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Sin petróleo y sin aliados: ¿cuánto le queda al Gobierno cubano para el colapso?
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"No se puede ahorcar a un pueblo así"

Sin petróleo y sin aliados: ¿cuánto le queda al Gobierno cubano para el colapso?

Pekín y Moscú son los principales socios de Cuba, pero el momento geopolítico es complicado y no parecen estar dispuestos a contrariar demasiado a Washington a causa de la isla, que está a menos de 150 kilómetros de EEUU

Foto: El fin del petroleo venezolano para cuba desata las colas por combustible en la isla. (EFE/Ernesto Mastrascusa)
El fin del petroleo venezolano para cuba desata las colas por combustible en la isla. (EFE/Ernesto Mastrascusa)
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"Cuba está a punto de caer. Está muy cerca del colapso", dijo el presidente estadounidense, Donald Trump, el pasado 4 de enero, apenas un día después de la operación militar que capturó a Nicolás Maduro en Caracas. Esas palabras han acabado siendo el anticipo de un brutal endurecimiento de la política de Estados Unidos hacia el Gobierno de La Habana, en un momento geopolítico crítico porque los principales aliados de la isla no están en posición de ayudar a Cuba mucho más allá de la retórica.

Trump acabó plasmando su nueva posición respecto al Gobierno de la isla el 29 de enero. Declaró entonces una "emergencia nacional" por la supuesta amenaza de Cuba, mencionando la presencia en el país caribeño de espías de Rusia y China, además de miembros de grupos terroristas como Hamás y Hezbolá.

Más allá de los anuncios políticos, destacaba una durísima medida económica para la isla: la administración Trump hizo público que impondrá sanciones severas a los países que suministren petróleo a Cuba. Unos días antes, Washington ya había cerrado el grifo del crudo venezolano, que sostuvo al país durante dos décadas. La combinación de ambas medidas generó un terremoto económico y político en el país caribeño.

Las cuentas son sencillas: Cuba necesita unos 110.000 barriles de petróleo diarios, pero apenas produce 40.000 barriles diarios en los campos del norte de la isla. Venezuela suministró a la isla en 2025 unos 25.000 barriles diarios, y La Habana recibía también envíos de México, Rusia y, en ocasiones, de Argelia.

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Esos envíos ya no se están produciendo. Desde principios de enero no atraca un petrolero en los puertos de Cuba y la situación es límite, porque los suministros, básicos para alimentar las vetustas centrales termoeléctricas, son ya mínimos y se suceden los apagones de más de 20 horas en varias regiones del país.

La Habana denuncia una "agresión cruel" que "busca quebrar la voluntad política del pueblo cubano" mientras despliega un "programa de reorganización" con medidas como la suspensión de cirugías no críticas, cierre de escuelas, teletrabajo para los funcionarios, restricciones del transporte urbano e intermunicipal, restricción de venta de diésel al público y el cierre de algunos hoteles.

No hay ni combustible para los aviones, anunció el Gobierno este lunes. Las aerolíneas que quieran continuar volando a la isla deberán hacer paradas técnicas en República Dominicana, minando aún más un muy decaído sector turístico, la mayor fuente de divisas de la isla, muy afectado previamente por la pandemia, los mismos apagones y las restricciones de visado de EEUU.

La Habana ha reaccionado acudiendo a sus principales aliados en el mundo, arrancando manifiestos de solidaridad, pero, por ahora, ni una sola gota de combustible. Cada uno de los países está inmerso en su propia circunstancia geopolítica y ninguno parece estar dispuesto a desafiar frontalmente a Washington.

placeholder Una persona camina por una calle con basura este miércoles, en La Habana (Cuba). (EFE/Ernesto Mastrascusa)
Una persona camina por una calle con basura este miércoles, en La Habana (Cuba). (EFE/Ernesto Mastrascusa)

China fue el primer país al que acudió Cuba tras el establecimiento de la amenaza arancelaria al suministro de petróleo. El ministro de Exteriores cubano, Bruno Rodríguez, viajó al gigante asiático la pasada semana. No fue un viaje previamente anunciado, es decir, que posiblemente se desató como consecuencia del bloqueo petrolero de EEUU. Rodríguez estuvo acompañado por el Jefe del Estado Mayor de las FFAA, Roberto Legrá. Pekín se comprometió, tras la visita, a ayudar a la isla, aunque solo en la "medida" de sus "posibilidades" y sin mencionar ni de soslayo el combustible.

"China apoya firmemente a Cuba en la defensa de su soberanía y seguridad nacionales, y se opone a la injerencia extranjera", señaló este lunes el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Lin Jian. "Siempre proporcionaremos apoyo y ayuda a la parte cubana en la medida de nuestras posibilidades", añadió, sin especificar cuál sería ese apoyo.

El gobierno chino sí aprobó a finales de enero una ayuda de emergencia de 80 millones de dólares en asistencia financiera y 60.000 toneladas de arroz, que se convirtió en la mayor donación de ese producto recibido por Cuba hasta la fecha, pero no parece estar dispuesto a desafiar a Trump enviando petróleo.

"La generación sigue siendo principalmente con petróleo"

Si se distribuye más ayuda, podría ser de energía solar. Cuba abrió hace unos meses un parque fotovoltaico de 5 megavatios con asistencia china, parte de un proyecto de 35 megavatios, y Pekín donó además en noviembre unas 5.000 placas solares para caseríos aislados, pero esas instalaciones no se erigen de forma inmediata, suponen además grandes inversiones y lo que Cuba precisa de manera imperiosa es petróleo.

"Los paneles ayudan, pero los sistemas energéticos de la isla son anticuados. La generación sigue siendo principalmente con petróleo. Entonces, básicamente, lo que Cuba necesita es petróleo refinado. La isla requiere petróleo para la generación de energía básica, para las ciudades, hogares e industrias, así que es poco lo que se puede hacer, si no es con petróleo", comenta a El Confidencial el analista colombiano Sebastián Piñeros, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Externado y experto en política de América Latina.

Rusia, por su parte, se expresó en términos enérgicos contra el "estrangulamiento" de la economía cubana, en palabras del portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, pero no reinició sus envíos de petróleo a la isla. "Estamos estudiando posibles soluciones con nuestros amigos cubanos, al menos para proporcionar la asistencia que podamos", señaló el funcionario ruso.

Poco después habló el ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov. "En el foco de nuestra atención sigue estando la lucha contra cualquier práctica neocolonial, desde las medidas coercitivas unilaterales hasta las intervenciones militares. En este contexto confirmamos la solidaridad con los pueblos de Venezuela y Cuba. Estamos convencidos de que solo ellos pueden elegir su destino", apuntó, sin ofrecer tampoco ayuda en combustible.

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Pekín y Moscú son los principales socios de Cuba, pero el momento geopolítico es complicado y no parecen estar dispuestos a contrariar demasiado a Washington a causa de la isla, que está a menos de 150 kilómetros de EEUU.

"Para China o Rusia, apoyar a Cuba podría implicar costos elevados en temas que trascienden la relación bilateral de cercanía ideológica o política, generando una verdadera competencia geopolítica", considera Piñeros.

"La situación es compleja y resulta difícil saber hasta qué punto aliados tradicionales de Cuba como China o Rusia estarían dispuestos a arriesgar una respuesta airada o directa de EEUU por ayudar a la isla. "Si China apoya directamente con petróleo, ¿podría EEUU ampliar su colaboración con Taiwán?", pregunta. "¿Si Moscú apoya a La Habana, ¿podría endurecerse la posición de negociación de Rusia en las negociaciones con Washington y Kiev sobre Ucrania?", plantea Piñeros.

China acaba de aplacar la marejada arancelaria espoleada por Washington en 2025 y un nuevo golpe haría tambalear la economía mundial y también la suya propia. Aunque siempre afectaría también a EEUU, está por ver si Pekín quiere volver a agitar las aguas a corto plazo.

La ayuda de Rusia

Rusia es un país en guerra que, más allá de la retórica, no ha podido salir recientemente en ayuda de algunos de sus principales aliados como lo era la Siria de Bashar Al Asad, la Venezuela de Nicolás Maduro y lo es Irán, tras la operación de bombardeo de EEUU contra sus instalaciones militares el pasado año.

Una asistencia directa en petróleo a Cuba podría afectar a su potencial negociador en el marco del conflicto en Ucrania y mayores sanciones empeorarían sus ya delicadas perspectivas económicas. Parecen estar tomando la actual crisis en la isla caribeña con cierta cautela a pesar de la histórica relación que ambos países tienen desde la Guerra Fría.

Eso sí, hay gestos que han sido calificados por las autoridades cubanas de "enorme significación", como la visita a la isla del ministro del Interior ruso, Vladímir Kolokóltsev, tras la operación militar de EEUU en Venezuela.

A nivel asiático, Vietnam, otro socio clave de La Habana, señaló a través del secretario general del Partido Comunista, To Lam, que el país está "dispuesto a apoyar a Cuba dentro de sus capacidades".

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A nivel latinoamericano, la situación es parecida. Destaca la postura de Nicaragua, el, hasta ahora, mayor aliado de La Habana junto a Venezuela. El exguerrillero y copresidente, Daniel Ortega —gobierna junto a su esposa, la copresidenta Rosario Murillo— criticó a mediados de enero las "amenazas" de EEUU a Cuba, pero sorprendió esta semana con la suspensión de la entrada libre al país sin visado de los ciudadanos de la isla.

El movimiento ha sido visto de dos formas por los analistas. Por un lado, previene una posible crisis migratoria por la grave situación económica y energética en territorio cubano, y por otro lado, le sirve a Ortega y Murillo para congraciarse con Trump, porque la Administración estadounidense ha señalado constantemente que esa exención de visado favorece el flujo migratorio hacia EEUU.

El Gobierno nicaragüense ya liberó a decenas de presos, parte importante de ellos políticos, tras la operación militar de Washington en Venezuela y, según los analistas, Managua podría intentar evitar mayores confrontaciones.

Otro de los países cercanos a Cuba, México, ha admitido haber detenido por completo sus envíos petroleros a la isla desde la amenaza arancelaria de EEUU. Ese suministro aumentó considerablemente desde 2023 hasta alcanzar entre 6.000 y 12.000 barriles de petróleo diarios el año pasado, según la agencia Reuters, convirtiéndose en bienes básicos para la isla.

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La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, aseguró este lunes que están buscando por la "vía diplomática" que Cuba reciba combustible, aunque admitió que están intentando, al mismo tiempo, "evitar afectaciones a México".

Sheinbaum camina sobre una línea muy fina en sus relaciones con Washington. Más del 80% de las exportaciones mexicanas tienen como destino EEUU y cualquier arancel adicional podría dinamitar la economía del país en un momento, además, muy delicado. Ambas naciones y también Canadá tienen que renegociar a partir de junio el tratado de libre comercio que les une y la postura de Trump se anticipa muy dura por su enemistad reciente con el vecino del norte.

Además, Trump ha declarado en varias ocasiones que podría atacar a los carteles del narcotráfico sobre territorio mexicano mientras México intenta aliviar la presión extraditando a decenas de presos a EEUU.

"No se puede ahorcar a un pueblo así", señaló Sheinbaum, calificando como "injustas" las medidas de Washington. Lo hizo al anunciar el envío a Cuba, este lunes, de dos buques de la Armada con 814 toneladas de víveres, entre los que no hay, eso sí, ni una gota de combustible.

Un equilibrio insostenible

"El gobierno mexicano intenta equilibrar varias presiones al mismo tiempo. Por un lado, mantener una relación histórica con Cuba y por otro, evitar tensiones innecesarias en un contexto regional muy sensible. La decisión de detener el envío de crudo mientras se envía ayuda humanitaria parece una forma de mostrar apoyo sin entrar en un conflicto mayor", considera el analista mexicano Arturo González, de Araujo Consultores.

No parece tampoco que el petróleo vaya a llegar vía Colombia y Brasil, dos países gobernados por líderes simpatizantes de la revolución cubana. Tanto Gustavo Petro como Lula da Silva han hecho declaraciones en contra del bloqueo petrolero de EEUU, pero ninguno ha ofrecido ayuda en combustible.

No controlan sus respectivos congresos, que, en muchas ocasiones, de hecho, les son hostiles, y, además, están inmersos en procesos electorales este año —liderando las encuestas, en el caso de Colombia con el candidato izquierdista Iván Cepeda y en el caso brasileño el mismo Lula— y parecen dispuestos a mantenerse alejados de turbulencias con Washington.

Además, ambos líderes han emprendido en los últimos meses costosísimos esfuerzos para congraciarse con Trump. El líder brasileño ha logrado incluso que el presidente estadounidense haya dicho que le cae bien —negociaciones con las tierras raras de por medio— tras un inicio de relación caótico con un gran enfrentamiento arancelario.

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Le aguantó el pulso a Trump, no dio el brazo a torcer y acabó logrando cierto entendimiento y estabilidad para su país que aumentó su popularidad entre las clases empresariales y probablemente quiera conservar para ganar su cuarto mandato en noviembre.

Petro, calificado por Trump, sin pruebas, como "líder narcotraficante" y sancionado en la Lista Clinton, logró la pasada semana enterrar el hacha de guerra con el magnate estadounidense en una reunión presencial en Washington, de la que salió incluso con el compromiso de realizar capturas de objetivos de alto valor en los grupos narcotraficantes y guerrilleros a corto plazo. Tampoco creen los analistas que vaya a enviar suministros de Ecopetrol a Cuba.

El entuerto actual pasa por unas negociaciones entre Washington y La Habana sobre las que todavía no hay nada concreto y a las que las autoridades cubanas acuden desprovistas de apoyos decisivos de sus principales socios geopolíticos.

"Cuba está a punto de caer. Está muy cerca del colapso", dijo el presidente estadounidense, Donald Trump, el pasado 4 de enero, apenas un día después de la operación militar que capturó a Nicolás Maduro en Caracas. Esas palabras han acabado siendo el anticipo de un brutal endurecimiento de la política de Estados Unidos hacia el Gobierno de La Habana, en un momento geopolítico crítico porque los principales aliados de la isla no están en posición de ayudar a Cuba mucho más allá de la retórica.

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