El caso Epstein, a punto de cobrarse su primera gran víctima política: Starmer, más acorralado
Dos dimisiones han puesto contra las cuerdas al Gobierno británico y han transformado el llamado caso Epstein en la peor crisis para el primer ministro desde que llegó al poder
El primer ministro de Reino Unido, Keir Starmer. (Europa Press/DPA/James Manning)
El escándalo que sacude Downing Street ha dejado de ser un problema de reputación para convertirse en un problema de poder. En menos de 24 horas, el primer ministro británico, Keir Starmer ha perdido a su principal estratega y a su responsable de comunicación, dos dimisiones que han transformado el llamado caso Epstein en la peor crisis para el 'premier' desde que llegó al poder en 2024. En algunos círculos de Westminster ya no se habla de si habrá una moción de confianza contra su liderazgo, sino de cuándo podría producirse.
El domingo dimitió Morgan McSweeney, jefe de gabinete y arquitecto del proyecto político que llevó a los laboristas a lograr una mayoría absoluta, poniendo fin a catorce años de gobiernos tories. El lunes lo siguió Tim Allan, director de Comunicación, tras apenas cinco meses en el cargo. Dos salidas consecutivas que, lejos de cortar la hemorragia, han dejado a Starmer aún más expuesto.
La prioridad inmediata del primer ministro es evitar un motín interno. Para ello, el lunes por la noche citó a los diputados de su formación en una reunión a puerta cerrada, en la que les suplicó tiempo para poder solventar la situación. De momento, los pesos pesados del gabinete —desde el viceprimer ministro hasta la responsable de Interior y la Chancellor— cierran filas en torno a su líder. En la sala abarrotada se escucharon aplausos. El propio Starmer ha dicho que no está "dispuesto" a dimitir. Pero no se descarta ningún escenario.
Anas Sarwar, líder del Partido Laborista escocés, se ha convertido ya en el primero en pedir públicamente la dimisión de Starmer. La crisis estalla en la antesala de unas elecciones clave en mayo, con los parlamentos de Escocia y Gales y numerosos ayuntamientos ingleses en juego. Ante el batacazo que anticipan las encuestas, el nerviosismo es palpable.
En una rueda de prensa convocada de urgencia el lunes en Glasgow, Sarwar reclamó "acabar con la distracción" y "cambiar el liderazgo en Downing Street". A su juicio, el Gobierno ha cometido "demasiados errores" desde la llegada de Starmer al poder y, aunque lo definió como un "hombre decente", advirtió de que está lastrando las opciones del laborismo en las elecciones al Parlamento escocés. Hace solo unas semanas los laboristas lideraban las encuestas; ahora aparecen en tercer lugar en Escocia, por detrás del SNP y del populismo de derechas de Nigel Farage.
Para una parte creciente de las filas laboristas, la polémica es la gota que colma el vaso: la confirmación de una fragilidad previa. Pese a la holgada mayoría absoluta, Starmer no ha logrado consolidar su autoridad. La percepción de liderazgo débil, los bandazos en algunas decisiones clave, el deterioro económico y el avance sostenido del populismo en las encuestas llevan meses erosionando su posición.
Las dimisiones de Morgan McSweeney, como jefe de gabinete, y de Tim Allan, como responsable de comunicación, están vinculadas al escándalo que rodea a Peter Mandelson, exembajador en Estados Unidos y figura central del Nuevo Laborismo de Tony Blair, con estrechos vínculos con Jeffrey Epstein.
La mancha del 'Príncipe de las Tinieblas'
Starmer nunca tuvo contacto alguno con el pederasta convicto que durante años tejió una red global de relaciones políticas, financieras e institucionales antes de suicidarse en prisión en 2019. Pero el problema político no es la intención, sino el error de juicio al haber avalado un nombramiento de alto riesgo reputacional. El todavía primer ministro sigue insistiendo en que Mandelson le mintió sobre la profundidad y la naturaleza de su relación con el empresario pederasta.
Sin embargo, para Harriet Harman, exvicelíder laborista y una de las figuras más respetadas dentro y fuera de Westminster, ese argumento le presenta como "débil, ingenuo y crédulo".
La dimisión de McSweeney como principal asesor tiene un alcance estructural. Durante años fue mucho más que un consejero. Fue el intérprete del partido, el garante de la disciplina interna y el filtro que absorbía tensiones antes de que llegaran al despacho del Número 10. En Westminster se le describía como "la única persona que realmente tomaba decisiones" en Downing Street. Su salida deja al primer ministro sin brújula política en plena tormenta.
La marcha de Allan como responsable de comunicación agrava aún más el cuadro. Veterano del Nuevo Laborismo de la era Tony Blair, había sido fichado recientemente para aportar peso político y credibilidad a un equipo con graves dificultades. Se incorporó al Gobierno en septiembre de 2025, por lo que no asesoró oficialmente a Starmer en el nombramiento de Mandelson, de 72 años, como embajador en Estados Unidos en 2024.
Pero, tras haber trabajado para gobiernos laboristas entre 1992 y 1998, mantenía una relación personal y profesional de décadas con el veterano político, conocido como "el Príncipe de las Tinieblas". Downing Street se ve ahora obligado a buscar, por quinta vez en poco más de un año, a un responsable de comunicación, una rotación que transmite improvisación y desorden en el núcleo del poder.
El sacrificio de ambos estrategas se diseñó para contener la hemorragia. Perono ha funcionado. Aunque tras la reunión con sus filas, Starmer podría haber comprado algo de tiempo. El hecho además de que no exista un candidato claro para reemplazarlo juega a su favor. Pero no hay prueba más evidente de que un Gobierno naufraga que la necesidad de reiterar, una y otra vez, su firme compromiso de continuar.
Los precedentes son demasiado recientes. Fue Boris Johnson quien, al ser forzado a dimitir por los suyos, resumió el proceso con una frase brutalmente honesta: "cuando la manada se mueve, se mueve". Johnson no cayó por el Partygate, las fiestas ilegales en plena pandemia, sino cuando se confirmó que conocía la conducta indebida del diputado Chris Pincher al nombrarlo responsable de disciplina del partido.
Dos años antes había logrado una mayoría absoluta histórica, pero el escándalo ofreció a los conservadores la coartada perfecta para desprenderse de un líder que había dejado de ser rentable. El Partido Laborista no tiene una tradición parricida tan marcada como los tories. Pero el paralelismo empieza a inquietar seriamente a Downing Street.
El escándalo que sacude Downing Street ha dejado de ser un problema de reputación para convertirse en un problema de poder. En menos de 24 horas, el primer ministro británico, Keir Starmer ha perdido a su principal estratega y a su responsable de comunicación, dos dimisiones que han transformado el llamado caso Epstein en la peor crisis para el 'premier' desde que llegó al poder en 2024. En algunos círculos de Westminster ya no se habla de si habrá una moción de confianza contra su liderazgo, sino de cuándo podría producirse.