El 'endgame' de Israel con Irán: de nuevo, todo pasa por el prisma de Benjamín Netanyahu
Analistas cuestionan la ofensiva conjunta estadounidense-israelí contra Teherán: buscan neutralizar capacidades y quizá forzar un relevo en el poder, pero advierten riesgos de escalada, objetivos divergentes y precedentes desestabilizadores
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. (Ilia Yefimovich)
El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, se ha pasado toda su carrera política advirtiendo sobre el peligro que representaría para Israel un Irán con armas nucleares. Y desde hace casi dos décadas amenazaba regularmente con que la República Islámica estaba a dos meses de enriquecer uranio a la pureza necesaria como para obtener un arma nuclear.
Y mientras esos dos meses de plazo reiterados se convirtieron en los dos meses más largos de la historia, Irán enriquecía uranio en porcentajes muy superiores a los necesarios para un uso civil mientras negaba su ambición de poseer armamento nuclear.
Y ese parecía el statu quo con respecto a ese tema. Por años y años.
Tal vez por eso la oportunidad de atacar a Irán ahora es una que no está clara para muchos analistas. Uno de ellos es Arieh Kacowicz, politólogo y especialista en procesos de paz de la Universidad Hebrea de Jerusalén: "Esta es una operación yanqui-israelí, no es al revés; el socio mayor es Estados Unidos y, cuando se habla de la cuestión de cambiar el régimen, no me resulta completamente claro".
Kacowicz, quien dice que apoyó el ataque israelí de junio de 2025 después de que el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, encontrara indicios de que Irán violaba lo pactado con respecto a su proyecto nuclear, esta vez cree que no es la continuación lógica de aquello. "Crear una guerra con el propósito de cambiar el régimen es una jugada muy peligrosa y no creo que sea factible, salvo que haya una invasión".
Netanyahu viene de haber encabezado el gobierno durante la peor tragedia sucedida al país desde el inicio de su historia —el ataque liderado por Hamás en octubre de 2023—, arrastra un juicio desde 2019 por tres casos de corrupción, evita una comisión de investigación por la masacre de octubre y es ampliamente acusado por los críticos a su gestión de alargar la guerra contra Hamás en Gaza por motivos de supervivencia política. Haber matado al líder supremo, Ali Jamenei, ha sido recibido en Israel como un golazo, la guerra contra Irán goza del apoyo popular, se entiende como inevitable, y de todas las fuerzas políticas, exceptuando la coalición árabe, cuyo líder Ayman Odeh dijo que hubiera sido preferible una solución diplomática.
Netanyahu aseguró en X que "esta combinación de fuerzas (con EEUU) nos permite lograr lo que he anhelado durante 40 años: atacar de lleno al régimen terrorista". Eso prometí y eso haremos". Una acción de enormes proporciones, que puede provocar una cadena de acontecimientos no controlables y, tal vez, sepultar en el olvido o empequeñecer otros asuntos.
El periodista del diario The Economist,Anshel Pfeffer, y también autor de una biografía no autorizada del mandatario israelí, dice que Netanyahu no está en el poder, sino que ocupa la oficina del primer ministro. Asegura que la mayoría de los israelíes creen que su interés en prolongar la guerra de Gaza residía en que está a merced de la extrema derecha de su gobierno, y, como no controla a su coalición, necesita que los más extremistas permanezcan en ella para seguir siendo el primer ministro.
Pfeffer también es de la opinión de que Netanyahu, como muchos otros políticos, tiene la habilidad de hacer coincidir lo que él cree que es el interés nacional con el suyo propio. Lo extraordinario, en realidad, es un político que diga que algo malo para él es en realidad bueno para el país y que por tanto lo hará.
Netanyahu también se enfrenta a elecciones generales a finales de año. Los dos años de guerra con Hamás son la prueba de que entiende que su posición política se fortalece cuando Israel está en guerra.
Su popularidad efectivamente aumentó durante la guerra de los 12 días contra Irán y se puede suponer que esta nueva guerra provoque un resultado parecido dependiendo de cómo concluya el conflicto.
En un discurso televisado, Donald Trump afirmó que la Operación Furia Épica pondría fin a una amenaza para la seguridad de EEUU y daría a los iraníes la oportunidad de levantarse contra sus gobernantes. Netanyahu instó a los iraníes a "inundar las calles y terminar el trabajo" comenzado por la Operación León Rugiente.
Por su parte, las autoridades iraníes, que no le han puesto ningún nombre oficial a la guerra, afirmaron que las consecuencias del ataque serían "duraderas y extensas" y que evaluaban "todos los escenarios, incluidos algunos que no se habían considerado previamente".
Objetivo: ¿democracia en Irán?
Según Kacowicz, Trump está poniendo en práctica la doctrina de la ‘responsabilidad de proteger’. "Habla de intervención humanitaria en Irán, lo cual resulta sórdido, cuando te pones a pensar la ideología del conservadurismo nacionalista de personas como Orbán, de Hungría, Netanyahu, Trump... ¿Intervienen para liberar al pueblo iraní de la opresión?". El politólogo afirma que sería una alegría para él y para muchos que cayera el régimen autocrático de Irán; sin embargo, "¿qué garantías tienes de que Jamenei no será sustituido por alguien peor?", se pregunta.
Y recuerda que un colega especialista en el islam chiita, Meir Leibak, de la Universidad de Tel Aviv, le dijo recientemente que debían rezar por la salud de Jamenei, "porque según Leibak, era un radical, pero ponderado. Por ejemplo, la respuesta de Irán en la guerra de junio fue sorprendentemente suave. Y ahora, lo que queda del régimen, si entiende que lo que quieren es sacarlo a toda costa, ¿será como Masada?, ¿un suicidio colectivo? Por ahora, los iraníes están calibrando qué hacer, pero no sabemos a dónde pueden llegar".
El objetivo de Israel y de EEUU en la guerra no es seguro que sea el mismo porque ninguna de las partes es particularmente honesta o consistente al respecto. Primero era salvar a los iraníes de su gobierno, por parte de Trump, por parte de Israel, siempre fue neutralizar sus capacidades armamentísticas, de manera espasmódica por parte de ambos fue provocar un cambio de régimen y ahora, en el inicio de esta campaña, esto es lo que les une. Por ahora.
"De verdad, de verdad, cuál es el end goal de ellos no lo sabemos y no sabemos si es el mismo. Pero a mí me da la impresión de que Trump va a durar poco tiempo en esta guerra", apunta el profesor. "Ya se va a cansar, tal vez dure una semana y no veo al régimen iraní cayendo en una semana".
Derrocar a un régimen no es lo mismo que debilitarlo, según Kacowicz, y tal vez, como estos políticos seguramente suscriban la teoría del general prusiano Carl von Clausewitz, que la guerra es la continuación de la política por otros medios, el arreglo que se espera podría ser una desestabilización del país con miras a un beneficio propio tras crear un foco más problemático aún para la región u otro asunto que puede ser casualidad o no serlo: "Como apertura de la guerra, la CIA dio información a Israel y su fuerza aérea lanzó 30 bombas contra el complejo en el que estaban el líder supremo Jamenei, el ministro de defensa, el jefe de inteligencia, el jefe de guardia revolucionaria, a todos los mataron, pero no estaba ahí la materia gris del régimen de los últimos tiempos, Ali Larijani, a quien Jamenei había nombrado sucesor principal y del que dicen que es un pragmático, también el instigador de la brutalidad represora de diciembre y enero. Quizás, usando la mente conspirativa, esto no sea casual", apunta Kacowicz.
Los observadores críticos señalan que no hay precedentes de un cambio de régimen ocurrido solo con ataques aéreos. Sadam Husein en Irak fue derrocado en 2003 por una fuerza de invasión liderada por EEUU. Muamar el Gadafi en Libia lo fue en 2011 por fuerzas rebeldes que contaban con una fuerza aérea de la OTAN y algunos Estados árabes. En ambos casos, el resultado fue el derrumbamiento del Estado, guerra civil y miles de muertos.
Los analistas israelíes que piensan que esta guerra sí tiene sentido, señalan el ejemplo de la guerra de Kosovo, cuando la OTAN bombardeó durante 78 días a la entonces República Federal de Yugoslavia liderada por Slobodan Milošević, debilitando al gobierno que cayó después por presión de la política interna.
El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, se ha pasado toda su carrera política advirtiendo sobre el peligro que representaría para Israel un Irán con armas nucleares. Y desde hace casi dos décadas amenazaba regularmente con que la República Islámica estaba a dos meses de enriquecer uranio a la pureza necesaria como para obtener un arma nuclear.