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Ayer, desayuno de lujo. Hoy, bombas sobre el hotel: el fin de la burbuja 'influencer' de Dubái
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La geografía es tozuda

Ayer, desayuno de lujo. Hoy, bombas sobre el hotel: el fin de la burbuja 'influencer' de Dubái

'Influencers' en Emiratos narran miedo y sirenas mientras cierres aéreos revelan vulnerabilidad del refugio aspiracional; el debate sobre monetizar la angustia expone cómo la geopolítica sacude rutinas y algoritmos

Foto: La famosa "palmera" de Dubai, junto a un incendio provocado por los restos de un misil. (Reuters/PBC)
La famosa "palmera" de Dubai, junto a un incendio provocado por los restos de un misil. (Reuters/PBC)
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"Oh Dios mío, chicos, estoy escuchando bombas, bombas de verdad". "No puedo parar de llorar después de toda la noche escuchando las sirenas una y otra vez". La chica mira a cámara, los ojos hinchados. De pronto la imagen se corta y el resto es silencio. En los comentarios estalla el pánico: "¿Estás bien?" "¿Ha caído un misil en tu apartamento?" Otra usuaria responde enseguida: "Estamos rezando por ti".

"Nunca pensé que acabaría viviendo una guerra, una guerra de verdad, como en las pelis", dice un chico mientras corre como si los proyectiles estuvieran cayendo a escasos metros. Respiración agitada.

Estas son algunas de las imágenes que han inundado las redes sociales de influencers asentados en Emiratos Árabes Unidos desde el inicio de la ofensiva estadounidense-israelí contra Irán y la posterior respuesta iraní. Las historias en Instagram, los directos en TikTok y los vídeos improvisados desde terrazas acristaladas han sustituido, al menos temporalmente, a los unboxing de bolsos de lujo y a la retransmisión de cenas en hoteles de siete estrellas.

Foto: un-espanol-testigo-de-la-oleada-de-ataques-de-iran-en-dubai

Dubái lleva años vendiéndose, y vendiéndose bien, como la excepción en una región convulsa: estabilidad, impuestos bajos, rascacielos imposibles y una promesa tácita de neutralidad geopolítica. Para miles de expatriados, esa promesa era algo más que marketing, podríamos llamarlo proyecto vital. La ciudad funcionaba como refugio económico y como escaparate perfecto para una industria digital que se centra en convertir el estilo de vida en producto o mercancía.

"La mayoría de mis pacientes han tenido crisis muy intensas porque se ha roto de golpe la idea tan sólida que tenían del lugar en el que vivían", explica A. L., psicóloga afincada en Dubái y especialista en duelo migratorio. "El miedo ante una amenaza aérea es comprensible en cualquier residente. No solo están gestionando miedo: también están lidiando con el desconcierto. Repiten una y otra vez que 'esto no debía pasar aquí'".

Esa frase, repetida en cualquier idioma, revela hasta qué punto Dubái había sido interiorizada como un territorio aparte, casi desvinculado de las tensiones estructurales que atraviesan Oriente Próximo desde hace décadas. Para muchos expatriados, la ciudad no era simplemente un destino profesional, sino una promesa implícita de estabilidad permanente, una especie de territorio inmune a todo mal.

La ciudad, en cualquier caso, no se ha detenido por completo. Los centros comerciales permanecen abiertos, los hoteles continúan operando y el tráfico recuperó una relativa normalidad tras las primeras horas de alarma. Sin embargo, el cierre temporal del espacio aéreo y la interrupción de conexiones internacionales impactaron directamente en turistas y trabajadores extranjeros. Son numerosas las familias atrapadas, con todo lo que eso implica en términos económicos y emocionales. La arquitectura global que sostiene el modelo dubaití dejó entrever, por unas horas, su vulnerabilidad. Mientras la imagen sólida del paraíso emiratí se tambaleaba, las redes sociales se llenaron de un debate incómodo. Algunos usuarios reprochaban a ciertos influencers haber convertido la situación en un episodio más de contenido emocional. Otros defendían que mostrar vulnerabilidad no equivale necesariamente a frivolizar una crisis. En la práctica, sin embargo, muchos han optado por sacar partido de la situación y monetizarla.

En los próximos días el algoritmo empezará a inundarse de vídeos que muestran qué come tal o cual influencer en "24 horas en guerra" mientras mantiene la línea; tutoriales aesthetic de maquillaje con sirenas antiaéreas de fondo; o preguntas lanzadas al vacío del tipo: "Estoy en guerra, ¿debería escribirle a mi ex?". No. No lo hagas, chica. Que la geopolítica haya hecho saltar por los aires la estabilidad de cartón piedra del paraíso emiratí no significa que tú debas dinamitar tu propio proceso de duelo sentimental, que si es ex, por algo será.

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Más allá del fenómeno de las redes, que ya de por sí merecería un análisis propio, existe un elemento estructural que ayuda a explicar la intensidad de la reacción. Buena parte del atractivo de Dubái para el ecosistema influencer radica en su promesa de control: seguridad física, estabilidad normativa y ausencia de sobresaltos políticos internos. Cuando ese marco se tambalea, aunque sea de forma limitada, el modelo aspiracional también se resiente. La guerra no solo altera la rutina; altera el relato. Y, por extensión, altera el algoritmo y el contenido que de él depende.

Desde el punto de vista geopolítico, Abu Dabi y Dubái han navegado durante la última década equilibrios complejos entre Washington, Teherán y otras potencias regionales. La guerra actual no ha transformado a Dubái en escenario de combate abierto, pero sí recuerda que ninguna capital financiera del Golfo está completamente aislada de las dinámicas estratégicas que la rodean. La neutralidad, en este contexto, es una construcción diplomática, no un escudo físico absoluto.

Emiratos ha jugado durante años a un equilibrio delicado: cerca de Washington, abierto a Israel, sin romper del todo con Irán y siempre empeñado en transmitir estabilidad. Esa combinación convirtió a Dubái en sinónimo de seguridad en una región en conflicto. Pero estabilidad no significa aislamiento, sino gestión de riesgos. Y la gestión de riesgos no equivale a inmunidad.

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Los expats que eligen este tipo de ciudades como paraíso alternativo, desde empresarios hasta creadores de contenido, buscan estabilidad en medio de la incertidumbre global. Lo que rara vez entra en la ecuación es que esa estabilidad depende precisamente de un entorno regional volátil, y es que Dubái no está al margen del conflicto; convive con él.

"Se me está cayendo el mundo", compartía estos días una creadora de contenido alemana. "Jamás pensé que esto podría pasarme a mí". De pronto se resquebraja la creencia de que el conflicto siempre ocurre en otra parte, que les sucede a otros, nunca a "gente como nosotros". No solo se tambalea la sensación de seguridad, sino la convicción de que el dinero, el privilegio y el diseño urbano bastaban para blindarse frente a la geopolítica.

"Este era mi sueño, chicas. Ya no hay lugar seguro en el mundo. ¿Qué voy a hacer con mi vida?", llora frente a la cámara la misma creadora que horas antes se preguntaba si debía volver con su ex.

Foto: dubai-gurus-senalados-justicia-espana-negocios

Desde una mirada estratégica podríamos intentar responderle. Algún analista dirá que la operación será "limitada y proporcionada". Otro asegurará que durará "el tiempo estrictamente necesario". Siempre hay un dirigente dispuesto a prometer que la estabilidad volverá pronto, que el mercado se reajustará, que la disuasión funcionará. Pero la historia reciente empieza a sugerir que esas fórmulas tienen fecha de caducidad más corta que un reel viral. Quizá haya llegado el momento de ajustar la imagen del paraíso emiratí a una realidad más simple: Dubái está frente a Irán, a pocos kilómetros del estrecho de Ormuz y en una región marcada por conflictos que atraviesan Irak, Yemen o Siria. No es una isla; es parte del juego.

Más allá de los comunicados oficiales y de la retórica estratégica, hay algo que sí puede afirmarse con bastante certeza: la geopolítica no entiende de narrativas aspiracionales ni se frena ante vidas cuidadosamente diseñadas para parecer a salvo. En eso, los influencers tienen razón: la guerra no es justa. Nunca. Para nadie.

"Oh Dios mío, chicos, estoy escuchando bombas, bombas de verdad". "No puedo parar de llorar después de toda la noche escuchando las sirenas una y otra vez". La chica mira a cámara, los ojos hinchados. De pronto la imagen se corta y el resto es silencio. En los comentarios estalla el pánico: "¿Estás bien?" "¿Ha caído un misil en tu apartamento?" Otra usuaria responde enseguida: "Estamos rezando por ti".

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