Historia de un desengaño amoroso: "Alemania todavía no se ha hecho a la idea del 'divorcio' con EEUU"
El periodista de 'Die Zeit' repasa en su libro cómo las relaciones entre Alemania y EEUU han acabado por desmoronarse. El país europeo enfrenta ahora su independencia de la potencia
Manifestación contra Donald Trump frente a la puerta de Brandeburgo, Berlín. (EFE/Clemens Bilan)
Cuando Holger Stark era adolescente, escuchaba RIAS 2, la "Radio del Sector Americano", una emisora fundada por estadounidenses después de la Segunda Guerra Mundial. La señal llegaba desde el otro lado de un Berlín dividido. El ahora periodista de Die Zeit vivía en la zona este de la ciudad, la oriental, donde escuchaba a grupos de la época como Grandmaster Flash y los Furious Five, los Beastie Boys, o Madonna. En cuanto a deportes, era fan de Carl Lewis y Michael Jordan. "Estados Unidos siempre fue un lugar que anhelaba", afirma.
Stark acabó centrando una gran parte de su carrera profesional en este país. Lleva más de 30 años cubriéndolo y, recientemente, ha escrito sobre el impacto de la administración de Donald Trump en las relaciones con Europa. El año pasado, durante la Conferencia de Seguridad de Múnich, analizó el discurso de JD Vance que se acabó convirtiendo en una suerte de premonición de las políticas de Washington en los meses siguientes. "Europa y Estados Unidos ya no son aliados. Una alianza se ha convertido en una asociación laxa, una relación que a veces funciona y a veces no. Actualmente, no funciona en absoluto", escribía Stark en ese momento.
Un año después, y antes de que se celebre una nueva edición de la conferencia, ha ahondado en esa idea en su libro El país adulto: Alemania sin Estados Unidos: una oportunidad histórica. En el libro repasa las relaciones entre la primera potencia del bloque y la primera mundial, así como la nueva realidad tras el fin de una alianza que parecía, para muchos alemanes, inquebrantable. Especialmente para los habitantes de Berlín que vivieron la caída del muro, la fractura trasciende la política y la economía; tiene además un tinte sentimental.
Holger Stark describe la relación actual entre Alemania y Estados Unidos como la de un matrimonio que se ha distanciado con el paso de los años. El marido, papel interpretado por Washington, ha perdido el interés por su esposa y está interesado en otras amantes. "Tiene aventuras, pero ya no está en casa, y en realidad está más preocupado por cómo conseguir las mejores condiciones posibles con el abogado de divorcios".
Alemania sigue procesando el duelo de esa ruptura.
PREGUNTA. Para los que no somos conocedores del peso que ha tenido Estados Unidos en la historia de Alemania, ¿podría explicárnoslo?
RESPUESTA. Para Alemania, los estadounidenses lo fueron casi todo después de la Segunda Guerra Mundial. Fueron los liberadores, porque liberaron a Alemania del régimen nazi. Fueron los constructores que reconstruyeron la economía alemana. Fueron los protectores que garantizaron la seguridad del país. Pero también fueron los grandes influenciadores culturales, que influyeron enormemente en la cultura alemana durante los últimos 80 años: desde los vaqueros Levi’s, pasando por la música, hasta la comida.
Recuerdo muy bien cuando abrió el primer McDonald’s a principios de los años 80 en Berlín Occidental: era casi una atracción cultural. Pasábamos allí muchas tardes después del colegio, simplemente disfrutando del estilo de vida americano. Y, como muchos alemanes, mi primer viaje después de terminar el instituto fue a Estados Unidos.
En todos esos aspectos —cultural, militar, económico y político— los estadounidenses fueron básicamente como padres para nosotros. Y nosotros nos sentíamos como adolescentes. Fuimos creciendo con el tiempo, volviéndonos más maduros. Y con la reunificación alemana alcanzamos un punto en el que podríamos haber sido adultos… pero no lo hicimos. Y ahora es el momento.
P. La administración de Donald Trump ha abanderado la ruptura de las relaciones de EEUU y Europa. Antes de que el republicano al poder, ¿recibimos señales de que esto podía ocurrir?
R. Donald Trump es, sin duda, un político único en una generación, y está empujando esta despedida. Pero la separación entre Estados Unidos y Europa comenzó mucho antes de la carrera política de Trump. Empezó un cuarto de siglo antes, y hay varios factores responsables de ello.
Por un lado, la globalización trajo una riqueza enorme a una parte de la sociedad estadounidense, pero también una crisis y desindustrialización a otra parte del país. Y ahí es donde Donald Trump conecta con su política de America First con su Make America Great Again, porque una parte significativa del electorado estadounidense siente que no forma parte del futuro, que no se beneficia del comercio, del desarrollo ni de la tecnología.
Por otro lado, las guerras de Afganistán en 2001 e Irak en 2003 provocaron una profunda crisis financiera a nivel gubernamental. Ambos factores han generado un sentimiento en la sociedad estadounidense de que alguien debe cuidar de los estadounidenses y que hay que dejar de implicarse en el resto del mundo, de ser el policía global, de enviar tropas, dinero y recursos a otros países.
Cuando Donald Trump habla de aranceles, cuando los sube para la Unión Europea, o cuando dice que Estados Unidos debería retirar su paraguas de seguridad o que países como Alemania o España deberían pagar por él, está expresando el sentir de muchos estadounidenses. Es, en cierto modo, su portavoz y su abogado.
Holger Stark (Cedida. Nina Mallmann)
P. En su libro habla de un nuevo momento histórico parecido al de la caída del Muro en 1989. ¿Por qué cree que la situación política actual puede ser tan determinante para Alemania?
R. Si seguimos con la metáfora de que Estados Unidos ha sido como el padre de Alemania, protegiéndola y cuidándola durante décadas, ahora estamos en un momento en el que Alemania podría dar el paso final hacia la independencia. Tras la caída del Muro y el fin de la Guerra Fría en 1989-1990, Alemania estaba en condiciones de reiniciarse y convertirse en un país plenamente independiente. Los franceses se fueron con sus tropas. Los británicos se fueron. Los soviéticos, las tropas rusas, también se fueron.
Pero el único hegemón que permaneció en Alemania fueron los Estados Unidos. Pero no dimos ese paso hacia la independencia porque los políticos alemanes, con esa mentalidad de que Estados Unidos siempre estaba ahí, siempre era nuestro guardián, no asumieron la plena responsabilidad de Alemania reunificada. Se redujo el Ejército alemán y se recortó el gasto militar para centrarse en el Estado del bienestar y las políticas sociales. Son cuestiones fundamentales, sin duda, pero se delegaron muchas cuestiones de seguridad a EEUU y ahora estamos pagando ese precio.
Nos hemos dado cuenta de que los estadounidenses ya no son amigos. Ya no son nuestros padres. Ya no están del lado de Alemania, o al menos no son fiables. Donald Trump lo dejó claro, y también J. D. Vance, su vicepresidente, al decir que Ucrania no importa, que incluso se podría imaginar entregar los Estados bálticos, que simplemente ya no le importa la seguridad europea.
Y ahora estamos en una crisis profunda. Pero la independencia es un gran regalo y tiene un gran valor. Este podría ser un segundo gran momento histórico: el momento en el que nos damos cuenta de que somos responsables de nosotros mismos, de que empezamos un nuevo capítulo en la historia alemana y tomamos nuestro destino en nuestras manos, independizándonos por fin de Estados Unidos después de 80 años.
P. ¿Cree que Alemania está lista para afrontar ese divorcio y asumir su “independencia” de EEUU?
R. Las grandes decisiones nunca se toman en momentos de calma y bienestar, sino bajo una enorme presión, como último recurso. Y estamos en uno de esos momentos. Si no es ahora, ¿cuándo puede Alemania dar ese paso?
Existe un amplio consenso en la sociedad alemana de que lo que está haciendo Donald Trump, lo que persigue Estados Unidos ahora, no va en interés de Alemania. Incluso los ultraderechistas de Alternativa para Alemania (AfD) son cuidadosos de no alinearse demasiado con la administración Trump porque saben lo impopular que es este EEUU en Alemania.
Siempre ha habido una postura crítica hacia Estados Unidos desde la izquierda política, que criticó el imperialismo estadounidense, la guerra de Vietnam o la guerra de Irak. Pero también desde la derecha, que siempre vio con recelo la dependencia alemana del imperialismo cultural estadounidense. Por eso, la relación con Estados Unidos siempre fue ambigua. Y ahora incluso atlantistas tradicionales como Norbert Röttgen o Roderich Kiesewetter han comprendido que el pasado se ha terminado y que debemos definir nuestro futuro de otra manera.
La belleza de la independencia, de ser soberanos y responsables de nosotros mismos, es que nos da libertad y aire para respirar. Abre un nuevo capítulo para redefinir la relación con Estados Unidos. No tiene por qué ser una ruptura hostil para siempre. Puede haber un futuro común, pero negociado desde una posición distinta: no como iguales, quizá, pero sí como hermanos, como países con los mismos derechos.
"Muchos alemanes, sobre todo en la élite política, todavía esperan ver una señal positiva de Trump"
P. Ha hablado de la relación “paternal” entre Alemania y Estados Unidos. También la ha comparado con un matrimonio. ¿Cómo cree que se siente el país que ha sido “traicionado” o “abandonado” por su ser querido?
R. Para muchos en Alemania, esto se siente como una relación o un matrimonio que creías que duraría para siempre. Y de repente te das cuenta de que, en los últimos 10 o 20 años, os habéis ido alejando. Y descubres que tu pareja ya no quiere seguir contigo.
Aceptar la separación es duro: implica dejar el piso compartido, gestionar tus propios contratos de electricidad, agua y gas, cocinar para ti mismo, cambiar hábitos. Algunos políticos siguen escribiendo mensajes a su ex, esperando que quede algo de amor o afecto. Pero semana tras semana se dan cuenta de que queda muy poco que una a ambos países. Todavía estamos en el proceso psicológico de asumir que estamos en pleno divorcio. Seguimos negociando las condiciones de la separación: qué nos une en el futuro y qué debemos separar.
Muchos alemanes, sobre todo en la élite política, aún querrían ver una señal positiva de Trump. Y están profundamente decepcionados de que no llegue, de que JD Vance sea incluso más radical y de que esta América esté en un rumbo completamente distinto.
P. ¿Cómo cree que puede cambiar el papel de Alemania en Europa tras el fin de su alianza tradicional con EEUU?
R. Ningún país —ni España, ni Italia, ni Francia, ni Alemania— puede sobrevivir solo en un mundo con dos superpotencias, Estados Unidos y China, y una potencia agresiva aspirante a superpotencia como Rusia. La solución solo puede ser europea. Y el papel de Alemania debe ser un papel de liderazgo. Durante mucho tiempo, por nuestros crímenes del pasado, Alemania ejerció un “liderazgo desde atrás”. Pero esa estrategia pertenece al pasado.
Hoy el concepto adecuado es el de “liderazgo servidor”: liderar sirviendo a los intereses de Europa, no solo a los propios. Como dijo el exministro polaco Radosław Sikorski: “Tengo más miedo de una Alemania que no lidera que de una Alemania que lidera”.
Alemania es el país más poblado de Europa, el más rico y la tercera economía del mundo. ¿Quién, si no Alemania, puede liderar con el ejemplo? Esto no significa dominar Europa, como en el pasado. La lección histórica es clara: Alemania no debe dominar, pero sí liderar con el ejemplo.
Cuando Holger Stark era adolescente, escuchaba RIAS 2, la "Radio del Sector Americano", una emisora fundada por estadounidenses después de la Segunda Guerra Mundial. La señal llegaba desde el otro lado de un Berlín dividido. El ahora periodista de Die Zeit vivía en la zona este de la ciudad, la oriental, donde escuchaba a grupos de la época como Grandmaster Flash y los Furious Five, los Beastie Boys, o Madonna. En cuanto a deportes, era fan de Carl Lewis y Michael Jordan. "Estados Unidos siempre fue un lugar que anhelaba", afirma.