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El último choque diplomático entre el EEUU trumpista y Bélgica es... por la circuncisión
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"Salvar a Europa" de leyes "opresivas"

El último choque diplomático entre el EEUU trumpista y Bélgica es... por la circuncisión

La última tormenta diplomática desatada en Europa con EEUU tiene todos los elementos de convertirse en un chiste de mal gusto que oculta una tensión mayor

Foto: El nuevo embajador de EEUU en Bélgica, Bill White (EFE/Olivier Matthys)
El nuevo embajador de EEUU en Bélgica, Bill White (EFE/Olivier Matthys)

La última tormenta diplomática desatada en Europa con EEUU tiene todos los elementos de convertirse en un chiste de mal gusto que oculta una tensión mucho más grave. Este martes, el Ministerio de Exteriores belga convocó de urgencia al embajador de Estados Unidos en el país, Bill White, por sus comentarios acusando a Bélgica de "antisemitismo" en relación con una investigación policial sobre circuncisiones irregulares de bebés judíos.

El nuevo embajador de EEUU en Bélgica, Bill White, un fervoroso partidario de Donald Trump y donante de su campaña, que se ha descrito a sí mismo como "católico devoto" con "herencia judía", publicó el lunes una serie de comentarios en contra de una investigación en Amberes contra tres mohelim, hombres judíos encargados de la "Brit Milá", es decir, la circuncisión ritual de bebés de (generalmente) ocho días de vida. Los mohelim en cuestión podrían enfrentarse a un juicio este verano acusados de practicar una versión de la circuncisión más peligrosa, que incluye succionar la herida del prepucio cortado con la boca para "limpiarla", ritual asociado a una comunidad muy pequeña haredí ultraortodoxa presente en la ciudad. El rabino principal niega que se practique dicho ritual. La investigación sigue abierta.

Lo que podría tratarse de un caso menor ha saltado a un conflicto diplomático cuando White, en una inusual intervención en los asuntos domésticos de un país, acusó de "ridícula persecución antisemita" a Bélgica y se dirigió directamente al ministro de Salud.

"A BÉLGICA, ESPECÍFICAMENTE, DEBEN TERMINAR YA EL RIDÍCULO Y ANTISEMITA 'PROCESAMIENTO' DE LOS 3 RELIGIOSOS JUDÍOS (MOHELS) EN AMBERES!”, escribió White en su publicación. "Al (muy grosero) ministro de Salud belga, Frank Vanenbroucke: Deben establecer una disposición legal que permita a los religiosos judíos mohels ejercer sus funciones aquí en Bélgica. Se hace en todos los países civilizados como procedimiento legal”, añadió. "Bélgica es un país civilizado. Detengan este acoso inaceptable a la comunidad judía aquí en Amberes y en Bélgica. Estamos en 2026, deben entrar en el siglo XXI y permitir que nuestras familias judías en Bélgica ejerzan legalmente sus libertades religiosas".

La mañana del martes, el ministro de Asuntos Exteriores, Maxime Prévot, convocó a White asegurando que "cualquier insinuación de que Bélgica es antisemita es falsa, ofensiva e inaceptable". "Los ataques personales contra un ministro belga y la injerencia en asuntos judiciales violan las normas diplomáticas básicas (...) cualquier interferencia en nuestras instituciones democráticas (...) es una línea que no se debe cruzar. El respeto por la soberanía es una doble vía", continuó Prévot.

La ley belga permite que la circuncisión ritual, que también practican los musulmanes (aunque no es obligatoria en su religión, como sí lo es en el judaísmo), se ejecute por un profesional sanitario. El procedimiento, si es practicado en hospitales, cuesta algo más de 100 euros que devuelve íntegro el seguro de salud (con un monto total estimado de cerca de 2,6 millones de euros al año), lo que ha abierto otro debate, alimentado por partidos de derecha, sobre si se debería financiar un procedimiento no-sanitario, sino religioso. Pero no es lo que se debate en esta crisis diplomática.

En los últimos años, Bélgica ha intentado sacar adelante varias leyes limitando costumbres de la práctica religiosa por considerarlas insalubres, irregulares o crueles. Una de ellas, la más polémica, prohibía sacrificar animales sin haberlos dejado antes inconscientes, lo que en la práctica prohibía directamente los ritos halal (islámico) y kosher (judío), que requieren ambos que el animal esté consciente antes del sacrificio y sean así aptos para el consumo humano en las respectivas religiones. Se aplica en varias regiones del país.

Por motivos como éste muchos opinan que la investigación sobre los tres mohelim en Amberes podría acabar en realidad en una prohibición de facto del Brit Milah (circuncisión judía). En el juicio, el juez en realidad estará decidiendo si la circuncisión no médica es una cuestión de libertad religiosa o si se requiere regulación o algún tipo de autorización para quienes la realizan. "Simplemente, no hay suficientes médicos judíos para hacer circuncisiones" en el país, sostenía Michael Freilich, diputado judío de derecha en Amberes, a Euractiv. "Uno de los principios fundamentales de nuestra fe está siendo cuestionado y potencialmente ilegalizado, y necesitamos encontrar una solución", dijo. Hay unos 29.000 judíos en toda Bélgica, concentrados en Bruselas y Amberes.

Obviamente, el Ministerio de Exteriores israelí ha saltado también al asunto. En un post en X, el ministro Gideon Saar, se apoyó en las acusaciones del embajador estadounidense White y repasó una lista de incidentes antisemitas en el país de los últimos años. Según una institución pública independiente belga, sí que se ha detectado un aumento en incidentes antisemitas desde el inicio de la invasión israelí de Gaza.

"Salvar a Europa" de "leyes opresivas"

Pero esta crisis va, en realidad, de algo mucho más allá de la protección habitual de EEUU al judaísmo asociado a Israel. El propio nombramiento de White fue polémico este otoño por su tendencia a retuitear y amplificar las publicaciones en redes sociales de Dries Van Langenhove, activista político belga de extrema derecha recientemente sentenciado a prisión por racismo y negación del Holocausto.

Pero encaja, como ha señalado el propio ministro de Exteriores belga, Maxime Prévot, en cierta libertad de los nuevos representantes de la Administración Trump en Europa para "interferir" en asuntos considerados internos de cada uno de los países, incluidos "asuntos judiciales" e "instituciones democráticas". Es decir, en la soberanía, incidía Prévot.

Y lo están haciendo bajo la capa de la lucha para "salvar a Europa" de su "decadencia" alimentada por la "sofocación de la libertad de expresión" y "el retroceso de Europa respecto de algunos de sus valores más fundamentales" con medidas "opresivas" en palabras del vicepresidente JD Vance, que puso en su momento como ejemplos específicos el arresto en Reino Unido de un hombre por rezar cerca de una clínica de abortos hasta la condena por parte de Suecia de un activista antiislámico por quemar ejemplares del Corán en público.

Si preferimos las palabras más conciliadoras (pero igual de insidiosas) de la cara más educada de la Administración Trump, el secretario de Estado Marco Rubio hace apenas tres días en la Conferencia de Seguridad de Múnich: "Nos preocupamos profundamente por su futuro [el de Europa] y el nuestro. Los estadounidenses a veces podemos parecer un poco directos en nuestros consejos. La razón, amigos míos, es porque nos importa profundamente".

La última tormenta diplomática desatada en Europa con EEUU tiene todos los elementos de convertirse en un chiste de mal gusto que oculta una tensión mucho más grave. Este martes, el Ministerio de Exteriores belga convocó de urgencia al embajador de Estados Unidos en el país, Bill White, por sus comentarios acusando a Bélgica de "antisemitismo" en relación con una investigación policial sobre circuncisiones irregulares de bebés judíos.

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