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¿Es hora de volver a sentarse a la larga mesa de Vladímir Putin?
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Cuatro años de guerra en ucrania

¿Es hora de volver a sentarse a la larga mesa de Vladímir Putin?

La UE explora, dividida, el nombramiento de un enviado especial para Rusia, mientras Francia toma la delantera y envía a su principal consejero diplomático de misión exploratoria

Foto: Foto de archivo de la reunión, previa a la invasión rusa de Ucrania, entre Macron y Putin en febrero de 2022. (Kremlin)
Foto de archivo de la reunión, previa a la invasión rusa de Ucrania, entre Macron y Putin en febrero de 2022. (Kremlin)
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Entre la conversación en la kilométrica y ya famosa mesa del Kremlin y el envío de una delegación de diplomáticos a Moscú han pasado cuatro años y una guerra. Por aquel entonces, Emmanuel Macron intentaba a contrarreloj evitar el peor escenario: la guerra a gran escala que terminó materializándose pocos días después. Ahora, tras cuatro años de ostracismo y ausencia de diálogo, el presidente galo lidera la estrategia europea para retomar los contactos con Vladimir Putin. En Bruselas hay un debate en marcha para elegir a un representante europeo frente al Kremlin. La iniciativa levanta mucho polvo.

Las visitas que líderes europeos realizaron a inicios de la década al Kremlin no dejaron indiferente a nadie. Putin y Macron se sentaron en una mesa larguísima -el ruso alegó motivos sanitarios- que dio la vuelta al mundo. Pocos meses atrás, allí mismo el ministro de Asuntos Exteriores, Sergey Lavrov, humillaba al por entonces jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell. Los tambores de guerra ya sonaban, aunque los europeos se resistían a escucharlos.

Aunque la década no ha cambiado, el regreso del belicismo al Viejo Continente ha transformado a Europa. Tras cuatro años marcados por los escasos avances sobre el terreno de batalla y el de la diplomacia, el impulso en torno a las negociaciones de paz entre Rusia y Ucrania bajo la mediación norteamericana ha reflotado un incómodo e inevitable debate en la UE ¿ha llegado el momento de hablar con Rusia?. La invasión a Ucrania, que esta semana cumple su cuarta efeméride, supuso el final ipso facto de todos los canales de comunicación con Rusia. Desde el inicio, el objetivo era convertir al país en un paria internacional a todos los niveles: cultural, deportivo, social, financiero. Tan solo un día después del inicio de la guerra, la UE incluyó a Putin y Lavrov en la lista de sanciones.

Pero el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca también está suponiendo la vuelta paulatina del inquilino del Kremlin a la esfera internacional. El viaje a Alaska durante el verano del año pasado fue el gran puñetazo en la mesa hacia su restablecimiento en la arena global. Frente a esta nueva realidad, los europeos vuelven a enredarse. La UE es el principal valedor financiero de Ucrania. Pero no está en la mesa de negociación. Tras el parón repentino de la contribución estadounidense, la ayuda militar europea aumentó el año pasado un 67% con respecto a los años anteriores desde el inicio de la agresión rusa, según el último informe de Kiel Institut.

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Con el mundo en llamas, la UE continúa sin dar en la tecla para ser un actor geopolítico. Esta misma semana, el envío de una comisaria europea a la inauguración de la Junta de Paz de Trump desató críticas feroces de países como España o Francia. El argumento de Bruselas es que ese es el precio a pagar para estar ahí, para ser un "player" en lugar de un mero "payer". Y a esta misma lógica apelan Macron o Meloni, los impulsores de restablecer la línea de contacto con Rusia. Para París y Roma es fundamental que los europeos gocen de un sillón en unas negociaciones en las que no solo juega la paz de Ucrania, sino la nueva arquitectura de seguridad del continente.

"Creo que ha llegado el momento de que Europa también hable con Rusia. Si nos limitamos a hablar con una sola parte, nos arriesgamos a que nuestra contribución sea muy limitada", aseguraba la primera ministra transalpina hace unas semanas. El presidente de la V República ha ido más lejos enviando a Moscú a su principal consejero diplomático, Emmanuel Bonne. Frente a ello, en las dependencias de la Comisión Europea intentan escurrir el bulto con el ya tradicional "estamos en contacto con los Estados miembro" y "nada sobre Ucrania y la UE se decidirá sin ellas". También en los cuarteles generales de la OTAN: "El único objetivo es que la guerra termine de una forma en la que Rusia no vuelva a atacar nunca. No más Minsk o Budapest", afirmó Mark Rutte preguntado por ello en su última rueda de prensa.

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A Alemania no le convence

París asegura que es transparente con sus aliados ucranianos y europeos. Todo parece indicar que Macron allana el camino para una llamada con Putin. La última vez que ambos presidentes hablaron por teléfono fue en julio de 2025. Por su parte, los sospechosos habituales —el húngaro Víktor Orbán y su homólogo eslovaco Robert Fico— han roto el consenso europeo visitando a Putin en varias ocasiones durante estos últimos años.

El escepticismo sobre esta estrategia es evidente en los países más cercanos a Ucrania, como Estonia o Lituania. Alegan que Rusia no está sentada de buena fe en la mesa de negociación, que no quiere la paz y ponen de ejemplo los ataques diarios a civiles e infraestructuras energéticas que dejan en Ucrania su invierno más complicado.

Pero es en Alemania, el país que abrazó el NordStream I y II para obtener energía rusa barata, donde el debate, que ya ha sido objeto de discusiones entre las 27 capitales, genera más rechazo e incomodidad. A Berlín no le gusta la idea. Creen que podría servir para restituir a Putin, pero los de Merz sienten la presión que genera la contradicción de solicitar un asiento en la mesa con una mano y negar la palabra a uno de los comensales con la otra.

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El punto en el que convergen todas las posiciones es el de que Rusia es el vecino más importante. Y no habrá acontecimiento humano que pueda cambiar ese capricho geográfico. El regreso al diálogo bilateral es ineludible. El cómo, con quién y cuándo son las incógnitas de la ecuación.

¿Enviado especial para Rusia?

Desde el inicio de la guerra, Josep Borrell, ex jefe de la diplomacia europea, defendió mantener canales diplomáticos con Putin para tratar asuntos importantes como la seguridad. "Es quien está en el puesto de mando. No podemos hablar con otro". Su sucesora en el cargo, la ex primera ministra estonia Kaja Kallas es una de las políticas más halconas con Rusia.

Es difícil imaginar cómo la Alta Representante —encargada de articular una respuesta europea uniforme ante los desafíos del globo—, que está en búsqueda y captura en Rusia, podría ser una interlocutora. Por todo ello, Kallas está tanteando el apetito de los Estados miembros para nombrar a un representante europeo frente a Rusia. El debate es todavía estéril, pero está tomando mucha forma en Bruselas. Sin embargo, las incógnitas que suscita no son pocas: ¿Aceptarían EEUU y Rusia? ¿Cuál es el mandato: solo negociaciones de paz o relaciones diplomáticas de alto nivel? ¿Quién está a la altura de tamaña misión? ¿Puede ello empoderar a Putin? Conocedores de la negociación insisten en que si bien el debate es pertinente, la prioridad en estos momentos no es la etiqueta sino sellar cuáles son las líneas rojas, objetivos, estrategia. En definitiva, afinar la cacofonía. "Hablar con Rusia no es una cuestión pacífica. Algunos dicen que ha llegado el momento de ser pragmáticos y realistas y otros, que no se puede dar el paso. Kallas en esta fase está recabando información para estar segura de que pisa terreno firme y comprobar si hay unidad de criterio", reconoce una fuente diplomática.

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Diferentes nombres suenan ya para el puesto. El expresidente finlandés Sauli Niinistö, el actual Alexander Stubb, la excanciller alemana Angela Merkel o el ex primer ministro italiano Mario Draghi. "Estos nombres parecen más adecuados para relanzar el diálogo bilateral de alto nivel entre Rusia y Europa, considerando la amplia experiencia de Niinistö y Merkel, en particular en conversaciones con Putin. El inicio de dicho diálogo en este momento sería visto sin duda como una señal de debilidad por la parte rusa y animaría al Kremlin a ceñirse a sus exigencias maximalistas. Los europeos deberían haber aprendido de los acontecimientos previos a 2022 que dialogar con los rusos no es una solución mágica para garantizar la paz; al contrario, un diálogo sin el respaldo de un poder duro creíble es contraproducente frente a una potencia agresiva y revisionista como Rusia", vaticina Kristi Raik es la directora del International Centre for Defence and Security (ICDS).

Entre la conversación en la kilométrica y ya famosa mesa del Kremlin y el envío de una delegación de diplomáticos a Moscú han pasado cuatro años y una guerra. Por aquel entonces, Emmanuel Macron intentaba a contrarreloj evitar el peor escenario: la guerra a gran escala que terminó materializándose pocos días después. Ahora, tras cuatro años de ostracismo y ausencia de diálogo, el presidente galo lidera la estrategia europea para retomar los contactos con Vladimir Putin. En Bruselas hay un debate en marcha para elegir a un representante europeo frente al Kremlin. La iniciativa levanta mucho polvo.

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