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El 'Japón First' que quiere capitanear la ultraconservadora Takaichi: dureza con China y con los extranjeros
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El 'Japón First' que quiere capitanear la ultraconservadora Takaichi: dureza con China y con los extranjeros

Takaichi superaría la mayoría absoluta de 233 escaños que se marcó como meta. Su aliado, el Partido de la Innovación de Japón (Ishin), obtendría entre 28 y 38 escaños, y entre ambos superarían los 300 diputados

Foto: Un panfleto de campaña que muestra a Sanae Takaichi, la líder del conservador Partido Democrático Liberal (PDL) (EFE/Franck Robichon)
Un panfleto de campaña que muestra a Sanae Takaichi, la líder del conservador Partido Democrático Liberal (PDL) (EFE/Franck Robichon)
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La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, se ha hecho con la victoria en las elecciones generales anticipadas a la Cámara Baja del Parlamento y ha logrado ampliar con creces la estrecha mayoría de su coalición, tal y como ha estimado la cadena de televisión pública NHK poco después del cierre de los colegios electorales.

El Partido Liberal Democrático (PLD) de la conservadora ha logrado entre 274 y 328 escaños de los 465 en liza en la Cámara Baja, la más importante de las dos que conforman el Parlamento, ha asegurado NHK en base a los sondeos a pie de urna realizados durante la jornada.

Takaichi superaría así en solitario la mayoría absoluta de 233 escaños que se marcó como meta. Su aliado, el Partido de la Innovación de Japón (Ishin), obtendría entre 28 y 38 escaños, por lo que entre ambos superarían la marca de los 300 diputados. Esto le permitirá sacar adelante todas las reformas que pretenda, incluso con el bloqueo en la Cámara Alta.

Admiradora de Thatcher

Sanae Takaichi, primera ministra japonesa, fanática del heavy metal y admiradora confesa de Margaret Thatcher​, no para de plantar hitos. El primero, al convertirse en la primera mujer que gobierna Japón en su historia moderna. Y, ahora que el Partido Liberal Democrático (que, pese a su nombre, es conservador) ha cumplido con las encuestas y ha arrasado en las elecciones de este domingo, cumplirá con el segundo: capitanear desde el ala más conservadora de la política a un Japón más asertivo en lo militar, social y en sus relaciones internacionales.

Su ascenso el pasado octubre, cuando se convirtió en primera ministra tras la dimisión de su predecesor Shigueru Ishiba, rompió el techo de cristal más alto de la política nipona, pero desde una posición que combinaba continuidad (el PLD ha gobernado Japón durante 65 de los 74 años de democracia japonesa) y controversia: es la heredera del ala más dura del partido y sus posturas ultraconservadoras —desde la revisión de la Constitución pacifista japonesa hasta el rechazo al matrimonio homosexual— prometían un mandato histórico que este domingo ha refrendado con una amplia victoria en las elecciones anticipadas.

A sus 64 años y con numerosos 'motes' a sus espaldas (Dama de Hierro en Asia es el más calmado), desde que se convirtiera en primera ministra, Takaichi ha sabido capitalizar un momento de descontento social, creciente tensión con los extranjeros y ansiedad geopolítica en Japón.

Aunque los sondeos le otorgan un índice de aprobación personal cercano al 60% (con un apoyo especialmente alto entre los jóvenes), el resultado para el PLD es menos predecible, dado que a la política japonesa también le está llegando el populismo con tintes foráneos que desafía las estructuras tradicionales. En las anteriores elecciones, el PLD logró ser el más votado, pero perdió la mayoría en la Cámara Baja, que apenas sostenía por un escaño y en coalición.

Si le sale bien la apuesta, Takaichi logrará su ansiada mayoría holgada para llevar a cabo su agenda de 'Japón primero'.

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Takaichi ha asumido como misión propia completar la revisión de la Constitución pacifista de la posguerra para reconocer formalmente el papel de las Fuerzas de Autodefensa. Su lema de "paz a través de la fuerza" implica no solo una expansión de las capacidades militares, sino también un aumento del presupuesto de defensa y una postura de confrontación más directa ante las amenazas de China y Corea del Norte.

Este endurecimiento ha tenido consecuencias políticas internas inmediatas. Su negativa a ceder en políticas de defensa agresivas provocó la ruptura de la alianza de 26 años con el partido budista moderado Komeito, que actuaba como un freno pacifista dentro de la coalición gubernamental. En su lugar, Takaichi ha buscado el apoyo de fuerzas más escoradas a la derecha, consolidando la percepción de que el PLD ha abandonado el centro político bajo su mando.

El polvorín diplomático con China

El aspecto más divisivo de su breve mandato hasta la fecha ha sido su política hacia Pekín. Takaichi ha roto con décadas de "ambigüedad estratégica" respecto a Taiwán, una política que Tokio compartía con Washington para evitar un conflicto directo con China. El punto de inflexión ocurrió el pasado 7 de noviembre, cuando durante una sesión parlamentaria sostuvo que un ataque chino a Taiwán —situado a apenas 100 kilómetros de territorio japonés— constituiría una amenaza para la supervivencia de Japón y justificaría una respuesta militar conjunta con Estados Unidos.

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Esta declaración, sin precedentes entre sus antecesores, desató una crisis diplomática de magnitudes considerables. China respondió calificando las palabras de Takaichi como una "grosera injerencia" y puso en marcha una serie de represalias económicas y diplomáticas. Desde entonces, Pekín ha cancelado cientos de vuelos, endurecido los controles sanitarios sobre productos pesqueros nipones y prohibido viajes de empleados de empresas estatales al archipiélago. El impacto económico es palpable: el sector turístico japonés podría perder hasta 2,2 billones de yenes anuales si el flujo de visitantes chinos no se recupera.

La retórica de Pekín también se ha vuelto inusualmente violenta. El Ministerio de Defensa chino advirtió de una "derrota aplastante" para Japón si interviene en Taiwán, mientras que en redes sociales, diplomáticos chinos llegaron a emplear un lenguaje incendiario contra la mandataria. A pesar de la presión, Takaichi se ha negado a retractarse, lo que ha llevado la relación bilateral a su punto más bajo en más de una década.

El factor Trump y la "MAGA-ficación" de la política nipona

La gestión de este conflicto se complica por la posición ambivalente de Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump. Aunque Trump ha respaldado públicamente a Takaichi a través de Truth Social, calificándola de líder "fuerte, poderosa y sabia", también ha enviado señales contradictorias. Según informes, Trump pidió a Takaichi que "no provocara" a China tras una conversación con Xi Jinping, y ha reiterado que muchos aliados de Estados Unidos "explotan" a su país en términos comerciales.

Aun así, Takaichi ha buscado activamente el favor de Trump. Poco después de asumir el cargo, desplegó una guardia de honor militar completa para recibirlo en el Palacio de Akasaka y firmó acuerdos sobre tierras raras, describiendo al presidente estadounidense como un "socio en una nueva era dorada". Esta sintonía con el movimiento MAGA no es un fenómeno aislado en Japón.

Las últimas elecciones dejaron claro que una nueva ola política inspirada en el movimiento de Trump está arraigando en el país, especialmente a través del partido Sanseito. Esta formación, que ha pasado de ser un grupo marginal nacido en YouTube a aspirar a unos 15 escaños en el Parlamento japonés (la Dieta), utiliza una retórica que mezcla teorías conspirativas con un nacionalismo exacerbado. Sanseito promueve el lema "Japanese First" (Los japoneses primero) y agita temores sobre la "invasión" de inmigrantes, la compra de tierras por parte de capital chino y las "élites globalistas".

Según las autoridades migratorias del país, el número de residentes extranjeros en Japón alcanzó un récord de 3,8 millones a finales de 2024. Además, el turismo ha alcanzado también una cifra histórica y casi 37 millones de personas visitaron el país el año pasado, generando numerosos roces con los locales.

Takaichi, aunque opera desde un partido tradicional, ha normalizado parte de este discurso. En sus filas para estas elecciones figuran candidatos que han alimentado ansiedades xenófobas o que mantienen vínculos con la controvertida Iglesia de la Unificación. Analistas señalan que, al igual que ha ocurrido en Europa, el hecho de que el centro-derecha adopte posturas de la extrema derecha sobre inmigración y seguridad nacional acaba desplazando todo el espectro político hacia el autoritarismo.

Conservadurismo social y nacionalismo económico

En el plano interno, el programa de Takaichi es una defensa cerrada de los valores tradicionales japoneses. Se opone firmemente al matrimonio entre personas del mismo sexo y defiende un modelo de familia donde la mujer mantenga roles tradicionales, oponiéndose incluso a reformas que permitirían a las parejas casadas conservar apellidos distintos. Su postura sobre la inmigración es igualmente tajante: defiende controles más estrictos y argumenta que Japón debe reconsiderar las políticas que permiten la entrada de personas con "culturas y orígenes completamente distintos".

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Este nacionalismo se extiende a la economía, donde propone resucitar el modelo de "Abenomics" basado en estímulos fiscales y una política monetaria expansiva. Su promesa electoral de suspender el impuesto sobre las ventas en alimentos para aliviar el coste de la vida provocó una venta masiva en los mercados el mes pasado. A los inversores les preocupa cómo un país con la deuda pública más alta del G7 podrá financiar una pérdida de ingresos estimada en 30.000 millones de euros.

El veredicto del domingo

La votación de este domingo será un referéndum sobre esta nueva dirección. Takaichi ha declarado que dimitirá si el PLD pierde su mayoría en la cámara baja, pero los sondeos sugieren lo contrario: una posible victoria aplastante que le otorgaría un mandato sólido para acelerar sus planes de rearme y firmeza ante China.

El apoyo a Takaichi es particularmente fuerte entre los votantes jóvenes, quienes, desencantados con las décadas de estancamiento económico, se sienten atraídos por su retórica nacionalista y su estilo directo, aparte de toda una "Sanae-manía" que la rodea, desde su inseparable bolso (a lo Margaret Thatcher) a su pintalabios rosa, que se ha convertido en superventas. Irónicamente, es esta misma juventud la que menos suele acudir a las urnas; en las últimas elecciones generales, solo el 36% de los jóvenes de entre 21 y 24 años votó en Tokio, frente al 71% de los mayores de 70 años.

La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, se ha hecho con la victoria en las elecciones generales anticipadas a la Cámara Baja del Parlamento y ha logrado ampliar con creces la estrecha mayoría de su coalición, tal y como ha estimado la cadena de televisión pública NHK poco después del cierre de los colegios electorales.

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