Hezbolá prometió no meterse en la guerra con Irán. Ahora, está dentro de una operación "suicida"
Aislado política y militarmente, el grupo armado afronta el conflicto con poco margen. Los analistas sostienen que Teherán está más presente que nunca en sus decisiones estratégicas
Un ataque israelí alcanza un apartamento en la ciudad costera libanesa de Sidón. (EFE/EPA/Stringer)
Hace cerca de un año y medio, el rugido de las ambulancias y el pánico de la población inundaron las calles de Beirut. Minutos antes, los buscapersonas que llevaban cientos de operativos de Hezbolá en el Líbano habían estallado de manera simultánea. Murieron 12 personas y 3.000 resultaron heridas en la operación que llevaba el sello de la inteligencia israelí. Los ciudadanos de la capital, conmocionados, se unieron a las largas colas para donar sangre. En el nuevo ataque contra Hezbolá, esa solidaridad se ha convertido en ira y resignación.
El Líbano está a punto de meterse de lleno en la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán después de que Hezbolá respondiera a la muerte del ayatolá Ali Jamenei. La milicia aliada de Teherán lanzó el pasado lunes misiles y drones contra una base militar israelí cerca de Haifa, la primera incursión transfronteriza que lleva a cabo desde finales de 2024.
Las fuerzas de Tel Aviv, en represalia, lanzaron ataques aéreos contra la capital y tomaron una parte del sur del país, el territorio local de Hezbolá. Allí, decenas de personas han muerto y han tenido que buscar refugio fuera de la línea de fuego.
El humo se abre paso en una aldea del sur del Líbano como consecuencia de un ataque israelí. (EFE/EPA/Safadi)
Ha sido uno de los peores golpes contra un país ya destruido por la guerra. Para el Gobierno libanés, el golpe ha sido definitivo. Tras su ataque de venganza por la muerte de Jamenei, las autoridades prohibieron formalmente las actividades militares de Hezbolá en un intento de evitar más represalias israelíes.
"Salam pretende desarticular Hezbollah”
"No permitiremos que el país se vea arrastrado a nuevas aventuras y tomaremos todas las medidas necesarias para detener a los responsables y proteger al pueblo libanés", dijo el lunes Nawaf Salam, primer ministro del Líbano, en una publicación en X.
Fue una medida simbólica, pero también peligrosa porque puede reavivar las tensiones entre el Ejército del país y la milicia. Para Hezbolá, esta postura es también una muestra de su debilidad. “El primer ministro de hecho expresó que Líbano debía caminar hacia un monopolio de las armas estatal, así como subrayar que la defensa del país es responsabilidad del Estado. Con cautela, pero con determinación, Salam pretende desarticular Hezbollah”, explica Gerard Dotti, experto en relaciones internacionales especializado en Oriente Medio, a El Confidencial.
La implicación de Hezbolá en el conflicto no se dio por hecho después del ataque a Irán. Hace semanas, cuando ya había señales de que EEUU e Israel atacarían, los funcionarios libaneses advirtieron a la milicia que se mantuviera al margen de la guerra. Estos parecieron evitar este escenario. Tras el asesinato del ayatolá Jamenei, celebraron una ceremonia en su honor. Prometieron no ir más allá, pero poco después, atacaron Israel.
Beirut se sintió engañado, y hasta los propios miembros de la milicia se sorprendieron. "Nos sorprendió francamente cuando los israelíes dijeron que se habían lanzado cohetes desde el Líbano y seguimos esperando la negación de Hezbolá. Pero la verdadera sorpresa llegó cuando Hezbolá se atribuyó la responsabilidad", dijo uno de los miembros del grupo a la agencia Reuters.
Las autoridades libanesas llevan tiempo intentando mantener una buena relación con Hezbolá para evitar un conflicto interno. Pero, de todas formas, la guerra ha acabado volviendo al Líbano. “Esto sin duda prepara el terreno para una confrontación política entre el gobierno y Hezbolá. La milicia está en una muy mala posición y ha sido acorralada", afirmó Michael Young, del Centro Carnegie para Oriente Medio.
La operación "suicida"
Otros expertos apuntan a que Hezbolá ha empleado una operación suicida. La explosión de los buscapersonas en octubre de 2024 fue una parte de la estrategia para descabezar la milicia. Además, se lanzaron bombardeos masivos en otras partes del país y de la ciudad. En total, se registraron más de 600 muertos. Muchos inocentes, pero también nombres importantes dentro de Hezbolá, como Ibrahim Aqil, el jefe de Operaciones y comandante del cuerpo de élite, los Radwan. Ibrahim Muhammad Qabisi, el jefe de la Fuerza de Misiles y Cohetes. O Fuad Shukr era el jefe de las Unidades de Organización Estratégica.
Sin duda, el más importante fue el del líder supremo, Hassan Nasrallah. Después del ataque israelí, una de las grandes incógnitas era cómo Hezbolá se repondría del impacto tras la pérdida de la práctica totalidad de su cúpula.
Todavía faltaba otro duro golpe. “La caída del régimen de Bashar al Asad en Siria fue definitiva. Sin el régimen sirio, Hezbolá ha sido desconectada de Irán. Asilada geográficamente sin el corredor logístico sirio su abastecimiento es muy muy complicado, con Israel vigilante y un nuevo régimen sirio que parece pro-occidental”, sostiene Dotti.
Hay indicios, continúa el analista, de que la organización está adoptando ahora un estilo más defensivo. “Confinada por primera vez en territorio libanés, está ampliando su red de túneles y recordando a la estrategia de Hamás”.
Los cálculos de la milicia
En los últimos meses, la milicia había estado centrada en la pugna interna por mantener su autonomía buscando alianzas con otros grupos en el parlamento. Desde su implicación con la nueva guerra, el panorama ha vuelto a cambiar. “Parece que el gobierno entiende que el movimiento está muy debilitado. Están acorralados políticamente y geográficamente”, asegura Gerard Dotti a este periódico.
Entre las bambalinas de la milicia, Irán está ahora mucho más presente. Algunos analistas como Paul Salem, investigador principal del Middle East Institute, sostiene que Hezbolá está siendo microgestionado por los oficiales de Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) y que fueron ellos los que tomaron la decisión de atacar Israel tras la operación contra Teherán. El grupo era “muy consciente de que la comunidad no estaba dispuesta a pasar por esto otra vez, por lo que, políticamente, internamente, incluso dentro de su propia comunidad, esto es terrible para ellos”, añadió.
La ofensiva contra Israel también dejó al descubierto que Irán entiende la guerra actual como una amenaza existencial y que puede estar dispuesto a sacrificar Hezbolá para su supervivencia. “Probablemente hay una idea que está muy presente entre los comandantes de Hezbolá: esta guerra determina la supervivencia del régimen iraní, y en consecuencia la suya”, asevera Gerard Dotti.
Si la milicia deja a Irán luchar sin su apoyo por su fragilidad actual frente a Israel, la supervivencia de Hezbolá será igualmente insostenible. “Sin el patrocinio de Irán, sería el último enemigo en pie de Israel y más débiles que nunca a las intenciones del estado libanés de acabar con su autonomía paraestatal”.
Es probable que la milicia libanesa entienda que es la guerra definitiva donde el “eje de la resistencia” vivirá o morirá en bloque. “Eso habría empujado a Hezbolá a una nueva acometida imposible y en contra de lo pactado con el gobierno en Beirut”, concluye el analista.
Hace cerca de un año y medio, el rugido de las ambulancias y el pánico de la población inundaron las calles de Beirut. Minutos antes, los buscapersonas que llevaban cientos de operativos de Hezbolá en el Líbano habían estallado de manera simultánea. Murieron 12 personas y 3.000 resultaron heridas en la operación que llevaba el sello de la inteligencia israelí. Los ciudadanos de la capital, conmocionados, se unieron a las largas colas para donar sangre. En el nuevo ataque contra Hezbolá, esa solidaridad se ha convertido en ira y resignación.