Un homicidio deja a Mélenchon contra las cuerdas a un año de las elecciones francesas
La paliza mortal a un joven militante de extrema derecha en Lyon ha provocado una tormenta política contra esta formación al contar con un asistente parlamentario, destituido desde entonces, entre los implicados
La Francia Insumisa vive uno de sus momentos más difíciles de los últimos años. Esta formación afín a Sumar o Podemos, que los partidos de la izquierda del PSOE siguen con interés, se encuentra inmersa en una tormenta política tras el homicidio de Quentin Deranque, de 23 años. Ese militante de extrema derecha murió el 14 de febrero en una cama de hospital en Lyon a causa de un traumatismo craneal, después de sufrir una paliza dos días antes por parte de jóvenes antifascistas. Un impactante episodio de violencia política que ha salpicado al partido de Jean-Luc Mélenchon.
La paliza mortal tuvo lugar a unos pocos centenares de metros de una conferencia en Sciences Po Lyon que impartió esa tarde la eurodiputada insumisa Rima Hassan, con raíces palestinas. El grupo femonacionalista Némesis, compuesto por jóvenes mujeres blancas xenófobas que se dedican a torpedear actos de la izquierda, quería boicotearla. Fueron acompañadas por un grupo masculino de ultras para, en teoría, protegerlas y, en la práctica, enfrentarse a los antifascistas.
Ese suceso no solo salpicó a los insumisos por haberse producido al mismo tiempo en que se celebraba el mitin de Hassan, sino también por la presunta implicación de un asistente parlamentario de la izquierda mélenchonista, al que despidieron el lunes. Actualmente, hay seis jóvenes en prisión preventiva después de que imputaran a siete de ellos. A la mayoría los investigan por un delito de “homicidio voluntario”. En el caso del asistente, que se llama Jacques-Elie Favrot, lo imputaron por “complicidad” e “instigación”. Otro de los acusados de haber matado a Quentin había trabajado como becario para el grupo insumiso en el Parlamento.
Favrot era uno de los principales colaboradores del diputado Raphaël Arnault. Antes de dar el salto a la Asamblea Nacional en 2024, ese representante, cuyo nombre aparecía en el fichero de personas radicales (los famosos fichés S), ejercía como portavoz del grupo antifascista la Jeune Garde. Esa organización, ilegalizada el año pasado y que reivindicaba un uso “defensivo” de la violencia, había estrechado sus vínculos con el partido de Mélenchon durante los últimos años, aunque no dependía de ellos y actuaba de manera autónoma. Ahora está bajo el ojo del huracán, puesto que varios de los implicados en la trágica pelea habían militado en sus filas.
La repercusión política del asesinato ha provocado incluso un choque con Estados Unidos. Después de que el Departamento de Estado publicara mensajes alertando sobre el “radicalismo violento de izquierda” en Francia —difundidos también por la embajada en París—, el ministro de Exteriores, Jean-Noël Barrot, convocó al embajador estadounidense, Charles Kushner —padre de Jared Kushner, asesor y yerno de Donald Trump—, para pedir explicaciones por lo que consideraba una injerencia en el debate interno. El diplomático no acudió personalmente a la cita y envió en su lugar a un representante, lo que llevó al Gobierno francés a restringir su acceso directo a los ministros hasta que se reúna formalmente con las autoridades francesas.
Primera víctima mortal de la izquierda radical
La repercusión política por la muerte del ultra se vio acentuada por la difusión de un vídeo el 14 de febrero por TF1 del momento en que los antifascistas lo apalearon en el suelo, dándole varias patadas en la cabeza. El semanario Le Canard enchaîné reveló pocos días después otras imágenes, que precedieron la paliza mortal. En ellas se veía a dos grupos de poco más de una decena de integrantes en cada bando —la mayoría de ellos iban encapuchados— que se daban puñetazos como si estuvieran en un cuadrilátero de boxeo gigante en la calle. Según ese medio de investigación, la confrontación empezó después de que la banda de ultranacionalistas lanzara a los 'antifas' unas bengalas.
Quentin es la primera víctima en manos de la izquierda radical en Francia durante la última década, periodo en que seis personas perdieron la vida a causa de homicidios cometidos por militantes o simpatizantes ultraderechistas. Entre esas víctimas, hay un exjugador de rugby argentino o tres activistas kurdas asesinadas a finales de 2022 en París por un racista, de 69 años. En cualquier caso, lo ocurrido muestra la peor cara de los 'antifas que, como sucede en Estados Unidos —donde Donald Trump los declaró “organización terrorista”—, son una de las dianas predilectas para el partido de Marine Le Pen.
De nouvelles images, filmées avant l’agression de Quentin Deranque à Lyon, mettent à mal la version d’un guet-apens tendu à quelques militants pacifiques. pic.twitter.com/f1pBsiuWpE
— AJ+ français (@ajplusfrancais) February 18, 2026
Quentin había militado en una serie de grupúsculos de extrema derecha, como la antisemita Acción Francesa o los neofascistas Allobroges Bourgoin o Audace. Estas organizaciones de los sectores más duros de la derecha radical se vieron legitimadas el sábado en una manifestación para homenajear al joven muerto. Reunió a unas 3.200 personas en Lyon, bajo un amplio dispositivo policial. Hubo saludos nazis y constantes proclamas ultranacionalistas y xenófobas, pero la marcha transcurrió sin grandes disturbios.
“Pido aislar a la Francia Insumisa”
La paliza mortal que sufrió suscitó una oleada de rechazo contra la violencia de los ‘antifas’. “Ha habido una dinámica parecida a la que se produjo en Estados Unidos tras el asesinato de Charlie Kirk”, explica a El Confidencial el politólogo Vincent Dain, profesor en la Universidad de Rennes y que está terminando una tesis sobre La Francia Insumisa y Podemos.
Las críticas más vehementes también han sacudido directamente a la izquierda mélenchonista. Además del exasistente parlamentario encarcelado, un segundo colaborador de Arnault estuvo entre los 11 detenidos por el caso, pero no lo han imputado. “La milicia de Mélenchon mata”, afirmó la eurodiputada Marion Maréchal, sobrina de Le Pen y cercana al núcleo dirigente de Vox. Más significativo resultó que políticos afines al presidente francés, Emmanuel Macron, adoptaran un tono igual de crítico. La portavoz gubernamental, Maud Brégeon, pidió “responsabilidad” a los ciudadanos que votan a ese partido y expresó su deseo de que “nunca jamás haya más representantes insumisos en la Asamblea”.
El eurodiputado Jordan Bardella, que probablemente sustituirá a una inhabilitada Le Pen de cara a las presidenciales del año que viene, le cogió el guante a la vocera gubernamental. “Pido la constitución de un verdadero cordón sanitario para aislar a La Francia Insumisa y apartarla de las instituciones”, dijo el ambicioso número dos de los lepenistas. También hizo la misma petición Laurent Wauquiez, presidente del grupo parlamentario de la derecha tradicional de Los Republicanos (LR), así como otros representantes conservadores.
“Todo está contribuyendo a una unión de las distintas derechas. Me parece una de las principales consecuencias del hecho de que representantes conservadores insistan en que Agrupación Nacional de Le Pen pertenece al arco de formaciones republicanas y que no es el caso de los insumisos”, sostiene el sociólogo Ugo Palheta, codirector de la revista Contretemps y que publicó recientemente el libro "La nueva internacional fascista".
Las perspectivas de Mélenchon se tambalean
La gran pregunta del momento es si esta controversia provocará un declive electoral del partido de Mélenchon, actualmente el más numeroso en el Parlamento entre las fuerzas de izquierdas. ¿Fomentará la irrupción de un cordón sanitario invertido?
La muerte de Quentin ha coincidido prácticamente con el arranque de la campaña de las municipales francesas, del 15 (primera vuelta) y 22 de marzo (segunda). En los anteriores comicios locales en 2020, “los insumisos se habían interesado muy poco por esa votación y se conformaron con sumarse a coaliciones progresistas con otros partidos" recuerda Dain. Sin embargo, "ahora se han interesado mucho más por esas elecciones, enviando a mediáticos diputados a varios municipios (Toulouse, Marsella, Roubaix…)”, agrega. Según este experto en la izquierda alternativa, “probablemente mejorarán los resultados” de hace seis años, aunque difícilmente conseguirán alguna alcaldía entre las grandes ciudades.
En cambio, el mayor riesgo que afrontan es que pierda fuelle la figura de Mélenchon, sobre todo de cara a su probable cuarta candidatura —ya se presentó en 2012, 2017 y 2022— en las presidenciales del año que viene. Antes de la controversia de los últimos diez días, varios analistas consideraban verosímil que el líder insumiso se clasificara para la segunda vuelta y se enfrentara en un duelo entre antagónicos con Bardella.
Después de que la izquierda —desde los socialistas hasta los insumisos, pasando por los verdes y los comunistas— se presentara en una alianza unitaria en las elecciones legislativas de 2022 y 2024, todo apunta desde hace meses a que esa coalición no se repetirá para la próxima carrera hacia el Elíseo. Habrá al menos tres aspirantes progresistas: Mélenchon, uno del ala moderada de la órbita socialista (el expresidente François Hollande, Raphaël Glucksmann…) y el vencedor de unas primarias que organizan para el otoño un sector del Partido Socialista, Los Ecologistas y varios conocidos representantes disidentes de los insumisos.
Como ya sucedió en 2017 y 2022, Mélenchon parecía favorito para imponerse como el candidato de izquierdas más votado, sobre todo a causa de la debilidad de sus adversarios en el mismo espacio. Sus ambiciones, sin embargo, pueden tambalearse por la gravedad de que su partido se haya visto salpicado por un homicidio. ¿Qué será del rostro de la izquierda insumisa?
La Francia Insumisa vive uno de sus momentos más difíciles de los últimos años. Esta formación afín a Sumar o Podemos, que los partidos de la izquierda del PSOE siguen con interés, se encuentra inmersa en una tormenta política tras el homicidio de Quentin Deranque, de 23 años. Ese militante de extrema derecha murió el 14 de febrero en una cama de hospital en Lyon a causa de un traumatismo craneal, después de sufrir una paliza dos días antes por parte de jóvenes antifascistas. Un impactante episodio de violencia política que ha salpicado al partido de Jean-Luc Mélenchon.