Los tres grandes de Europa toman partido contra Irán mientras la UE afronta la crisis sin cartas
Los Veintisiete son conscientes de las consecuencias que puede tener para la región el conflicto, pero tratan de evitar la confrontación y apuestan por el silencio
La alta representante de la Unión para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, al inicio de una reunión del Consejo de Asuntos Exteriores en Bruselas. (EFE/Olivier Hoslet)
La jornada de ayer trajo consigo los primeros ataques contra objetivos europeos del conflicto abierto por Estados Unidos e Israel contra Irán. En Abu Dabi, un dron impactó en un almacén de una base naval francesa. La ministra gala de Defensa, Catherine Vautrin, confirmó el incidente y señaló que no hubo heridos y que solo se produjeron daños materiales limitados, pero agregó que las fuerzas francesas permanecen en alerta máxima. Asimismo, según información de Der Spiegel, misiles y drones iraníes fueron disparados contra una base multinacional cercana al aeropuerto de Erbil, en el norte de Irak, y contra un campamento del ejército alemán en Al-Azraq, en el este de Jordania. Todos los proyectiles y aeronaves fueron neutralizados por las defensas aéreas.
También se dio a conocer que Irán lanzó el sábado dos misiles en dirección a la base militar británica en Chipre, según informó el ministro de Defensa del Reino Unido, John Healey, aunque añadió que no creía que el objetivo específico fuera la isla. Medios locales señalaron que los misiles fueron interceptados por Israel mientras cruzaban su espacio aéreo.
En este contexto, los líderes de Francia, Alemania y el Reino Unido emitieron una declaración conjunta en la que expresaron su “indignación” por los ataques “indiscriminados y desproporcionados” lanzados por Irán contra países de la región, incluidos Estados que no participaron en las operaciones militares de Estados Unidos e Israel. “Estamos adoptando medidas para defender nuestros intereses y los de nuestros aliados en la región, lo que podría permitir acciones defensivas necesarias y proporcionadas para destruir la capacidad de Irán de lanzar misiles y drones en su origen”, manifestó el comunicado.
La unidad no es una virtud de la Unión Europea. Y en política exterior, donde se requiere de unanimidad para hablar con una sola voz, es donde más se nota. Mientras Francia y Alemania emitían su declaración conjunta con Reino Unido, el resto de los Veintisiete se han movido con especial cautela y han acabado escogiendo el silencio como principal estrategia. Los ministros de Asuntos Exteriores de la UE se reunieron el domingo por videoconferencia con la voluntad de encontrar un análisis común de la situación, por mínimo que sea.
Hay un análisis compartido en muchas de las cancillerías europeas de que el ataque puede tener consecuencias muy negativas para toda la región, que es un movimiento enormemente arriesgado y que se trata de una guerra que viola la carta de Naciones Unidas. Que es una aplicación de la misma ley de la fuerza bruta que los europeos buscan limitar, tanto en Ucrania como ante las amenazas de Donald Trump, presidente estadounidense, para hacerse con Groenlandia, un territorio dependiente de Dinamarca. Al mismo tiempo, hay una enorme voluntad de ver el fin del régimen de los ayatolás.
A pesar de la preocupación extendida ante la situación, que puede tener amplias ramificaciones, por el momento la fórmula escogida es un silencio incómodo mezclado con una importante dosis de complacencia ante las acciones de Estados Unidos. Sí que ha habido algunas voces críticas, pero han estado bastante aisladas, como la del Gobierno español. Al mismo tiempo, han sido muy pocos los Estados miembros que han respaldado de manera entusiasta las acciones de Washington y Tel Aviv.
Francia, Alemania y Reino Unido dispuestos a participar en las operaciones para "destruir las capacidades de Irán". Acuerdan coordinarse con EEUU pic.twitter.com/EOtvu7zlCs
Friedrich Merz, canciller alemán, ha cerrado filas con la Casa Blanca, incluso si en Berlín comparten que el movimiento de EEUU e Israel puede ser explosivo para todo Oriente Medio. "El martes hablaré con el presidente Trump en Washington sobre los últimos acontecimientos en Oriente Medio. Mantengo un estrecho contacto con socios de toda Europa, Israel y la región. Este no es el momento de sermonear a nuestros aliados, sino de mantenernos unidos", ha escrito el canciller en redes sociales, consolidando una estrategia europea que consiste en respaldar las acciones americanas caminando la delgada línea de la acción y la omisión.
En un comunicado emitido por Kaja Kallas, alta representante de la Unión para Política Exterior y de Seguridad, tras la reunión de ministros de Asuntos Exteriores, la jefa de la diplomacia europea pide "máxima contención, protección de los civiles y pleno respeto del derecho internacional". Kallas emitió el comunicado en nombre de toda la Unión Europea prácticamente al mismo tiempo que en Berlín el canciller alemán explicaba que el marco del derecho internacional lograría "relativamente poco".
A esto se suma el rol de Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, que, a pesar de no tener competencias en política exterior, ha pasado el fin de semana colgada al teléfono con socios del Golfo y escribiendo mensajes públicos que claramente entran en ese campo. Uno de ellos, incluso, explica que como "el riesgo de una mayor escalada es real" es "urgentemente necesaria una transición creíble en Irán", haciendo un llamamiento a un cambio de régimen en Teherán, algo que claramente supera sus competencias y ha enfadado en varias capitales.
La fórmula general de la UE responde a tres elementos básicos, y que descansan, todos ellos, sobre la dependencia europea de EEUU en materia de seguridad: incapacidad de actuar de manera autónoma en esta crisis; miedo a los efectos de criticar o contradecir a la Casa Blanca; y por último, voluntad de ver el final del régimen iraní y de la amenaza nuclear de Teherán sin tener que verse involucrados en ello. La UE ha tomado numerosas medidas contra el régimen, también en los últimos tiempos. Por ejemplo, recientemente se ha incluido a la Guardia Revolucionaria en la lista de organizaciones terroristas.
La demostración de que los líderes europeos son conscientes del enorme riesgo de la operación contra Irán es que han hecho especial hincapié en que sus Estados no han participado en los ataques, como señalaba este sábado el comunicado conjunto británico, alemán y francés. El silencio, las contradicciones y la división se sostienen sobre la idea de que, de alguna manera, al menos ante la opinión pública, Europa puede vivir separada de las consecuencias de un conflicto a gran escala en Oriente Medio.
Consecuencias directas
La realidad es que la guerra tiene muchos posibles efectos para los Estados miembros de la Unión que ván más allá de la intercepción de misiles y drones. Irán es un país con 93 millones de habitantes, que en caso de una crisis humanitaria ante un conflicto a gran escala pueden provocar una enorme crisis migratoria en la Unión Europea, gran obsesión de los países de Europa del este y central, con una ruta clara a través de Turquía, el estrecho de Ormuz es clave para la seguridad energética europea, por donde transita alrededor del 10% del petróleo que consume la UE y una buena parte del gas natural licuado (GNL) con el que los países europeos están sustituyendo el gas barato ruso.
Isabel RodríguezVídeo: A. MasaFotografía: V. Rabanillo
Además, bases como la de Rota y Morón en España o la de Ramstein en Alemania jugarían un papel importante a nivel logístico para que Estados Unidos pueda mantener un esfuerzo bélico a medio plazo en el teatro de operaciones de Oriente Medio, por lo que los países europeos, aunque sea indirectamente, se pueden ver arrastrados al conflicto. Para las fuerzas alineadas con Teherán los próximos días y semanas serán claves, y tienen todos los incentivos para ir a la ofensiva. El conflicto tiene tantas ramificaciones como satélites tiene el régimen de los ayatolás: Hezbolá en Líbano, los houthis en Yemen o las milicias chiítas en Irak.
La realidad es que la crisis tiene un impacto directo sobre Europa, y los Veintisiete hasta ahora renuncian en influir de manera unida en el resultado de un conflicto cuya forma decidirán aquellos que están al cargo, es decir, EEUU e Israel, cuyos intereses hace ya mucho tiempo que divergen de los americanos, algo que la inmensa mayoría de líderes comunitarios han admitido en público.
La jornada de ayer trajo consigo los primeros ataques contra objetivos europeos del conflicto abierto por Estados Unidos e Israel contra Irán. En Abu Dabi, un dron impactó en un almacén de una base naval francesa. La ministra gala de Defensa, Catherine Vautrin, confirmó el incidente y señaló que no hubo heridos y que solo se produjeron daños materiales limitados, pero agregó que las fuerzas francesas permanecen en alerta máxima. Asimismo, según información de Der Spiegel, misiles y drones iraníes fueron disparados contra una base multinacional cercana al aeropuerto de Erbil, en el norte de Irak, y contra un campamento del ejército alemán en Al-Azraq, en el este de Jordania. Todos los proyectiles y aeronaves fueron neutralizados por las defensas aéreas.
También se dio a conocer que Irán lanzó el sábado dos misiles en dirección a la base militar británica en Chipre, según informó el ministro de Defensa del Reino Unido, John Healey, aunque añadió que no creía que el objetivo específico fuera la isla. Medios locales señalaron que los misiles fueron interceptados por Israel mientras cruzaban su espacio aéreo.