Entre el realismo y el error: la UE sufre gestionando la Junta de Paz de Trump
Los ministros de Exteriores de la UE se reúnen este lunes con el enviado de la Junta de Paz, en un ejercicio de 'realpolitik' con el que muy pocos se sienten cómodos
A casi nadie le gusta, pero es lo que hay. Ese es el resumen que numerosas fuentes diplomáticas realizan respecto a la llamada "Junta de Paz" (BoP, por sus siglas en inglés) que esta semana ha inaugurado Donald Trump, presidente de Estados Unidos, en Washington.
A pesar de saber que el evento sería un show al servicio de Trump, es decir, una iniciativa que puede hacer mucho más mal que bien en Oriente Medio, o de que existe el riesgo de legitimar lo que en privado califican como un "chiringuito privado", un buen número de Estados miembros de la UE estaban presentes como observadores. Además de la presencia de Dubravka Suica, comisaria para el Mediterráneo, quien ha sido enormemente criticada por algunas capitales.
Pero la BoP no es un simple evento puntual en el que la UE tenga que decidir cómo actúa de manera aislada: va a ser un actor que va a estar presente de forma permanente en el debate, y los europeos están sufriendo a la hora de decidir cómo interactúan con ella.
El lunes, cuando los ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea se reúnan para abordar la situación en Oriente Medio, lo harán con la presencia del alto representante de la Junta para Gaza, Nickolay Mladenov, un exeurodiputado y antiguo ministro de Asuntos Exteriores de Bulgaria. "Es un dilema", admite una fuente diplomática holandesa, que explica que "está claro que hay problemas" con la BoP, "muchos Estados miembros lo han dicho, pero al mismo tiempo está ahí, y va a desempeñar un papel en la reconstrucción de Gaza y en el conflicto israelo-palestino".
"Dado que la UE y Europa tienen intereses importantes en esta cuestión, es relevante que de alguna manera sigamos conectados con lo que está sucediendo en el marco de la Junta, así que es una cuestión difícil", explica la misma fuente. Pero ¿no está de alguna manera la Unión Europea corriendo el riesgo de legitimar una iniciativa que claramente "tiene problemas", como explica esa misma fuente? "Puede ser (que se legitime), pero también es una realidad", señala otra fuente diplomática de uno de los países críticos con la Junta. "Y tiene toda la potencia de EEUU detrás", añade. Se trata de una cuestión de realismo político. Ese es el resumen.
El lunes será una prueba más, con el objetivo de discernir si la Unión puede influir de alguna manera en el trabajo del BoP. "Después (tocará) ver si podemos hacer algo sin comprometer nuestra posición" respecto al conflicto, añade la fuente diplomática. Y las limitaciones europeas para influir sobre los trabajos de la Junta son obvias, teniendo en cuenta que "en esta cuestión de Palestina los Estados miembros no brillan por su unidad".
El rol de la Comisión
La presencia de Suica en la reunión de la Junta de Paz sí que está generando un mayor nivel de consenso, aunque sea por una cuestión institucional. Los países a los que la idea les parece incompatible con la carta de Naciones Unidas preferirían no ver a la Unión involucrada a través de ninguna institución en el acto, incluso aunque sea como observador, mientras que aquellos que también están presentes en la BoP, incluso como observadores, creen que ese no es sitio para una comisaria.
"La Comisión Europea nunca debería haber asistido a la reunión de la ‘Junta de Paz’ en Washington hoy, ya que no había recibido un mandato del Consejo para hacerlo", criticaba esta semana Jean-Noël Barrot, ministro de Asuntos Exteriores francés. "Más allá de las cuestiones políticas legítimas (…) la Comisión debe respetar escrupulosamente el derecho europeo y el equilibrio institucional en toda circunstancia", añadió el galo. Porque la Comisión Europea no tiene responsabilidad de representación de la Unión Europea en el exterior, una competencia que depende de la alta representante de la Unión para Política Exterior y de Seguridad, la estonia Kaja Kallas, o del presidente del Consejo Europeo, el portugués António Costa.
El antiguo jefe de la diplomacia europea, el español Josep Borrell, se ha mostrado enormemente crítico con la decisión de que Suica estuviera presente, y ha culpado directamente a Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. El ejecutivo comunitario se ha defendido, explicando que la institución juega un papel muy relevante como donante de Palestina. En palabras de su portavoz, Paula Pinho, Bruselas quiere ser "un jugador", no solamente "un pagador". La cuestión, y ahí está la crítica de los Estados miembros, es que la Comisión no puede jugar a eso, según los Tratados. "Es de total importancia estar en la mesa", ha señalado otro portavoz, que ha explicado que la Comisión no respalda la Junta.
En la Eurocámara se ha criticado de manera especialmente dura la asistencia de Suica a la reunión. Socialdemócratas (S&D), liberales (Renew Europe) y ecologistas (Los Verdes), tres formaciones claves para Von der Leyen, han emitido un comunicado conjunto en el que piden que la comisaria ofrezca explicaciones ante el Parlamento Europeo.
A casi nadie le gusta, pero es lo que hay. Ese es el resumen que numerosas fuentes diplomáticas realizan respecto a la llamada "Junta de Paz" (BoP, por sus siglas en inglés) que esta semana ha inaugurado Donald Trump, presidente de Estados Unidos, en Washington.