Sin plan B para Ormuz: las otras rutas del petróleo para evitar la guerra en Irán
Ormuz, por donde pasa casi un tercio del petróleo que se transporta por mar, ha visto caer su tráfico más de un 70% tras el conflicto entre EE. UU., Israel e Irán, dejando en evidencia la fragilidad del sistema energético global.
El Estrecho de Ormuz, un canal vital de 33 kilómetros por donde transita casi el 30% del comercio marítimo mundial de petróleo (unos 20 millones de barriles diarios), ha experimentado una caída del tráfico superior al 70% a raíz del conflicto entre EE. UU., Israel e Irán y de las amenazas de la Guardia Revolucionaria iraní, dejando a cientos de petroleros inmovilizados por motivos de seguridad y cancelación de seguros.
Esta paralización expone la vulnerabilidad de las rutas energéticas globales, ya que las tres principales autopistas marítimas del petróleo, hacia Asia Oriental, la ruta del Cabo de Buena Esperanza y el eje Suez–Gibraltar, dependen de Ormuz. Ninguna alternativa viable a corto plazo, ya sean otros estrechos estratégicos, centros de producción como Noruega o África u oleoductos terrestres, posee la capacidad suficiente para suplir ese flujo, lo que anticipa una posible subida histórica en el coste de la energía si el bloqueo se prolonga.
El Estrecho de Ormuz, un canal vital de 33 kilómetros por donde transita casi el 30% del comercio marítimo mundial de petróleo (unos 20 millones de barriles diarios), ha experimentado una caída del tráfico superior al 70% a raíz del conflicto entre EE. UU., Israel e Irán y de las amenazas de la Guardia Revolucionaria iraní, dejando a cientos de petroleros inmovilizados por motivos de seguridad y cancelación de seguros.