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Cómo Reino Unido casi cerró también sus bases militares a EEUU por la guerra en Irán
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"Para ser libre hay que ser temido"

Cómo Reino Unido casi cerró también sus bases militares a EEUU por la guerra en Irán

Aunque el Reino Unido ha hecho más que muchos países —ha desplegado cazas F-35 y ha proporcionado interceptores de misiles a aliados—, los titubeos iniciales con el uso de sus bases le han hecho perder crédito internacional

Foto: Visita del secretario de Estado británico de Defensa en Chipre (EFE/Rory Arnold)
Visita del secretario de Estado británico de Defensa en Chipre (EFE/Rory Arnold)
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La seguridad del Reino Unido siempre se ha apoyado en tres pilares. Las armas nucleares, la OTAN y la alianza con Estados Unidos. Los dos primeros, sin embargo, llevan tiempo tambaleándose. Y el tercero ha sufrido ahora un impacto de grandes dimensiones que cuestiona más que nunca la histórica "relación especial". "Está claro que no estamos en la era de Churchill", ha dicho Donald Trump.

La controversia sobre la negativa inicial a permitir el uso de bases británicas para los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán ha abierto una grieta transatlántica sin precedentes. La decisión fue revocada apenas 48 horas después por el premier Keir Starmer, quien autorizó su uso solo para ataques "defensivos" contra instalaciones de misiles iraníes. Y aunque el Reino Unido ha hecho más que muchos países —ha desplegado cazas F-35 y ha proporcionado interceptores de misiles a aliados—, el daño ya está hecho y el crédito perdido.

Con España, a la que Trump ha calificado de "socio terrible", la situación es aún más compleja, ya que la Casa Blanca amenaza incluso con cortar todo comercio e incluso con un embargo comercial, en represalia a la decisión del Gobierno de Pedro Sánchez de no dejar que el Ejército estadounidense utilice las bases de Morón y Rota.

Ante la tensión con Washington, la versión de los hechos que se instauró en los pasillos de Westminster fue la de un primer ministro —antiguo abogado de derechos humanos— con una fe casi religiosa en el derecho internacional que se escudó en el consejo de su fiscal general, Richard Hermer —con un perfil más técnico que político—, para sostener que los ataques eran ilegales. Pero la realidad es más compleja. Y a medida que van saliendo los detalles de cómo se han desencadenado los movimientos, la ya de por sí frágil posición de Starmer queda aún más cuestionada.

La interpretación legal que bloqueó la decisión

El momento decisivo llegó en la reunión del Consejo de Seguridad Nacional celebrada el pasado viernes. Aunque el premier no quería que el Reino Unido participara en la acción militar, sí consideraba que había argumentos para permitir a Trump utilizar las bases de Diego García y RAF Fairford para lanzar los ataques. Sin embargo, fue bloqueado por una alianza liderada por el ministro de Energía, Ed Miliband —con grandes papeletas para sucederle en caso de primarias anticipadas—, a la que se sumaron la canciller Rachel Reeves y la responsable de Interior, Yvette Cooper.

Según reveló The Spectator, el criterio jurídico de Hermer ya estaba fijado cuando Estados Unidos preguntó a Londres el 11 de febrero por el uso de las bases. El derecho internacional, según ese dictamen, no permite ataques preventivos salvo que exista una amenaza inminente para el Reino Unido. La consulta se produjo diecisiete días antes de que comenzara la ofensiva, un margen de tiempo en el que Londres habría podido prepararse mucho más. Washington no pedía que el Reino Unido participara en los ataques destinados a descabezar el régimen iraní, sino apoyo para proteger a los aliados del Golfo ante la previsión de represalias.

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Starmer estuvo sometido a una fuerte presión personal por parte de Trump a través de varias llamadas telefónicas. Con Benjamin Netanyahu, en cambio, no mantiene contacto directo. El único canal entre Downing Street e Israel es Jonathan Powell, asesor de seguridad nacional.

El primer ministro sí estaba dispuesto desde el principio a permitir el uso de las bases para operaciones defensivas. Contaba además con el respaldo del ministro de Defensa, John Healey. Sin embargo, los críticos dentro del gabinete no solo cuestionaban la legalidad de la medida. También dudaban de si mantener una relación especialmente estrecha con Estados Unidos beneficiaba en ese momento al partido.

La situación cambió en una segunda reunión del Consejo de Seguridad Nacional celebrada el domingo por la tarde. Washington había formalizado una nueva petición para utilizar las bases exclusivamente contra instalaciones de misiles, sus centros de producción y las estructuras de mando. La solicitud se ajustaba mejor al marco legal defendido por Londres. El jefe del Estado Mayor de la Defensa, el mariscal del aire Sir Richard Knighton, había mantenido además conversaciones con sus homólogos estadounidenses para adaptar la petición a lo que el Reino Unido podía aceptar.

placeholder El primer ministro británico, Keir Starmer, la secretaria de Estado de Asuntos Exteriores, Yvette Cooper, el ministro de Defensa, John Healey, y el jefe del Estado Mayor de la Defensa, Richard Knighton. (DPA/Toby Melville)
El primer ministro británico, Keir Starmer, la secretaria de Estado de Asuntos Exteriores, Yvette Cooper, el ministro de Defensa, John Healey, y el jefe del Estado Mayor de la Defensa, Richard Knighton. (DPA/Toby Melville)

El gabinete terminó aprobando el uso de las bases. Downing Street sostiene que el contexto cambió cuando Irán comenzó a lanzar misiles contra hoteles y otros objetivos civiles en Dubái y Bahréin. Uno de esos ataques en Manama estuvo a punto de alcanzar a militares británicos desplegados en la zona. También influyó el enfado de los aliados regionales ante la percepción de que Londres estaba reaccionando demasiado tarde.

Quiénes exigen protección

Jordania expresó su malestar con especial dureza. Los Emiratos Árabes Unidos advirtieron de que el Reino Unido estaba dejando desprotegidos a los cerca de 240.000 ciudadanos británicos que viven entre Dubái y Abu Dabi.

Tras la primera petición estadounidense, Londres habría podido enviar dos destructores Type-45 al Mediterráneo oriental para reforzar la protección de Chipre y Jordania. En lugar de eso, algunos recursos militares fueron retirados.

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El alto comisionado de Chipre en el Reino Unido recordó que su país esperaba una defensa firme de la isla, que alberga dos bases británicas estratégicas. En la madrugada del lunes, un dron tipo Shahed alcanzó la base aérea británica de Akrotiri. El Gobierno británico indicó este jueves que el aparato no había sido lanzado desde Irán. El dron impactó en un hangar del aeródromo y causó daños mínimos, sin víctimas. El incidente ocurrió antes de que Starmer autorizara el uso de bases británicas por parte de Estados Unidos.

El ministro de Defensa, John Healey, se encuentra en Chipre, donde se reúne con su homólogo chipriota y con el personal destinado en las bases de Akrotiri y Dhekelia. La primera fue parcialmente desalojada tras el ataque.

placeholder La fragata Kimon de la Armada griega, desplegada frente al puerto de Limassol, Chipre. (EFE/EPA/George Christoforou)
La fragata Kimon de la Armada griega, desplegada frente al puerto de Limassol, Chipre. (EFE/EPA/George Christoforou)

El Reino Unido mantiene además una instalación naval de apoyo en Bahréin con unos 300 militares. Un misil iraní impactó a menos de 200 metros de esa posición cuando alcanzó el cuartel general de la Quinta Flota estadounidense. Mientras los cazas Typhoon y F-35 británicos desplegados en Chipre ya realizan misiones defensivas para interceptar misiles y drones, el destructor HMS Dragon no zarpará hacia el Mediterráneo oriental hasta la próxima semana. El buque se encuentra en proceso de mantenimiento y está siendo equipado con el armamento adecuado.

La propuesta de enviarlo no llegó al jefe del Estado Mayor de la Defensa hasta las nueve y media de la mañana del martes. Habían pasado cuatro días desde el inicio del conflicto y casi dos desde el ataque con drones contra la base de Akrotiri.

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En los próximos días llegarán también a Chipre helicópteros Wildcat de la Royal Navy equipados con misiles Martlet capaces de neutralizar amenazas aéreas. El alto comisionado chipriota, Kyriacos Kouros, ha agradecido el despliegue, aunque ha señalado que el destructor tardará más de una semana en llegar. También ha subrayado la diferencia con la rapidez con la que Grecia y Francia anunciaron su apoyo.

El pulso en Downing Street

Cuando Starmer llegó a Downing Street y eligió a Lord Richard Hermer como principal asesor jurídico del Gabinete dejó claro que su gobierno aspiraba a situar el derecho internacional en el centro de su política exterior. Sin embargo, dentro del propio aparato de seguridad nacional crece ahora la percepción de que su enfoque doctrinario se ha convertido en un obstáculo para la acción estratégica del país y refuerza los instintos legalistas del primer ministro.

Algunos funcionarios temen que el Reino Unido haya quedado atrapado en una posición incoherente. Permite a Estados Unidos utilizar sus bases para atacar instalaciones de misiles iraníes en nombre de la autodefensa, pero evita participar directamente en esas operaciones.

"Para ser libre hay que ser temido"

Otros aliados occidentales han adoptado posiciones más claras. Mark Carney y Anthony Albanese, líderes de gobiernos de centroizquierda en Canadá y Australia, respaldaron abiertamente los ataques. El canciller alemán Friedrich Merz restó importancia al derecho internacional y señaló que no era momento de dar lecciones a los aliados. Alemania aporta cerca del 60% del aumento del gasto europeo en defensa mientras el Reino Unido pierde peso relativo entre los contribuyentes de la OTAN.

El lunes, cuando Starmer sugirió que Trump no tenía un plan claro para Irán, Emmanuel Macron anunció el refuerzo del arsenal nuclear francés y el despliegue de aviones con armamento nuclear entre aliados europeos. "Para ser libre hay que ser temido", afirmó.

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Cada vez son más quienes consideran que la necesidad de Starmer de apaciguar a su propio partido, en medio de rumores constantes sobre una posible moción de confianza, ha pesado más que los intereses estratégicos del país. Al menos recibió el reconocimiento de algunos diputados laboristas todavía marcados por la guerra de Irak. En Whitehall, sin embargo, crece el temor de que la intensidad de ese debate interno vaya acompañada de una pérdida de relevancia internacional.

La seguridad del Reino Unido siempre se ha apoyado en tres pilares. Las armas nucleares, la OTAN y la alianza con Estados Unidos. Los dos primeros, sin embargo, llevan tiempo tambaleándose. Y el tercero ha sufrido ahora un impacto de grandes dimensiones que cuestiona más que nunca la histórica "relación especial". "Está claro que no estamos en la era de Churchill", ha dicho Donald Trump.

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