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El nuevo Donbás podría ser Canadá: la injerencia de EEUU en Alberta para alimentar el separatismo es solo el principio
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Tensión en la frontera norte

El nuevo Donbás podría ser Canadá: la injerencia de EEUU en Alberta para alimentar el separatismo es solo el principio

Washington alienta a separatistas de Alberta mientras Ottawa responde con boicots, desvío comercial y nuevas reglas de consulta; crece la tensión por aranceles, petróleo y el futuro del acuerdo de libre comercio

Foto: Una amazona de rodeo lleva la bandera canadiense en Alberta, Canadá. (Reuters/Archivo/Todd Korol)
Una amazona de rodeo lleva la bandera canadiense en Alberta, Canadá. (Reuters/Archivo/Todd Korol)
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Los canadienses tienen un cabreo demencial. De todos los países del mundo, Canadá es el que vive con mayor intensidad las consecuencias del cambio de régimen en Estados Unidos. La interdependencia vecinal, aunque desequilibrada, solía ser percibida como una garantía de estabilidad y sintonía estratégica. Ahora, para Canadá, es una vulnerabilidad existencial. El famoso discurso del primer ministro Mark Carney en Davos solo fue la formulación serena de un sentimiento de traición que abrasa como un rescoldo en el estómago de los canadienses.

Además de los aranceles a sectores estratégicos, la promesa de retirar la certificación de aviones fabricados en Canadá y el continuo cuestionamiento de la soberanía, el último frente abierto (o alimentado) por la Casa Blanca es Alberta: la provincia canadiense rica en petróleo bituminoso. Si escuchamos al mundo MAGA y a los miembros del gabinete de Donald Trump, entenderemos que el pueblo de Alberta está oprimido y clama apasionadamente por separarse de Canadá.

"Alberta es un socio natural para EEUU", dijo el secretario del Tesoro, Scott Bessent, al presentador ultraconservador Jack Posobiec. "Tienen grandes recursos. Los habitantes de Alberta son personas muy independientes. Se rumorea que podrían celebrar un referéndum para decidir si quieren permanecer en Canadá o no".

Las palabras de Bessent adquirieron una mayor concreción pocos días después, cuando el Financial Times confirmó que miembros del "marginal" partido separatista de Alberta, Alberta Prosperity Project (APP), se habían reunido en Washington, en tres ocasiones desde abril, con cargos de la Administración Trump. Según el diario, los separatistas quieren un préstamo de 500.000 millones de dólares de Estados Unidos para hacer despegar su proyecto secesionista.

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Otro rescoldo que abrasa el estómago de los canadienses. "Ir a un país extranjero y pedir ayuda para desmembrar Canadá, eso tiene un nombre a la antigua, y ese nombre es traición", declaró David Eby, premier de Columbia Británica.

La noticia añadió presión política a Danielle Smith, la premier conservadora de Alberta, que, si bien nunca ha prometido celebrar un referéndum de independencia, parece estar dando pasos en esa dirección. Smith se ha rodeado de algunas figuras separatistas y ha aprobado la Ley 54, que reduce las exigencias para celebrar dicha consulta. En lugar de requerir 600.000 firmas, ahora basta con 177.000 (3,5% de la población). Y se pueden recabar en 120 días, en lugar de los 90 originales.

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Aun así, el apoyo provincial a la independencia es escaso. Una encuesta de The Pollara Strategic Insights refleja que solo el 19% de los albertanos respaldaría la secesión, frente a un 75% que votaría en contra. Otro sondeo, de Ipsos, eleva la proporción de personas a favor hasta el 28%. La mitad de quienes lo rechazarían.

"Me es prácticamente imposible imaginar que la secesión de Alberta se convierta en una posibilidad real", dice por correo electrónico Stephen Marche, periodista originario de Alberta y excorresponsal en EEUU. "Sin embargo, la Administración Trump y sus (muy pocos) simpatizantes en este país han centrado sus esfuerzos en Alberta para sembrar la división en Canadá. Estos matones estadounidenses, como el actual embajador, no hablan francés y no entienden realmente cómo alguien puede hablar otro idioma que no sea inglés, por lo que no han comprendido que Quebec es un terreno mucho más fértil [para el separatismo] que Alberta. Su estupidez es nuestra suerte. Aun así, sin duda perjudicarán la unidad nacional".

Marche se refiere al embajador estadounidense en Ottawa, Pete Hoekstra. Un persona capaz de, en apenas un minuto, decir que no entiende la reacción emocional a la idea de que EEUU se anexione Canadá, que el dólar canadiense no es "dinero de verdad" y que un anuncio financiado por la provincia de Ontario, en el que sale Ronald Reagan criticando las políticas arancelarias, es un ataque existencial absolutamente intolerable hacia los Estados Unidos de América.

El Donbás canadiense

Las menciones de Alberta por parte del Gobierno de Washington han hecho circular la expresión "Donbás canadiense": una situación hipotética en la que una potencia vecina, en este caso Estados Unidos, manipula un sentimiento latente pero minoritario en el país de al lado para tratar de reducirlo al vasallaje.

Algunos ideólogos MAGA han sido muy explícitos. "El norte de la frontera es una bomba de tiempo", dijo Steve Bannon, exasesor y exjefe de campaña de Trump. "Uno de los problemas más grandes es el Norte Ártico. Canadá no está preparada, no tiene los recursos para defenderlo a medida que la gran partida del siglo XXI se juega en el Ártico, con el Partido Comunista Chino y los rusos. Por eso digo que Canadá podría ser la próxima Ucrania (...). Nuestra seguridad está indisolublemente vinculada, por lo menos, al territorio de Canadá".

Bannon, cuyo podcast War Room es uno de los más influyentes de la derecha estadounidense, dice que Canadá "ya no es un aliado de Estados Unidos" porque se está acercando a China. Antes de dar su discurso en Davos, Mark Carney estuvo de visita en Pekín con el objetivo de elevar un 50%, en un plazo de cuatro años, las exportaciones canadienses a este país. Una misión que, sin embargo, apenas haría mella en la gran dependencia canadiense de su único vecino, Estados Unidos.

placeholder Ilustración: Emma Esser.
Ilustración: Emma Esser.

"Si el gobernador [sic] Carney cree que va a convertir a Canadá en un punto de entrada para que China envíe bienes y productos a Estados Unidos, está muy equivocado", escribió Donald Trump en su cuenta de Truth Social. "China se tragará a Canadá por completo, destruyendo sus negocios, su tejido social y su estilo de vida. Si Canadá llega a un acuerdo con China, inmediatamente se le impondrá un arancel del 100% a todos los bienes y productos canadienses que entren en EEUU".

Esta sería la posible justificación estratégica, y luego está la cuestión del petróleo, concentrado, precisamente, en la provincia de Alberta, que produce alrededor del 85% del crudo nacional. El 88% de las exportaciones albertinas, además, van hacia Estados Unidos, que recibe de Canadá algo más del 60% de las importaciones totales de petróleo. 10 veces más de lo que le llega de Arabia Saudí y cinco veces más que lo que le llega de todos los países de la OPEP. Por eso Scott Bessent dice que Alberta sería un "socio natural" de EEUU: porque ya están conectados.

Una de las tareas de quienes observan Estados Unidos en estos momentos es separar la grandiosidad y el espectáculo de la sustancia. Todavía hay muchas personas que se dicen a sí mismas que Trump solo está "negociando", pero a su manera, con golpes intimidatorios, mediáticos, coloridos, que en realidad esconden un sofisticado cálculo de ajedrez. Las amenazas a Groenlandia serían una maniobra para obligar a la Unión Europea a gastar más en defensa, por ejemplo. Las amenazas a Canadá, lo mismo: una invitación a que sean más independientes.

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Esta teoría, conocida como "anclaje" o directamente The Art of the Deal, no acaba de convencer a la mayoría de los canadienses, a tenor de los números. Las exportaciones de bebidas alcohólicas estadounidenses a Canadá bajaron el año pasado un 85%, como consecuencia del boicot a nivel oficial, implementado por las provincias, y a nivel de la calle. En Canadá hay multitud de aplicaciones para saber qué productos vienen de EEUU, de manera que uno sepa cuáles sabotear.

Los viajes en coche al país vecino han caído un 28% y los viajes en avión casi un 20%, lo cual se nota en las economías de los Estados estadounidenses fronterizos, como New Hampshire, Vermont o el Estado de Washington. También Florida, cuyo clima, obviamente, no se puede encontrar en Canadá, ha notado el golpe. Muchos de los llamados snowbirds, que emigran anualmente desde las frías provincias del norte al paraje tropical del sudeste de EEUU, han dejado de volar.

Mientras tanto, las exportaciones canadienses a los países de América Central y del Sur han subido un 13%; también lo han hecho las ventas a la Unión Europea. El giro hacia China, que rompe con una década de relaciones hostiles, entra dentro del cálculo: reducir una dependencia que puede ser fatal, y que hace que la política canadiense orbite, ahora mismo, sobre las amenazas del presidente de EEUU.

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La animadversión canadiense hacia el Gobierno de EEUU es transversal. El exprimer ministro conservador, Stephen Harper, que se ha declarado como uno de los líderes más pro-EEUU de la historia, llama a todos los partidos a unirse "contra las fuerzas externas que amenazan nuestra independencia". Jean Chrétien, primer ministro entre 1993 y 2003, dijo que este es un momento histórico muy importante. "Probablemente sea lo que yo llamaría el fin del imperio estadounidense", y animó a los canadienses a posicionarse con sabiduría ante difíciles eventualidades.

Le pregunto a Stephen Marche, que publicó en 2022 The Next Civil War: Dispatches from America’s Future, donde argumenta, en base a varios modelos predictivos elaborados en Estados Unidos, que este país está abocado a una guerra civil, cuál cree que es el mayor desafío para los canadienses.

"La negociación del acuerdo de libre comercio, que se supone que tendrá lugar este año, es sin duda la mayor amenaza para Canadá", dice Marche. "Pero, en una pesadilla, ¿quién puede decir qué monstruo en particular surgirá de las sombras para asestar el golpe? Creo que Canadá ya lo ha comprendido, y el mundo lo está entendiendo poco a poco junto con Canadá: el golpe llegará de una forma u otra. Lo están intentando todo, por muy descabellado o malvado que sea. Las amenazas son vacías hasta que dejan de serlo".

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El periodista y ensayista, que hace años enseñó la obra de William Shakespeare como profesor de literatura en el City College de Nueva York, en Harlem, cita un pasaje de Hamlet: "Si ha de ser ahora, no será después; si no ha de ser después, será ahora; si no es ahora, sin embargo, llegará: la preparación lo es todo".

Los canadienses tienen un cabreo demencial. De todos los países del mundo, Canadá es el que vive con mayor intensidad las consecuencias del cambio de régimen en Estados Unidos. La interdependencia vecinal, aunque desequilibrada, solía ser percibida como una garantía de estabilidad y sintonía estratégica. Ahora, para Canadá, es una vulnerabilidad existencial. El famoso discurso del primer ministro Mark Carney en Davos solo fue la formulación serena de un sentimiento de traición que abrasa como un rescoldo en el estómago de los canadienses.

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