Los discursos de la confusión: por qué es difícil hablar claro con "la administración" Trump
Marco Rubio se mostró conciliador con Europa este fin de semana en Múnich, pero detrás puede haber intereses electorales y una conclusión más allá del presunto acercamiento
El secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, en la Conferencia de Seguridad de Múnich. (Reuters/Alex Brandon)
El discurso del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, en la Conferencia de Seguridad de Múnich, sigue doblándose, desdoblándose y examinándose a trasluz en las capitales europeas. ¿Qué quiso decir realmente? Sus palabras fueron expresadas con claridad y pueden leerse y escucharse en bucle. Pero las interpretaciones siguen siendo múltiples. Incluso contradictorias.
Por resumir, Rubio destacó que EEUU y Europa tenían una historia en común y estaban hechos de la misma madera. Pero, para seguir viajando juntos, Europa debe hacer cambios. Poner coto a la inmigración para proteger su "herencia", abandonar el "culto climático", que perjudicaría el crecimiento económico, y aceptar una mayor responsabilidad en su defensa militar. Todo en un momento de cambio de paradigma en el que instituciones internacionales como la ONU, símbolo del orden posterior a 1945, se tienen que reformar. Apenas hubo referencias a Rusia o China, pero, por lo menos, Rubio usó la primera persona del plural: We.
Para entender las palabras de Marco Rubio, primero hay que revisar el contexto político interno de la administración Trump. El presidente de EEUU va a cumplir 80 años en junio y, legalmente, no puede presentarse a un tercer mandato, lo que abre una lucha por la sucesión al frente del Partido Republicano y el movimiento MAGA.
Marco Rubio, que goza de gran confianza por parte de Trump, como indica el hecho de que ostenta dos cargos estratégicos, secretario de Estado y consejero de Seguridad Nacional, es uno de los favoritos a sucederlo. El portaestandarte de la facción reaganiana, más tradicional y neoliberal, del Partido Republicano. Una figura que podría reencender los rescoldos neocon apagados por la ola de populismo, sintetizando ambos mundos: la era Trump con algo más de equilibrio y finura.
Desde este punto de vista, puede entenderse por qué muchos conservadores moderados en Europa saludaron su discurso e incluso se sumaron a la ovación, iniciada por la delegación estadounidense, en Múnich. Marco Rubio no salió de la nada. Todo el mundo en Múnich sabía quién era: un tipo que, pese a haber adoptado las prioridades nativistas de la administración Trump, tiene, al menos, década y media de credenciales atlantistas. A lo mejor brillaba en las mentes europeas la imagen del presidente Rubio. A lo mejor Rubio planificó su discurso para los votantes MAGA, de cara a 2028, pero con un guiño a los europeos.
El recibimiento del discurso de Rubio también es fruto del contraste. Un año antes, en el mismo Hotel Bayerischer Hof de Múnich, el vicepresidente de EEUU, JD Vance, se dirigió a los europeos en un tono mucho más agresivo e insultante. Vance comparó a la UE con la URSS, un sistema centralizado, obsoleto y políticamente represivo en vías de extinción por su propia blandenguería e incompetencia.
Hubo una frase en especial que se clavó en el corazón de los europeos, que están a tiro de ballesta de Rusia. "La amenaza que más me preocupa respecto a Europa no es Rusia, ni China, ni ningún otro actor externo. Lo que me preocupa es la amenaza interna, el retroceso de Europa en algunos de sus valores más fundamentales".
Dado que Rubio ya venía con ese bagaje de voz razonable en el mundo MAGA, y sus palabras no fueron tan directas como las de JD Vance, es comprensible que más de un dignatario holandés, lituano o griego de sienes plateadas cayera en el wishful thinking y se permitiera un suspiro de alivio. Incluso, una ovación.
Dividir para gobernar
El senador demócrata Mark Kelly, también presente en Múnich, dijo que "el mundo de ayer ha desaparecido porque Donald Trump lo ha hecho saltar por los aires". Kelly dijo haber percibido un "síndrome de estrés postraumático" entre los aliados. Al haber sido brutalizados por Trump y Vance, el discurso de Rubio fue balsámico. Al menos, no cambió las cosas. Al menos, las cosas no han ido a peor.
Otro elemento que amplía los márgenes de interpretación es que la administración Trump no funciona como una administración tradicional republicana o demócrata. No es una pirámide de técnicos y expertos conectados a un gabinete, encabezado, a su vez, por un presidente que escuche la opinión de los especialistas.
Como explicaba Miguel Otero, investigador senior de economía política internacional en Real Instituto Elcano, en realidad "no hay una administración Trump". "Lo que existe es un gobierno dirigido por Trump y un grupo muy reducido de personas, cuyas conexiones con el aparato estatal son extremadamente limitadas. Esto significa que muy poca gente sabe realmente si existe una estrategia clara en la Casa Blanca respecto a China, Europa, Rusia y muchos otros asuntos internacionales importantes".
A Trump siempre le ha gustado dividir a las facciones de su gobierno para tenerlas en ascuas y mantener el factor sorpresa, lo cual es una de sus fuentes de poder. ¿Cuál es, por ejemplo, la política de Trump hacia Ucrania? Nadie lo sabe, o lo sabe, pero a su manera y con dudas. O cree saberlo hasta que un día sucede algo que desmiente su perspectiva.
Hay sanciones al petróleo ruso, pero también hay alfombra roja para Putin en Alaska. Hay cero asistencia militar, económica y humanitaria a Kiev, pero se le sigue proporcionando inteligencia. A Zelenski se le ha llamado "dictador", pero jamás aVladímir Putin. ¿Por qué? Hay numerosas hipótesis, algunas más sólidas que otras. Pero es imposible llegar a un consenso.
La observación de Miguel Otero se escucha continuamente en labios de las delegaciones diplomáticas. Quieren comunicarse con el gabinete de Trump, pero no saben cómo hacerlo. Quizás porque, en lugar de poder acudir a un organigrama de cauces diplomáticos tradicionales, tienen que pelearse por conseguir el móvil del yernísimo o de algún oscuro criptoinversor relacionado con los hijos del presidente. Como dice Otero, esta falta de acceso se explica porque "Estados Unidos se parece cada vez más a una monarquía del Golfo que a una democracia liberal".
Así que Vance dice una cosa, Marco Rubio la dice con otras palabras, luego viene Elbridge Colby, vicesecretario de Defensa, y dice otra más, o el propio Trump, en Davos. ¿Quién expresa realmente la política de EEUU? ¿A quién tenemos que escuchar?
La 'sagrada herencia' está en peligro
Aceptado el hecho de que existe bastante espacio para la interpretación, hemos de preguntarnos si las palabras de Marco Rubio en Múnich fueron, realmente, muy distintas a las de Vance o a las de Donald Trump en Davos. O a las prioridades recogidas en la Estrategia de Defensa Nacional publicada por la Casa Blanca.
El discurso de Rubio también fue un sermón contra Europa y una llamada a hacer reformas del gusto de la administración Trump, so pena de disminuir o quien sabe si cancelar la relación atlántica (hace un mes la Casa Blanca amenazaba con anexionarseGroenlandia, territorio de un Estado de la OTAN, por la fuerza). Decir que la inmigración es mala, buena, razonable o destructiva es opinable, como lo son las políticas climáticas. Son asuntos internos europeos.
Por otra parte, y paradójicamente, el Gobierno de EEUU se abstiene de hablar en ese tono a regímenes claramente dictatoriales como el de Rusia o las petromonarquías.
También es paradójico que los valores occidentales, la "sagrada herencia" de la que habló Marco Rubio, estén en peligro en Europa pero no en Estados Unidos, donde paramilitares enmascarados piden los papeles en la calle a las personas de piel morena o irrumpen en las viviendas sin orden judicial para sacar a rastras a inmigrantes. Donde cientos de jueces, nombrados por un partido o por otro, reconocen estar desbordados por las continuas violaciones de la ley por parte del Gobierno federal; o donde el Gobierno ha mandado cientos de citaciones a las empresas tecnológicas para que les pasen información sobre las "cuentas anti-ICE".
La alta representante exterior europea, Kaja Kallas, uno de los baluartes de la ortodoxia atlantista, hizo un comentario cáustico sobre EEUU. "Vengo de un país [Estonia] que ocupa el segundo lugar en el Índice de Libertad de Expresión [de Reporteros sin Fronteras] y, para mí, escuchar un sermón de un país que ocupa el puesto 58 [56, en realidad] de ese índice es… Interesante".
De todas formas, cuando Rubio mencionó la "civilización occidental", no lo hizo en términos de libertad de expresión, derechos inalienables, pluralismo político y religioso y búsqueda de la verdad científica, sino que habló de una Europa "orgullosa de su herencia", de la "voluntad de supervivencia", del "destino" y de la "expansión" en las Américas. Lamentó que "los grandes imperios occidentales habían entrado en decadencia terminal" después de 1945, al tiempo que denunciaba las "insurgencias anticoloniales", identificándolas con el comunismo.
En principio, no hay nada malo en estar orgulloso de la cultura o en emprender en nuevos territorios, pero el acento del discurso de Rubio es el mismo acento de lo que dice, continuamente, Stephen Miller,la voz más extremista de la Administración Trump. La idea de la civilización como imperio, fuerza, dominación.
Una idea con claras connotaciones raciales, al ser los europeos quienes se supone que portan esta llama de belleza y sabiduría por el mundo adelante. Si abren las puertas a gente de otros continentes, esta llama desaparecerá a manos de culturas atrasadas.
El genio del discurso de Rubio es que cada audiencia lo pudo filtrar, eficazmente, por el tamiz de sus prejuicios. Donald Trump y los votantes MAGA quedaron contentos con esa descripción de la globalista Europa como un enfermo que merece cirugía de urgencia; algunos europeos también encontraron mimbres a los que agarrarse para sentirse bien consigo mismos y rezar para que 2028 llegue rápido.
Como dijo el ministro delegado de Asuntos Europeos de Francia, Benjamin Haddad: "Creo que la peor lección que podríamos sacar de este fin de semana es decir, bueno, puedo aferrarme a algunas palabras de amor que escuché en parte de su discurso y presionar el botón de la siesta".
El discurso del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, en la Conferencia de Seguridad de Múnich, sigue doblándose, desdoblándose y examinándose a trasluz en las capitales europeas. ¿Qué quiso decir realmente? Sus palabras fueron expresadas con claridad y pueden leerse y escucharse en bucle. Pero las interpretaciones siguen siendo múltiples. Incluso contradictorias.