El nuevo mapa de Israel para Palestina: comprar el 82% de la tierra y dejar seis "islas" palestinas
La medida también contempla transferir a Israel la autoridad sobre los permisos de construcción de asentamientos en Hebrón, la ciudad palestina más grande de Cisjordania, que hasta ahora dependía de la Autoridad Palestina
Una excavadora israelí prepara una carretera en el asentamiento evacuado de Sanur, cerca de la ciudad cisjordana de Jenin. (EFE/Alaa Badarneh)
El Gobierno del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, quiere erradicar cualquier idea de Estado palestino. No es ningún secreto ni un eslogan de alguna organización humanitaria. Es una declaración que los miembros de su Ejecutivo defienden abiertamente y que actúan sobre ella, anunciando, a cada paso, nuevas medidas para hacer que Israel acabe controlando toda Palestina.
El pasado domingo, el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, y el ministro de Defensa, Israel Katz, anunciaron un plan que busca, en sus propias palabras, "matar cualquier idea de un Estado palestino". Esta vez, mediante una nueva fase de expansión de los asentamientos en Cisjordania a través de un plan que promueve comprar las tierras ubicadas en áreas bajo la Administración Palestina en Cisjordania (el sector A), establecer nuevos asentamientos, reducir la presencia palestina a los núcleos de las ciudades y facilitar que los colonos sigan expandiéndose por todo el territorio. Estos últimos, protegidos por una suerte de milicia que vele por su seguridad durante el desalojo forzado de los palestinos de sus casas y terrenos.
Ambos ministros defendieron el plan en un comunicado conjunto del Gabinete de Seguridad, en el que sostienen que permitirá que "los judíos compren tierras en Judea y Samaria [Cisjordania] del mismo modo que lo hacen en Tel Aviv o Jerusalén". El objetivo declarado, según el propio gabinete, es "profundizar nuestras raíces en todas las regiones de la Tierra de Israel y enterrar la idea de un Estado palestino", una estrategia que choca frontalmente con las resoluciones de la ONU que defienden la solución de dos Estados como única vía para la paz en Oriente Medio. Pero en esta región del mundo, hablar de paz se ha convertido en algo utópico desde hace décadas.
Solo en los últimos años, las continuadas guerras en Gaza, la amenaza que supone Irán para Israel, la expansión de las milicias chiíes autoproclamadas eje de la resistencia —que tiene como objetivo acabar con Israel— o los conflictos internos en Siria con el nuevo Gobierno de al-Sharaa, han sumergido a la región en uno de sus momentos más tensos y nada vaticina que esté cerca de acabar.
De esta forma, la expansión de Israel en Cisjordania es un elemento más que pone cada vez más a la región en un punto crítico. Y su nuevo plan es solo el preludio de una posible reconfiguración del mapa territorial de Cisjordania. Entre las medidas aprobadas, el gabinete decidió derogar una ley que databa del control jordano del territorio palestino previo a 1967, con el fin de hacer públicos los registros de tierras que hasta ahora eran confidenciales y eliminar la obligación de obtener permisos de la administración civil.
Estados Unidos ya se ha pronunciado al respecto condenando la medida. Un funcionario citado por The Guardian aseguró que "el presidente Trump ha dejado claro que no apoya la anexión de Cisjordania por parte de Israel", y agregó que las sanciones "siguen sobre la mesa", incluida la posible suspensión de partes del acuerdo comercial UE-Israel. Además, la gran parte de los países árabes, además de la Unión Europea, Reino Unido o Australia, se han opuesto a la medida, calificándola como un paso más para aumentar la violencia, profundizar el conflicto y poner en peligro la estabilidad y seguridad regional.
Asimismo, habría incluso críticas dentro de los organismos de defensa israelíes sobre los riesgos de seguridad. "Una vez más escuchamos clichés sobre 'incendiar Oriente Medio'. Esto es absurdo", criticó Smotrich como respuesta a las advertencias. "Lo que prendió fuego a la región fueron los conceptos de rendición y retirada", declaró.
El plan también contempla transferir a Israel la autoridad sobre los permisos de construcción de asentamientos en Hebrón, la ciudad palestina más grande de Cisjordania, que hasta ahora dependía de la Autoridad Palestina. Junto a esto, la medida amplía el control israelí sobre dos importantes sitios religiosos en el sur de Cisjordania: la Tumba de Raquel, cerca de Belén, y la Cueva de los Patriarcas en Hebrón. Ambas ciudades forman parte de los sectores A de Cisjordania, es decir, terrenos que están bajo la administración y la seguridad de las autoridades palestinas, lo que marcaría un antes y un después en la expansión de los asentamientos al ubicarse, hasta el momento, en los sectores B y C.
Según Alon Cohen, arquitecto de la organización Bimkon-Planning and Human Rights, las medidas recientes representan un paso decisivo hacia la consolidación del poder de los colonos sobre la región. "No se trata solo de una decisión del gabinete, sino de acciones concretas en el terreno, tanto por parte de los colonos como del ejército. Es muy brutal lo que está ocurriendo", explica en conversaciones con El Confidencial. "Es la transferencia directa de competencias de planificación y permisos de construcción del municipio palestino de Hebrón a la Administración Civil israelí y el aumento de la demolición de viviendas palestinas sin respeto a los límites de las zonas A y B establecidos en los Acuerdos de Oslo", añade.
Alba Sanz. Asentamiento de Tekoa (Cisjordania)Alicia AlamillosGráficos: Marta Ley
"El gobierno actual ya no se relaciona teniendo en cuenta Oslo. Están intentando que el acuerdo colapse de manera silenciosa, sin llamar demasiado la atención. Y esto no es el primer acto de este tipo", asegura. "Ya vemos con claridad cómo los puestos avanzados se construyen en área B y el ejército entra en área A, violando no solo Oslo, sino el derecho internacional".
Las medidas, sin embargo, van más allá. En un nuevo mapa difundido por el Gabinete, se muestra cómo los sectores A, B (área con administración palestina y seguridad israelí) y C (área con administración y seguridad israelí) son fagocitados para convertirse en una extensión más de Israel, relegando la población palestina a los centros de las ciudades de Nablus, Jenin, Tulkarem, Hebrón, Ramallah y Jericó.
Alrededor del 18% del territorio de Cisjordania, principalmente en la Zona A, continuará gestionando su vida de manera independiente, primero bajo la Autoridad Palestina y más tarde mediante modelos de administración civil-regional sin aspiraciones nacionales, según explicó Smotrich durante la presentación del nuevo plan. "Desmantelaremos la idea nacional palestina y la sustituiremos por la gestión municipal", afirmó, advirtiendo que cualquier intento de la Autoridad Palestina de perjudicar a Israel se enfrentará a una "aniquilación como la que estamos llevando a cabo contra Hamás".
Así es como quedaría el nuevo mapa de Cisjordania, según el plan del Gabinete de Seguridad. (Foto cedida)
"Esto es algo que va contra la ley jordana y contra los acuerdos internacionales. Pero no les importa. Harán lo que quieran. Esto abrirá la puerta a una enorme expansión de control sobre la tierra y la población, en beneficio exclusivo de los colonos", afirma Adam. "Su idea es que los palestinos vivan en guetos, en áreas muy reducidas, y trabajen para los israelíes. Ya han publicado mapas que muestran cómo las ciudades palestinas se reducirían solo a unos pocos enclaves construidos. La intención es clara: controlar más tierra y disminuir la presencia palestina en Cisjordania", lamenta.
La expansión de los asentamientos a lo largo de toda Cisjordania ha sido una constante desde que Netanyahu regresó al poder. Solo el año pasado, el Gobierno de Netanyahu aprobó el plan E1, un proyecto que contempla la construcción de 3.000 nuevas viviendas en asentamientos de la Cisjordania ocupada, que facilite la conexión entre Jerusalén y el asentamiento de Maale Adumim. Según sus propias palabras, esta construcción "enterrará la idea de un Estado palestino", al dividirlo todavía más.
Lo que para los colonos supone apenas un trayecto de 30 minutos por carreteras que recorren territorios palestinos hasta ciudades como Jerusalén, para los palestinos se convierte en un verdadero infierno. Además de necesitar permisos especiales, pasan horas en carreteras congestionadas y bloqueadas por Israel, lo que dificulta enormemente sus desplazamientos. Y eso era antes del 7 de octubre; desde entonces, cientos de palestinos han perdido incluso los permisos que les permitían ir a Jerusalén o Belén para trabajar.
Giulio Maria PiantadosiErnesto TorricoMarta Abascal
Según la ONG Peace Now, que monitorea el crecimiento de los asentamientos y los llamados "puestos de avanzada" (ambos ilegales, según la Corte Internacional de Justicia), hay aproximadamente 500.000 residentes judíos en Cisjordania viviendo en este tipo de comunidades. Vallas, alambradas, muros y puestos fronterizos separan los territorios ocupados por Israel del resto de Palestina. Los controles del Ejército israelí son una constante más en estos territorios e incluso que se vea a un judío hablar con un palestino es visto como una amenaza o traición para las comunidades.
Una fuerza de seguridad para facilitar la expulsión
Desde 2023, unidades regionales de defensa conocidas como Hagmar—compuestas por unidades de reserva reclutadas de los asentamientos que funcionan como milicias de vigilancia—han facilitado a los colonos la expulsión de palestinos e incluso han participado directamente en agresiones. En octubre de ese mismo año, el Ministerio de Defensa armó y autorizó a miles de colonos para formar unidades militares dentro de sus propias comunidades, con controles mínimos sobre el uso de estos poderes. Aunque el Estado paga los salarios de los miembros de Hagmar, en la práctica operan de manera paralela a los batallones regulares.
Yaakov, quien sirvió como reservista en Cisjordania en 2024, describió para The Guardianestas unidadescomo "milicias armadas que hacen lo que quieren". "Formalmente, dependen del comandante del batallón y de su adjunto, pero sobre el terreno se les da carta blanca", explicó bajo condición de anonimato. "El mando superior hace la vista gorda cuando ocurren incidentes. No responde a ninguna orden".
Su unidad era a menudo llamada a intervenir en incidentes denunciados por activistas israelíes que apoyan a los palestinos. Sin embargo, al llegar a la escena, generalmente encontraban a reservistas colonos ya presentes, a veces participando en ataques contra la población palestina. "La mayoría de las veces, cuando algo sucedía, Hagmar llegaba antes que nosotros… A veces llegábamos juntos, rara vez los precedíamos", relató Yaakov. "Cuando llegan, en el mejor de los casos no participan. En el peor, actúan junto con los colonos", sentenció.
El Gobierno del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, quiere erradicar cualquier idea de Estado palestino. No es ningún secreto ni un eslogan de alguna organización humanitaria. Es una declaración que los miembros de su Ejecutivo defienden abiertamente y que actúan sobre ella, anunciando, a cada paso, nuevas medidas para hacer que Israel acabe controlando toda Palestina.