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Macron ha roto el 'tabú nuclear' europeo pero el paraguas nuclear francés tiene agujeros
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Francia redefine la disuasión europea

Macron ha roto el 'tabú nuclear' europeo pero el paraguas nuclear francés tiene agujeros

El presidente francés ha ofrecido una "disuasión nuclear avanzada" para los socios europeos, pero la doctrina nuclear gala, diseñada para proteger exclusivamente el territorio francés, hace difícil que esa promesa sea creíble

Foto: El presidente francés Emmanuel Macron pronuncia un discurso en la base naval de submarinos nucleares Ile Longue, en Crozon, Francia. (Yoan Valat Pool/REUTERS)
El presidente francés Emmanuel Macron pronuncia un discurso en la base naval de submarinos nucleares Ile Longue, en Crozon, Francia. (Yoan Valat Pool/REUTERS)
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Esta semana, desde la base naval de la Île Longue, en Bretaña, Emmanuel Macron, presidente de la República francesa, daba un paso que muchos han calificado de histórico, rompiendo formalmente el 'tabú nuclear' europeo: anunciaba la oferta de una "disuasión - nuclear - avanzada" para los socios europeos y el aumento del número de cabezas nucleares. Un grupo de Estados europeos, como Alemania, Polonia o Bélgica, ya han expresado su voluntad de participar en una iniciativa de la que se conoce poco y sobre la que el inquilino del Elíseo ha sido bastante vago.

Para entender el calado del debate, enormemente complejo y con implicaciones muy amplias, hay que abrir el foco. Mucho. Cuando se quiere encontrar la razón por la que los socios europeos se muestran sistemáticamente dispuestos a ceder ante Estados Unidos se suele llegar a la idea de que dependen de Washington en materia de seguridad. Eliminar esa dependencia es caro y complejo, pero no imposible. ¿De dónde viene entonces esa parálisis? Si se rasca un poco más, se llega al quid del asunto: de lo que depende realmente Europa es de la disuasión nuclear americana. Es algo de lo que habla todo el mundo en Bruselas, tanto en la UE como en la sede de la OTAN, sin mencionarlo casi nunca de manera directa.

En las últimas semanas algunos actores relevantes de Washington han ido concretando un discurso algo más constructivo con sus socios europeos. Lo hizo recientemente Elbridge Colby, el ‘número 2’ del Pentágono, durante una reunión de ministros de Defensa de la OTAN. La versión menos alarmista del desacople americano de la Alianza Atlántica consiste en que los europeos se hagan cargo de su defensa convencional, mientras que EEUU sigue estando a cargo de la disuasión nuclear en el teatro de operaciones europeo.

Y, sin embargo, a pesar de esa insistencia, crece la desconfianza en la credibilidad de la protección nuclear americana en el marco de la OTAN. Fuentes aliadas insisten en el compromiso estadounidense hacia su misión de ofrecer una disuasión nuclear creíble para el Viejo Continente, y los Estados Unidos buscan constantemente dejar claro su implicación dentro del Grupo de Planes Nucleares, el órgano de la Alianza que coordina la postura nuclear.

De nacional a europeo

Volviendo a Bretaña, el movimiento no es ninguna sorpresa. Macron venía moviendo ficha desde el inicio de la segunda presidencia de Trump. Poco después de su vuelta a la Casa Blanca, el presidente francés planteó "iniciar un debate estratégico sobre el uso de nuestra fuerza disuasoria para proteger a nuestros aliados en el continente europeo". Un año después, ha concretado esa idea en el concepto de la "disuasión avanzada": una extraterritorialización de la cobertura nuclear francesa. Donde antes París consideraba bajo su paraguas únicamente el territorio nacional, ahora lo extendería a los socios que participen de la iniciativa. Eso sí, en su discurso Macron no habló en ningún momento de estacionar armamento nuclear fuera de Francia.

Esta idea tampoco es de Macron. Hay ya una tradición de presidentes franceses, desde la época de François Mitterrand, que abrazan la dimensión europea de la disuasión nuclear francesa, como lo hizo hace ya más de una década François Hollande y como ha hecho el propio Macron en su primera presidencia. Lo relevante es que el elemento central en todos estos discursos, y, también, en el de la Île Longue de esta semana: la dimensión europea surge de la dimensión nacional.

Es una extensión. La disuasión nuclear debe extenderse más allá de las fronteras francesas, pero su objetivo sigue siendo, al menos oficialmente, proteger los intereses franceses. París argumenta, como hizo Macron esta semana, que su seguridad no puede estar desconectada de la de sus aliados. Nadie duda de la credibilidad de la disuasión francesa para proteger su propio territorio. Que esa credibilidad se extienda automáticamente al resto de Europa es otra cuestión.

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Como recordaba esta semana Austin Long, investigador del Centro para la Política de Seguridad Nuclear del MIT, el programa nuclear francés fue impulsado por figuras de la resistencia a los nazis cuyo "nunca más" no se refería solamente a la derrota, sino a no volver a depender de otros - de EEUU, con el que la resistencia y el general Charles de Gaulle tuvieron siempre una relación difícil - para decidir el futuro de Francia. De Gaulle convirtió esa convicción en doctrina: la disuasión debía ser soberana e indivisible y, por lo tanto, incompatible con su disolución en un organismo más amplio. Esa lógica es la que explica que Francia, aún hoy, no participe en el Grupo de Planes Nucleares de la OTAN.

Por eso el giro es tan importante, pero al mismo tiempo es difícil medir su credibilidad. Se trata de una modificación sustancial de la naturaleza de la estrategia, totalmente enraizada en el territorio nacional. El gran reto para la misma es, por lo tanto, que los franceses muestren una disposición creíble a considerar como una extensión de su interés nacional puro el destino de Suecia o Polonia. Y eso es muy difícil conseguirlo. Es en última instancia eso lo que ha hecho que, históricamente, los países del este de Europa hayan mostrado mucha más confianza en la disposición americana a protegerles que en la francesa.

Long citaba también a Corentin Brustlein, actual delegado político del Ministerio de Defensa francés, que antes de ocupar ese cargo describió con claridad la lógica interna del sistema: la doctrina nuclear francesa se construyó deliberadamente con una ambición limitada. Francia no tenía los recursos de Estados Unidos ni de la Unión Soviética, así que compensó esa desventaja concentrando toda su capacidad en un único objetivo: proteger los intereses vitales nacionales, tal y como los define el presidente de la República. Desde los años setenta se ha sugerido que esos intereses podrían extenderse más allá de las fronteras, pero, como señalaba Brustlein, París nunca ha ofrecido garantías de seguridad explícitas respaldadas por sus fuerzas nucleares. Hasta ahora.

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El actual delegado político del ministerio de Defensa señalaba que esa concentración en proteger únicamente el territorio francés había hecho que París no evolucionara excesivamente su estrategia nuclear, que no tiene flexibilidad ni profundidad. Mientras EEUU, que desarrolló su doctrina nuclear durante la Guerra Fría, cuenta con una gran profundidad estratégica, con armas nucleares tácticas, es decir, con un efecto mucho más concentrado y limitado que el de las grandes bombas nucleares que tiene en mente el público general o el control de escalada, la estrategia francesa se centra en la credibilidad de dar un solo golpe.

Las limitaciones

La doctrina francesa se concentra en la disuasión pura, sin profundidad estratégica, centrada en lo que podríamos llamar una advertencia nuclear única y no renovable. La pregunta que plantea la "disuasión avanzada" de Macron es entonces inevitable: ¿está un presidente francés dispuesto a emitir esa advertencia —con todo lo que implica— si no es el propio territorio francés el que está en riesgo? Hay una contradicción de fondo entre el ADN de la doctrina nuclear gala, diseñada para proteger exclusivamente a Francia, y la extensión que ahora se propone.

Por eso el gran agujero del paraguas nuclear ‘europeo’ francés es que su dimensión europea siempre estará subordinada a los intereses de París. Y en esto Macron ha sido cristalino esta semana: "No habrá participación en la decisión final, ni en su planificación, ni en su aplicación. Según nuestra Constitución, esto es competencia exclusiva del presidente de la República, que es responsable ante el pueblo francés". Lo dejó claro también en 2025, tras el regreso de Trump a la Casa Blanca, cuando puso por primera vez sobre la mesa la oferta de una disuasión avanzada francesa: "Pase lo que pase, esa decisión (la del uso de las armas nucleares) siempre ha sido y siempre será competencia del presidente y comandante en jefe de Francia".

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Además, EEUU siempre ha sido visto como un garante externo de la credibilidad nuclear. No hay, ni Francia plantea, una estructura para compartir la decisión respecto a una acción nuclear, y, de hecho, pocos consideran que sea creíble una estructura en la que haya algún tipo de debate respecto a qué hacer. En la OTAN la decisión última recae sobre el comandante supremo de las fuerzas aliadas (SACEUR), y esa figura externa, siempre estadounidense, es lo que ofrece la garantía de que actuará con independencia y determinación.

Precisamente por eso, hasta ahora todos ponen especial énfasis en que esta iniciativa nunca será un sustituto de la disuasión nuclear de la Alianza Atlántica, sino que vendría a fortalecerla desde otra dimensión, como quedaba reflejado en el Concepto Estratégico de la OTAN acordado en Madrid. Sin embargo, en un largo artículo en Grand Continent, Louis Gautier, exsecretario general de Defensa y Seguridad Nacional entre 2014 y 2018, rechaza la idea de que pueda haber una compatibilidad entre EEUU y Francia, explicando que esta "incompatibilidad doctrinal" se basa en que mientras Washington, y por extensión la OTAN, sigue una estrategia de respuesta flexible, la doctrina francesa se concentra en el uso de la fuerza nuclear como último y definitivo recurso. De hecho, Francia no participa del Grupo de Planes Nucleares de la Alianza Atlántica. Y esto lo dice una persona, Gautier, que no es un analista escéptico americano, sino alguien que viene del corazón del sistema francés.

EEUU concibe la guerra nuclear como un proceso escalonado, con opciones de respuesta gradual y mecanismos de control de escalada. Francia la concibe como un todo o nada: una amenaza creíble de destrucción masiva que o disuade o fracasa. ¿De qué forma, se pregunta Gautier, pueden los socios europeos aspirar a seguir beneficiándose de una doctrina nuclear americana que se basa en un sistema más flexible y de escalada, y al mismo tiempo quedar cubiertos por una doctrina en la que el uso de la fuerza nuclear está reservado a un único golpe?

Por último, este análisis no se puede separar de la realidad política francesa. Todas las encuestas apuntan a que el sucesor de Macron podría ser Jordan Bardella o Marine Le Pen si se libra de su inhabilitación, ambos del partido de extrema derecha Reagrupación Nacional, y en esta iniciativa se les situaría en la cúspide de la disuasión avanzada. Si ya resulta difícil convencer a polacos o suecos de que un presidente francés arriesgaría la destrucción de su propio país para defenderlos, la perspectiva de que esa decisión recaiga en un líder de la extrema derecha francesa añade una capa más de incredulidad.

Esta semana, desde la base naval de la Île Longue, en Bretaña, Emmanuel Macron, presidente de la República francesa, daba un paso que muchos han calificado de histórico, rompiendo formalmente el 'tabú nuclear' europeo: anunciaba la oferta de una "disuasión - nuclear - avanzada" para los socios europeos y el aumento del número de cabezas nucleares. Un grupo de Estados europeos, como Alemania, Polonia o Bélgica, ya han expresado su voluntad de participar en una iniciativa de la que se conoce poco y sobre la que el inquilino del Elíseo ha sido bastante vago.

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