Bienvenidos a la guerra de salvas: ¿puede Irán desafiar el poder combinado de EEUU e Israel?
La contienda de salvas redefine el frente: intercambio masivo de misiles y drones, costes desiguales y arsenales en tensión. El desenlace dependerá del músculo industrial y el aguante social de los contendientes
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La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán entra el jueves en su sexto día con las mismas grandes interrogantes que el primero. ¿Cuánto durará? ¿Puede Irán contrarrestar el poderío militar combinado de EEUU e Israel? ¿Logrará el Pentágono ganar sin poner botas sobre el terreno? Para trazar los posibles escenarios, el primer paso es analizar qué tipo de conflicto se está desarrollando en Oriente Medio. Bienvenidos a la guerra de salvas.
Durante los próximos días, semanas o incluso meses, el enfrentamiento en la región tomará la forma de una guerra de salvas, caracterizada por el intercambio masivo de misiles, drones y todo tipo de proyectiles. Estas hostilidades suponen un doble pulso entre capacidades ofensivas de precisión más allá del horizonte (no se ve al enemigo) y el músculo defensivo de los contendientes.
"La sensorización ha hecho que el campo de batalla sea transparente (cada bando puede observar al detalle y en tiempo real los movimientos del adversario). Esto, unido a la proliferación masiva de municiones de precisión, hace que todo lo que pueda verse pueda ser destruido: fragatas, carros de combate, cazas, concentración de tropas. Así que el que obtiene la superioridad de salvas (misiles, drones, cohetes) será el que gane la guerra", explica Guillermo Pulido, analista militar de Revista Ejércitos y autor del análisis Disuasión multiinestable. El poder igualador de la precisión y la guerra de salvas en la Tercera Era Nuclear, publicado por el Instituto Español de Estudios Estratégicos.
Antes de seguir, hay que hacer varias puntualizaciones. La primera es que en la eterna lucha entre la lanza y el escudo, el escudo siempre vale más, es más laborioso fabricarlo y hay menos existencias. Es decir, cada dron iraní puede costar pocos miles o decenas de miles de dólares, mientras que los interceptores israelíes y estadounidenses cuestan millones. Y aún así, estos interceptores son más baratos en magnitudes gigantescas que los sistemas de armas (portaaviones, fragatas) o infraestructuras (bases, refinerías, aeropuertos) que defienden.
El segundo factor es lo que Pulido llama el "poder igualador de la precisión", estableciendo un paralelismo con el viejo mantra estratégico del poder igualador del átomo —por el cual una potencia menor puede equiparar su poder disuasorio al de una gran potencia si cuenta con armas nucleares—. En este caso, un país puede superar una asimetría económica y militar significativa con su adversario gracias a la proliferación de municiones cada vez más inteligentes y con más alcance a bajo coste.
Esto cambia la aritmética y la geometría de las hostilidades. La guerra mecanizada de maniobras queda, por el momento, en un segundo plano; y los enfrentamientos entre grandes plataformas —como ha quedado demostrado en Ucrania— están supeditados al intercambio de fuego a media y larga distancia.
El tercer elemento a tener en cuenta es que una guerra de salvas no puede cambiar un régimen político de la misma forma que una invasión terrestre. Cuando atacas a distancia solo puedes aspirar a descabezar al adversario y que tome su lugar una oposición más alineada con tus intereses (como sucedió en la antigua Yugoslavia) o un sucesor dentro del mismo régimen que esté dispuesto a negociar —y ceder— sin líneas rojas (como ha ocurrido en Venezuela). Por el momento, y pese a la muerte del ayatolá Alí Jameiní y otros líderes políticos y militares en los primeros bombardeos, nada de eso está sucediendo.
Con esto en mente, ¿puede un país medio quebrado (Irán) sostener un pulso misilístico con la mayor potencia militar del planeta (EEUU) combinado con uno de los ejércitos más sofisticados (Israel)?
¿Semanas, meses, años?
Aquí entramos en el opaco mundo de los arsenales, que son uno de los datos más íntimos de una fuerza armada. Empezamos con las pocas estimaciones disponibles sobre Irán.
El régimen de los ayatolás contaría con unos 2.500 misiles balísticos y de crucero operativos, según los cálculos más recientes de las IDF, frente a los 3.000 que tenía antes de la Guerra de los 12 Días de junio de 2025 (y en la que Teherán empleó unos 500 misiles). Otras estimaciones de analistas dan un amplio rango de entre 3.000 y 6.000 misiles operativos. Además, a esto se sumarían decenas de miles de drones almacenados, según los expertos militares.
Aunque los tres sistemas pueden tener alcances parecidos (entre 1.000 y 2.500 kilómetros), se utilizan de forma muy distinta. Los misiles balísticos —los modelos iraníes cuestan entre 1-2 millones de dólares— tienen una trayectoria parabólica de elevada precisión; mientras que los de crucero tienen sistemas de guiado y trayectoria baja —algo más baratos que los balísticos y mucho más económicos que sus pares occidentales—. Los drones kamikaze, como el Shahed-126, son lentos, pero vuelan a baja cota para evadir al radar y en enjambres para dificultar su intercepción. Su punto fuerte es que se pueden producir en masa por entre 20.000-50.000 dólares la unidad.
La estrategia iraní pasa por saturar los sistemas defensivos con drones y misiles baratos para tratar de buscar objetivos de alto valor con los más sofisticados. La capacidad de sostener el toma y daca dependerá de su capacidad de producción. No hay una cifra exacta, pero las fuentes de inteligencia occidental apuntan a que Irán estaría fabricando "docenas" de misiles al mes. En los ocho meses entre las hostilidades del año pasado y el inicio de la actual campaña bélica, Irán habría logrado agregar hasta 1.000 unidades adicionales (125 por mes) al arsenal, según los cálculos de la IDF.
En paralelo, el país persa podría llegar a producir hasta 10.000 drones suicidas al mes, según el Centro para la Resiliencia de la Información, financiado por el Ministerio de Exteriores británico y citado por la agencia Reuters (una cifra difícil de contrastar y que podría referirse a la capacidad instalada, no a la producción actual).
En los cinco primeros días del conflicto, Irán habría lanzado más de 500 misiles y unos 2.000 drones, dijo el miércoles el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto de EEUU. Además de numerosos puntos de Israel, la Guardia Revolucionaria y el Ejército iraní han atacado instalaciones militares y embajadas estadounidenses en los estados del Golfo, así como infraestructuras clave (refinerías, aeropuertos y desalinizadoras), edificios comerciales y residenciales en las petromonarquías aliadas de Washington. La mayoría de sus proyectiles fueron interceptados por las defensas antiaéreas, pero algunos lograron impactar sus blancos. Seis soldados estadounidenses murieron en un ataque de drones a una base en Kuwait.
Utilizando la estimación conservadora de unos 2.500 misiles operativos, a este ritmo Irán empezaría a tener problemas de inventario de misiles en menos de un mes (incluso antes, ya que los ataques israelíes y estadounidenses buscan destruir lanzadores, almacenes y fábricas). En ese escenario, todavía podrían continuar hostigando a sus enemigos con drones por un tiempo indeterminado, aunque con menos poder destructivo.
Según los cálculos del Pentágono, los ataques de Teherán con misiles balísticos ya habrían caído un 86% y los de drones, un 73%, desde el inicio de la guerra. Los expertos se debaten entre si esto es un cuello de botella por la escasez de lanzadores (las IDF estiman que les quedan unos 200 lanzadores de los 400 que tenían a mediados de 2025) o si, en realidad, Irán aprendió la lección de la Guerra de los 12 Días y está utilizando sus armas de forma más paciente y eficaz, preparándose para un conflicto prolongado.
"Irán podría resistir si pudiera negar la superioridad aérea al adversario y pudiera detener más misiles enemigos. Así podría disparar sus misiles contra Israel y los estados del Golfo. Irán aspiraba a tener decenas de miles de misiles balísticos en unos años y, si lo hubiese conseguido, entonces no hubiera habido manera de pararlo. En ese sentido, esto es una guerra preventiva. Pero en el estado actual, todo apunta a la guerra de salvas la va a ganar Estados Unidos", apunta Pulido.
Ahí está otro punto débil iraní. Su capacidad de defensa antiaérea, integrada por un mix de sistemas rusos y nacionales, muy descentralizados y con una integración deficiente para un país de 1,6 millones de km2, resultó muy golpeada durante las refriegas de los últimos dos años. Para los expertos es cuestión de tiempo que los cazas furtivos de 5ª generación como el F-35, los bombarderos estratégicos B-1 y B-2, y la lluvia de misiles Tomahawk desde submarinos y destructores acaben despejando los cielos iraníes. Pero de nuevo, ¿cuánto tiempo? ¿Semanas, meses, años?
Un arsenal ¿sin fondo?
¿Y Estados Unidos? ¿Puede la (todavía) indiscutible potencia militar del planeta golpear sin límite? Si uno se limitara a escuchar a su presidente, concluiría que el arsenal con el que cuenta para esta guerra es, en esencia, inagotable. El martes, Donald Trump publicó en su propia red social, Truth Social, que las reservas estadounidenses de munición "nunca han estado más altas ni en mejor estado" y que el país dispone de un suministro "virtualmente ilimitado" de ese tipo de armamento. "Las guerras pueden librarse para siempre, y con mucho éxito, utilizando únicamente estas reservas", aseveró el mandatario.
Sin embargo, una serie de filtraciones procedentes del Pentágono, recogidas por varios medios estadounidenses la semana pasada, apuntan en una dirección menos triunfalista que la del presidente. Según esas informaciones, altos mandos habrían advertido a la Casa Blanca de que, si los ataques contra Irán se prolongan más allá de diez días al ritmo actual, determinadas reservas críticas podrían empezar a escasear. EEUU estaría utilizando misiles defensivos —tanto Patriot como interceptores Terminal High Altitude Area Defense (THAAD)— por centenares y estaría "a días" de tener que empezar a priorizar qué objetivos neutralizar.
El precedente inmediato es la guerra de doce días de 2025, cuando Washington disparó más de 150 interceptores THAAD —fabricados por Lockheed Martin— para proteger a Israel frente a misiles iraníes, una cifra que representó aproximadamente una cuarta parte de su inventario disponible. Estas municiones pueden rondar los 12-15 millones de dólares el disparo, ya que es capaz de neutralizar misiles balísticos en fase terminal fuera o justo dentro de la atmósfera. Cada misil PAC-3 antiaéreo de las baterías Patriot asciende a unos 4-5 millones, según las estimaciones de las publicaciones militares.
El ritmo de fabricación es, aquí, el principal condicionante. En 2024, la producción anual de interceptores Patriot PAC-3 MSE rondó las 620 unidades, con planes para incrementarla hasta 2.000 anuales en un plazo de siete años. Cada misil cuesta millones de dólares y requiere procesos complejos de ensamblaje e integración. A ello se suma el hecho de que los arsenales occidentales ya estaban tensionados por cuatro años de guerra en Ucrania, donde las defensas aéreas han consumido un volumen significativo de estos proyectiles.
Por el momento, la Operación Furia Épica habría impactado más de 2.000 objetivos en Irán, según el almirante del Comando Central de EEUU, Brad Cooper. Según Trump, la campaña de bombardeos se podría prolongar cuatro o cinco semanas. Cada Tomahawk tiene un coste aproximado de entre 2 y 4 millones de dólares, mientras que los misiles de crucero aire-tierra furtivos AGM-158 JASSM entre 1 y 2 millones.
"Tenemos suficiente munición para la tarea encomendada, tanto para la ofensiva como para la defensa", dijo el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, sin dar números. La idea es que EEUU irá utilizando sus amplios stocks munición menos sofisticada más adelante, cuando las defensas iraníes estén aún más degradadas y las fuerzas estadounidenses puedan ubicarse más cerca de sus objetivos.
EEUU e Israel lograrán la superioridad aérea definitiva para finales de esta semana, calculan las IDF. Esto permitirá a cazas de cuarta generación entrar en territorio enemigo y utilizar municiones menos caras, como bombas planeadoras de precisión, de las que la Fuerza Aérea tiene un mayor arsenal. Pero los expertos avisan de que ni este es ilimitado, después de años de recortes presupuestarios, la ayuda a Ucrania y la diplomacia de cañonazos de Trump (con ataques de diverso grado en Irak, Irán, Nigeria, Somalia, Siria, Venezuela y Yemen, además de 40 ataques contra supuestas narcolanchas en el Caribe).
Oriente Medio en llamas
Israel enfrenta un dilema similar. El Estado hebreo tiene la defensa antiaérea más sofisticada del mundo. Es un sistema por capas (Cúpula de Hierro, Honda de David y la Flecha) diseñado para lograr el máximo ratio de interceptación, pero sin reparar en costes. Durante la guerra de 2025, tuvo que racionar interceptores en los últimos días del conflicto, priorizando infraestructuras estratégicas sobre áreas abiertas, mostrando su elevada dependencia de la producción y apoyo estadounidense.
Las reservas de interceptores Arrow 3 (que pueden costar unos 3 millones de dólares la unidad) ya estaban bajo presión antes del estallido del conflicto actual. Si este se prolonga, Tel Aviv deberá decidir qué objetivos defender con máxima prioridad y cuáles aceptar como daño asumible. Y eso lleva la guerra a otro nivel político.
En realidad, la experiencia muestra que Teherán no podrá hacer pagar a Israel un precio muy alto. Mucho menos a Estados Unidos. No puede decirse lo mismo de sus vecinos al otro lado del Estrecho de Ormuz.
Las cifras recientes ilustran la magnitud del desafío actual para los Estados del Golfo. En tres días, Emiratos Árabes Unidos declaró haber sido objetivo de 174 misiles balísticos, ocho misiles de crucero y 689 drones. Bahréin reportó 70 misiles balísticos entrantes. Kuwait y Qatar también enfrentaron oleadas significativas. Las tasas de intercepción, si uno cree las cifras reportadas por estos países, superaron el 90% en varios casos. Independientemente de si son ciertas, el coste acumulado es elevado y la capacidad para reemplazarlos escasa.
Irán sabe que estos son los puntos más débiles del eslabón y está destinando más potencia de fuego a sus vecinos árabes que al propio Israel. Según el Instituto Nacional para Estudios de la Defensa Nacional, afiliado a la Universidad de Tel Aviv, el país disparó más misiles y drones contra los países del Golfo (500 misiles y 2.000 drones) que contra el estado judío (200 misiles y 100 drones).
Las autoridades emiratíes y cataríes han rechazado públicamente cualquier sugerencia de agotamiento, insistiendo en que disponen de sistemas integrados y reservas estratégicas suficientes. Pero incluso con apoyo directo de interceptores estadounidenses, el problema estructural persiste: todos dependen de las mismas líneas de producción.
Y, sin embargo, las economías del Golfo no tienen elección. Son países que han construido su modelo sobre la promesa de estabilidad y seguridad para atraer inversión extranjera, turismo y residentes expatriados. Permitir que los drones alcancen a diario infraestructuras civiles —hoteles, aeropuertos, puertos o instalaciones energéticas— socavaría esa narrativa.
"Irán no puede durar más que nosotros", aseguró desafiante el secretario de Estado de Defensa, Pete Hegseth, esta semana. En realidad, no es a EEUU a quien la teocracia iraní necesita desgastar para ganar la guerra.
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