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Lo que anticipan las dificultades de Pedro Sánchez en Múnich
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Lo que anticipan las dificultades de Pedro Sánchez en Múnich

La participación del presidente en la Conferencia de Seguridad que se celebra en Alemania tuvo lugar en un contexto muy complicado para él y para las opciones políticas que defiende. El nuevo mundo ha llegado

Foto: Pedro Sánchez, en Múnich. (Moncloa Pool/Borja Puig de la Bellacasa)
Pedro Sánchez, en Múnich. (Moncloa Pool/Borja Puig de la Bellacasa)
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Pedro Sánchez tuvo que lidiar ayer con una papeleta difícil. Compartió debate con la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, y el senador demócrata estadounidense, Christopher A. Coons. Rusia ocupó la mayor parte del panel y el gasto en defensa fue un asunto prioritario. Hubo referencias a Groenlandia y salieron a relucir los misiles hipersónicos que Rusia ha colocado en submarinos en el Ártico. El presidente español insistió en que se puede reforzar la defensa de muchas maneras sin necesidad de llegar a gastar el 5% del PIB, apoyó la creación de un ejército europeo, recordó el gran activo que suponen las instituciones internacionales y la defensa de los valores, subrayó que el doble estándar respecto de Ucrania y Gaza está debilitando a Europa frente al Sur Global y abogó por el desarme nuclear, que fue su gran propuesta. Sus argumentos que no sonaron muy convincentes, y más tras la intervención, esa misma mañana de Marco Rubio.

El programa de EEUU

El secretario de Estado de EEUU estuvo presente en Múnich un año después del aldabonazo que supuso la intervención de J.D. Vance en el mismo escenario. Han cambiado muchas cosas desde entonces, incluyendo la disposición europea. Rubio expresó una intención firme de no abandonar la asociación atlántica. EEUU quiere y necesita una Europa fuerte. Su discurso estaba bien construido y se pronunció desde un tono convincente y mucho más amistoso que el de Vance. Hubo aplausos cuando Rubio finalizó. Von der Leyen afirmó sentirse reconfortada por las palabras del político estadounidense. Lo que hace un año sonó disruptivo, ahora comienza a ser integrado.

"Muchas naciones invirtieron en enormes estados de bienestar a costa de perder su capacidad de defensa"

El discurso de Rubio, sin embargo, no fue complaciente. Sonó moderado en el tono, pero exigente en el contenido. Regresó a algunas de las constantes que han modelado el giro estadounidense impulsado por Trump. Criticó ese mundo, del que Rubio procede, que había creído en el fin de la historia y que “abrazó una visión dogmática del libre comercio, incluso mientras algunas naciones protegían sus economías y subvencionaban a sus empresas para socavar sistemáticamente las nuestras”. Rubio recordó que “subcontratamos cada vez más nuestra soberanía a instituciones internacionales” y que “muchas naciones invirtieron en enormes estados de bienestar a costa de perder su capacidad de defensa”, en clara alusión a Europa. Señaló los problemas a los que llevaron las medidas sobre el cambio climático, “que impusieron políticas energéticas que empobrecen a nuestra gente, mientras nuestros competidores explotan el petróleo, el carbón, el gas natural y cualquier otro recurso, no solo para impulsar sus economías, sino para usarlo como palanca contra la nuestra”. Y, por supuesto, incidió en uno de los asuntos centrales para la administración Trump: “En la búsqueda de un mundo sin fronteras, abrimos nuestras puertas a una ola de migración masiva sin precedentes que amenaza la cohesión de nuestras sociedades, la continuidad de nuestra cultura y el futuro de nuestros pueblos”. Rubio señaló que “cometimos estos errores juntos, y ahora, juntos, debemos afrontarlos porque se lo debemos a nuestros pueblos”.

Ese es el programa estadounidense. Y conviene tomar nota, porque es el lugar hacia el que el mundo se dirige. También Europa.

El plan alemán

Rubio, justo antes de partir para Múnich, había advertido que “el viejo mundo ha desaparecido. Vivimos en una nueva era geopolítica”. Merz ratificó esa visión y expuso su plan para transitar por la nueva época en el discurso inaugural de la Conferencia de Seguridad de Múnich. Merz quiere hacer del alemán el ejército convencional más fuerte de Europa, pero siempre de la mano de EEUU a través de la OTAN. Señaló las divergencias entre el proyecto estadounidense y el europeo, pero reconoció que la alianza entre ambos es sólida. Merz puso énfasis en el reforzamiento de Alemania. Su discurso fue calificado de ‘gaullista'. Las consecuencias de ese propósito son significativas. Para entenderlas, hay que regresar a lo ocurrido el pasado jueves.

El 12 de febrero tuvo lugar, en un monasterio-castillo de Flandes, Alden-Biesen, una reunión informal de los primeros ministros y presidentes europeos cuyo objetivo era preparar el Consejo del próximo mes. Merz y Meloni, CDU y Fratelli d’Italia, Alemania e Italia, lideraron la reunión. El propósito era impulsar un plan económico para Europa que coloca la desregulación y la competitividad están en el centro. Merz avisó en Davos de lo que eso significaba. Europa debe recuperarse poniendo freno a la burocracia, dejando mayor libertad de acción a las empresas e impulsando mercados de capitales más profundos. Sin embargo, para ser competitivos globalmente hace falta algo más: deben revisarse los costes laborales y los derivados de la Seguridad Social, así como las pensiones. Hay que trabajar más horas. Los presupuestos tienen que equilibrarse y los déficits reducirse. Y todo ello en un escenario que hace imprescindible un gasto mayor en defensa, lo que requerirá ajustes significativos.

Quizá Merz quiera llegar a un lugar distinto del de la administración Trump, pero los caminos que pretende recorrer son los mismos

Marco Rubio advirtió de adónde había llevado ese gasto que se destinaba a sufragar el estado de bienestar en lugar de destinarse a defensa. También señaló las políticas verdes que asfixiaban a la industria y generaban costes de energía más elevados. Ambas cosas están en la agenda de Merz en un lugar prioritario. Rubio se refirió también a la limitación de la inmigración. El norte de Europa está ya alineado con esa visión. Quizá Merz quiera llegar a un lugar distinto del de la administración Trump, pero los caminos que pretende recorrer son los mismos.

Hay consecuencias para España. Sánchez aboga por el gasto en defensa, pero menor del 5% exigido, no quiere recortar el estado del bienestar, es un decidido partidario de las energías renovables y es el líder europeo que más ha apostado por la inmigración como motor. Está en un lugar difícil, porque no se trata de que EEUU esté empujando en otra dirección, sino de que Alemania, junto con la Europa del norte e Italia, está tomando ese camino.

Hay países que quieren reforzar la Unión Europea. Alemania también, hasta cierto punto. Desde luego, no con eurobonos

En el retiro de Alden-Biesen, que era una reunión preparatoria, se celebró otra reunión preparatoria previa a la que Sánchez no fue convocado. Macron sí. El presidente francés había señalado la necesidad de emitir eurobonos. El ministro de Economía español, Carlos Cuerpo, había insistido en ese punto en un artículo publicado por Financial Times. España, como otros países europeos, especialmente del sur, entiende que la salida de este instante complicado pasa por la emisión de deuda conjunta que permita acometer las inversiones necesarias en defensa sin desorganizar las economías nacionales. En esta Unión Europea atravesada por prioridades distintas, hay países que entienden que un reforzamiento de la Unión, con avances hacia el federalismo, y con una mayor integración económica, sería necesaria. Alemania asegura que así debe ser en aspectos como el mercado de capitales, pero poco más, y desde luego no en lo que respecta a eurobonos. Sánchez habló en Munich de un gasto común y de un ejército europeo, que era otra forma de señalar el asunto que está de fondo: si se van a gastar grandes cantidades en defensa que van a favorecer el propósito alemán de contar con un gran ejército, al menos que se sufrague conjuntamente. Y si puede servir para tener capacidades comunes europeas, y no solo de países en concreto, mejor.

Las dificultades de Sánchez

La semana está siendo mucho más agitada en el plano internacional de lo que parece, y ha dejado un horizonte que favorece poco a la visión política de Sánchez, y menos aún al apoyo que Alemania había ofrecido hasta ahora al presidente español. Europa está girando hacia el norte y hacia la derecha. Las políticas que apoya el Gobierno español, como la descarbonización y la transición energética, el apoyo a la inmigración, el gasto moderado en defensa y el soporte al estado del bienestar distan mucho de ser populares en una Europa del norte que está imponiendo otro paso. La visión de la Europa de los valores y de las interrelaciones a partir del comercio está dejando paso a la política de bloques, a la que aludió Rubio, y que Alemania acepta sin demasiadas tensiones. Todos estos asuntos estaban de fondo en la mesa de la Conferencia de Seguridad en la que participó el presidente español. Sánchez trató de defender sus posturas, pero poniendo el acento en asuntos laterales, posiblemente para no molestar demasiado. Fue una de sus intervenciones más flojas, en especial porque el foco no estaba bien centrado y los argumentos no fueron los mejores.

Llega un mundo nuevo, y el socioliberalismo progresista (al igual que la derecha liberal, la del orden basado en reglas) está perdiendo peso e influencia. Múnich sirvió para constatar que ese nuevo mundo se está afianzando: un mundo que gira hacia el norte, con el Ártico de fondo, hacia la derecha y hacia EEUU.

Pedro Sánchez tuvo que lidiar ayer con una papeleta difícil. Compartió debate con la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, y el senador demócrata estadounidense, Christopher A. Coons. Rusia ocupó la mayor parte del panel y el gasto en defensa fue un asunto prioritario. Hubo referencias a Groenlandia y salieron a relucir los misiles hipersónicos que Rusia ha colocado en submarinos en el Ártico. El presidente español insistió en que se puede reforzar la defensa de muchas maneras sin necesidad de llegar a gastar el 5% del PIB, apoyó la creación de un ejército europeo, recordó el gran activo que suponen las instituciones internacionales y la defensa de los valores, subrayó que el doble estándar respecto de Ucrania y Gaza está debilitando a Europa frente al Sur Global y abogó por el desarme nuclear, que fue su gran propuesta. Sus argumentos que no sonaron muy convincentes, y más tras la intervención, esa misma mañana de Marco Rubio.

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