Es noticia
Cómo tratar con Trump: la confusa llamada con Maduro que los ayatolás deberían estudiar
  1. Mundo
El arte imposible de la negociación

Cómo tratar con Trump: la confusa llamada con Maduro que los ayatolás deberían estudiar

Si el presidente venezolano se tomó a la ligera la escalada bélica de EEUU, el régimen iraní optó por un perfil duro, pero nada parece funcionar para pactar con Trump

Foto: Donald Trump, dirigente imprevisible. (EFE)
Donald Trump, dirigente imprevisible. (EFE)
EC EXCLUSIVO

1. 16 de noviembre de 2025. Coincidiendo con el vigésimo ataque estadounidense a una presunta narcolancha venezolana, con tres nuevos muertos, Nicolás Maduro se desplaza al estado de Miranda, donde toma juramento a los nuevos comités de base bolivarianos. El presidente da un mitin subido a un escenario. Con su habitual ritmo desacompasado -si Chávez tenía un piquito de oro, el Señor no dio el don de la retórica a Maduro- el líder explica su receta para enderezar las relaciones con EEUU: "Peace, peace and peace, hacer todo por la paz, como en la canción de John Lennon". Acto seguido, comienza a sonar Imagine y Maduro canta una estrofa en inglés macarrónico.

2. 21 de noviembre de 2025. Exterior del palacio presidencial de Miraflores en Caracas. Nicolás Maduro recibe a una marcha juvenil por el Día del Estudiante. De riguroso chándal, el presidente venezolano insta a los muchachos a luchar contra el intervencionismo estadounidense. "El amor me da fuerza para enfrentarme a todos los demonios", asegura. Para completar la función, Maduro baila al ritmo de un remix techno--pachanguero de su discurso "no a la guerra, sí a la paz". Tremendo fiestón… recibido con tremendo cabreo en la Casa Blanca. Pero no nos adelantemos.

"Trump interpretó las payasadas del líder venezolano como una burla, inclinando la balanza aún más hacia una incursión militar"

3. 11 de diciembre de 2025. Mitin televisado de Maduro en una comuna de Caracas. Contexto 1: ese día, se entrega en Oslo el Nobel de la Paz a María Corina Machado. Contexto 2: en 1998, Bobby McFerrin reventó las listas de éxitos con la suavona Dont Worry, Be Happy, apología del a mal tiempo, buena cara, cuya letra decía así: "No te preocupes, no lo hagas, sé feliz. Deja que la sonrisa se dibuje en tu rostro para animar a todos. No te preocupes, sea lo que sea, pronto pasará. sé feliz". Volvemos al mitin en Caracas. Ataviado con un sombrero de paja, Maduro perpetra una versión karaoke del Dont Worry, Be Happy, a la que añade ripios de cosecha propia (dirigidos a Trump) como "noooo, crazy war" o "laaalalala, yes peace, not war".

Aunque ya estamos acostumbrados a este tipo de performances - Trump ha bailado Village People robóticamente y es habitual que los líderes bolivarianos canten en público (el Caribe no es Noruega)-, el frenesí musical de Maduro generó perplejidad esos días, al producirse en plena escalada bélica con EEUU.

Foto: estados-unidos-venezuela-trump-petroleo-1hms Opinión
TE PUEDE INTERESAR
Trump, el nuevo César del petróleo
Antonio Navalón

¿Por qué hizo ese despliegue musical mientras EEUU valoraba echarle el guante? ¿Por qué a cada nueva amenaza de Trump, Maduro respondía con increíbles versiones de himnos pacifistas? Circularon varias hipótesis al respecto. A) Eran una muestra de aplomo y frialdad del líder cuando peor estaban las cosas. Una demostración de que aún controlaba las calles. B) Maduro estaba midiendo mal la situación.

Cuando se cumplen dos meses de la caída del presidente venezolano, ya podemos afirmar al detalle que la respuesta correcta era la segunda. En unos tiempos trumpistas en los que los límites entre diplomacia, charlotada y provocación se han difuminado, Maduro pensó que ese era el terreno de juego adecuado para gestionar la crisis con EEUU, pero el siempre imprevisible Trump no lo vio así.

Hace unos días, el New York Times (NYT) publicó una investigación sobre las últimas semanas de Maduro en el poder. Su tesis: el presidente venezolano hizo una errada lectura de la coyuntura. "EEUU amenazó con atacar Venezuela si Maduro no renunciaba. Aun así, según personas próximas al líder, Maduro dijo reiteradamente a los suyos que la administración Trump no se atrevería a atacar Caracas... Según algunos de sus colaboradores cercanos, durante el enfrentamiento con la Casa Blanca, Maduro permaneció consumido por la arrogancia, sobreestimó sus poderes y subestimó la determinación de sus oponentes… El presidente Maduro parecía sorprendentemente relajado", contó el NYT.

placeholder Manifestante con muñequitos de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. (EFE)
Manifestante con muñequitos de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. (EFE)

El momento decisivo del psicodrama se produjo el 21 de noviembre pasado, en la única llamada entre Maduro y Trump, que fue breve -entre cinco y diez minutos-, con traductores y en "tono cordial". Durante la llamada, hubo un intercambio de propuestas con doble fondo, con Trump invitando a Maduro a reunirse con él en Washington (el presidente venezolano lo interpretó como "una trampa") y Maduro proponiendo a cambio verse en un tercer país neutral (oferta rechazada por el estadounidense).

Pero lo más significativo fue el small talk, la charla trivial, que tanta importancia tiene hoy, cuando la diplomacia bravucona de Trump se apoya bastante en simpatías y antipatías personales.

Así fue la charla ligera, según el NYT: "‘Tienes una voz fuerte’, soltó Trump a Maduro con humor. Maduro bromeó de vuelta: dijo a Trump que quedaría aún más impresionado cuando lo viera en persona, bien vestido y bañado".

Aparente guante blanco. Fue la típica llamada delicada que cuando cuelgas, te sientes aliviado. Crees que ha ido bastante bien… pero igual ha ido bastante mal, aunque en caliente era difícil hacer la interpretación correcta de qué había pasado.

"La llamada terminó sin amenazas, pero también sin acuerdos concretos. Sin embargo, los dos líderes se marcharon con conclusiones radicalmente diferentes, lo que desencadenó una serie de malentendidos culminados en el espectacular ataque estadounidense. Maduro pensó que sus modos informales convencieron a un Trump conocido por su despreocupado estilo de comunicación. El líder venezolano creyó que había ganado tiempo para negociar un acuerdo, lo que reforzó su creencia de que la expansión militar de EEUU en el Caribe solo era una táctica de presión para forzar un pacto. Pero Trump pensó lo contrario, según un funcionario estadounidense familiarizado con la llamada. El presidente había llamado a Maduro esperando de él un plan específico para dejar el cargo".

Foto: leido-libro-sobre-trump-golf-ahora-tengo-mucho-miedo

Maduro, por tanto, pensaba que se ganaría a Trump con unos cuantos chascarrillos. Sucedió lo contrario. En lugar de campechanía, el presidente de EEUU detectó "indiferencia" de Maduro hacia la escalada bélica. Lo que por extensión significaba que el presidente venezolano "no se tomaba en serio" al de EEUU, pecado mortal cuando uno trata con Trump, que salió de la llamada con ganas de "usar la fuerza". Pero si Trump ya estaba caliente, poco después entró en ignición, cuando "le enseñaron un vídeo del presidente venezolano bailando". En efecto, tras la llamada de Trump, a Maduro le pareció buena idea bailar un remix techno-pachanguero a las puertas del palacio presidencial. Trump implosionó con las cabriolas maduristas. "El presidente estadounidense se mostró visiblemente molesto. Trump interpretó las payasadas del líder venezolano como una burla, inclinando la balanza aún más hacia una incursión militar", resumió el NYT.

Peloteo o amenaza

Maduro, en definitiva, no leyó bien ni a Trump, ni a la situación que tenía entre manos. ¿Qué nos dice esto sobre el gran quebradero geopolítico que es negociar con Trump? Sobre esto hay dos escuelas punteras en conflicto. La que dice que hay que pelotearle y la que sostiene que hay que meterle caña. Las dos tienen sus pros y sus contras. Si te pasas de lisonjero, corres el riesgo de que Trump se ensañe contigo al verte débil. Si te pones duro, probablemente te ganes su respeto de primeras, pero si te pasas de frenada, quizá le cabrees más, como puede haberle pasado al régimen iraní

En efecto, cuando la crisis con Irán estaba escalando por el despliegue de fuerzas estadounidenses en la región, pero aún no estaba claro si habría ataque, el líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei, entró al trapo aireando una imagen con IA de un portaaviones estadounidense en una fosa marítima. "Más peligroso que ese buque de guerra es el arma que puede enviarlo al fondo del mar", aseguró.

Esos días, Jamenei interpeló directamente a Trump: dijo que Irán nunca juraría "lealtad a líderes corruptos como el de EEUU" y que el intento de derribar a los ayatolás fracasaría. Eso pasó hace medio mes; el régimen de los ayatolás sigue en pie, el que está muerto es Ali Jamenei.

placeholder Efectos de los bombardeos sobre Irán. (EFE)
Efectos de los bombardeos sobre Irán. (EFE)

La cuenta atrás

Ahora que Donald Trump ha pateado el tablero de lo diplomáticamente correcto, y no hay una guía clara de cómo negociar con él, resulta necesario ir a las raíces bilaterales del antiguo orden mundial. Si usted cree que el fin del mundo está cerca, quizás no había nacido en octubre de 1962, durante la crisis de los misiles entre Washington, Moscú y La Habana. Flashback.

Cuando un partido o una empresa entran en problemas, la primera respuesta interna siempre es achacar la crisis a la mala comunicación, comodín para no ir al fondo del asunto. Atribuir las malas relaciones entre EEUU y la URSS a falta de comunicación puede sonar a broma, pero algo de eso agravó la crisis de los misiles. Tras descubrir la CIA misiles rusos en Cuba, EEUU organizó un bloqueo a la isla, que llevó al derribo de un avión espía estadounidense sobre cielo cubano. En medio de frenéticos intentos diplomáticos, un vacío informativo de varias horas pudo desencadenar el armagedón, pues EEUU tardó 12 horas en recibir y descodificar un mensaje del líder de la URSS, Nikita Jruschov, aceptando la retirada de misiles rusos a cambio de que EEUU no intentara invadir Cuba (el fiasco de Bahía Cochinos había ocurrido un año antes). El susto fue tan grande que las dos superpotencias crearon un canal de comunicación rápido y seguro, el Teléfono Rojo. Como la idea era evitar los malentendidos catastróficos, el Teléfono Rojo no era un teléfono -cacharro propicio a las interpretaciones opuestas, como demuestra la llamada fallida entre Trump y Maduro- sino un teletipo, la fría precisión de la palabra escrita contra la ambigüedad de la conversación humana. El teletipo surcaba el océano (siguiendo la ruta Washington- Londres-Copenhague-Estocolmo-Moscú) por el cable transatlántico submarino TAT-1. Todo muy aparatoso visto en perspectiva digital, sí, pero tras su puesta en marcha, no hubo Destrucción Mutua entre superpotencias.

Pues bien, el teletipo se llama ahora Donald Trump y es altamente sensible; a la que tocas el cable equivocado, o incluso cuando tocas el correcto, salta todo por los aires.

1. 16 de noviembre de 2025. Coincidiendo con el vigésimo ataque estadounidense a una presunta narcolancha venezolana, con tres nuevos muertos, Nicolás Maduro se desplaza al estado de Miranda, donde toma juramento a los nuevos comités de base bolivarianos. El presidente da un mitin subido a un escenario. Con su habitual ritmo desacompasado -si Chávez tenía un piquito de oro, el Señor no dio el don de la retórica a Maduro- el líder explica su receta para enderezar las relaciones con EEUU: "Peace, peace and peace, hacer todo por la paz, como en la canción de John Lennon". Acto seguido, comienza a sonar Imagine y Maduro canta una estrofa en inglés macarrónico.

Crisis Nicolás Maduro Estados Unidos (EEUU)