Trump asegura que continuarán las negociaciones nucleares con Irán, a pesar del rechazo israelí
La reunión, prevista inicialmente para el 18 de febrero, se adelantó después de que los enviados de Trump se reunieran en Omán con representantes del Gobierno de los ayatolás
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, asegura que continuarán las negociaciones con Irán y que sigue prefiriendo "una solución negociada" para limitar el programa nuclear, tras reunirse en la Casa Blanca con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. "No se ha llegado a ninguna conclusión definitiva", ha asegurado en su red social Truth Social, "salvo que he insistido en que continúen las negociaciones con Irán para ver si se puede llegar a un acuerdo", añadió.
Aun así, el presidente de Estados Unidos ha asegurado que, si no es posible, "tendremos que esperar a ver cuál es el resultado" y ha recordado que Irán ya "se vio afectado por el 'Martillo de medianoche', lo que no le salió bien". "Esperemos que esta vez sea más razonable y responsable", aseguró.
Este es el séptimo encuentro desde que Trump llegó por segunda vez a la Casa Blanca. La reunión, prevista inicialmente para el 18 de febrero, se adelantó después de que los enviados de Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, se reunieran en Omán con representantes del Gobierno de los ayatolás. El encuentro, calificado de "satisfactorio" por ambas partes, es solo un principio de todo lo que aún está por negociar. Lo que resulte de estas será decisivo para que Trump inicie —o no— una intervención militar en el país.
Netanyahu, preocupado por proteger sus propios intereses —la restricción de los misiles balísticos iraníes y la suspensión del respaldo a las milicias chiíes—, optó por adelantar la reunión. Su objetivo ha sido persuadir a Trump sobre estas prioridades antes de que se lleve a cabo la segunda ronda de negociaciones entre Washington y Teherán, que aún no tiene fecha ni detalles definidos.
Washington lleva desde enero agitando la amenaza de una intervención en Irán, aunque sin concretar su alcance ni su naturaleza. Aunque la cuestión iraní ha estado de forma constante sobre la mesa desde la llegada de Trump (con mayor o menor presencia), el republicano ha ido esgrimiendo argumentos distintos para justificar una intervención cada vez más probable.
A comienzos de año, coincidiendo con la represión de las protestas internas en Irán, Trump llegó a sugerir que Estados Unidos podría intervenir para "ayudar al pueblo iraní". El líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, aseguró, días después de las masacres, que la violencia había cesado, y la Casa Blanca rebajó momentáneamente el tono.
Pero la pausa fue breve. Poco después, Trump autorizó el envío de lo que calificó como "ayuda" militar a la región, incluido el despliegue del portaaviones Abraham Lincoln. A pesar de que Trump anunció la maniobra en Truth Social, asegurando que la "ayuda" estaba en camino, el foco ya no estaba en las protestas, sino de nuevo en el programa nuclear iraní. El presidente republicano advirtió de que, si Teherán no aceptaba sentarse a negociar, podrían ocurrir "cosas malas".
Irán acabó haciéndolo. El viernes pasado, delegaciones diplomáticas de Estados Unidos e Irán mantuvieron un encuentro cara a cara para abordar, una vez más, el conflicto nuclear. Según un documento al que tuvo acceso Al Jazeera, la base de la negociación contempla que Teherán se comprometa a no enriquecer uranio durante tres años y, posteriormente, a limitar el nivel de enriquecimiento a menos del 1,5%. Además, su actual reserva de uranio altamente enriquecido —unos 440 kilos al 60%— sería transferida a un tercer país, aún por determinar.
El marco negociador, sin embargo, va más allá del ámbito nuclear. Washington exige también que Irán deje de transferir armas y tecnología militar a sus aliados regionales no estatales, en alusión directa a Hezbolá y a las milicias chiíes activas en Irak y Yemen. Teherán, por su parte, se comprometería a no iniciar el uso de misiles balísticos, aunque esta concesión queda lejos de las demandas estadounidenses, que aspiran a reducir tanto el número como el alcance de estos sistemas.
La cuestión de los misiles balísticos se perfila como un escollo incluso mayor que el nuclear. Para Israel y los Estados del Golfo, estos arsenales representan una amenaza permanente. Para Irán, en cambio, constituyen la principal garantía de supervivencia del Gobierno de los ayatolás. Desarmar a Irán sería, en cualquier caso, una victoria estratégica para Israel, que ya ha advertido en reiteradas ocasiones a Trump de que no debe “fiarse” del Gobierno de los ayatolás.
A diferencia del programa nuclear, donde existe cierto margen de maniobra, el liderazgo iraní —con Jamenei y la cúpula militar al frente— difícilmente hará concesiones en esta materia. La lógica que defiende Teherán es la misma en ambos casos, es decir, mantener capacidades disuasorias como seguro último frente a una agresión externa, en lugar de desmantelarlas y quedar expuesto a futuros ataques.
Trump, además, ya ha demostrado en Venezuela su capacidad para intervenir directamente en los asuntos internos de terceros países, forzar cambios de liderazgo o imponer líneas políticas. Siempre que ha percibido que Israel trataba de cruzar los límites que él mismo había fijado —en Irán, Qatar, Siria o Gaza—, el presidente estadounidense ha optado por tomar el control de la situación, obligando a Benjamin Netanyahu a dar un paso hacia atrás.
Israel tampoco parece haber convencido a Trump del último plan anunciado por su ejecutivo que busca acelerar la anexión de Cisjordania. Hace pocos días, el gabinete de seguridad israelí aprobó un proyecto que permitía a los colonos comprar directamente tierras en Cisjordania. El presidente republicano ya ha dejado claro que no respalda la anexión y que, según Axios, Estados Unidos —y no Israel— tiene otras prioridades en este momento. La propuesta también ha sido rechazada por la mayoría de los países árabes.
Además, Israel sigue dificultando la entrada de tecnócratas palestinos al enclave, uno de los puntos clave de la segunda fase del plan de paz de Trump en Gaza que habría entrado en vigor coincidiendo con el anuncio del "Consejo de la Paz". En él, Trump aseguró que habría una "fuerza internacional de estabilización", un brazo armado que mantendrá la seguridad de Gaza y se encargará de entrenar a una policía palestina. Según el plan original, la idea sería mandar tropas internacionales, pero son muy pocos los países que habrían aceptado formar parte de estas fuerzas.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, asegura que continuarán las negociaciones con Irán y que sigue prefiriendo "una solución negociada" para limitar el programa nuclear, tras reunirse en la Casa Blanca con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. "No se ha llegado a ninguna conclusión definitiva", ha asegurado en su red social Truth Social, "salvo que he insistido en que continúen las negociaciones con Irán para ver si se puede llegar a un acuerdo", añadió.