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La otra víctima de la reprobación de Sánchez a la guerra de Trump con Irán es la firmeza con la defensa europea
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La otra víctima de la reprobación de Sánchez a la guerra de Trump con Irán es la firmeza con la defensa europea

El Gobierno español se solidariza solo de palabra con los países del Golfo atacados por Irán. No se incorpora a la fuerza naval europea que protege la navegación en el Mar Rojo ni a la oferta nuclear del presidente Emmanuel Macron

Foto: Un avión estadounidense en la base de Morón, España. (Reuters/Marcelo del Pozo)
Un avión estadounidense en la base de Morón, España. (Reuters/Marcelo del Pozo)
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Cuando el presidente Pedro Sánchez tachó el sábado el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán de "atropello a la legalidad internacional", no estaba solo en Europa. A la misma hora, el primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, afirmaba en un comunicado que la actuación de esas dos potencias "no se ajusta a la legalidad internacional". Con matices, otros gobiernos europeos, como el sueco y el irlandés, expresaban su "preocupación" ante la iniciativa bélica norteamericano-israelí.

Los bombardeos sobre Irán, aunque tengan por objetivo a los jerarcas del régimen, violan la Carta de Naciones Unidas cuyo artículo 24 estipula que los Estados no pueden usar la fuerza contra otro Estado, excepto si han sufrido previamente un ataque armado o existe una amenaza inminente. Ninguna de estas dos condiciones se cumple. La negociación entre Washington y Teherán estaba muy bien encaminada, según los mediadores omaníes.

Hay otros cuantos motivos para reprobar la actuación de Donald Trump. Ha desencadenado una guerra cuyos objetivos se desconocen. Si de verdad consisten en derrocar al régimen de Irán, parecen difícilmente alcanzables con tanta más razón que se ignora en quién piensa para hacerse cargo de un país de 92 millones. Su precededor en la Casa Blanca, George Bush, se fijó en 2003 en Irak una meta más clara y logró arrastrar consigo a varios países europeos, incluida, en la última etapa, a la España que presidía José María Aznar.

Ahora los europeos no han sido consultados ni informados. "Francia no fue prevenida (...) como tampoco todos los países de la región ni nuestros aliados", se lamentó el presidente francés Emmanuel Macron. Hace una década, los "pesos pesados" de Europa fueron, sin embargo, los artífices del acuerdo sobre el uso de la energía nuclear con Irán del que Trump se retiró tras llegar a la Casa Blanca en 2018.

Foto: el-pp-alinea-a-sanchez-con-iran

Como la guerra es "injustificada", explicó el ministro de Asuntos Exteriores José Manuel Albares, "no vamos a prestar nuestras bases para nada que no esté en el tratado (hispano-estadounidense) ni en la Carta de la ONU". Primera consecuencia: una docena de aviones cisterna KC-135 desplegados en Rota y Morón fueron "invitados" a trasladarse a otras bases de EEUU en Europa. Servían para suministrar combustible en vuelo a los cazabombaderos que operan en Oriente Próximo.

En este rechazo, el Gobierno español tampoco estuvo solo, por lo menos en un primer momento. El primer ministro británico, Keir Starmer, empezó también el sábado por negarse el empleo de sus bases para golpear a Irán, pero al día siguiente cambió de parecer. Accedió a la petición de Trump de poder usar la de Fairford, en Gloucester, y la de Diego García, en el océano Índico. Desde ambas están ya llevando a cabo "acciones defensivas" de amplio espectro.

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La torpeza de Teherán, que intentó bombardear la base británica de Akrotiri (Chipre) y la francesa de Camp de la Paix (Abu Dhabi), acabó de movilizar a las dos principales potencias militares del Viejo Continente. Alemania no tardó en sumarse a ellas. Las tres juntas anunciaron el domingo la toma de "medidas para defender nuestros intereses y los de nuestros aliados en la región" mediante "acciones defensivas necesarias y proporcionadas".

El presidente Sánchez tampoco se apuntó a esta iniciativa. Resultó ser el jefe de Gobierno de la UE -Noruega no es un estado miembro- más crítico con la guerra emprendida por el dúo de Donald Trump y Benjamín Netanyahu mientras que el alemán Friedrich Merz es el más incondicional.

Como suele suceder cuando se aborda la política exterior y la defensa, la cacofonía es absoluta entre los "27" y no sólo por los enfoques contrapuestos de Sánchez y Merz. Las disonancias empezaron en la misma cúpula de las instituciones europeas. Entre los pronunciamientos iniciales de Ursula von der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea, y Antonio Costa, el presidente del Consejo Europeo, hubo más que matices.

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Sánchez es un ferviente defensor de una defensa europea autónoma, aunque sólo esté formada por una avanzadilla y el grueso de la UE se quede a la zaga. Reiteró una vez más esa apuesta en la Conferencia de Seguridad de Múnich el mes pasado. Abogó por poner en pie ese ejército europeo "ahora" y manifestó la disposición de España de aportar recursos.

A la hora de la verdad, el fervor del presidente no se materializa. España es, proporcionalmente a su PIB, uno de los países europeos que menos dedica a la ayuda a Ucrania. Nunca ha querido participar en la Operación Aspides de la UE consistente en proteger la navegación por el mar Rojo de los ataques hutíes y ahora quizás iraníes. Ahora es más necesaria que nunca. Por eso, Francia anunció ayer que incorporaba a otros dos barcos a esa misión.

Cuando los países del Golfo se sienten amenazados por un Irán que les ha disparado sus misiles y les envía drones, un gesto concreto de apoyo del Gobierno español -más allá de las palabras de Albares- "hubiese sido más que bienvenido", afirma un exembajador de España en una de las monarquías de la región.

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El presidente Macron reveló, por su parte, ayer que iba a "reforzar su disuasión nuclear ante la combinación de amenazas". Precisó que ocho países europeos están interesados en cooperar con Francia en los ejercicios de disuasión, incluida Suecia, que hasta hace poco era neutral y solo se incorporó a la Alianza Atlántica hace dos años. También lo está el Reino Unido que, pese a poseer su propia bomba atómica, quiere coordinarse mejor con su vecino francés.

España no está entre esos ocho. Sánchez ya dijo en Múnich que el "rearme nuclear no es la vía correcta" ni siquiera para una Europa cuyo vínculo transatlántico con EEUU tiende a diluirse. ¿Qué queda entonces para disuadir a un Vladímir Putin envalentonado al que le sobran armas nucleares?

Cuando el presidente Pedro Sánchez tachó el sábado el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán de "atropello a la legalidad internacional", no estaba solo en Europa. A la misma hora, el primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, afirmaba en un comunicado que la actuación de esas dos potencias "no se ajusta a la legalidad internacional". Con matices, otros gobiernos europeos, como el sueco y el irlandés, expresaban su "preocupación" ante la iniciativa bélica norteamericano-israelí.

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