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Cuando el "no a la guerra" tampoco te asegura estar en el lado bueno de la historia
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ANÁLISIS DE LA GEOPÓLITICA EN LA VIDA REAL

Cuando el "no a la guerra" tampoco te asegura estar en el lado bueno de la historia

Un análisis cuestiona el pacifismo genérico ante Irán, Gaza y Venezuela, critica dobles raseros y la inacción internacional, y contrapone legalidad, geopolítica y dolor humano, mientras emergen apoyos a una postura española reconocida

Foto: Un paseo por las playas de Tel Aviv, en medio del conflicto entre Estados Unidos e Israel con Irán (REUTERS. Dylan Martinez)
Un paseo por las playas de Tel Aviv, en medio del conflicto entre Estados Unidos e Israel con Irán (REUTERS. Dylan Martinez)
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Con un "no a la guerra", como eslogan, se puede estar de acuerdo, pero se necesita profundizar. ¿A qué guerra? ¿A todas? Lo mismo sucede con otras muchas frases que han pasado a la historia. "Quien acepta el mal sin oponerse a él está tan implicado en él como quien lo comete". "Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor". Ambas niegan la virtud del pacifismo genérico. Sus protagonistas son Martin Luther King, reverendo estadounidense y luchador por los derechos civiles y la igualdad racial. Y la segunda es de Desmond Tutu, reverendo sudafricano, reconocido activista por los derechos humanos y contra el apartheid.

Entonces, extrapolándolo a la dualidad de lo actual ¿qué es estar el en el lado bueno de la historia en casos como el actual de Irán? La respuesta es compleja. Los espectadores zarandean cadáveres en sus redes sociales indignados de tanta muerte que no es suya; los políticos gestionan las miserias ajenas mirando el beneficio de sus votos internos. Eso hacen algunos, otros se limitan a dar sus condolencias por todo y todos, que les escuece tanto el dolor de los demás que se quedan paralizados de tanta pena.

Nos hemos acostumbrado a un mundo donde el sujeto y el complemento directo importan más que el verbo. "Matar", "bombardear", "reprimir", "asesinar"… tienen significados distintos dependiendo de que se ponga delante Rusia, Ucrania, Israel, Palestina, Irán, Estados Unidos... ¿Y lo tiene? Pueden probar ustedes. Vayan cambiando esos países con el verbo bombardear en el medio, y un nombre al inicio y otro al final ¿A qué algunos les suenan mejor que otros?

La definición de víctima

La diferencia está entre ser víctima de las bombas o no serlo; ser víctima de la represión de tu gobierno o no serlo. El pasado domingo hablaba con contactos y amigos iranís. Alguna celebraba la muerte de Jamenei como algo histórico, con pena y rabia contenida, con la esperanza de que tras él se vaya por el desagüe su Gobierno de clérigos extremistas.

Les reproduzco íntegro un párrafo de una pieza que publicamos aquí el lunes: "Cuando supe de la muerte de Jamenei me acordé de Sorena, un muchacho de 15 años que conocía al que mataron en su ciudad del norte de un tiro en la cabeza en una protesta. Cuando su familia fue a recuperar su cuerpo, los agentes le dijeron que no le iban a cobrar el precio de la bala porque el tío de este chico fue un mártir de la guerra de Irak e Irán. Las familias del resto de muertos tenían que pagar al régimen para que les devolvieran sus cadáveres".

Foto: EEUU ataca una escuela en Irán. (Reuters)

Las cifras oficiales del Gobierno iraní cifran en 3.177 los manifestantes asesinados durante las protestas. Las no oficiales hablan de más de 7.000, e incluso se habla de 30.000. Las cifras las inflan y desinflan todos, los que les gustan a ustedes y los que no les gustan hacen lo mismo. Si ya se da por buena la simple cifra oficial de 3.177 balas en las "cabezas", con sus respectivas 3.177 familias acudiendo a las morgues para pagar por recoger sus cadáveres, ¿parece suficiente para que la comunidad internacional hiciera algo? ¿Algún país se planteó boicotear el Mundial de Fútbol porque la selección iraní iba a jugarlo? ¿La soberanía es de los gobernantes o del pueblo? ¿Matar, al menos, a 3.177 personas a tiros en unos días es estar en guerra?

El conflicto de Gaza ha hundido sus raíces en el conflicto iraní. Lo que Israel hace en Palestina es terrible, una masacre consentida de civiles "culpables" de vivir en su tierra junto a terroristas. Lo que Irán hace en Irán, también. ¿Hace falta para denunciar lo que suceden en Irán hablar de Palestina y viceversa?

"¿Qué pasa en tu país para que la gente no nos apoye?"

Parece que sí, la trinchera ideológica es una excusa. O te duelen unos muertos o te duelen los otros, pero que duelan ambos no cuadra para sostener tus ideas. Hace un mes me escribió un mensaje una amiga iraní. Es una joven progresista y feminista: "Javier, ¿qué pasa en tu país para que la gente no nos apoye?". Le dolía, le duele, que la comunidad internacional por su rechazo a Israel y Estados Unidos lleve años dejándolas solas en una lucha que por valores parece más progresista que conservadora.

Foto: espana-estados-unidos-guerra-iran-1hms

Otro amigo, Hossein, sin embargo, me envía desde Teherán un audio de esos que son un podcast. Nueve minutos donde expresa su pena y rabia por los bombardeos. Su familia, empresarios, es cercana al régimen. Y él es un joven estupendo, amable, educado, que quiere algo de apertura, sin excesos, y que quiere que dejen de pasar aviones que demuelen edificios y dejan debajo cadáveres. "Decidí esta mañana caminar y a unos 70 metros de distancia cayó una bomba. Me tiré al suelo, y luego me levanté y salí corriendo cuando cayó otra más cerca. Mató a cinco personas. Han matado a decenas de niñas en una escuela". Lo dijo con pena, con miedo. Me mandó fotos de las explosiones.

La línea entre el dolor y la justificación

Y uno puede entender el dolor de unos y otros. Quizá a ustedes un lado les afecta más. Pero eso es personal. Así que justificar u apoyar ataques desde las tripas es peligroso.

Naciones Unidas, ese espacio en medio de Manhattan que el presidente Trump se empeña en cambiar por un casino en la Ribera Gazatí, en su capítulo VII habla de "Acción en caso de amenazas a la paz, quebrantamientos de la paz o actos de agresión". Es un capítulo ambiguo, como lo es la diplomacia, en el que hay que pasar por el Consejo de Seguridad para poder actuar. La Carta de la ONU en su artículo 2.7 establece que "ninguna disposición de esta Carta autorizará a las Naciones Unidas a intervenir en los asuntos que son esencialmente de la jurisdicción interna de los Estados (…), pero este principio no se opone a la aplicación de las medidas coercitivas prescritas en el Capítulo VII".

placeholder Personas asisten al Consejo de Seguridad de la ONU este lunes, en Nueva York después del ataque de EE.UU a Irán. (EFE  Ángel Colmenares)
Personas asisten al Consejo de Seguridad de la ONU este lunes, en Nueva York después del ataque de EE.UU a Irán. (EFE Ángel Colmenares)

La doctrina, sin embargo, se puso en cuestionamiento tras los genocidios de Ruanda y Srebrenica en los que emergió el concepto de proteger a la población civil ante tanto debate inútil en medio de dos carnicerías. ¿Quién protegió a aquellos civiles iranís hace un mes? ¿Quién defendió a bosnios y tutsis? ¿Cómo se paraba ese exterminio sin armas?

Pero la realidad tiene matices, y los matices importan.

¿Cuál es la diferencia con lo que está sucediendo ahora? Que en Venezuela e Irán se ha iniciado una guerra y se ha arrestado o eliminado a un jefe de estado con una decisión unilateral de un tercero. ¿Es un precedente peligroso? Salta por los aires el derecho internacional y se instaura un nuevo tiempo en el que prima la ley del más fuerte. ¿Antes no había guerras? Las había igual, pero al menos se debía cumplir con una cierta legalidad en la que, aunque fuera mintiendo descaradamente con armas de destrucción masivas inexistentes ante la ONU, se buscaba la aprobación y el consenso de la comunidad internacional antes de actuar. ¿De qué sirve eso en la práctica? Para mantener unas instituciones y consensos mínimos que se crearon tras la catástrofe que supuso la II Guerra Mundial. ¿Y eso de que les sirve a los ciudadanos sometidos a abusos de algunos países? De nada.

La protección ¿universal?

El conductor del Uber que me llevaba al aeropuerto de Madrid a primera hora del 24 de febrero dio unos buenos días que delataban su acento caribeño. Richard José es un abuelo, en España tuvo a su nieta, que huyó del hambre y falta de libertades de Venezuela. La conversación se tornó en política casi desde el inicio. Él, químico, trabajador de la empresa estatal de petróleos de Venezuela, PDVSA, conducía mientras demostraba conocer bien el mundo de los hidrocarburos. "Los embargos se sortean en aguas internacionales, donde los petroleros cargan el combustible de un barco a otro para cambiar el crudo de bandera". Richard José se preparó toda su vida para evaluar la gasolina, no para conducir un coche que la lleva.

¿Era usted opositor? "Yo y mi mujer votamos a Chávez las dos primeras elecciones. Entonces, nombró presidente de PDVSA al general Guaicaipuro Lameda, un gran aliado suyo. El general vio que el petróleo que se daba a Cuba ponía en riesgo la empresa y la economía del país. Chávez lo destituyó cuando Lameda ordenó cerrar el grifo. Ahí supe que Venezuela se iba al carajo", explica.

Foto: iran-regimen-derechos-mujeres-1hms

¿Qué le parece a usted que Trump decida secuestrar a Maduro, mantener en el poder a gente del chavismo y sencillamente tomar el control de sus hidrocarburos saltándose todo el derecho internacional? "Mire, durante años nos han dejado solos todos. Millones de venezolanos nos hemos ido al exilio. Hay presos políticos, muertos, desaparecidos… y nadie hizo nada. Yo aspiro a poder regresar a Venezuela con mi nieta. Mi yerno es español y cuando supimos lo de Maduro se abrió a si las cosas cambian irnos todos a vivir allí. Mi mujer y yo queremos regresar, pero no nos vamos a ir si eso supone dejar de ver a la pequeña. Tras lo de Trump hay una esperanza de volver".

La geopolítica palidece frente a nietas y balas en las cabezas.

Llevo 16 años viviendo en el extranjero. He vivido desde entonces en seis distintos países y cuatro continentes. Nunca había recibido tantos mensajes personales en que me felicitaban por la postura de un presidente español. Nunca había visto tantos mensajes en redes alabando la postura internacional del Gobierno de Madrid. Pedro Sánchez se ha convertido en una celebridad en ciertos ámbitos, el hombre que planta cara a Trump, el mandatario con dignidad ante una platea que le baja la cabeza al neoyorquino con ademanes de abusador. Funciona: "No a la guerra". ¿A cuál?

Con un "no a la guerra", como eslogan, se puede estar de acuerdo, pero se necesita profundizar. ¿A qué guerra? ¿A todas? Lo mismo sucede con otras muchas frases que han pasado a la historia. "Quien acepta el mal sin oponerse a él está tan implicado en él como quien lo comete". "Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor". Ambas niegan la virtud del pacifismo genérico. Sus protagonistas son Martin Luther King, reverendo estadounidense y luchador por los derechos civiles y la igualdad racial. Y la segunda es de Desmond Tutu, reverendo sudafricano, reconocido activista por los derechos humanos y contra el apartheid.

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