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La madre de todos los despliegues: Trump encañona al régimen iraní y el mundo se prepara para el impacto
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un despliegue inédito y poco discreto

La madre de todos los despliegues: Trump encañona al régimen iraní y el mundo se prepara para el impacto

EEUU, que dice que en 10 días decidirá si ataca Irán, amasa una cantidad de activos militares no vistos en décadas para lo que parece una inminente confrontación bélica

Foto: El portaaviones USS Gerald Ford. (EFE/Archivo/Cati Cladera)
El portaaviones USS Gerald Ford. (EFE/Archivo/Cati Cladera)

Estados Unidos está realizando la mayor concentración de fuerzas aeronavales en décadas, un movimiento que analistas interpretan como el preludio de un ataque contra Irán que podría ser cuestión de menos de 10 días, según ha avanzado la Casa Blanca este jueves. Dos portaaviones nucleares y una flota aérea inédita son las bazas que el presidente Donald Trump ha puesto en la mesa durante unas complicadas negociaciones con el régimen de los ayatolás. Queda por ver cuán ambicioso podría ser un eventual ataque contra el país persa. Estamos ante un terreno resbaladizo con múltiples derivadas imprevistas y un potencial impacto global.

La semana pasada, Trump ordenó al portaaviones nuclear USS Gerald R. Ford dirigirse a Oriente Medio para sumarse al creciente despliegue militar estadounidense en la región. El portaaviones más moderno de la armada estadounidense viene de participar en la operación de presión contra Venezuela, que culminó el 3 de enero con una operación para capturar al presidente Nicolás Maduro -ya antes se había recorrido medio mundo desde Dubrovnik (Croacia), donde estaba fondeado cuando recibió la misión de desplegarse en el Caribe-.

El USS Gerald R. Ford no es el único portaaviones con la orden de desplegarse en el Mar de Arabia. Allí se encuentra ahora mismo el portaaviones nuclear USS Abraham Lincoln, que se encontraba navegando en el mar de la China Meridional, entre las costas de Vietnam y Filipinas, cuando se le encomendó este nuevo destino.

Los portaaviones nucleares estadounidenses y los buques de escolta que conforman un Grupo de Ataque de Portaaviones (Carrier Strike Group) son el arma definitiva cuando la diplomacia estadounidense aplica la estrategia del palo y la zanahoria. Cada portaaviones puede llevar algo más de 70 aeronaves organizadas en un Ala Aérea de Portaaviones (Carrier Air Wing). El número de cazabombarderos que cada portaaviones lleva supera a toda la flota de aviones de combate a reacción que tienen fuerzas aéreas de países como Brasil, Países Bajos o Malasia.

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A estos dos portaaviones se ha sumado un despliegue militar inédito, que implica numerosos buques, además de varios tipos de aeronaves trasladados desde Estados Unidos al Mediterráneo Oriental y Oriente Medio en una delicada operación logística a través de varias bases de países aliados y con el apoyo de una enorme flota de aviones cisternas.

Inédito y nada discreto

La comandante de la Fuerza Aérea Estadounidense, Claire Randolph, destinada en el mando aéreo de Oriente Medio (AFCENT), se quejó durante un reciente evento de las dificultades de llevar a cabo una operación militar de forma discreta en un mundo en el que "usuarios aleatorios de Twitter" son capaces de estudiar el movimiento de aeronaves mediante fuentes abiertas y luego compartir sus conclusiones en abierto.

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Se refería al uso que están haciendo muchos usuarios de redes sociales de servicios gratuitos como Vessel Finder, Marine Traffic, FlightRadar 24 y ADS-B Exchange, que muestran sobre un mapa del mundo la posición de buques o aeronaves gracias a las señales que unos y otros emiten en abierto con su posición real, velocidad y otros datos. Esos datos son cotejados con las fotos que aficionados captan en la cercanía de bases aéreas y las fotos de satélite de bases militares que publican empresas privadas o países como China.

Durante las últimas semanas, la comunidad de inteligencia de fuentes abiertas de la red social X (antes Twitter) ha hecho un seguimiento intenso y exhaustivo de los movimientos de buques y aeronaves estadounidenses hacia el Mediterráneo oriental y Oriente Medio. Esto ha permitido constatar que se trata, posiblemente, de la mayor movilización militar de Estados Unidos desde la invasión de Irak en 2023. Y quizás sólo igualada en momentos puntuales de la ocupación de Afganistán e Irak.

La lista de aparatos que han cruzado el océano Atlántico rumbo a Oriente Medio es larga, incluyendo cazabombarderos de cuarta generación F-16 y F-18, y los de quinta, F-35 y F-22. Destaca el gran número de aviones de variantes especializadas, como los EF-18G Growler de guerra electrónica y F-16CJ de supresión de defensas antiaéreas enemigas. La presencia de ambos aparatos muestra la importancia dada a interferir y destruir los sistemas antiaéreos iraníes, reforzados recientemente con sistemas y radares de origen chino. Pero hay una serie de aparatos que, por su naturaleza, sirven para calibrar la magnitud de los planes estadounidenses.

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Esta semana, seis aparatos E-3G Sentry se trasladaron desde Estados Unidos a Reino Unido y Alemania. Cada uno de estos aparatos de alerta temprana y mando aéreo aerotransportado sirve para explorar el espacio aéreo en un radio de 650 kilómetros (400 si el objetivo vuela bajo) con su radar, pero además, organizar el tráfico de aviones propios cuando hay decenas de ellos en vuelo y coordinar la batalla aérea.

Otro indicador de la magnitud de las fuerzas que se preparan es el vuelo de aviones cisternas. Cada uno de ellos suele acompañar en su traslado a aparatos más pequeños con una menor autonomía. El día 18 de febrero fueron detectadas 20 cisternas de la fuerza aérea estadounidense volando entre Estados Unidos y Europa. No fue la primera ocasión que tal número fue registrado por la comunidad de inteligencia de fuentes abiertas. Su presencia en Oriente Medio también será importante para asegurar el tránsito de ida y vuelta de los aviones rumbo a Irán desde sus bases avanzadas en la región.

Escenarios en una región imprevisible

La acumulación de fuerzas estadounidenses permite deducir que los planificadores militares estadounidenses preparan una operación de gran envergadura. Los objetivos son claros: el programa de armas nucleares de Irán y todo lo relacionado con el programa de misiles balísticos que las portarían, tanto fábricas como almacenes. Que Estados Unidos esté preparando un gran ataque contra Irán en febrero de 2026 es señal de que la operación "Martillo de Medianoche", con la que Estados Unidos remató en junio de 2025 el ataque israelí contra Irán, no tuvo resultados definitivos.

Pero también porque en los pasillos de la Casa Blanca se ha planteado un objetivo muy ambicioso. Hacer tambalear los pilares del régimen para que una reactivación del ciclo de protestas haga cambiar el statuo quo político en Irán. Los avances en Venezuela podrían animar a aplicar otro plan de "democratización a través del poder aéreo". Pero son demasiados los elementos y factores que hacen a Irán diferente a Venezuela.

Es esperable una campaña de bombardeos que podría durar días o semanas, ya que primero requerirá la destrucción de centros de mando y control y defensas antiaéreas iraníes para permitir operar con libertad dentro del espacio aéreo enemigo. Un objetivo secundario dentro de esta operación serán los medios de represalia, puesto que la respuesta obvia de Irán será intentar implicar a los países del Golfo Pérsico atacando las bases estadounidenses que albergan y forzando a los aliados regionales de Estados Unidos a presionar a la Casa Blanca.

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Así surge la primera duda de esta gran operación estadounidense. El balance final dependerá enormemente de si Irán decide (y puede) arrastrar a los aliados de Washington a un escenario de conflicto regional, golpeando las bases que el Pentágono opera en países como Jordania o Arabia Saudita. Esas represalias podrían generar una espiral de conflicto completamente imprevisible.

Estados Unidos no es el único país implicado en esta operación. Recientemente, Reino Unido desplegó aviones Eurofighter en el emirato de Qatar con el evidente propósito de protegerlo de un posible ataque de represalia iraní. Dentro del despliegue de fuerzas de Estados Unidos ha sido documentado el traslado de un sistema THAAD de defensa frente a misiles balísticos a Israel, un país que podría sumarse al ataque estadounidense.

Tal posibilidad depende de si la Casa Blanca quiere presentar o no esta operación como un esfuerzo multinacional con sus aliados, abriendo la puerta para acciones conjuntas con su aliado israelí. Y también de la voluntad israelí de golpear Irán con una agenda aparte que incluya objetivos escogidos con información que no se quiera compartir con Estados Unidos. Pero incluso en el caso de que Israel quede al margen como espectador de una operación estadounidense, es altamente probable que haya un intercambio fluido de información sobre objetivos y que los agentes israelíes aprovechen el caos y la confusión para actuar sobre el terreno.

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La llegada de un portaaviones nuclear al Caribe supuso el indicador de que una operación estadounidense se avecinaba contra Venezuela, después de que las negociaciones con el dictador Nicolás Maduro quedaran en vía muerta. En el caso de Irán, las negociaciones en Omán y Suiza han seguido teniendo lugar hasta hace poco. Hasta ahora ha trascendido que Estados Unidos ha puesto sobre la mesa tres exigencias que para el régimen iraní resultan inaceptables: renuncia a un programa nuclear, renuncia al desarrollo de misiles balísticos y renuncia a financiar grupos irregulares en toda la región.

Estos tres elementos son los principales elementos de disuasión para el régimen y su seguro de vida en una región que vive una peligrosa carrera de armamento. Sin embargo, podríamos tener una sorpresa de última hora y ver que el líder supremo Alí Jamenei, parafraseando al ayatolá Jomeini, aceptara un acuerdo "más amargo que el veneno" que garantizase la continuidad del régimen a cambio de un Irán sin capacidad de desestabilizar Oriente Medio. Por el camino quedarían los anhelos y esperanzas del pueblo iraní, sacrificado en nombre de la geopolítica.

Estados Unidos está realizando la mayor concentración de fuerzas aeronavales en décadas, un movimiento que analistas interpretan como el preludio de un ataque contra Irán que podría ser cuestión de menos de 10 días, según ha avanzado la Casa Blanca este jueves. Dos portaaviones nucleares y una flota aérea inédita son las bazas que el presidente Donald Trump ha puesto en la mesa durante unas complicadas negociaciones con el régimen de los ayatolás. Queda por ver cuán ambicioso podría ser un eventual ataque contra el país persa. Estamos ante un terreno resbaladizo con múltiples derivadas imprevistas y un potencial impacto global.

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