"Cuando vi al taxista santiguarse, me acojoné": un oftalmólogo español atrapado por el cártel en México
Un grupo de ocho médicos españoles vivieron en primera persona las horas más convulsas desde la caída de 'El Mencho', líder del Cártel de Jalisco de Nueva Generación
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El pasado domingo fue abatido Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, alias 'el Mencho', uno de los capos mexicanos más buscados. El líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación falleció cuando era trasladado vía aérea a la Ciudad de México por fuerzas federales tras un operativo en el municipio de Tapalpa, a 130 kilómetros al sur de Guadalajara, capital de Jalisco (oeste), realizado con apoyo de la inteligencia estadounidense.
La operación derivó en un enfrentamiento armado con un balance de siete miembros del cártel muertos, dos detenidos y varios soldados heridos. La respuesta de los narcotraficantes fue realizar 'narcobloqueos' en distintos puntos del sur de Jalisco, cuna del Cártel de Jalisco Nueva Generación, con vehículos incendiados y carreteras cerradas.
El pueblo mexicano y los turistas se vieron afectados, ya que la violencia del cártel se adueñó del país y en 16 de sus 32 estados se reportaron bloqueos y disturbios. Entre los más afectados se encontraba Puerto Vallarta (Jalisco), uno de los principales destinos turísticos del país.
Ocho médicos españoles, envueltos en los bloqueos del cártel
Este panorama cogió de lleno a un grupo de médicos españoles que se encontraban ese fin de semana en Puerta Vallarta disfrutando de sus playas. Para suerte de ellos, han podido salir en avión de la zona este pasado lunes pero nunca olvidarán las más de 24 horas que vivieron sin saber las represalias que podría tomar el cártel contra los civiles.
A su historia le ha puesto voz uno de sus protagonistas, Vicente Guijarro. Este pacense oftalmólogo de 27 años, que está haciendo la residencia médica en el Hospital Universitario Vírgen del Rocío, ha desgranado de forma lineal cómo se fueron sucediendo los acontecimientos en la zona en la que se encontraban.
Vicente está allí porque "durante la residencia te permiten hacer una rotación externa tanto dentro como fuera de España". Tenía buenas referencias de sus residentes mayores de trabajar de oftalmólogo en México, concretamente en el Hospital de la Ceguera, el cual tiene una ayuda social y donde "viene mucha gente de todo el país que no tiene recursos para operarse en este centro porque las cirugías son muy baratas".
Tanto él como los otros siete médicos están en Ciudad de México haciendo una rotación externa durante unas semanas. Son de varias partes de España: "Estamos rotando aquí, somos ocho residentes de distintas partes de España, yo de Sevilla, dos de Zaragoza, dos del hospital de Villalba de Madrid, otra del hospital de Parla, hay una del hospital de Sabadell, otra de Madrid".
Ellos fueron a pasar un fin de semana en una playa que hay en el norte de Puerto de Vallarta que se llama Sayulita, "que no está en Jalisco, sino está en Nayarit, que es justo la frontera hacia el norte con Jalisco".
El viaje fue muy agradable para ellos: "El sitio es súper chulo, había muchos americanos, pero también había mucho turismo local. Un sitio de playa para pasar el fin de semana tranquilo. Estuvimos el sábado todo el día en la playa, comimos en un chiringuito, salimos por la noche, todo perfecto", describió Vicente.
El momento que cambió todo: "Nos han dicho que nos encerremos en el hotel"
Toda esa tranquilidad cambió en la mañana del domingo. Las siete médicos que iban con el protagonista, salieron a desayunar mientras que él se quedó en el hotel gestionando el 'check-out' y recogiendo sus bártulos. "De repente me llega un mensaje que pone 'nos han dicho uno de un bar que nos encerremos todos en el hotel, que están cerrando todos los negocios porque va a haber un problema en el pueblo de tiroteos o algo así, que nos vayamos todos a casa'", explicó el oftalmólogo.
Las chicas estaban todas fuera y le escribieron "en la calle donde cenamos ayer están cerrando todos los bares" y decidieron irse "corriendo al hotel" donde Vicente les estaba esperando preocupado.
Antes de llegar al hotel, sus compañeras le enviaron más mensajes informándole de lo poco que les iban diciendo. Una le dijo que "no nos han querido decir exactamente qué es lo que está pasando", mientras que otra le explicó que "solamente estaba el chico del bar ultra alterado y nos ha dicho que nos vayamos todos al hotel".
La desinformación y el miedo a ser tomados como rehenes
Otra información les llegó de un amigo de México que le aclaró que habían capturado a un narco por alguna zona de allí, que habían tomado el aeropuerto y las carreteras. Todas llegaron al hotel (realmente era como una urbanización, con apartamentos Airbnb) y entraron "en pánico". Les impresionó que hubiesen cerrado todos los comercios al ser un lugar tan turístico y que la premisa de las personas que vieron por la calle era la de que "los narcos habían tomado la ciudad y que había que esconderse todo el mundo en las casas".
Lo que más temieron al principio fue la desinformación y que pudieran ser capturados como rehenes, pensando en el caso entre Israel y Palestina. "Pensamos que iba a pasar eso, porque claro, te cuentan que han capturado a un narco, entonces lo primero que piensas es Donald Trump ha venido, se ha cargado al narcotraficante y ahora está todo el cártel buscando a rehenes estadounidenses, que nosotros tenemos toda la pinta de de serlo, para que le devuelvan para intercambiarlo por el narco", contó Vicente.
Al hotel comenzaron a llegar extranjeros norteamericanos, "llegaron como 14 de repente, pues unos venían riéndose y otros venían con toda la cara de situación". Esa primera hora fue de incertidumbre, "no se escuchaba nada por las calles, no había absolutamente ningún tipo de ruido, de repente se volvió como un pueblo fantasma, todo estaba parado", dijo el oftalmólogo.
El no saber qué estaba sucediendo los mantenía en vilo. "Mucha desinformación, que era lo que más nos asustaba, porque no sabíamos si era en nuestro pueblo, si iba a ser... o sea, nosotros creíamos que se iban a liar a tiros en la puerta de nuestra casa, porque claro, es lo que nos habían contado y es lo que estábamos viendo a los locales que estaban haciendo allí, que eran encerrarse en sus casas porque creían que iban a tirotear la puerta de la casa".
Primeras informaciones, tanto del ejército... como del cártel
La primera información que recibieron fue la del encargado del hotel. "Se había enterado de que habían capturado a un narcotraficante que era muy buscado y que normalmente la reacción del cártel cuando sucede eso es que se pone a quemar coches en medio de las carreteras para incomunicar todas las zonas y que el ejército no pueda llegar a por el resto de narcos del cártel y cómo forma de presionar al gobierno tomando la ciudad y no liberándola hasta que el suelten al preso". Les tranquilizó que normalmente "no se metían con los civiles" pero que no era "nada seguro salir del hotel porque te podían coger como rehén".
Los ocho médicos tenían el vuelo de vuelta a las siete de la tarde y eran las 12 de la mañana. "Entonces nosotros pues acojonados es poco. O sea, con los huevos de corbata diciendo que qué co** hacíamos allí", se sinceró.
La información empezó a llegar del exterior, a través de las redes sociales, sobre todo de 'X’'. "El cártel también subía información a las redes sociales, que me pareció flipante", destacó Vicente. El gobierno decía que estaban en alarma roja y que debían encerrarse en casa pero no daban información de si estaban capturando rehenes y de cuánto podría durar la situación.
Desde la azotea solo veían columnas de humo, muchas provenían de incendios de coches o camiones que quemaban en medio de la carretera para incomunicar los pueblos para que la policía y el ejército llegasen a ellos.
Columnas de humo y su vuelo cancelado
"Lo que acojonaba es que tú veías columnas de humo como a un kilómetro de distancia, que Google Maps te marcaba donde estaban las carreteras, y entonces decías, co**, es que ahí hay un narcotraficante que le ha puesto una pistola en la cabeza a alguien, no sabemos si lo ha matado o no, le ha robado el coche y lo ha incendiado, y el que sea se queda en medio del bosque", recordó el médico.
Viendo que su vuelo no podría salir del aeropuerto en Puerta Vallarta, "llamamos al aeropuerto y nos dijeron que todos los vuelos estaban cancelados, que no iba a salir ningún vuelo y que intentarían reubicarnos en en alguno otro de otro día, pero que no se sabía si eso iba a durar cinco horas o si iba a durar diez días, que depende de lo que de lo que el cártel quisiera".
Los ocho médicos estaban sin comida, salvo una barra de pan, seis huevos y una garrafa de agua que pudo traer una de ellas antes de confinarse. El encargado del hotel intentó contactar con gente del pueblo para conseguir comida pero "todo el pueblo está encerrado en su casa, ningún local está abierto y nadie me ofrece nada de comida", les comentó el hombre.
El lugar dónde se encontraban era uno de los más afectados: "Una de las zonas más afectadas era Puerto Vallarta, que es una playa como si fuera Benidorm, que está llena de guiris. Ahí se habían puesto a quemar carreteras, coches, a quemar camiones, hay vídeos de cómo sacan a la gente de los coches apuntándole con la pistola. Por lo visto, el cártel este tiene una red de influencia enorme, porque consiguieron activar a sus hombres en cuestión de dos horas. A las 8 de la mañana mataron al narcotraficante y a las 10 el cártel había tomado la ciudad. O sea, el cártel tiene mucha más acción que la policía y el ejército", destacó Guijarro.
Expedición a por comida a través de un pueblo fantasma
Las horas pasaban y seguían sin comida, hasta que el encargado del hotel les dio una buena noticia. "A las 5 de la tarde, vino el tío del hotel y me dijo oye, mira, me acaban de escribir que hay una taquería que ha abierto y está vendiendo tacos en la plaza del pueblo", expresó Vicente. Las chicas se negaron a salir de la habitación y fue Guijarro quién se ofreció a acompañar al encargado. Finalmente, una de ellas también se unió a la expedición.
"Cogimos un carrito de golf y nos fuimos por el pueblo, que todas las calles estaban desiertas, hasta que llegamos a la plaza. y entonces ahí también íbamos acojonados porque decíamos, es que no sabemos lo que está pasando en el pueblo, o sea, no se escuchaba nada, pero no sabíamos nada. Solo se veían columnas de humo a lo lejos, pero no, no se veía nada", narró el médico español.
Por el pueblo, nadie de la policía ni del ejército. Al llegar a la taquería "había una cola de gente de todo el pueblo, como de 20 personas que estaban allí comprando". Todos compraban muchas cantidades de comida como "si fuera el fin del mundo".
Miedo en los mexicanos y tranquilidad en los estadounidenses
Entre las personas de la cola de la taquería "había dos tipo de personas, los mexicanos estaban acojonados porque sabían lo que podía pasar, estaban muy nerviosos, todo el rato con el móvil por si les avisaban que se reactivaba esa actividad del cártel; y había muchos americanos que estaban con la sensación de que todo les daba igual, estaban riéndose, se estaban tomando cervezas en la puerta", contó el pacense.
"De vez en cuando pasaba algún coche de mexicanos y tú decías 'yo es que no sé si este coche son personas que vienen a comprar tacos o son gente del cártel'". Lo más curioso es que eran las cinco de la tarde y que el cártel había avisado que desde las 14:00 no quería ver a nadie en la calle, que daban un toque de queda, así lo comunicaron por Instagram. A partir de esa hora iba a ver balacera, que significa "que se iban a liar a tiros con todo el que se encuentren”.
Ya con la comida comprada, "nos volvimos a casa y ya a partir de los tacos, que fue como a las 6 de la tarde, como que ya las noticias empezaron a ser mejores. Habían abierto una parte de la carretera porque ya había llegado el ejército y la marina. Parecía que los narcos habían parado la actividad y no se veían las columnas de humo, ya no llegaba información de que siguiesen quemando coches ni atracando a gente ni nada", destacó Vicente Guijarro.
Los padres de los médicos, estaban muy alterados desde España e instaron a sus hijos a ponerse en contacto con la embajada. "Habla con la embajada, habla con quien sea y que os reubiquen en el vuelo que haga falta, pero os venís a España cagando leches", les pedían los padres.
Mala respuesta de la embajada pero implicación del consulado de Guadalajara
"Llamamos a la embajada y nos respondió bastante mal y nos dijo que no, que con la embajada no nos teníamos que poner en contacto, que nos pusiéramos en contacto directamente con el consulado de Guadalajara", detalló.
La respuesta del consulado fue más positiva. "La cónsul de Guadalajara se portó genial. Nos dio su WhatsApp personal y cada hora y media nos escribía y nos decía cómo estáis, nos daba información de las carreteras siguen cerradas,del ejército. Nos advirtió de que en Puerto Vallarta sigue habiendo altercados, que no saliésemos, no nos asomásemos a las ventanas… Se portó bien, y de hecho, nos preguntó el lunes que si habíamos llegado ya a casa", relató el médico.
El encargado del hotel también se portó muy bien y les dejó dormir esa noche gratis. La intranquilidad de los mexicanos y españolas chocaba con la forma en la que lo vivieron los norteamericanos en el hotel: "Había unos canadienses que estaban tomándose cerveza en la piscina con un altavoz tranquilamente. Ellos no tenían sensación de miedo".
Llegó la noche con la incertidumbre de si al día siguiente iban a poder volver a Ciudad de México. "Yo además dormía en el salón y dormía acojonado pensando que iban a entrar los narcos por la puerta y me iban a arrestar", declaró el protagonista. Por suerte pudo dormir al estar la situación más estable.
Segundo día: los vuelos comenzaron a salir
Al día siguiente, las buenas noticias llegaron para los ocho médicos y los vuelos del aeropuerto de Puerto Vallarta empezaron a salir. La aerolínea reubicó su vuelo para el lunes por la tarde. El encargado del hotel pidió un taxi.
Vicente entabló conversación con el taxista y le preguntó sí había hecho ese mismo día la ruta hacía al aeropuerto. El conductor le dijo que era el primer transporte que iba a hacer pero le habían informado de que la carretera estaba abierta.
El camino al aeropuerto: un cementerio de coches quemados sin nada de policía
El médico quiso saber si era seguro el camino al aeropuerto, a lo que el taxista le contestó: "Pues ahora mismo sí, pero no se sabe porque esto puede cambiar de un minuto a otro", recordó Vicente.
"Nos montamos en el taxi, salimos del pueblo y nada más salir del pueblo y entrar en la carretera, que era una carretera en medio de la selva, el taxista coge y se santigua. Cuando lo vi santiguarse, me acojoné. Digo, este tío que es de aquí, que sabe las cosas que pasan, se ha santiguado… si este está cagado, imagínate yo", se sinceró Guijarro.
Salieron a la carretera y lo que se encontraban eran camiones y demás vehículos incendiados en el centro de la carretera. El camino era como 40 minutos hacia el aeropuerto y "te prometo que en 40 minutos vimos como 15 camiones incendiados, coches incendiados, autobuses incendiados y cero policías", explicó. Lo que más impactaba es que prácticamente no había nada de tráfico en una ruta en la que suele haber.
La seguridad fue distinta al llegar al aeropuerto. "En la entrada del aeropuerto había gente con metralletas, ya ahí sí que estaba el ejército”, describió Vicente. "En el aeropuerto había unas colas enormes, porque había mucha gente que había perdido el vuelo del día anterior y había mucha gente que ya estaba en el aeropuerto y que habían tenido que pasar allí la noche". Sobre todo había vuelos cancelados a Estados Unidos.
"En el aeropuerto, pues aunque había mucha gente y todavía se respiraba algo de inseguridad. No era un ambiente de inseguridad de están pegando tiros en la puerta, nos tenemos que ir corriendo, pero sí que los propios mexicanos te decían que esto se puede reactivar en cualquier momento".
Regreso a Ciudad de México con una vivencia que no olvidarán nunca
Cuando cogieron el avión ya pudieron respirar tranquilos para llegar sanos y salvos a Ciudad de México, donde no había habido ningún altercado. Y sus padres ya pudieron descansar cuando avisaron de que habían aterrizado.
A modo de resumen, Vicente destacó: "Los narcos no iban contra la población. Lo que pasa es que al principio había tanta desinformación que nosotros no sabíamos si iban a venir a por nosotros a capturarnos como rehenes".
"Conforme fueron informando poco a poco, pues ya nos quedamos tranquilos y veías los vídeos y decías, bueno, por lo menos no están matando a nadie. Se están liando a tiros contra el ejército, pero no contra civiles", analizó el oftalmólogo de 27 años.
"Lo vamos a recordar como una experiencia no traumática, pero hemos vivido un asedio por el cártel. No nos ha pasado nada, pero con las mismas nos hubiera cogido yendo al aeropuerto, te coge un narco te baja del coche, quema el coche y te queda en medio de la selva”, concluyó Vicente Guijarro su testimonio sabiendo que a pesar de la casualidad de haber vivido este episodio desagradable, él y sus compañeras tuvieron suerte de que todo les pillase cerca del hotel.
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El pasado domingo fue abatido Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, alias 'el Mencho', uno de los capos mexicanos más buscados. El líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación falleció cuando era trasladado vía aérea a la Ciudad de México por fuerzas federales tras un operativo en el municipio de Tapalpa, a 130 kilómetros al sur de Guadalajara, capital de Jalisco (oeste), realizado con apoyo de la inteligencia estadounidense.