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Ayatolá o el caos: esta es la estrategia para convertir a Irán en el mártir definitivo
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Ayatolá o el caos: esta es la estrategia para convertir a Irán en el mártir definitivo

Los regímenes que se ahogan no se cortan a la hora de hacer lo que sea necesario para su supervivencia. Aunque eso implique escalar el conflicto

Foto: Israel dice que sus aviones han atacado el búnker subterráneo de Jameneí en Teherán. (Ejército Israelí)
Israel dice que sus aviones han atacado el búnker subterráneo de Jameneí en Teherán. (Ejército Israelí)
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Este viernes, el Ejército de Israel publicó un elaborado vídeo en el que informaba que 50 aviones israelíes habían bombardeado "el búnker de Jamenei", construido bajo tierra en el corazón de Teherán. El titular es jugoso, pero no es lo que parece: el fallecido ayatolá Ali Jamenei no llegó a ocultarse en él. "No llegó a utilizarlo, pero había sido construido como un puesto de control de emergencia para la guerra", aseguró un portavoz de las Fuerzas Armadas hebreas.

En realidad, según reportes que van emergiendo desde Irán, Jamenei quizá quiso abrazar la muerte tal y exactamente como sucedió. Alí Jamenei no murió escondido en un búnker, sino en su casa. Desde hace meses y mientras EEUU acumulaba tropas alrededor de Irán, Jamenei se negó a cambiar de residencia o de rutinas diarias. Dormía todas las noches en la misma cama. Seguramente Irán no sabía que el Mossad había ‘hackeado’ las cámaras de tráfico de Teherán para seguir todos los movimientos de la cúpula, pero no eran tan inconscientes o tan estúpidos como para no sospechar que los espías estarían haciendo su trabajo.

Jamenei (86 años, enfermo de cáncer, paralítico de un brazo tras un intento de asesinato previo) también se lo puso fácil.

"Deliberadamente quiso convertirse en mártir", apunta Yassamine Mather, analista política iraní, a este diario. Son muchos los que lo piensan así en Irán, un país donde la idea del "martirio" está fuertemente arraigada en la iconografía chií. Y, como todos los mártires, cada muerte no es solo una muerte individual: con la del ayatolá, el sistema politico-militar de Irán apretó el pulsador de una bomba que aparentemente pretende, con él, a todo el país en un mártir.

Sabíamos que Irán había planeado una defensa descentralizada para mantener prietas las filas y arrastrar a los países del Golfo a la guerra. Pero los ataques contra Chipre (con la consecuente movilización de fragatas europeas), Turquía o Azerbaiyán, la destrucción de infraestructura crítica (y civil) en las petromonarquías o apuntar directamente a las embajadas estadounidenses muestran una estrategia más ambiciosa y arriesgada. Un caos que no afecte solo a los actores implicados, sino más allá.

El último ejemplo es Azerbaiyán. Mientras países como Qatar o Kuwait han amenazado con suspender toda producción de gas y petróleo, con el ministro de energía catarí Saad al Kaabi afirmando que la guerra “puede derribar las economías del mundo en solo unos días”, Bakú, una capital inicialmente ajena al conflicto, informaba de dos inquietantes desarrollos. Este viernes, los servicios de seguridad azeríes frustraban un complot para organizar varios intentos y operaciones de sabotaje en el país, ligados a la Guardia Revolucionaria iraní. Los detenidos, un grupo de iraníes, planeaban atentados contra infraestructura crítica, como el oleoducto Baku-Tbilisi, así como contra la embajada israelí en la capital azerí.

El otro fue el ataque con drones del jueves contra el aeropuerto de Najicheván, en un enclave azerí entre Armenia, Irán y Turquía. No hubo muertos que lamentar, pero el Gobierno cerró el tráfico aéreo en la zona sur del país. El efecto colateral, si se mantiene, será drástico: desde el inicio de la Operación Furia Épica, el tráfico aéreo hacia Asia ha sido redirigido desde el espacio aéreo iraní hacia el corredor azerí, de apenas 270 kilómetros de ancho, ya que la mayoría de los vuelos (especialmente los europeos) no sobrevuelan ya Rusia.

La decisión del gobierno azerí de cerrar su espacio aéreo en la zona sur de momento solo lo hace más estrecho, pero deja clara la estrategia iraní: intentar cortar los corredores aéreos entre Europa y Asia para aumentar los daños colaterales a la economía global. Si lo logra, deberán crearse nuevas rutas más largas e incómodas, y el efecto de la guerra se notará en cada casa del mundo.

Algo parecido empieza a pasar en tráfico general de mercancías marítimas. El gigante naviero Maersk anunció el viernes que cancelaba temporalmente dos rutas que unen Oriente Medio y Europa con Asia. Y, de nuevo, por no entrar a hablar de los sospechosos habituales que son el petróleo y gas. Este viernes, Kuwait comenzó a reducir la producción en sus yacimientos petrolíferos (2,6 millones de barriles diarios) tras quedarse sin espacio para almacenar el crudo que no puede salir de sus fronteras. El ministro de energía catarí, Saad al Kabi, advertía en una entrevista con el Financial Times que el resto de países del golfo tendrán que hacer algo similar en los próximos días "si esto continúa".

No parece que haya buenas señales desde Washington. El viernes, el presidente Donald Trump afirmó que "no habrá acuerdo con Irán" excepto una "RENDICIÓN INCONDICIONAL", que incluirá la selección de nuevos líderes "aceptables" para EEUU. El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, respondió que Irán “está esperando” a las tropas estadounidenses en una hipotética invasión terrestre que Washington no debería querer, pero que Trump se niega a descartar y que Irán sabe que "podría enfrentarlas, y que será un desastre para EEUU".

El comportamiento de Irán en esta guerra está marcado por su convicción de que el conflicto es existencial. Que la República Islámica construida tras la revolución de 1979 será República Islámica o no será: que si el objetivo es derribar al sistema de gobierno, toda la región en su conjunto, y potencialmente el sistema internacional, no quedará indemne.

Por eso, las órdenes de preparación para la posible muerte de Ali Jamenei o la cúpula militar ya estaban dadas a las distintas facciones, ahora actuando de manera independiente, en las que se dividen las fuerzas armadas iraníes.

Foto: iran-guerra-golfo-drones-ataques-1hms

Al menos dos fuentes de la Guardia Revolucionaria iraní afirmaban al medio Middle East Eye que, desde la Guerra de los 12 días contra Israel y EEUU en 2025, “el mando oficial del ejército y la Guardia Revolucionaria recibieron poderes más amplios para operar en el oeste, suroeste y sureste de Irán” con el objetivo de “permitirles actuar de forma independiente si se cortaban las comunicaciones con el mando central”.

Una de las primeras estrategias sería la de establecer “centros de mando independientes” y desplegar “más fuerzas terrestres en provincias”. El despliegue, siempre según la fuente del MEE, “comenzó en septiembre”, y los comandantes de las unidades de misiles sabían de antemano qué objetivos atacar una vez que escucharan que Irán había sido atacado”, y “no necesitaban esperar órdenes si quedaban desconectados del centro de mando”.

Paralelamente, se habría dado poderes especiales a la milicia paramilitar Basij, que cuenta con varios miles de miembros (la propaganda iraní los cifra en millones, pero no se puede comprobar de manera independiente), “preparadas para el combate urbano”. Gracias a los pocos reportes que nos llegan desde el interior de Irán, se sabe ya que milicianos Basij han establecido controles y retenes en carreteras y ciudades, en sustitución o apoyo de las fuerzas policiales. “Desde el primer día de la guerra se activaron células del Basij capaces de operar de forma autónoma”, continúa el MEE.

Foto: plan-b-israel-estados-unidos-iran-guerra-civil

Los restos de la estructura de los ayatolás también se esfuerzan en esa militarización total del país. “Desde hoy hasta el final de la guerra, es una obligación para todos estar presentes en el frente y en las mezquitas. El enemigo puede cortar las comunicaciones, pero nuestras fortalezas son las mezquitas, nuestras fortalezas son las plazas de las ciudades. Cada ciudad y cada plaza deben ser defendidas por el pueblo que, vistiendo de negro [referencia a la guerra santa], se mantiene firme junto a los ideales de la revolución”, arengó el nieto de Jomeini, Hassán, cuyo nombre empieza a emerger como posible sustituto de Jamenei y curiosamente catalogado como un “clérigo moderado” y con lazos con los “reformistas”.

Estas preparaciones, unidas a los aparentemente irracionales ataques regionales más allá de los actores implicados en el Golfo, dibujan esa estrategia de martirio máximo. Si no se logra controlar a las autónomas facciones militares iraníes y sus drones y misiles, la trampa está hecha: arrastrar a EEUU a una guerra total en Irán. El mártir definitivo, todo el país mismo, en un escenario como el de Afganistán.

Una guerra en la que los ayatolás quizá no volverán a tener el mismo poder de antes, pero que arrastrará durante años a EEUU.

La clave quizá ahora es si Irán lo logrará. Por el momento, esta es una guerra de salvas, basada en el intercambio de misiles, drones e interceptores. En los últimos días se ha detectado una brusca disminución en el número de los lanzados por Irán. Esto puede significar varias cosas: que Irán ha gastado más munición de la que se pensaba, que Israel y Estados Unidos han tenido éxito en su estrategia de destruir las plataformas de lanzamiento desde las que se disparan estos misiles y drones, o que Teherán está empezando a racionar su arsenal, preparándose para una guerra larga.

Este viernes, el Ejército de Israel publicó un elaborado vídeo en el que informaba que 50 aviones israelíes habían bombardeado "el búnker de Jamenei", construido bajo tierra en el corazón de Teherán. El titular es jugoso, pero no es lo que parece: el fallecido ayatolá Ali Jamenei no llegó a ocultarse en él. "No llegó a utilizarlo, pero había sido construido como un puesto de control de emergencia para la guerra", aseguró un portavoz de las Fuerzas Armadas hebreas.

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