencia, fue la inteligencia israelí la que identificó el sótano exacto donde se ocultaba el líder.

Fuentes de inteligencia que no saben que lo son

Cualquier Estado de gran tamaño —incluso en uno con un control interno estricto como Irán— siempre existen vulnerabilidades y grietas, apunta para enmarcar el debate Marc Vendrell, profesor de geopolítica e inteligencia en Lisa Institute. Más aún en un país que ha vivido durante años tensiones internas, sanciones que han golpeado su economía hasta asfixiarla y un aparato de seguridad que ha vigilado ferreamente a su población durante décadas.

En un contexto así, no es de extrañar que aparezcan personas dispuestas a llegar a algún tipo de acuerdo con el Mossad, ya sea por el resentimiento hacia el régimen, por incentivos económicos o bien por el miedo al gobierno de los ayatolás. Según Vendrell, este tipo de operaciones rara vez dependen de un único infiltrado. "Normalmente no se trata de un agente que llega hasta el líder", explica.

En la práctica, las operaciones se construyen a partir de múltiples piezas. Alguien que confirma una rutina, otro que aporta un dato logístico, otro que valida una reunión, todo ello combinado con medios técnicos como imágenes, interceptaciones o análisis de patrones de movimiento. Desde hace décadas,en el caso de la agenda del Mossad en Irán, su objetivo a través de este entramado ha sido el saboteo del programa nuclear iraní, al que culpaban de ser la causa de la destrucción de Israel.

En ese proceso, los servicios de inteligencia buscan confirmar rutinas, movimientos y patrones de comportamiento a partir de señales dispersas que, reunidas, permiten planificar operaciones de alto riesgo con mayor precisión. "Lo decisivo suele ser la suma de señales más que un único gran topo", indica. "Muchas veces las fuentes humanas que aportan la información final no saben ni que están siendo fuentes", subraya.

Pero no es la única forma. La capacidad de infiltración de Israel en los países de la región también tiene mucho que ver con cómo está compuesta su sociedad. La población israelí es el resultado de décadas de inmigración vinculada al concepto de aliyah —el retorno de judíos de todo el mundo al Estado de Israel—, lo que ha dado lugar a una sociedad extremadamente diversa, incluso en la apariencia. En términos de inteligencia, esa diversidad facilita la capacidad de operar en entornos distintos sin llamar la atención, un elemento que se considera una ventaja operativa.

"Las personas involucradas hoy en actos de espionaje son perfiles muy diferentes, con motivaciones y procedimientos que no siempre responden al estereotipo popularizado por los productos de entretenimiento de masas", afirma Álvaro Cremades, profesor del máster universitario en Seguridad y Defensa de la Universidad de Nebrija, en conversaciones con El Confidencial.

"Muchas veces son el inicio de una fase nueva, con más volatilidad"

"Es sabido que ciertas plataformas profesionales son profundamente utilizadas para la captación de fuentes por determinados servicios de inteligencia extranjeros, al mismo tiempo que otros desarrollan campañas públicas difundidas mediante redes sociales, facilitando canales seguros de comunicación para eventuales colaboradores extranjeros", argumenta.

A ello se suma otro elemento que algunos analistas consideran una de las ventajas menos visibles de Israel: la extensa diáspora judía repartida por todo el mundo. Las redes familiares, sociales y culturales que conectan a estas comunidades han funcionado históricamente como un canal muy valioso para establecer contactos, facilitar el intercambio de información y ampliar la capacidad de influencia del país.

Sin embargo, en el caso de los asesinatos selectivos ejecutados por el Mossad —por muy eficaces que han demostrado ser— no suponen, ni mucho menos, el final de un conflicto. "Muchas veces son el inicio de una fase nueva, con más volatilidad", sostiene Vemdrell. "Supone una sucesión, ajustes de poder, posibles purgas y reacomodo de alianzas. Y en esa fase, la inteligencia "sirve menos para “adivinar” y más para reducir sorpresas, leer señales tempranas y evitar decisiones impulsivas", concluye. Pero intentar leer las señales del presidente estadounidense o prevenir su comportamiento se ha convertido en una tarea más que compleja.

La muerte de Jamenei no supone el fin de la guerra en Irán y difícilmente parece que se vaya a conseguir el desenlace rápido que probablemente Trump ideaba en su cabeza. En parte, porque nadie en Washington —al menos públicamente— parece haber definido qué escenario político se abriría tras su muerte ni quién podría ocupar su lugar dentro del complejo sistema de poder iraní. Hasta ahora, lo único que ha quedado claro —por las propias declaraciones de Donald Trump— es que su objetivo declarado es lograr "una rendición absoluta".

Irán, por su parte, ya ha elegido a un nuevo ayatolá en el hijo de Ali Jamenei, Mojtaba. Está por ver si logra escapar a las tupidas redes de la inteligencia israelí, a diferencia de su padre.

Solo con misiles no se podía acabar con la vida del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei. Pero sí quizá con un millar de cámaras espías en las calles de Teherán. El pistoletazo que dio inicio a la guera de la Furia Épica fue el bombardeo del palacio presidencial, residencia del ayatolá y otros edificios gubernamentales que descabezaron, de golpe y porrazo, al gobierno de la República Islámica: el premio del león fue la muerte de Ali Jamenei. Desde entonces, EEUU e Israel han atacado, con misiles, bombas y drones, más de 4.000 objetivos en Irán.

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