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El 'Banco de la OTAN' no ha terminado de nacer y ya tiene enemigos: "El momento es ahora"
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El 'Banco de la OTAN' no ha terminado de nacer y ya tiene enemigos: "El momento es ahora"

Una nueva entidad financiera busca abaratar crédito para defensa aliada, movilizar 115.000 millones, apoyar pymes y exigir interoperabilidad, mientras Reino Unido se aparta y Canadá aspira a albergar su sede

Foto: Banderas de los aliados de la OTAN en Bélgica. (EFE/EPA/Olivier Matthys)
Banderas de los aliados de la OTAN en Bélgica. (EFE/EPA/Olivier Matthys)
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Cualquier entidad bancaria que trabaje con proyectos de defensa es consciente de las complicaciones que ello entraña, desde las barreras que imponen los criterios ASG (ambientales, sociales y de gobernanza) adoptados en los últimos años, hasta los riesgos reputacionales si los productos financiados son utilizados en campañas con un alto coste en vidas civiles, como Yemen o Gaza. A ojos de gran parte de la sociedad, invertir en material militar es impopular. En la práctica, eso significa que numerosas pequeñas y medianas empresas del sector tienen a menudo serias dificultades para acceder a créditos solventes.

Este factor, según algunos expertos, está lastrando el rearme europeo. Desde hace años, la OTAN es consciente de que este es uno de los obstáculos a solventar si se quiere que los Estados miembros no solo alcancen los sucesivos objetivos presupuestarios (entre el 2% del PIB actual y el 5% acordado para 2035), sino que este gasto tenga algún impacto práctico. Por este motivo, la Alianza Atlántica comenzó a finales de la década pasada a trabajar en la idea de una entidad bancaria independiente que pudiese enfocarse específicamente en la financiación de iniciativas de defensa a bajo interés. Algo que, ahora, está a punto de hacerse realidad, bajo el grandilocuente nombre de Banco para la Defensa, Seguridad y Resiliencia (DSRB).

El proyecto fue concebido originalmente en 2019 por Rob Murray, exjefe de innovación de la alianza, en lo que denominó ‘el Banco de la OTAN’, una idea que desarrollaría en profundidad cinco años después en un largo informe del Atlantic Council. "A pesar de la invasión rusa de Ucrania y de las crecientes tensiones geopolíticas con China, los ciudadanos de muchas naciones europeas y de Canadá priorizan el gasto en sanidad, educación e infraestructuras públicas frente a la defensa", se lamentaba este experto en el documento.

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"La falta de inversión en defensa, seguridad y resiliencia por parte de un número significativo de naciones aliadas, que no alcanzan el objetivo mínimo del 2% del PIB de la OTAN, o que simplemente son incapaces de financiar capacidades de defensa creíbles, crea desunión política y limitaciones prácticas en el cumplimiento de los compromisos de los tratados de defensa colectiva", indicaba. Pero el propio informe planteaba la solución: "Los problemas recurrentes de financiación de la OTAN podrían resolverse con una nueva institución financiera de gobernanza internacional: el Banco de Defensa, Seguridad y Resiliencia (DSRB)", afirmaba.

Ahorro en adquisiciones

El DSRB -lanzado en marzo de 2025, con Murray como fundador- busca movilizar 100.000 millones de libras (unos 115.000 millones de euros) para financiar estos proyectos de defensa en países aliados. La institución funcionaría como un prestamista multilateral con calificación AAA, permitiendo a las naciones acceder a capital mucho más barato que en los mercados individuales. Este músculo financiero no solo se destinaría a la compra de armamento pesado, como los cazas F-16, sino también a estabilizar las cadenas de suministro y apoyar a las pymes del sector, salvando los estigmas a los que se enfrenta en sus tratos con la banca comercial.

Múltiples entidades bancarias internacionales han mostrado su respaldo al proyecto, como JP Morgan Chase, ING Group, Commerzbank o RBC Capital Markets, entre otros. La propuesta inicial establecía que un grupo central de países "ancla", todos ellos con calificación crediticia AAA, sirvieran de núcleo impulsor. Entre ellos estarían las diez naciones de la llamada Fuerza Expedicionaria Conjunta -una coalición de reacción rápida en la región noreuropea lanzada en 2018-, que incluye a los países Bálticos, Dinamarca, Islandia, Finlandia, Suecia, Noruega, los Países Bajos y el Reino Unido, a los que se sumarían también EEUU y, aunque no es miembro de la OTAN, también Japón. Otros países han mostrado su interés en unirse al proyecto.- Canadá, por ejemplo, se perfila como el candidato principal para albergar la sede central de este banco.

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Según el documento de Murray, el modelo financiero estima que el banco captará fondos en los mercados al 2,9% para prestarlos a los aliados a un 3,0%, lo cual es significativamente más bajo que el coste de capital individual de muchos países. Esto supondría un ahorro considerable para las arcas de los estados que solicitan dichos créditos. El informe lo explica con un ejemplo: "Si Polonia pidiera prestado al propuesto Banco de Defensa, Seguridad y Resiliencia a un tipo del 3,0% [para comprar aviones F-16], el total de intereses a pagar disminuiría a aproximadamente 1.780 millones de dólares […] ofreciendo un ahorro de unos 1.000 millones de dólares solo en pagos de intereses".

En su página web, este banco señala como una de sus ventajas el hacer avanzar la interoperabilidad de los países de la OTAN a través de las finanzas. "Con demasiada frecuencia, las fuerzas armadas aliadas adquieren sistemas incompatibles. El Banco DSR puede exigir la interoperabilidad como condición para otorgar préstamos, lo que lo convierte en un facilitador financiero de la armonización militar, impulsada por incentivos, no por la regulación", señala. Además, el DSRB busca introducir el concepto de "disuasión del mercado de capitales". Al emitir bonos de defensa en el mercado abierto, las naciones rivales podrían acabar financiando involuntariamente la seguridad de sus adversarios, creando un vínculo financiero que desincentive el conflicto.

Reveses y dificultades

Pero no todo es tan ideal como lo pintan sus partidarios. Algunos aliados han expresado el temor de que un banco multilateral interfiera en sus decisiones soberanas sobre adquisiciones militares. Y en septiembre, el Reino Unido se desmarcó públicamente del proyecto. "Las propuestas del DSRB no están respaldadas por el gobierno británico, y los representantes de estos conceptos no representan al gobierno o a ninguno de sus ministros. El Reino Unido no tiene planes de unirse a esta iniciativa", declaró entonces el ministerio de finanzas británico en un comunicado a la agencia Reuters.

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El hecho de que este rechazo tuviese lugar poco antes de la celebración de una reunión en el mismo Londres para estudiar cómo financiar esta nueva entidad, en la que se contaba con la participación de 41 países de la UE, la OTAN y la región indopacífica, sacudió la confianza en la iniciativa. Fuentes gubernamentales citadas en prensa sugieren que a Londres le preocupa que el banco no cumpla con los objetivos de eficiencia y valor real en el gasto de defensa. Este portazo representa un desafío para la viabilidad del proyecto, dado que se esperaba que el Reino Unido fuera uno de sus principales pilares financieros.

Pero mientras Londres se retiraba, Canadá ha visto una oportunidad estratégica. El país se encuentra en la carrera para albergar la sede del banco -ya sea en Toronto o en Ottawa-, una decisión que podría generar hasta 3.500 empleos directos en sectores de alta cualificación como las finanzas y la tecnología. Además, podría tener otros beneficios inesperados, como el uso de estos fondos para "abordar la precaria situación de la vivienda del personal de las Fuerzas Armadas en bases descuidadas", según ha declarado Rick Hillier, ex jefe del Estado Mayor de la Defensa de Canadá.

"Este es el momento de Canadá para liderar en la OTAN y con nuestros aliados en las finanzas de defensa", afirma Kevin Reed, presidente del grupo de desarrollo del DSRB, en declaraciones a la prensa. Canadiense él mismo, señala que los ciudadanos de ese país "somos conocidos por nuestra prudencia financiera". Además, la inesperada amenaza procedente de su frontera sur, con una Administración Trump amagando con invadir o dividir Canadá, ha creado un súbito interés en este país en reforzar de manera exponencial tanto sus capacidades de defensa como las relaciones con sus aliados transatlánticos, algo a lo que podría contribuir esta nueva entidad bancaria.

"El momento para este banco es ahora", asegura Reed. La gran incógnita sigue siendo si la ausencia de potencias clave como el Reino Unido y la incertidumbre acerca de la fiabilidad estadounidense debilitarán la capacidad de la institución para transformar la arquitectura de seguridad global. El proyecto, en todo caso, sigue en marcha, con vistas a que la institución esté plenamente operativa a finales de 2026 o principios de 2027. Algo que, desde el otro lado de la barrera, se percibe con desconfianza: "La OTAN está creando un banco para prepararse para la guerra con Rusia", afirmaba a finales de enero el diario ruso Izvestia. Si algunos de los miembros de la Alianza Atlántica no creen en ello, desde luego sus adversarios sí.

Cualquier entidad bancaria que trabaje con proyectos de defensa es consciente de las complicaciones que ello entraña, desde las barreras que imponen los criterios ASG (ambientales, sociales y de gobernanza) adoptados en los últimos años, hasta los riesgos reputacionales si los productos financiados son utilizados en campañas con un alto coste en vidas civiles, como Yemen o Gaza. A ojos de gran parte de la sociedad, invertir en material militar es impopular. En la práctica, eso significa que numerosas pequeñas y medianas empresas del sector tienen a menudo serias dificultades para acceder a créditos solventes.

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