¿Colapso u oportunidad a la vista? Esa es la gran duda sobre Ucrania con el Golfo en llamas. La guerra iniciada por Estados Unidos en Irán no fluye como esperaba Donald Trump. Aviones derribados, reproches entre socios y el precio del crudo disparado. En este escenario, la otra gran guerra que consume el mundo, la de Ucrania, también se ve afectada: Kievse enfrenta a tres riesgos claros, pero también a dos oportunidades.
Empecemos por los problemas. El petróleo y el gas representan entre el 30 y el 40% de los ingresosdel presupuesto ruso, aunque no hace tanto eran más de la mitad. Las cuentas del Kremlin bailan al son de la geopolítica y el precio del barril. Cada aumento de 10 dólares se traduce en miles de millones de euros que nutren las debilitadas arcas de Moscú.
Desde que empezó la escalada de tensión en Irán a principios de año, el gas europeoha prácticamente doblado su precio y el petróleo ha subido más de un 30%. Un comportamiento que el ciudadano medio podría notar pronto en su bolsillo, pero que también supone un balón de oxígeno para la economía rusa, que mostraba síntomas de fatiga en 2026. Una situación similar a la vivida al inicio de la invasión rusa a gran escala, hace cuatro años.
El dinero de las materias primas –y quién lo maneja— es un doble problema para Ucrania. A mayores ingresos energéticos, mayor será la resiliencia rusa en el campo de batalla. Pero la descontrolada respuesta iraní –con ataques en Baréin, Catar, Kuwait, Omán, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos e Israel– también ha dejado en evidencia la limitada cantidad y capacidad de los sistemas antiaéreos occidentales.
Entre recursos y armamento
No es una mera cuestión militar. Las imágenes de edificios alcanzados por drones erosionan el ideal de seguridad que atrae inversión y turismo a estos países. Para restaurarlo, todo apunta a que los petrodólares buscarán hacerse con los escasos misiles antiaéreos que se producen en el mundo.
"Podríamos tener dificultades para obtener armas para defender nuestros cielos", confesó Volodímir Zelenski esta semana. No sería un escenario nuevo. El junio pasado, la guerra de los doce días entre Israel e Irán ya tensionó el suministro global de defensa aérea, después de que Estados Unidos gastara el 25% de sus interceptores THAAD. Este sistema avanzado suele desplegarse junto al Patriot, el mismo que Ucrania utiliza para derribar misiles rusos. Y aunque la UE trabajó durante meses en una alternativa para Ucrania, las prestaciones del armamento europeo siguen lejos de los Patriot estadounidenses.
Se prolongue la guerra en Irán o no, cuando termine, Washington e Israel precisarán reponer sus arsenales. Pero a diferencia de 2025, los países árabes también reforzarán las defensas que protegen su modelo de orden y estabilidad. Y tienen dinero para pagar el precio que sea necesario.
"Efecto dominó en términos de atención"
Hay un tercer factor que preocupa a algunos analistas: el desplazamiento del foco informativo. Para Ed Arnold, del Royal United Services Institute, "hay un efecto dominó en términos de atención". Este cambio, sin embargo, tiene una doble lectura que podría resultar positiva para Kiev.
El de Irán no es un conflicto arrastrado ni ideológico que remueva las conciencias europeas y agite las calles, como Gaza. La guerra de Israel en la Franja de 2023, además, empezó en un contexto totalmente distinto: tras una ofensiva ucraniana fracasada y con una alta dependencia de la ayuda militar estadounidense. Hoy es Europa la que sostiene el esfuerzo bélico de Kiev, y la muerte del ayatolá no va a provocar grandes divisiones sociales. Para Ucrania, de hecho, no hay nada mejor que una invasión iniciada por EEUU para eliminar la presión que la Casa Blanca estaba ejerciendo para forzar un mal acuerdo de paz entre Putin y Zelenski.
Un manifestante muestra una pancarta con la imagen de Reza Pahlavi, Donald Trump y Benjamin Netanyahu mientras protesta contra el régimen frente a la embajada iraní en Bucarest. (EFE/EPA/Robert Ghement)
El propio presidente ucraniano ha bendecido una operación que debilita a Teherán, un socio de Moscú al que el Kremlin vuelve a dejar solo, como ya ocurrió en Siria a finales de 2024 o este enero en Venezuela. El zar está desnudo y las operaciones estadounidenses vigorizan el mensaje que repite Zelenski desde hace tiempo: "Paz a través de la fuerza". La siguiente ronda de negociaciones entre rusos y ucranianos estaba prevista para el 5 y 6 de marzo en Abu Dhabi, pero no parece que vaya a celebrarse, o al menos, no en las condiciones anticipadas.
¿Puede Kiev sacar mayor tajada todavía?
En la oficina del presidente así lo creen. Nadie sabe proteger un país de ataques combinados de misiles balísticos y drones mejor que Ucrania. Los daños en la embajada estadounidense de Riad o las imágenes de drones solitarios golpeando torres residenciales contrastan con la capacidad ucraniana, que en 2025 logró defenderse de 32.000 Geran-2, la evolución rusa del Shahed iraní. Casi 90 cada noche, de media.
Esa experiencia no ha pasado desapercibida fuera de Ucrania estos años, pero ha sido menospreciada en ámbitos militares occidentales al considerarse una guerra aérea de "armas baratas". Pero Irán está haciendo entender que el volumen y la simplicidad importan. Por eso, el primer ministro británico Keir Starmer llamó públicamente al envío de pilotos ucranianos para derribar drones en el Golfo. Un guante recogido con rapidez por Zelenski: "Estamos preparados para compartir esta experiencia y ayudar a aquellas naciones que han ayudado a Ucrania durante este invierno y durante toda la guerra".
El mandatario también ha aprovechado para adelantarse a la escasez que todos intuyen, y ha ofrecido intercambiar misiles PAC-3 –utilizados por las baterías Patriot– por drones interceptores. Esta es una tecnología que Ucrania ha desarrollado en los últimos años para proteger sus ciudades frente a los Shahed y Geran-2. Con forma de pequeño cohete, son interesantes por sus prestaciones, pero también su precio. Si cada misil Pac-3 cuesta alrededor de 4 millones de euros, los drones interceptores oscilan entre 2.500 y 4.500 euros. Y aunque suelen emplearse varias unidades para asegurar el derribo, la flexibilidad, el ahorro y la capacidad real de uso ante ataques masivos es significativa.
"Europa debería ayudar a los Estados del Golfo"
La propia administración Trump ha reconocido de manera privada a un grupo de senadores que las baterías antiaéreas estadounidensesno podrán detener todos los Shahed iraníes, según ha desvelado la CNN. Su vuelo lento y bajo les permite evadir las defensas pensadas para amenazas como misiles.
"Europa debería ayudar a los estados del Golfo en la defensa contra drones y presionar para que se permita el libre paso por el estrecho de Ormuz", defiende Nico Lange, ex jefe del gabinete del Ministerio de Defensa alemán y miembro senior de la Conferencia de Seguridad de Múnich. "Esto ayudaría a Europa, y a muchos otros, fortalecería las alianzas y mejoraría nuestra reputación".
Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos o Catar han mediado en intercambios de prisioneros de guerra, intervenido en la liberación de soldados extranjeros, enviado ayuda humanitaria y acogido negociaciones de paz. Al mismo tiempo, juegan un papel relevante en la compra de petróleo ruso. Para Ucrania, la cooperación significaría devolver parte del respaldo y cimentar las bases de un apoyo futuro. En el Golfo tienen las reservas de misiles de las que Kiev carece, además de la necesidad y billetes para convertirse en inversores de una industria de defensa ucraniana que florece. Este 2026, se prevé la apertura de 10 fábricas de drones y armamento en Europa.
La idea de que Ucrania se ha convertido en un laboratorio bélico no es nueva. Pero la guerra de Trump con Irán puede ser el acelerador que convierta en realidad la teoría de que Kiev no es solo un receptor, sino un proveedor de ayuda. Un socio valioso para países con dinero, la UE y la OTAN.
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¿Colapso u oportunidad a la vista? Esa es la gran duda sobre Ucrania con el Golfo en llamas. La guerra iniciada por Estados Unidos en Irán no fluye como esperaba Donald Trump. Aviones derribados, reproches entre socios y el precio del crudo disparado. En este escenario, la otra gran guerra que consume el mundo, la de Ucrania, también se ve afectada: Kievse enfrenta a tres riesgos claros, pero también a dos oportunidades.