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Un megapuerto y miles de millones: la mano china tras la caída del presidente de Perú
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Anatomía de un escándalo

Un megapuerto y miles de millones: la mano china tras la caída del presidente de Perú

El final de Jerí ha vuelto a poner de manifiesto la profunda influencia china en Perú que, como en todo el continente americano, los EEUU de Donald Trump se han propuesto contrarrestar

Foto: El expresidente de Perú, José Jerí, asistiendo ante la Comisión de Fiscalización y Contraloría del Congreso en Lima. (EFE/Paolo Aguilar)
El expresidente de Perú, José Jerí, asistiendo ante la Comisión de Fiscalización y Contraloría del Congreso en Lima. (EFE/Paolo Aguilar)
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Que caiga el presidente de Perú ya casi no es noticia. José Jerí fue destituido por el Congreso este martes. Su sucesor, José María Balcázar, elegido por los congresistas al día siguiente, es ya el octavo presidente del país en los últimos diez años. La novedad es la alargada sombra de un actor inesperado en la enésima crisis política del país andino: China.

Entre los escándalos que tumbaron a Jerí destaca el llamado "Chifagate", que se desató después de que se difundieran imágenes del presidente entrando encapuchado a una reunión clandestina con los empresarios chinos Zhihua Yang y Ji Wu Xiaodong, en un restaurante de chifa, una popular comida chino-peruana.

La sucesión de versiones contradictorias sobre el encuentro que dio Jerí solo sirvió para agravar las sospechas, que llevaron a la Fiscalía a abrir una investigación e interrogar al presidente. Todo se desbordó cuando medios peruanos revelaron que Zhihua y Ji habían visitado varias veces a Jerí en la Casa de Pizarro, pese a que sobre el segundo pesaba una orden de arresto domiciliario por su papel en una presunta trama de contrabando de madera.

El final de Jerí ha vuelto a poner de manifiesto la profunda influencia china en Perú que, como en todo el continente americano, los Estados Unidos de Donald Trump se han propuesto contrarrestar.

La creciente influencia china

En pocos países se ha hecho más evidente el auge de la influencia de China en América Latina en los últimos años que en Perú. Ambos países tienen importantes lazos desde el siglo XIX, cuando Perú recibió cientos de miles de migrantes chinos que llegaron para compensar la escasez de mano de obra agraria provocada por el fin de la esclavitud. Muchos echaron raíces allí y hoy Perú es uno de los países del mundo con una mayor comunidad china.

La conversión de China en una superpotencia se ha dejado sentir en un aumento exponencial de su influencia en Perú. Desde 2010, el gigante asiático superó a Estados Unidos como principal socio comercial del país, y la diferencia no ha dejado de crecer. Mientras que a comienzos del siglo XXI Estados Unidos concentraba el 24% del comercio peruano y China apenas alcanzaba el 5%, en 2023 la situación se invirtió: China acaparó el 31% frente al 17% de Estados Unidos.

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China absorbe un 36% de las exportaciones peruanas, entre ellas minerales en los que Perú es rico, como el cobre y el litio, que tienen un peso cada vez mayor para la producción de coches eléctricos y otras máquinas de última tecnología. Son minerales estratégicos que Trump quiere para su país y Perú los exporta en masa a China.

Desde hace años, China ha ido ganando terreno en Perú y hoy controla activos claves como Las Bambas, una de las mayores minas del país y uno de los mayores centros de producción mundial de cobre. Las dos compañías que controlan el suministro eléctrico a los más de diez millones de habitantes de Lima fueron adquiridas por capital chino en los últimos años.

Uno de los grandes reveses estratégicos para Washington de los últimos años fue la inauguración en noviembre de 2024 del megapuerto de Chancay, una gigantesca infraestructura construida por la compañía estatal china Cosco Shipping a unos 80 kilómetros al norte de Lima que está llamada a convertirse en el mayor "hub" portuario de Sudamérica y verdadera puerta de conexión con Asia.

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Tras la ofensiva diplomática para recuperar influencia sobre el Canal de Panamá, Trump se anotó dos victorias. Por un lado, celebró el anuncio de que compañías chinas venderían sus terminales portuarias a firmas estadounidenses. Por otro, recibió del presidente José Raúl Mulino el compromiso de que Panamá abandonaría la Iniciativa de la Franja y la Ruta, el ambicioso plan global de infraestructuras impulsado por Pekín al que se han sumado numerosos países latinoamericanos.

Tras recuperar terreno en Panamá, la diplomacia de Trump puso el foco en Perú y en el megapuerto de Chancay. La decisión judicial que dio la razón a Cosco Shipping en su pulso para impedir que el regulador peruano supervisara la infraestructura encendió las alarmas en Washington.

La Subsecretaría de Asuntos del Hemisferio Occidental publicó entonces un inusual mensaje en X en el que advertía que Perú podría quedar "imposibilitado" para fiscalizar las instalaciones y a sus "depredadores" propietarios chinos. "El dinero barato cuesta soberanía", remataba el comunicado, en un intento de apelar a un debate ya latente en el país andino, donde varios sectores cuestionan los costes sociales y ambientales del proyecto.

Foto: estos-munecos-que-lo-petan-en-espana-son-el-mayor-exito-accidental-del-nuevo-poder-de-china

El comentario sobre Chancay fue el inicio de una campaña antichina en Perú que ha tenido en el nuevo embajador estadounidense en Perú, Bernie Navarro, a su agente más activo. Viejo conocido de Trump y de su secretario de Estado, Marco Rubio, a quien ayudó a recaudar fondos para sus campañas de senador por Florida, Navarro no dudó en calificar de "vergonzoso" el fallo judicial sobre el control de Chancay y advirtió al gobierno peruano contra la cesión de infraestructuras críticas a China.

El nuevo embajador también publicó una foto con el presidente José Jerí, sentados ambos a la mesa con una hamburguesa. "Cambiando el menú: compartiendo una hamburguesa americana con el presidente de Perú", publicó el embajador, en una alusión poco velada a los tratos de Jerí con China y el escándalo del "Chifagate".

Ya antes de la llegada del embajador, la Administración Trump había intentado reforzar sus lazos con Perú en uno de los pocos ámbitos en los que aún le lleva ventaja a Pekín: la cooperación militar y en seguridad. "China se ha convertido en el principal socio comercial de Perú, pero Estados Unidos sigue siendo su principal socio militar y muchos mandos militares peruanos llevan años formándose en Estados Unidos", añadió Carlos Aquino, director del Centro de Estudios Asiáticos de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en conversaciones con El Confidencial.

Foto: espana-inversiones-union-europea-america-latina-1hms Opinión

El pasado 14 de enero, Trump firmó la designación de Perú como un Aliado Principal No de la OTAN, el mayor grado de colaboración en defensa que Estados Unidos admite fuera de la Alianza Atlántica. Washington aprobó también la venta de material militar a Lima por valor de 1.500 millones de dólares y empresas estadounidenses participarán en la remodelación de la base naval de El Callao, una de las mayores instalaciones militares de la Armada peruana.

Pero la gran ambición de Washington ahora es asegurarse el contrato para renovar la obsoleta flota de aviones de combate de Perú. Estados Unidos presiona para que el elegido sea finalmente el F-16 fabricado por la estadounidense Lockheed Martin frente a modelos de otros países.

El Gobierno de Jerí había dado muestras de inclinarse hacia Washington. Quizá por eso el embajador Navarro, en lo que muchos interpretaron como una intromisión en la política doméstica, se mostró a favor de la continuidad del ya expresidente para favorecer "la estabilidad". Pero, en contra de su deseo, Jerí cayó. Perú estrena presidente, otra vez, y pocas cosas pueden darse por seguras en medio de la convulsión permanente en la que se ha instalado el país. La dependencia económica de China es una de ellas.

Que caiga el presidente de Perú ya casi no es noticia. José Jerí fue destituido por el Congreso este martes. Su sucesor, José María Balcázar, elegido por los congresistas al día siguiente, es ya el octavo presidente del país en los últimos diez años. La novedad es la alargada sombra de un actor inesperado en la enésima crisis política del país andino: China.

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