Las presiones del Pentágono a la industria de la IA horas antes de atacar Irán
El Pentágono ha pasado las últimas semanas tratando de hacerse con el control de absoluto de las tecnologías de Inteligencia Artificial en el campo de batalla. Solo Anthropic ha plantado cara
La Administración Trump ha estado preparando la ofensiva militar contra Irán también en el frente tecnológico. En las horas previas al ataque, el Pentágono impuso un ultimátum a Anthropic, fabricante del modelo de IA Claude, que culminó con su inclusión en una lista negra de seguridad nacional por negarse a eliminar las restricciones éticas de su tecnología.
La disputa alcanzó su punto álgido cuando el Pentágono (rebautizado formalmente como Departamento de Guerra) fijó como fecha límite las 17:01 del viernes para que Anthropic permitiera el uso de su IA para "todos los propósitos legales". Dario Amodei, CEO de la compañía, se negó a ceder, argumentando que los modelos actuales no son lo suficientemente fiables para ser integrados en armas totalmente autónomas y que su uso para la vigilancia masiva de ciudadanos violaría derechos fundamentales.
Ante esta negativa, el Secretario de Defensa, Pete Hegseth, designó a Anthropic como un "riesgo para la cadena de suministro", una medida extrema históricamente reservada para adversarios extranjeros. Simultáneamente, el presidente Donald Trump ordenó a todas las agencias federales cesar inmediatamente el uso de la tecnología de Anthropic, amenazando con "consecuencias civiles y penales" si la empresa no colabora durante el periodo de transición de seis meses.
Recordemos que la tecnología de Anthropic ya se utilizó para la captura de Nicolás Maduro en Venezuela. De hecho, la gravedad de esta ruptura radica en el profundo nivel de integración que Anthropic ya había alcanzado dentro del aparato militar, una ventaja lograda gracias a su alianza con el gigante de la defensa Palantir. Palantir posee las acreditaciones de seguridad necesarias para albergar información militar altamente sensible y es descrita por exfuncionarios como el "gorila de 1.000 libras" que ha resuelto el problema de consolidación de datos ("data lake") dentro del Pentágono.
Actualmente, Anthropic es la única empresa de IA de primera línea cuyos modelos están integrados en los flujos de trabajo clasificados del Departamento de Defensa a través de Palantir. La tecnología de Claude enriquece el Maven Smart System, una plataforma integrada que permite a los comandos militares acceder a datos críticos dispersos, como suministros de municiones o el número de soldados disponibles para un despliegue. Hacer que estos sistemas sean interoperables facilita enormemente la planificación de operaciones bélicas.
La orden del gobierno obliga ahora a Palantir a extraer los elementos suministrados por Anthropic del sistema Maven, lo que exfuncionarios advierten que traerá consecuencias inesperadas y perjudiciales para las operaciones militares, un riesgo justo cuando las tropas inician acciones contra Irán, donde los analistas esperan que un uso masivo de la IA.
Mientras Anthropic planea impugnar esta decisión en los tribunales, sus grandes rivales intentan aprovechar la oportunidad. Apenas horas después del veto, Sam Altman, CEO de OpenAI, anunció un acuerdo para desplegar su tecnología en redes clasificadas. Paradójicamente, Altman aseguró que el gobierno aceptó incluir en su contrato las mismas salvaguardas éticas (prohibición de vigilancia masiva y requisito de control humano en el uso de la fuerza) por las que Anthropic fue castigada.
Otras empresas como Google y xAI también mantienen sus contratos militares, con Elon Musk respaldando públicamente la purga del gobierno y acusando a Anthropic de ser un “enemigo de Occidente”. Sin embargo, para que OpenAI o xAI alcancen el nivel de utilidad operativa de su rival, primero tendrán que lograr conectarse e integrarse con la tecnología de Palantir y enriquecer el sistema Maven.
La coincidencia de este choque tecnológico con el estallido del conflicto en Medio Oriente subraya la urgencia del Pentágono por asegurar el control absoluto sobre las tecnologías generativas en el campo de batalla. Algo que genera alarma en la industria. En las últimas horas, más de 550 empleados de Google y OpenAI han firmado una carta apoyando a Anthropic. Expertos en defensa y exfuncionarios, como el general retirado Jack Shanahan, advierten que designar a una empresa estadounidense clave como un riesgo para la seguridad nacional es una medida "extrema" y un acto de "intimidación" que podría tener un efecto paralizante en la innovación de cara al futuro. Lo que parece claro es que la carrera armamentística del siglo XXI está cada vez más ligada a Silicon Valley, abriendo la puerta a que futuros conflictos, como el que se está desarrollando en Oriente Medio, sean definidos por algoritmos y sistemas autónomos.
La Administración Trump ha estado preparando la ofensiva militar contra Irán también en el frente tecnológico. En las horas previas al ataque, el Pentágono impuso un ultimátum a Anthropic, fabricante del modelo de IA Claude, que culminó con su inclusión en una lista negra de seguridad nacional por negarse a eliminar las restricciones éticas de su tecnología.