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Así ha cambiado Ucrania las guerras del presente y el futuro
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Siete lecciones para los nuevos ejércitos

Así ha cambiado Ucrania las guerras del presente y el futuro

Kiev y Moscú están poniendo a prueba los límites del combate del siglo XXI en tierra, aire y mar. Un enfrentamiento en el que las viejas reglas de la guerra han dejado de funcionar

EC EXCLUSIVO

Babay apura el café antes de subir al coche. Lleva el chaleco puesto y una sonrisa. Parece un gesto aprendido, después de tantas veces. Pero en un frente donde las reglas cambian cada seis meses, la rutina es un lujo que hace tiempo dejó de existir.

Los manuales de guerra soviéticos se han quedado viejos. Los de la OTAN nunca pudieron aplicarse del todo. El enfrentamiento en Ucrania mezcla la brutalidad de la Segunda Guerra Mundial con la tecnología de la tercera.

El cielo se apaga, la noche se acerca. Con ella, la rotación de este grupo de hombres para pasar cuatro noches bajo tierra, destruyendo posiciones enemigas desde el aire. La pick up acelera, y un dedo nervioso activa el sistema antidrones. Ocho antenas coronan el techo. Soluciones improvisadas, con fecha de caducidad. En Ucrania todos saben que la última innovación de hoy quedará obsoleta mañana.

placeholder Babay conduce de camino a Alcatraz. (F. T.)
Babay conduce de camino a Alcatraz. (F. T.)

"Entramos en zona peligrosa", masculla Optimus, en el asiento trasero. "Llegaremos a Alcatraz en diez minutos".

Apenas lleva un año en el ejército. A sus 27, es piloto de la 20.ª Brigada Separada de Sistemas No Tripulados K-2, una de las cinco unidades especializadas en drones creadas por el alto mando ucraniano en 2024. Su misión: frenar el avance ruso y compensar la inferioridad ucraniana en hombres y equipamiento militar.

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Sin el ‘arma milagrosa’

Pero en esta guerra no hay unicornios ni armas milagrosas. Mientras las capitales occidentales debatían cada envío, el campo de batalla se transformaba. También l la retaguardia. Al principio fueron los Javelin, después los HIMARS, los F-16 o los misiles de largo alcance. Después, todo tipo de drones en tierra, aire y mar. Cambió el armamento. Cambiaron las tácticas. Cambió la lógica del combate.

El resultado es un conflicto que está reescribiendo las reglas de la guerra.

placeholder Disparos de artillería en Lugansk, en octubre de 2024. (F. T.)
Disparos de artillería en Lugansk, en octubre de 2024. (F. T.)

CAPÍTULO 1: LA ENTRADA

Nick pisa el acelerador. El 4x4 avanza sin demora por una carretera expuesta, flanqueada por campos desnudos: la única vía que conecta con el territorio enemigo. Los drones Mavic vigilan, los FPV cazan. Para alcanzar la línea de árboles bajo la que se oculta la posición militar no hay otra opción que cruzar.

Es una kill zone.

El Confidencial acompaña a una escuadra de K-2, la única unidad que lleva cuatro años sosteniendo el mismo sector del frente. Uno en el que las cosas no pintan especialmente bien para Kiev. Desde la primavera pasada, las fuerzas rusas han redoblado sus ataques en dirección a Limán. A veces, superando en número a los ucranianos por diez a uno.

"¿Has visto ese video de rusos pegando cubos en coches como si fueran antenas?", pregunta Optimus. Algunos asienten, otros niegan con la cabeza. Las imágenes muestran soldados pintando palanganas y fijándolas al techo con cinta aislante, fingiendo ser equipos de guerra electrónica por su forma redonda. En ciertos lugares del frente, las órdenes son claras: nadie se mueve sin sistemas antidrones. Aunque tampoco bastan.

Foto: gran-agujero-entrenamiento-occidental-ceba-tropas-ucrania

La proliferación de aeronaves guiadas por fibra óptica, inmunes al jamming, convierte a esta pick up en un blanco fácil. La señal no se corta, tampoco se pixela la imagen. Sin pitido. Sin aviso. Sin tiempo para saltar y escapar.

"Nunca estás seguro", dice Nick, echando un ojo al retrovisor.

placeholder Militares ucranianos manejando drones en el frente, en mayo de 2025. (F. T.)
Militares ucranianos manejando drones en el frente, en mayo de 2025. (F. T.)

Una amenaza constante que obliga a cambiar la forma de operar: patrullas más pequeñas forzadas a estar más tiempo en primera línea. Rotar es arriesgarse a morir. Por eso los desplazamientos se concentran en las primeras y últimas horas del día, cuando las cámaras de los drones tienen dificultades para identificar objetivos y los sensores cambian de visión nocturna a diurna, y viceversa.

Otras opciones pasan por desplegar redes antidrón para proteger el paso de los vehículos hacia las zonas más peligrosas. Una medida en la que Ucrania no creyó, pero que aplica desde hace meses sin descanso en cada ruta de acceso al frente.

"Los rusos construyen y cavan de noche y de día, sin importarles el coste humano", resopla Serhii, soldado de la 115 brigada. "Pero hay que reconocer que lo hacen bien, mejor que nosotros. No debemos subestimar al enemigo".

Como toda cúpula, esta malla protectora también tiene agujeros por las nuevas tácticas que nacen para penetrarlas. Las bocas de entrada y salida, las redes calcinadas por drones y rotas por artillería o la pericia de los pilotos. Los más experimentados posan las aeronaves directamente en el suelo o en el capó de coches previamente calcinados y esperan, pacientes, a que se acerque un vehículo enemigo. Y entonces atacan o lo hacen estallar. Una mezcla entre proyectiles y minas, pero con una precisión mortal.

Y el rango de alcance cada vez es mayor. Los ataques en carreteras que conectan ciudades como Kramatorsk, Sloviansk e Izium —zonas consideradas relativamente seguras para la logística por estar hasta a 30 km del frente— son cada vez más habituales.

placeholder Operador de dron en el frente. (F. T.)
Operador de dron en el frente. (F. T.)

La retaguardia ha dejado de ser un lugar seguro.

CAPÍTULO 2: LA INFANTERÍA

"¡Sigue, sigue! ¡Es la siguiente!", grita Babay para evitar que el conductor se equivoque de salida. Nick conduce sin luces ni gafas de visión nocturna por seguridad. Las primeras delatarían su posición. La segunda, imperceptible al ojo humano, es un faro encendido en mitad de la oscuridad para las cámaras térmicas de los drones.

placeholder Explosivos en el bunker Alcatraz K2. (F. T.)
Explosivos en el bunker Alcatraz K2. (F. T.)

Con un giro rápido de volante, abandona el asfalto. Las ruedas resbalan en el barro húmedo. La pick up se adentra en el campo, avanzando en paralelo a la línea de árboles donde se esconde la trinchera subterránea. En la parte trasera, llevan todo lo necesario para sobrevivir unos días en el frente: gasolina para el generador, una estación de energía portátil, sacos de dormir, agua, comida y, sobre todo, bombas y baterías para drones. Va hasta arriba.

En gran medida, reducir los riesgos significa reducir los viajes. Un precio que paga la infantería. Hay soldados que pasan ya más de medio año en la línea cero sin rotar y su abastecimiento corre a cargo de robots aéreos y terrestres. Por eso la atención mediática se centra en los drones, pero las botas sobre el terreno siguen sosteniendo el frente de combate.

"Los drones pueden volar 20, 30, 50 kilómetros… Pero sin infantería en la trinchera, el frente es zona gris. Territorio no controlado", explica Optimus.

Allí donde no hay infantería, los pilotos de drones se convierten en el único objetivo. Pero sin drones, las trincheras terminan expuestas a un enemigo que domina el cielo. El respeto por la infantería es alto.

CAPÍTULO 3: THE DRONE LINE

La marcha imperial rompe el silencio de la noche. Babay y Fortuna extienden las hélices del Vampiro. La melodía de Star Wars es la señal, el sonido de encendido. Estamos a menos de tres kilómetros de las líneas rusas. La misión está a punto de comenzar.

"¡Vamos, vamos, vamos!" grita Babay.

Mientras corren al refugio, el dron ruge con fuerza. Un sonido que infunde miedo en todo el frente. Tanto, que los soldados de Putin lo bautizaron Baba Yaga, como la bruja voladora del folclore eslavo. Los drones son la gran apuesta del alto mando ucraniano. Baratos, se producen en masa y no dependen de la ayuda occidental. Solo el año pasado, Kiev produjo más de cuatro millones de aeronaves. Duplicar la cifra es el objetivo este año.

placeholder Soldado ucraniano en un entrenamiento cerca del frente, en abril de 2025. (F. T.)
Soldado ucraniano en un entrenamiento cerca del frente, en abril de 2025. (F. T.)

Pero más que una carrera industrial, es una estrategia sobre el terreno para infligir el mayor número de bajas, reduciendo las propias. Las cinco unidades de Sistemas No Tripulados fueron el inicio de una nueva idea: ‘The drone line’. Una zona de muerte de 15 kilómetros que congele el avance ruso.

Los resultados del proyecto han engordado las filas y recursos de estas brigadas, y cambiado el relato. Ya no se habla de kilómetros, sino de muertos. Ucrania cree que, infligiendo 50.000 bajas al mes, las tropas de Moscú se verán obligadas a parar.

Sin embargo, esta línea de drones tiene una cara B de la que casi nadie habla. Ralentizar el avance del Kremlin destruyendo sistemáticamente cualquier guarida también dificulta los ataques ucranianos.

placeholder Militares ucranianos en junio de 2025. (F. T.)
Militares ucranianos en junio de 2025. (F. T.)

Un alto provisional en las grandes ofensivas. Un pit stop hasta que la carrera tecnológica, o la moral militar, permita abrir una brecha.

"Espero que no quede nadie en esta sala que todavía crea en algún milagro. En una especie de ‘cisne blanco’ que traerá la paz a Ucrania, restaurará las fronteras de 1991 o 2022, y hará feliz a todo el mundo", advirtió Valeriy Zaluzhni, excomandante en jefe del Ejército ucraniano, el pasado mayo.

"Solo podemos hablar de una guerra de supervivencia de alta tecnología, una que emplea el mínimo de recursos humanos y económicos para lograr el máximo efecto", añadió.

placeholder Catapulta para elevar un dron Valkyria durante una misión de reconocimiento, en mayo de 2025. (F. T.)
Catapulta para elevar un dron Valkyria durante una misión de reconocimiento, en mayo de 2025. (F. T.)

Hablamos de aire, tierra y agua. De suministros con drones y espionaje aéreo. De minado remoto y evacuaciones con robots. De expulsar a la flota rusa del Mar Negro sin barcos y derribar aviones desde el agua. De todo lo que la imaginación permita al ejército más curtido del mundo.

Una nueva manera de hacer la guerra con resultados visibles en todos los frentes.

CAPÍTULO 4: UN FRENTE RADIOGRAFIADO

"¡Regresad! ¡YA!", grita Optimus por radio.

Ordena a Babay y Fortuna que escondan el dron y corran al refugio. Un misil va a sobrevolar el escondite. Un momento delicado en el que drones y sistemas electrónicos dejan de funcionar. No es solo la guerra electrónica. Cada movimiento condiciona al rival.

En un frente radiografiado palmo a palmo, las maniobras exigen cálculo, silencio y suerte. La vigilancia aérea es constante, pero no completa; como el ojo de Sauron, en El Señor de los Anillos. Puede verlo todo, pero todavía no tiene capacidad para verlo todo al mismo tiempo.

Foto: trump-groenlandia-seguridad-dinamarca-1hms

Las nubes, las noches de tormenta o los cambios de luz son algunas brechas. En invierno, otra clave es la niebla. La mayoría de los drones todavía no están preparados para luchar en condiciones climatológicas adversas. Y la calidad de las cámaras es el punto débil de la fabricación en masa. En esta guerra, lo que ves —y lo que no— decide las batallas.

"Producimos a gran ritmo, pero un visor bueno es caro", asegura Platón, expiloto de drones y jefe de Innovación del servicio de Sistemas No Tripulados de la 59ª Brigada ucraniana. "Los visores estándar cuestan 200 dólares. Los buenos empiezan en 900. Puede parecer poco, pero cuando hablas de miles o millones de drones, la diferencia es enorme".

Para reducir los avances rusos, Ucrania priorizó en 2025 la destrucción de cualquier agujero en el que pueda esconderse un soldado enemigo. Mientras el ejército de Putin extiende el uso de abrigos térmicos, para borrar la firma de calor, y camuflajes grotescos que les dan aspecto de pingüino.

"Cuando salen al exterior, atacamos. Si tratan de esconderse… bam, bam, bam", dice Optimus, imitando explosiones con las manos. "Solo hay que esperar".

Y si muchos ataques tienen éxito es gracias al trabajo previo de drones que cruzan las líneas enemigas para obtener fotos y vídeos. A veces, auténticas aeronaves militares de entre 90.000 y 200.000 euros.

Pero en el frente, las herramientas más comunes son otras. Valkiria y Leleka. Soluciones baratas (10.000-50.000 euros), ligeras, simples y eficaces para fijar objetivos. Apenas basta con tener conexión a internet, una catapulta y tres personas.

Uno lanza, otro pilota y el tercero no toca ni un botón. Tan solo mira la pantalla e interpreta dónde está la nave en cada momento. Tiene que conocer cada árbol, cada ladrillo, cada tejado.

"No hay GPS. Solo instinto y memoria", confiesa Iván, soldado de K-2, mientras descifra el ruido y las interferencias del vídeo.

"La tecnología ha hecho saltar por los aires las viejas reglas de la guerra. En Ucrania, se están escribiendo otras en tiempo real", añade Admin, del regimiento Fénix, mientras cuela un dron Leleka en territorio enemigo, días más tarde.

placeholder Unidades ucranianas en el frente. (F. T.)
Unidades ucranianas en el frente. (F. T.)

Después, operadores como Babay, Optimus o Fortuna, o equipos de artillería, rematan el trabajo.

"Si no hay dónde esconderse, tampoco hay por dónde avanzar", resume Iván.

CAPÍTULO 5: EL ARTE DE GOLPEAR Y CORRER

Optimus señala la pantalla de su tablet: "¿Ves ese punto gris de ahí? Es un ruso. El negro somos nosotros en el cielo".

Esta noche, un Mavic acompaña al Vampiro para obtener mejores imágenes y protegerlo durante el vuelo. Ya han hecho cuatro salidas para lanzar explosivos sobre refugios subterráneos, tuberías, casas destruidas y agujeros en medio del bosque. Los objetivos son infinitos, aunque cada vez quedan menos.

Para las fuerzas rusas, la adaptación más sensata —y arriesgada— ha sido volverse ligeras. No es casualidad que los blindados hayan dado paso a las motos y a los carritos de golf.

Muchos expertos se burlaron de la doctrina de Moscú, pero Kiev no tardó en seguir el ejemplo y lanzó Skala, la primera compañía de asalto en motocicleta del país. La unidad se describe a sí misma como una "caballería moderna", diseñada para romper las líneas enemigas. Esa lógica ha ido aún más lejos en los últimos meses: los caballos han vuelto al campo de batalla como respuesta cruda a una guerra donde ser rápido y móvil te puede salvar la vida.

Foto: soldados-rusos-caballeria-burlar-atasco-frente

Asaltos suicidas que obligan a dividir fuerzas y cubrir más terreno con menos hombres. Eso implica más construcción, más vigilancia, más logística. Justo lo que la estrategia ucraniana —escasa de personal y equipo— intenta evitar.

"Una línea de defensa por sí sola, como una zanja o una trinchera, no sirve si no hay nadie que la defienda", explicaba Oleksandr Shyrshyn, entonces comandante de batallón de la brigada 47, mientras sus hombres estabilizaban el frente tras la caída de Avdiivka.

placeholder Soldado ucraniano del batallón Skala en un momento previo a una rotación hacia el frente de batalla, dirección Pokrovsk, en febrero de 2025. (Wolfgang Schwan/Anadolu)
Soldado ucraniano del batallón Skala en un momento previo a una rotación hacia el frente de batalla, dirección Pokrovsk, en febrero de 2025. (Wolfgang Schwan/Anadolu)

A diferencia de los proyectiles, los drones son precisos. Por eso el estilo de trincheras de la Segunda Guerra Mundial es una trampa a cielo abierto para la infantería. La región de Donetsk se ha convertido en un laboratorio que combina estas viejas tácticas soviéticas con la tecnología del siglo XXI. Y el resultado es pírrico para el Kremlin: menos de un 2% de Ucrania capturada, tras 36 meses de combates.

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Fermín Torrano Diseño e infografía: Emma Esser

CAPÍTULO 6: DE HERIDAS Y PROYECTILES

Optimus apaga el frontal rojo. Va a recolocar la antena y no quiere sustos del enemigo. Arriba le espera un soplo de aire fresco y un poco de peligro.

Está de pie sobre el "techo" de Alcatraz, una posición bien construida en la línea de frente de Limán. Tiene dos dormitorios, una cocina, un almacén de munición, un escritorio y varios puntos de acceso. Los muros y el techo están reforzados. Es un refugio diseñado para resistir la artillería y los drones. Pero no para desaparecer.

En 2026, evitar ser detectado es más importante que resistir el impacto. Los drones ya están detrás del 80% de las bajas de personal en la guerra, según un buen número de médicos militares con los que ha hablado El Confidencial. El mismo número se atribuía a la artillería, hace dos veranos. Un cambio que tiene dos consecuencias importantes que nada tienen que ver entre sí.

La medicina de combate moderna, desarollada por Estados Unidos, establece que el soldado debe moverse del campo de batalla al quirófano en 60 minutos, o menos. La llamada ‘hora dorada’. Pero Ucrania no es Irak ni Afganistán. Aquí no hay helicópteros sobrevolando cada sector ni refuerzos inmediatos tras un ataque. A veces, ni siquiera hay salida.

Muchas amputaciones y complicaciones secundarias se deben a torniquetes demasiado ajustados y a evacuaciones tardías. Los protocolos, analgésicos y el control del tiempo han cambiado.

"De esta guerra saldrá una nueva doctrina médica. Los manuales ya no sirven", reconoce Mykola, médico de la 42ª brigada.

Algo parecido ocurre con la vieja diosa de la guerra.

La artillería sigue siendo el martillo: el arma que infunde miedo a distancia y golpea objetivos de alto valor que los drones —ocho veces más baratos que un proyectil— no pueden destruir. Pero ya no es la columna vertebral de los ejércitos, dejando al descubierto también otra grieta en la doctrina de OTAN. El famoso shoot & scoot está cayendo en desuso.

placeholder Médicos ucranianos tratan a soldados heridos en un punto de estabilización. (F. T.)
Médicos ucranianos tratan a soldados heridos en un punto de estabilización. (F. T.)

En 2022, los cañones y los tanques se movían y disparaban a plena luz del día. Hoy, una cantidad creciente opera desde posiciones fijas, camufladas y reforzadas con blindaje adicional.

"Esta guerra es dura. No es como la de hace 10 años. Ni como las de hace 30. Bueno, en realidad, ni como las de hace dos", reflexiona Optimus bajo tierra. "Pero, ¿qué vas a hacer? ¿Ir al oeste? ¿Esconderte mientras destruyen y matan? Algunos piensan que la bandera no importa, que quedándose quietos los problemas nunca les alcanzarán. Pero ya hemos visto que no es así. Mejor morir joven y peleando".

CAPÍTULO 7: SEGUIR AL DINERO

Con un movimiento de joystick y un botón, Optimus suelta la bomba sobre un escondite subterráneo ruso. Una densa estela de humo inunda la pantalla. En esta guerra, un impacto no es solo un golpe certero: también suma puntos.

En otoño de 2024, el Ministerio de Transformación Digital de Ucrania lanzó el Army Drones Bonus: un sistema de recompensas por cada impacto confirmado en vídeo. Doce puntos por un enemigo abatido, veinte por un blindado dañado, cuarenta por un tanque destruido, 120 por cada ruso capturado vivo. Al final de cada mes, los puntos pueden canjearse por material, principalmente drones.

"Las compras del Estado son muy lentas y entregan lo mismo a todos. Pero no todas las unidades necesitan lo mismo y las especificaciones se desfasan. Antenas, cámaras, transmisores de vídeo, radio… las características son importantes y nosotros escogemos directamente del fabricante", explica Platón.

El dinero es un factor clave. Y su flujo también ha cambiado.

Europa financia ahora directamente la industria de defensa ucraniana. El programa de puntos y una nueva generación de campañas de crowdfunding han transformado la manera en que se sufraga la guerra. Las brigadas ucranianas no tardaron en lanzarse a las redes sociales, rompiendo con la tradición occidental del secreto militar. Cuanto mayor la destrucción —y más pulida la edición del vídeo—, más apoyo llega para los suyos. El marketing es clave.

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"Funcionamos como una corporación, solo que tenemos reglas especiales", explica Mykhailo, oficial de prensa de K-2.

En 2023, el equipo de comunicación estaba formado por solo dos personas. Hoy son nueve, sin incluir a colaboradores externos, producción de vídeo y estrategia. Y para reducir la dependencia de las microdonaciones, ahora cierran acuerdos de patrocinio con grandes empresas.

placeholder Un soldado ucraniano. (F. T.)
Un soldado ucraniano. (F. T.)

Amanece, y es hora de salir del agujero.

Con el motor en marcha, Aleksandr hace un gesto para subir a la camioneta. Lleva una escopeta cargada en las manos, una de las pocas formas efectivas de derribar un dron. Nick sigue al volante. Las ruedas patinan en el barro. Por delante, una carretera vacía. Un cielo despejado.

Minutos más tarde, aparcados por fin en zona segura, Aleksandr enciende un cigarrillo y se quita el chaleco con gesto cansado. Habla de su mujer y dos hijos, refugiados en Canadá. Sonríe con orgullo enseñando un vídeo del pequeño en una clase de kickboxing. Lleva más de tres años sin verlo.

"¿Terminará esto algún día? No lo sé…", dice evitando cruzar la mirada. "Pero todo será muy distinto".

Quizás tan distinto como esta guerra.

Babay apura el café antes de subir al coche. Lleva el chaleco puesto y una sonrisa. Parece un gesto aprendido, después de tantas veces. Pero en un frente donde las reglas cambian cada seis meses, la rutina es un lujo que hace tiempo dejó de existir.

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