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La UE busca una 'terapia de choque' y el roce entre España e Italia lo explica
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Europa está escogiendo la lenta agonía

La UE busca una 'terapia de choque' y el roce entre España e Italia lo explica

Los jefes de Estado y de Gobierno acuerdan tomar medidas a corto plazo para impulsar el mercado interior, aunque la filosofía general respecto a la dirección de las reformas difiera

Foto: Foto de archivo del presidente de España, Pedro Sánchez y la primera ministra italiana, Giorgi Meloni  en la Reunión Informal de Jefes de Estado y Gobierno de la Unión Europea, en el Palacio Christian VII. (Pool Moncloa y Pool Presidencia Consejo Eur
Foto de archivo del presidente de España, Pedro Sánchez y la primera ministra italiana, Giorgi Meloni en la Reunión Informal de Jefes de Estado y Gobierno de la Unión Europea, en el Palacio Christian VII. (Pool Moncloa y Pool Presidencia Consejo Eur
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La economía de la Unión Europea tiene un crecimiento anémico y tiene enormes retos. Precios de la energía estructuralmente más altos que sus competidores, una brecha de innovación creciente, falta de inversión, competencia durísima por parte de Estados Unidos y China, y un mercado de exportaciones cada vez más delicado. Los líderes europeos están de acuerdo en que hace falta dar con una terapia de choque que permita romper con la particular euroesclerosis en la que ha entrado la economía europea. Así se ha certificado en una reunión informal de jefes de Estado y de Gobierno en el castillo de Alden Biesen, al este de Bélgica.

En el encuentro de este jueves han estado presentes Mario Draghi, expresidente del Banco Central Europeo (BCE) y exprimer ministro italiano, y el también antiguo mandatario italiano Enrico Letta. Ambos realizaron dos informes sobre la competitividad de la economía europea. Y la inmensa mayoría de sus recomendaciones han caído en saco roto, incluso las de Draghi, enormemente respetado por todos y que ha sido cada vez más negativo respecto a los efectos de no seguir sus consejos. "Es momento de hacer esto o afrontar una lenta agonía", explicó en 2024. Por ahora, Europa está escogiendo la lenta agonía.

La idea es pisar el acelerador a fondo en los próximos meses y cambiar los cálculos. La primera parada sería en el Consejo Europeo de marzo, donde la Comisión Europea quiere obtener una hoja de ruta clara, con fechas y objetivos muy definidos, y la ambición de lograr progresos para finales de 2027, en ámbitos de financiación, energía y seguridad económica, con medidas concretas, como la propuesta de avanzar en los próximos meses en la integración de mercado de capitales. La Comisión Europea quiere, además, que los Estados miembros y la Eurocámara se comprometan también con esos objetivos, para evitar que después arrastren los pies y le carguen con la culpa.

Las recetas para lograrlo son muy diversas. Para un grupo de líderes, comandados por Georgia Meloni, primera ministra italiana, y Friedrich Merz, canciller alemán, que han reunido a un grupo de jefes de Estado y de Gobierno que comparten su visión, la clave fundamental es profundizar en la agenda de simplificación, el único ámbito de las recomendaciones de Draghi donde la Unión Europea ha hecho algo.

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En un encuentro previo que han organizado al margen de la reunión informal y al que no ha sido invitada España, que se ha quejado del formato según fuentes del Gobierno, aunque es bastante habitual y poco relevante que haya este tipo de encuentros previos a las cumbres, el Ejecutivo italiano ha explicado que se han coordinado respecto a líneas concretas de acción para avanzar en la simplificación. Incluyendo propuestas para modificar el mercado de emisiones (ETS) y la tasa de carbono en frontera (CBAM), dos ámbitos importantes de la agenda climática europea.

Pero lo que muestra esa reunión, y su lista de invitados, que alcanzaba hasta 19 Estados miembros, es hasta qué punto hay una tensión entre las dos tendencias respecto a la filosofía general que debería guiar el ejercicio.

Merz ha encontrado en Meloni, así como en Bart De Wever, primer ministro de Bélgica, aliados clave en su visión que sus aliados identifican como "pro empresas". En otro campo se encuentra Francia y otros Estados miembros como España, que apuestan por una visión más ‘federal’ y algo más proteccionista. Emmanuel Macron, presidente francés, a diferencia de España, sí que participó en la pre-cumbre organizada por Italia, Bélgica y Alemania, en gran medida para tratar de ejercer de contrapeso, ser un ‘topo’ federalista dentro del grupo cada vez más grande de Estados miembros que se sitúan en el campo rival. De hecho, y como si fuera un gesto para tratar de retener el eje franco-alemán, Macron ha llegado a la reunión de este jueves junto con el canciller federal alemán.

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España, por su parte, ha criticado que el encuentro, que contó con 19 Estados miembros, complicaba más que facilitaba el consenso. Bart De Wever, primer ministro de Bélgica, uno de los impulsores, ha admitido que, al alcanzar tal número de participantes, el encuentro podía ser "poco elegante" de cara al resto de socios europeos. La realidad es que el encuentro muestra que hay una masa crítica de países que respaldan un enfoque mucho más alejado del federalismo clásico, en el que en líneas generales se encuentra España, y alineada con una visión económica de la Unión.

La clave, más allá del roce diplomático de este jueves —si es que puede calificarse como tal, teniendo en cuenta que, según fuentes del Palazzo Chigi, Meloni y Pedro Sánchez ni siquiera abordaron este asunto en el encuentro posterior—, está en realidad en Alemania: en cómo se posiciona entre su aspiración europea posnacional y las urgencias de su propia economía.

Bajando a los detalles

Donde se logra encontrar puntos de consenso es en algunas medidas concretas. Y numerosas fuentes apuntan a que se ha llegado a la conclusión de que hay que abandonar un enfoque centrado en conseguir un respaldo total respecto a una cuestión política amplia, que hay que centrarse en aquellos ámbitos concretos donde ya hay una masa crítica. Un ejemplo es el llamado "régimen 28", una propuesta legislativa para permitir la creación de empresas que puedan operar fácilmente en toda la Unión Europea. Los jefes de Estado y de Gobierno lo han abordado este jueves. Aunque está en el horno y el Ejecutivo comunitario debería presentarla en breve, la idea es enormemente compleja y requiere todavía de cierto trabajo.

Otro punto fundamental es la integración de los mercados de capitales. En este ámbito hay un grupo de Estados miembros que están dispuestos a avanzar más rápido que los demás haciendo uso de la cooperación reforzada, un instrumento que está contemplado en los Tratados y que permite a ciertos países integrarse más rápido que los demás. Es la comúnmente llamada "Europa a varias velocidades", que, en realidad, ya existe: por ejemplo, no todos los países participan en Schengen o en el uso de la moneda única.

Hasta ahora esos avances son poco más que ideas al aire, pero tras esta cumbre Bruselas trata de convertirlo en un hito en el calendario. Von der Leyen ha defendido dar primero la oportunidad a lograr progresos en la Unión de Ahorros e Inversiones (SIU) a nivel de los veintisiete, al menos intentarlo hasta junio, pero a partir de entonces, y si no se logran "avances suficientes", abrir la puerta "introducir una cooperación reforzada". Hasta junio, el objetivo será completar "la primera fase de la SIU, que incluye la integración de los mercados, la supervisión y la titulización".

'Buy European' y eurobonos

Por último, los líderes han abordado dos cuestiones que han impulsado fundamentalmente el Gobierno francés y el español. Por un lado, está la petición de una mayor emisión conjunta de deuda europea, los llamados eurobonos, una idea que genera enormes tensiones con los países nórdicos. Distintas fuentes ya explicaban que veían un terreno demasiado pantanoso como para avanzar en una discusión seria al respecto, y preferían mantener la palabra "eurobonos" fuera del debate para evitar que eso bloqueara el resto de asuntos. Para París o Madrid, sin embargo, los eurobonos son habilitadores de la agenda de la competitividad.

El otro punto era el de la preferencia europea o cláusulas "Buy European", es decir, que se establezcan requisitos para que en ciertos sectores haya que producir en la Unión Europea o haya que contar con un determinado nivel de componentes europeos. La idea está estrechamente vinculada con una Ley de Aceleración Industrial que la Comisión Europea deberá presentar hacia finales de febrero y que ha generado muchas tensiones tanto dentro del Ejecutivo comunitario como entre Estados miembros que están a favor y en contra de incluir requisitos de preferencia europea.

El acuerdo entre líderes ha sido que se trabaje y explore la idea de "Buy European" sector a sector, dependiendo de aquellos que son estratégicos y que están especialmente expuestos y aquellos que necesitan de un alto nivel de apertura para mantenerse competitivos.

La economía de la Unión Europea tiene un crecimiento anémico y tiene enormes retos. Precios de la energía estructuralmente más altos que sus competidores, una brecha de innovación creciente, falta de inversión, competencia durísima por parte de Estados Unidos y China, y un mercado de exportaciones cada vez más delicado. Los líderes europeos están de acuerdo en que hace falta dar con una terapia de choque que permita romper con la particular euroesclerosis en la que ha entrado la economía europea. Así se ha certificado en una reunión informal de jefes de Estado y de Gobierno en el castillo de Alden Biesen, al este de Bélgica.

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