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El plan B de EEUU (e Israel) para Irán: provocar una guerra civil recurriendo a minorías y opositores
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Forzar el colapso del régimen

El plan B de EEUU (e Israel) para Irán: provocar una guerra civil recurriendo a minorías y opositores

La CIA lleva tiempo trabajando para armar a la insurgencia kurda, con el objetivo explícito de crear un frente que obligue a las fuerzas armadas iraníes a desviar recursos a este teatro bélico

Foto: El presidente estadounidense Trump y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. (FOTO DE ARCHIVO)
El presidente estadounidense Trump y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. (FOTO DE ARCHIVO)
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Cuando en algún momento del futuro se escriba el 'ranking' de las operaciones militares mejor planificadas del siglo XXI, podemos dar por hecho que la guerra contra Irán no estará entre ellas. Al menos desde el punto de vista de Washington, que sigue sin articular de forma clara sus motivos para lanzar esta campaña, ni qué espera conseguir con ella, ni qué tiene en mente para cada una de las contingencias que puedan presentarse.

El plan A, según ha dejado claro el propio presidente Donald Trump, era repetir la jugada de Venezuela: deshacerse de sus principales líderes y llegar a algún tipo de acuerdo con los dirigentes restantes. El problema es que los mismos ataques que acabaron con la vida del ayatolá Jameneí mataron también a estos últimos. "La mayoría de la gente que teníamos en mente está muerta", les dijo Trump a varios periodistas en el Despacho Oval el pasado martes. "Ahora tenemos otro grupo, que puede que también esté muerto, a juzgar por los reportes. Así que hay una tercera ola. Muy pronto no vamos a conocer a nadie", señaló.

Mientras tanto, el régimen iraní ha recurrido a la que, tal y como había apuntado una abrumadora mayoría de analistas, es su principal baza ante un ataque semejante: generar un caos económico tan devastador que fuerce a sus adversarios a recular, no solo cerrando el Estrecho de Ormuz sino también atacando instalaciones energéticas en toda la región, lo que ya ha producido un incremento significativo en los precios globales de gas y petróleo.

Una situación que, además, puede empeorar todavía más: la imposibilidad de exportar crudo amenaza con forzar el cierre de las fuentes de extracción en varios países, en plazos que van desde menos de una semana en el caso de Irak a poco más de dos meses en el de Arabia Saudí. Estas clausuras suelen acarrear luego un laborioso proceso de restablecimiento del suministro, y en algunos casos, daños difíciles de reparar, lo que sin duda tendría un impacto aún más negativo en el precio de la energía.

En este marco, a EEUU e Israel no les queda más remedio que pisar el acelerador para tratar de forzar el colapso del gobierno iraní o, en su defecto, una capitulación total. Conseguirlo solo mediante bombardeos aéreos es casi imposible: no existen precedentes históricos exitosos, y menos en un país tan grande como Irán. La opción de una invasión terrestre como la que se llevó a cabo para derrocar a Saddam Hussein en Irak en 2003 tampoco está sobre la mesa, puesto que requeriría de una acumulación masiva de tropas en las fronteras iraníes que de momento no se ha producido. De modo que parece que se ha pasado al plan B: orquestar una insurgencia armada, con la esperanza de alimentar un levantamiento armado generalizado en el país.

La punta de lanza de dicha insurgencia serían las organizaciones kurdas iraníes, que ya cuentan con miles de potenciales combatientes, no solo en las regiones kurdas de Irán sino sobre todo al otro lado de la frontera, en el norte de Irak. Miembros de otras minorías étnicas, como los baluchis -cuyo territorio histórico, Baluchistán, está repartido entre Irán, Pakistán y Afganistán- y los árabes de la región de Juzestán, también podrían formar parte del plan.

Preparando la invasión

De acuerdo con una docena de artículos y piezas periodísticas, estas organizaciones kurdas están a la espera de iniciar una incursión terrestre dentro de Irán con apoyo aéreo de EEUU e Israel, si bien los reportes iniciales que este miércoles aseguraban que dicha incursión ya había comenzado han sido refutados como prematuros. El pasado febrero, seis días antes del inicio de la campaña aérea contra Irán, cinco facciones kurdas de distinto signo político anunciaron la creación de la denominada Coalición de las Fuerzas Políticas del Kurdistán iraní, con el objetivo explícito de combatir al régimen de los ayatolás. Desde entonces, una sexta organización llamada Komala, de orientación comunista, ha anunciado su adhesión al grupo.

Según reveló este martes la cadena CNN, la CIA lleva algún tiempo trabajando para armar a la insurgencia kurda, con el objetivo explícito de crear un frente que obligue a las fuerzas armadas iraníes a desviar recursos a este teatro bélico, facilitando a los manifestantes iraníes el poder lanzarse a las calles sin ser necesariamente masacrados. El diario The New York Times ha confirmado este extremo, si bien explica que el tipo de armamento recibido por los milicianos kurdos es de tipo ligero, como fusiles de asalto y similares. Estas guerrillas carecen de tanques, blindados, aviación o capacidades militares avanzadas en general, por lo que su capacidad de avanzar, conquistar y mantener un territorio dentro de Irán es nula. Como bien ha argumentado nuestro compañero Ilya Topper, dicha invasión tiene escasas posibilidades de llegar a buen puerto. Pero que sea una idea potencialmente desastrosa no quiere decir que no se vaya a intentar.

Algunos altos cargos de esta coalición kurda han pedido a EEUU que establezca una zona de exclusión aérea en ciertas áreas de las regiones kurdas de Irán, para mostrar su compromiso con la operación. Y de hecho, la aviación israelí lleva días trabajando en lo que podría ser la base para este plan, castigando no solo las defensas aéreas del régimen en el Kurdistán iraní (y en el resto del país), sino también bases de la Guardia Revolucionaria, estaciones de policía y otras infraestructuras vinculadas al aparato de seguridad, según un análisis de The New York Times.

Los arquitectos de este plan, de hecho, son los israelíes. "La idea de apoyar a las facciones kurdo-iraníes y usarlas para una ofensiva terrestre desde Irak hasta el interior de Irán vino inicialmente del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y el Mossad, con la CIA uniéndose a este esfuerzo en una fase posterior", apunta el medio Axios, citando a una fuente del gobierno estadounidense.

"Si hay una guerra civil, genial"

En Israel preocupan poco las posibles consecuencias negativas dentro de Irán. Su objetivo, según un alto cargo de las Fuerzas de Defensa de Israel citado por el Financial Times, es "desmantelar las infraestructuras militares del régimen, incluidos los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI)". Danny Citrinowicz, un investigador del Instituto Nacional de Estudios de Seguridad de Tel Aviv, ha sido aún más explícito en declaraciones al mismo diario: lo que busca Israel es la "destrucción total de su régimen, de los pilares de este régimen, de todo lo que lo sostiene: los CGRI, los Basij [la milicia encargada de tareas de represión callejera], sus capacidades estratégicas". Y sentencia: "Si podemos provocar un golpe de Estado, genial. Si podemos tener a la gente en la calle, genial. Si podemos tener una guerra civil, genial. A Israel no podría preocuparle menos el futuro o la estabilidad de Irán".

Y lo cierto es que en la Casa Blanca persisten las dudas sobre todo este plan. Aunque múltiples testimonios apuntan a que Donald Trump ha estado en contacto con los principales líderes kurdos de Irak y les ha pedido que abran totalmente la frontera para la futura insurgencia en Irán, otros altos cargos de su administración han rechazado públicamente la idea. "Cualquier información que sugiera que el presidente ha dado su aprobación a semejante plan es completamente falsa", dijo este miércoles la secretaria de Prensa de la Casa Blanca Karoline Leavitt.

"Ninguno de los objetivos se basa en la premisa de apoyar el armar a ninguna fuerza en particular", ha asegurado el secretario de Defensa de EEUU, Peter Hegseth, antes de añadir, de forma significativa: "Lo que otras entidades puedan estar haciendo, somos conscientes de ello, pero nuestros objetivos no se centran en eso". Por su parte, el secretario de Exteriores, Marco Rubio, declaró esta semana en una reunión informativa a puerta cerrada en el Congreso: "No estamos armando a los kurdos. Pero nunca se sabe con los israelíes".

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Otra de las dudas que surgen ante este plan es: si se trata de una operación secreta, ¿por qué hacerla pública de este modo? Puede ser simple indiscreción o conveniencia política —las fuentes citadas por CNN provienen del entorno de la Administración Trump, no de los servicios de inteligencia de EEUU—, o puede ser una forma de hacer presión contra el régimen iraní, advirtiendo así de las consecuencias de no doblegarse. También puede ser parte de una operación psicológica, una forma de obligar a los iraníes a reaccionar.

"Que los EEUU anuncien una operación que es tradicionalmente encubierta, podría ser una trampa, utilizada para crear paranoia en Teherán y provocar una dura respuesta represiva en el noroeste de Irán. Esa respuesta brutal y sus imágenes erosionarían la legitimidad del régimen y ayudarían a dar forma a la opinión pública internacional", señala Ramzy Mardini, fundador de la firma de análisis de riesgos GeopolLabs, en declaraciones al medio Al Monitor.

"Es una idea a medio cocinar y mal concebida. No hay ninguna evidencia convincente —o caso comparativo— en el que un par de miles de rebeldes armados puedan superar o acabar con un régimen bien cimentado con un aparato coercitivo altamente organizado", opina este experto. Por ahora, lo único que ha conseguido este anuncio es que Irán lance tres misiles contra los cuarteles generales de varias de estas organizaciones kurdo-iraníes en el Kurdistán iraquí.

Pero hacer pública esta iniciativa tendría sentido si, como parece, lo que se busca es inspirar un levantamiento armado no solo en la zona kurda, sino también en otras partes de Irán. Ante el apagón en las comunicaciones orquestado por el régimen, una insurrección sería una forma de hacer llegar a otros puntos el mensaje de que la lucha contra la dictadura teocrática de los ayatolás ha pasado a una nueva fase más violenta.

Baluchis, árabes y otros

En ese sentido, otras organizaciones armadas vinculadas a diferentes minorías étnicas de Irán han anunciado planes para unirse a estos combates. En diciembre, el grupo separatista baluchi Jaish Al-Adl, de orientación salafista y responsable histórico de múltiples emboscadas y escaramuzas con las fuerzas de seguridad iraníes, anunció su renombramiento como Frente Popular de Combatientes y la reorientación de sus esfuerzos hacia la lucha contra el régimen, como parte de un movimiento más amplio de oposición dentro de Irán. En las últimas horas, un grupo llamado las Unidades Halcones Ahwazi, formadas por árabes de la región fronteriza de Juzestán, ha anunciado su creación y su integración dentro de un frente armado árabe más amplio, y la realización de su primera acción violenta contra la Guardia Revolucionaria.

También se han activado los Mojahedin-e Khalq (MeK), el brazo armado del Consejo Nacional de la Resistencia de Irán (CNRI), que cuenta con sus propias redes dentro del país. Las cuentas oficiales de este grupo han mostrado imágenes de ataques con cócteles molotov contra instalaciones de seguridad del régimen.

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Estos anuncios podrían no ser espontáneos, dado que se sospecha desde hace años de los vínculos de todas estas organizaciones —baluchis, árabes de Juzestán y los MeK— con los servicios de inteligencia israelíes. Y todo apunta a que Israel es la punta de lanza de esta iniciativa, con EEUU como mero copiloto a falta de otras opciones mejores. Del hecho, entre los kurdos persiste el temor a que, en el último momento, Trump encuentre a un posible interlocutor en el régimen iraní con el que negociar y decida cancelar toda la operación.

En todo caso, la movilización de estas minorías tiene escaso recorrido frente a la gran mayoría de iraníes que se identifican como de etnia persa. Los kurdos no llegan al 10% de la población del país y los baluchis al 2%, igual que los árabes iraníes. En total, menos del 15% de los 90 millones de habitantes de Irán. La cosa podría cambiar si a esta insurrección se uniese también la minoría azerí, que supone el 16% de la población, pero esto tiene pocos visos de ocurrir: a diferencia de kurdos, baluchis y árabes, los azeríes no han sufrido una represión especial y por lo general, sus miembros se sienten profundamente iraníes. Muchos de sus miembros se cuentan entre los principales cargos del régimen, como el propio Jameneí o el presidente Masud Pezeshkian.

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Uno de los problemas que pueden surgir es que persas y azeríes perciban el levantamiento de kurdos y otras minorías como una amenaza y se movilicen a su vez contra estos grupos. Las llamadas regiones kurdas, de hecho, acogen también a un enorme número de azeríes, que podrían ser armados por el régimen —e incluso por Turquía, para quien cualquier iniciativa de empoderamiento de la población kurda es una pesadilla a evitar— para hacer frente a los insurgentes kurdos, sembrando las bases para una guerra civil que pronto podría escapar a todo control.

"Alimentar una insurgencia armada étnica en Irán sería la madre de todos los errores estratégicos, morales y políticos. Está casi garantizado que termine en un estado fallido", señala Behnam Ben Taleblu, analista de la Fundación para la Defensa de las Democracias, a la publicación The Atlantic. Con esta ofensiva contra Irán, los líderes de EEUU están descubriendo que si todo esto no se había hecho antes —al menos hasta sus últimas consecuencias—, era por un motivo. Lo peor es que no parece haber un plan C.

Cuando en algún momento del futuro se escriba el 'ranking' de las operaciones militares mejor planificadas del siglo XXI, podemos dar por hecho que la guerra contra Irán no estará entre ellas. Al menos desde el punto de vista de Washington, que sigue sin articular de forma clara sus motivos para lanzar esta campaña, ni qué espera conseguir con ella, ni qué tiene en mente para cada una de las contingencias que puedan presentarse.

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