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Martillo de Thor: hasta los países nórdicos debaten la idea de una bomba nuclear conjunta
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Debate abierto en Europa

Martillo de Thor: hasta los países nórdicos debaten la idea de una bomba nuclear conjunta

Ante la incertidumbre sobre la fiabilidad de Estados Unidos como aliado, en los países nórdicos gana fuerza el debate sobre desarrollar un arma nuclear propia

Foto: Ejercicio de tropas suecas y finlandesas en Hetta, Finlandia. (Reuters)
Ejercicio de tropas suecas y finlandesas en Hetta, Finlandia. (Reuters)
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Este febrero, los suecos pudieron leer en su principal periódico un editorial completamente impensable hace unos años. "Nadie quiere hablar de armas nucleares suecas, pero lo tenemos que hacer", rezaba el Dagens Nyheter. Y es solo un ejemplo de un debate candente, arduo y abierto en los países de la región nórdica, de Finlandia a Dinamarca, pasando también por Noruega: la posibilidad de desarrollar un programa de armamento nuclear conjunto. Un "martillo de Thor" atómico para defenderse sin EEUU (o de EEUU).

"Los países nórdicos somos sociedades democráticas, ricas y funcionales (...) Los gobiernos nórdicos deben tener la valentía de participar en este debate público precisamente porque pueden permitirse desarrollar y mantener la disuasión nuclear independiente de manera que solo represente una amenaza a posibles agresores. Nadie consideraría seriamente que la región nórdica utilice su capacidad para fabricar bombas nucleares con fines que no sean la disuasión", elaboraba otro columnista, exasesor del Ministerio de Defensa danés, presentando la tripe motivación nuclear: ricos (para pagar el costoso programa nuclear), bien considerados serios aliados (para evitar el aislamiento internacional) y amenazados con mucho que perder (Groenlandia, cercanía con Rusia). ¿Son quizá los más adecuados para dar el paso en Europa a este nuevo mundo de la incertidumbre nuclear y carrera armamentística?

Con la incertidumbre sobre si Estados Unidos ha dejado de ser un aliado fiable y tras la invasión rusa de Ucrania, era un secreto a voces que, por primera vez desde el final de la Guerra Fría, los europeos están estudiando cómo desarrollar su propia disuasión nuclear. Lo confirmó este viernes el canciller alemán, Friedrich Merz, en su discurso en la Conferencia de Seguridad de Múnich. "He iniciado conversaciones confidenciales con el presidente francés sobre la disuasión nuclear europea. No permitiremos que surjan zonas con distintos niveles de seguridad", afirmó el alemán. Se ha filtrado que Emmanuel Macron dará un discurso al respecto en las próximas semanas. En los últimos días, líderes de Suecia, Noruega o Países Bajos han públicamente informado de esas conversaciones para extender una disuasión nuclear europea que, en el mejor de los escenarios, al menos complemente la versión estadounidense de la OTAN.

"Mientras países peligrosos posean armas nucleares, las democracias consolidadas deben tener acceso a armas nucleares", declaró el primer ministro de Suecia, Ulf Kristersson.

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Reemplazar el "paragüas" nuclear estadounidense con nuevas armas europeas es una cuestión mastodóntica, cara y políticamente compleja en un escenario en el que el continente ya sufre para multiplicar su rearme de poder militar convencional. Actualmente, solo Reino Unido y Francia poseen armamento nuclear (aunque el de Reino Unido es tecnológicamente dependiente de EEUU); unas 400 ojivas nucleares desplegadas entre ambos países. Estados Unidos, por su parte, cuenta con más de 1.770, un número que podría aumentar tras la expiración del tratado de no proliferación con Rusia este mismo mes, y Rusia, 1.718, según datos del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés). Eso sin contar otras mil respectivamente que sendos países tienen almacenadas. Cada año, Francia y Reino Unido gastan alrededor de 12.000 millones de dólares (10.100 millones) solo en el mantenimiento de su arsenal nuclear. Más de la mitad del gasto total en defensa de Suecia.

"La opción más lógica, rápida y rentable sería utilizar la capacidad nuclear de Francia como base para una disuasión nuclear europea independiente", afirmó Marko Mihkelson, jefe del Comité de Relaciones Exteriores del Parlamento estonio, poniendo declaraciones a lo que parece el deseo más amplio de otros líderes europeos. Una cuestión que tiene sus propios retos y dificultades, que El Confidencial ha tratado en otras ocasiones. Pero, en este caso, hay algunos que quieren ir incluso un poco más lejos que colocarse bajo el "paragüas francés". Puede ser el caso de los nórdicos. El debate está servido.

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En Dinamarca, Jeppe Kofod, exministro de Asuntos Exteriores (2019-2022), afirmó que "una unión de defensa nórdica con armas nucleares no es solamente un sueño, es una realidad imperiosa". Una necesidad "en respuesta a la disminución de las garantías de seguridad por parte de EEUU", que argumentaba por su parte Johannes Kibsgaard, teniente coronel y analista de la Universidad de la Defensa de Noruega, una de las voces académicas más influyentes en su país. "Tal y como están las cosas, la seguridad europea se basa en la buena voluntad y la solidaridad de Donald Trump y en la humanidad de Vladímir Putin. Esto no solo es ingenuo, sino francamente peligroso", lamentaba otro analista en políticas de seguridad, el sueco David Carlqvist.

La receta ideal, como argumentaba Kibsgaard en una publicación hace apenas unos días en la prestigiosa revista especializada en defensa War on the rocks, sería "desarrollar un arsenal de armas común" entre estos países. Los asesores políticos Morten Møller Sørensen y Nicolai Svejgaard Poulsen daban un toque más folclórico a un debate muy serio proponiendo que ese programa de armamento nuclear conjunto se llamase "Martillo de Thor", en referencia a la mitología vikinga.

Incluso para (energéticamente) nuclear Suecia, desarrollar un programa nuclear militar desde cero sería una empresa monumental y costosa. Crear su propia fuerza disuasoria de manera independiente podría llevar "dos décadas" y costar "decenas de miles de millones" de euros, con inversiones no solo en la tecnología per se, sino también en sistemas de lanzamiento, programas de pruebas, centros de almacenamiento, capacitación del personal y del mando, etc, según intentaba disuadir Hans Kristensen, director del Proyecto de Información Nuclear de la Federación de Científicos Estadounidenses.

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La cuestión económica es relevante, aunque no es que los países nórdicos carezcan de experiencia. A principios de la Guerra Fría, Suecia desarrolló su propio programa de armas nucleares clandestino para garantizar su neutralidad, alcanzando un nivel muy avanzado, hasta que en 1968 el país firmó el Tratado de No Proliferación y abandonó el proyecto. Al otro lado de la frontera, Noruega fue el sexto país en construir un reactor nuclear para producir energía, y también coqueteó con la idea de la bomba nuclear, que al final desestimó por razones económicas y técnicas.

"Este armamento es caro, pero si lo priorizamos nos lo podemos permitir", defiende sin embargo el teniente coronel noruego Kibsgaard. Si la factura de construir un programa de armamento atómico se dividiese entre cinco países (Noruega, Dinamarca, Suecia, Finlandia e Islandia), el analista calcula un plazo de 10 años y destinar el 1% del PIB de cada país, basando sus cálculos en el programa de armamento nuclear en Francia.

Los analistas nórdicos que abogan por este tipo de programa pasan muy por encima de la posibilidad de un aislamiento o boicot internacional ante su rearme nuclear. Por un lado, el mundo en el que se abren estos debates es ya muy distinto, un mundo en el que el arma atómica ha dejado de ser tabú y se ve ahora como supervivencia. El debate (aunque todavía solo eso, debate) ha llegado también a Japón, Corea del Sur o Canadá. También, los partidarios del "Martillo de Thor" se escudan en la reputación política de los nórdicos. El exministro danés Jeppe Kofod señalaba el riesgo de depender del paragüas británico o francés, "países en los que partidos populistas de derechas están al borde de tomar el gobierno, y quien sabe, si seguirían el ejemplo de los EEUU de tomar una postura aislacionista" (Marine Le Pen ya ha adelantado que no compartirá sus medios de disuasión nuclear), mientras que el exasesor del Ministerio de Defensa danés Jacob Funk Kirkegaard aseguraba que "nadie consideraría seriamente que los nórdicos usarían su capacidad nuclear para otra cosa que no sea disuasión".

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"Es importante que la región nórdica adopte todas las medidas posibles para desarrollar su capacidad de defensa nuclear conjunta de forma no amenazante. Como mínimo, esto debería incluir una toma de decisiones democrática y transparente sobre el tamaño y la composición de la disuasión nuclear, y posiblemente someterla a las inspecciones del OIEA una vez desarrollada. Incluiría, evidentemente, una cláusula de no primer uso, y un escudo nuclear nórdico debería estar abierto a la adhesión de otras democracias europeas", continúa.

¿Quién tendría la responsabilidad de apretar el botón rojo en caso de ser atacados? Kibsgaard sugiere que, para tener credibilidad disuasoria, debería recaer en una sola persona: "el modelo que propongo es que se hagan turnos entre los países sin que el resto del mundo sepa quién tiene la autoridad en ese momento". De este modo, "todos los países tienen el mismo efecto disuasorio y comparten la misma cuota de poder", asegura Kibsgaard.

Riesgo de una escalada nuclear

El sueño de tener un arsenal nuclear nórdico puede ser muy seductor para algunos, pero para otros analistas continúa siendo una muy mala idea. El investigador Rens Van Munster, del Instituto Danés de Asuntos Internacionales (DIIS) aseguraba, en primer lugar, que "la guerra en Ucrania ha puesto de manifiesto la relevancia limitada del armamento nuclear en las guerras modernas". "La guerra ahora se decide con drones, guerra electrónica, capacidad logística y armas de precisión".

Otro de los argumentos en contra lo mantiene Naman Karl-Thomas Habtom, investigador no residente en el Instituto Quincy y ex asesor en la Academia de Defensa Sueca. Como otros académicos, Habtom teme que si el país que otorga el Premio Nobel de la Paz poseyera armamento atómico "esto contribuiría inevitablemente a la ya alarmante carrera armamentística mundial". Además, el experto añade que "los aspirantes nucleares suelen ser más vulnerables, ya que representan una mayor amenaza potencial para sus rivales, pero aún no han obtenido los beneficios de la disuasión nuclear real".

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Pero en última instancia, los analistas coinciden en que las cuestiones políticas constituyen el mayor impedimento al desarrollo de un arsenal nuclear nórdico. "La retirada de los países nórdicos del Tratado de No Proliferación Nuclear los situaría como los únicos países en el mundo en abandonar el acuerdo, junto con Corea del Norte" decía Rens Van Munster. El analista admitía que "difícilmente seríamos tratados como Corea del Norte o Irán, pero en un momento en que Europa vuelve a acercarse a China para alcanzar acuerdos comerciales, no hace falta tener mucha imaginación para ver la oposición que tomaría Pekín".

Otro obstáculo que señala Munster es la tradición histórica de los países nórdicos en promover la distensión y la diplomacia frente a los conflictos: "el escepticismo frente a las armas nucleares está profundamente arraigado, pasar a ser una potencia nuclear sería un hecho muy drástico" dice. El historiador militar danés, Niels Klingenberg Vistisen cree que "si el paraguas estadounidense desaparece por completo, si Polonia desarrolla armas nucleares, si Taiwán, Japón, Australia y tal vez otros países hablan de ello, entonces creo que podríamos seguir con el ejemplo, pero dudo que seamos los primeros en romper el Tratado de No Proliferación Nuclear", decía.

Hace pocos años, la idea de que los países nórdicos deberían desarrollar un programa de armamento nuclear conjunto habría sido considerada absurda y ridícula. Pero los tiempos han cambiado, y el mero hecho de que se debata ya marca ese nuevo mundo.

Este febrero, los suecos pudieron leer en su principal periódico un editorial completamente impensable hace unos años. "Nadie quiere hablar de armas nucleares suecas, pero lo tenemos que hacer", rezaba el Dagens Nyheter. Y es solo un ejemplo de un debate candente, arduo y abierto en los países de la región nórdica, de Finlandia a Dinamarca, pasando también por Noruega: la posibilidad de desarrollar un programa de armamento nuclear conjunto. Un "martillo de Thor" atómico para defenderse sin EEUU (o de EEUU).

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