La "guerra mutante" de Trump en Irán no sienta bien al 'America First'
La falta de claridad respecto a las causas y objetivos de la guerra ha enturbiado el ya de por sí complicado paisaje doméstico
"La mayoría de las personas que teníamos en mente están muertas", declaró el presidente de EEUU, Donald Trump, sobre el liderazgo del régimen iraní. "Teníamos en mente a algunos de ese grupo que también están muertos. Y ahora tenemos otro grupo. Puede que también estén muertos. Pronto no conoceremos a nadie".
El canciller de Alemania, Friedrich Merz, reunido con Trump en ese momento en el Despacho Oval, aprobó el mensaje del presidente: "Estamos de acuerdo en cuanto a la eliminación de este terrible régimen de Teherán, y al día siguiente hablaremos de qué ocurrirá si salen".
Sin embargo, el comunicado oficial de la Casa Blanca que, después de cuatro días, declara los cuatro objetivos de esta guerra, no incluye nada parecido a un cambio de régimen. A lo más que se acerca es a "asegurarnos de que los delegados terroristas del régimen ya no podrán desestabilizar la región o el mundo", lo cual no implica, necesariamente, que quienes gobiernan Irán dejen de hacerlo.
"Hemos visto cómo los objetivos de esta operación cambiaban, creo, cuatro o cinco veces" declaró el senador demócrata Mark Warner, que preside el Comité Selecto del Senado sobre Inteligencia. "Hace una semana, esto iba de la capacidad nuclear iraní. Días después, de eliminar los misiles balísticos. Luego, en palabras del presidente, de cambio de régimen. Y ahora hablamos de hundir la marina iraní".
La falta de claridad respecto a las causas y objetivos de la guerra ha enturbiado el ya de por sí complicado paisaje doméstico. Los demócratas exigen que el Congreso vote la Ley de Poderes de Guerra para darle un marco legal a la actuación de Trump, que, como en el caso de Venezuela, prácticamente ha dejado a los legisladores de lado. Los republicanos, salvo dos excepciones, rechazan el voto.
Quienes tienden a estar más alineados con los demócratas en este asunto concreto son los trumpistas de base: comentaristas que pueden no tener un puesto de gobernador o un escaño en el Congreso, pero cuyas audiencias suelen superar, a veces con mucha ventaja, las de los políticos republicanos.
Citado por el corresponsal de ABC News en Washington, el expresentador de Fox y probablemente el nacional-populista más influyente del país, Tucker Carlson, calificó el ataque a Irán de "asqueroso y malvado". Carlson, que dio un discurso en la Convención Nacional Republicana que volvió a coronar a Trump en 2024, es visitante asiduo de la Casa Blanca, donde ha vuelto a estar recientemente.
"Hasta ahora hemos escuchado que, aunque eliminamos a todo el régimen iraní, esta no fue una guerra de cambio de régimen", dijo Matt Walsh, popular presentador de podcast de The Daily Wire. "Y, aunque destruimos su programa nuclear, tuvimos que hacerlo debido a su programa nuclear. Y, aunque Irán no planeaba ningún ataque contra Estados Unidos, también podría haberlo hecho, según a quién le preguntes. Y, aunque no estamos librando esta guerra para liberar al pueblo iraní, ahora es libre, o podría serlo, dependiendo de quién tome el poder, y no tenemos ni idea de quién será. El mensaje sobre esto es, por decirlo suavemente, confuso".
La excongresista Marjorie Taylor Greene, que dejó su escaño en enero porque se opuso a Trump durante el primer bombardeo de Irán, y por la renuncia a desvelar los papeles de Epstein, ha vuelto a criticar al presidente. "Y así fue como pasamos de ser una nación dividida entre la izquierda y la derecha, a una nación dividida entre aquellos que quieren librar guerras en el nombre de Israel y aquellos que solo quieren la paz y poder pagar sus cuentas y su seguro médico", dijo Greene en X.
La exparlamentaria hacía referencia a las palabras del secretario de Estado, Marco Rubio, que el lunes había dicho que EEUU atacó a Irán porque Irán iba a atacar Estados Unidos, si antes este era atacado por Israel. Una hipótesis que confirmó la visión de los extremos en EEUU, tanto a la izquierda como a la derecha: que la política exterior de Washington es, en realidad, una prolongación de la israelí.
La manera en que se preparó y anunció la guerra también ha sido distinta a la habitual. Cuando George W. Bush ordenó su aciaga invasión de Iraq en 2003, contó con el respaldo de dos tercios del Congreso, entre un 60% y un 80% de la opinión pública, según las encuestas de la época, y una coalición de 49 países.
Donald Trump la declaró con un mensaje grabado desde su residencia privada en una playa de Florida, emitido a las 2:30 de la madrugada, hora de la Costa Este, y con una gorra de visera calada que apenas nos dejaba verle los ojos. Al día siguiente, en lugar de regresar a Washington para comparecer ante la ciudadanía en el Despacho Oval, Trump acogió en esa misma residencia, bajo lámparas de araña, una fiesta de recaudación de campaña. Cada entrada valía un millón de dólares.
Las encuestas reflejan una amplia antipatía entre la población. La de Reuters e Ipsos recoge que solo el 27% de los estadounidenses aprueba el ataque a Irán, frente al 43% que lo desaprueba. Según el sondeo de CNN, seis de cada diez estadounidenses la rechazan y el resto la apoyan, aunque en diferentes grados. Un 31% del total está "muy en contra"; un 16%, "muy a favor".
No es la primera vez que Trump pone a prueba la paciencia de sus bases. Antes del ataque del 28 de febrero, Trump había ordenado más bombardeos en un año que Joe Biden en todo su mandato. Siete países fueron atacados por EEUU desde enero de 2025, tres de ellos, Irán, Venezuela y Nigeria, por primera vez en la historia.
El "presidente de la paz", como se autodenominó el propio Trump en su campaña de 2024, ha intentado compensar este historial con la afirmación de que ha resuelto "ocho guerras". Lo cual, si analizamos los casos uno por uno, es incorrecto. El ataque masivo contra Irán ha descompensado todavía más este balance, abriendo una caja de los truenos que resuenan en la región del Golfo. Y en Estados Unidos.
La Tercera Guerra del Golfo inicia su quinto día y las esperanzas que la Casa Blanca, según la reconstrucción de la toma de decisiones que han hecho varios medios, puso en la decapitación del régimen, todavía no se han materializado.
Los sucesores del ayatolá y otros gerifaltes liquidados están tratando de subir el coste de la guerra lo máximo posible: lanzando enjambres de proyectiles contra todos los países de la región (11 han sido golpeados), disparando el precio del gas y el petróleo y poniendo las bolsas globales en rojo. No una escalada calibrada, como durante la guerra de los 12 días del año pasado, sino estructural: propia de un régimen que teme por su existencia y considera que no tiene nada que perder.
Estados Unidos, mientras tanto, mantiene la campaña aérea sostenida más intensiva desde la guerra del Golfo, en 1991, con 1.000 incursiones diarias, según el profesor Robert A. Pape, experto en fuerzas aéreas de la Universidad de Chicago. Y continúa golpeando Irán junto a Israel. El llamado Consejo de Expertos, reunido para votar al nuevo ayatolá, fue bombardeado este martes.
Irán llena los cielos con enjambres de proyectiles baratos que desbordan los interceptores estadounidenses de los países de la región y que pueden, potencialmente, agotarlos. Un dron Shahed cuesta entre 20.000 y 50.000 dólares. Un interceptor PAC-3, 4,2 millones. Según The Wall Street Journal, este es uno de los puntos débiles de Washington: la escasez de munición para librar una campaña larga. Sobre todo, si quieren reservarse algo para la posible defensa de Taiwán.
"La intensidad del uso de interceptores que hemos visto en los últimos días no puede mantenerse durante más de una semana, probablemente un par de días como máximo, y luego sentirán el impacto de la escasez de interceptores", declaró al Journal Fabian Hoffman, experto balístico de la Universidad de Oslo.
Contra esta dinámica, EEUU e Israel están centrados en destruir los arsenales y la infraestructura militar de Irán lo más rápido posible. Una "competición de salvas", como lo ha descrito Stacie Pettyjohn, directora del programa de defensa del Center for a New American Security, en Washington, a The Guardian. Por el medio, vidas incontables en peligro. Solo en Irán la Media Luna Roja eleva las víctimas de los bombardeos a más de 800.
"La mayoría de las personas que teníamos en mente están muertas", declaró el presidente de EEUU, Donald Trump, sobre el liderazgo del régimen iraní. "Teníamos en mente a algunos de ese grupo que también están muertos. Y ahora tenemos otro grupo. Puede que también estén muertos. Pronto no conoceremos a nadie".