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No hay perdón que valga: por qué México necesita seguir atizando a España
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No hay perdón que valga: por qué México necesita seguir atizando a España

Los gestos de acercamiento de España hacia México han destensado un poco las relaciones, pero desde el Gobierno de Claudia Sheinbaum la visión no ha cambiado, ni tampoco el tono de su discurso

Foto: La presidenta de México, Claudia Sheinbaum. (EFE/José Méndez)
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum. (EFE/José Méndez)

La semana pasada, los reyes de España se acercaron al pabellón de México en el marco de la inauguración de la Feria Internacional de Turismo (Fitur) de Madrid. Allí conversaron con representantes de comunidades indígenas integradas en la delegación mexicana, protagonistas centrales de la puesta en escena del país en la feria. A nivel nacional, este breve encuentro no dejó ningún titular, pero del otro lado del Atlántico, tuvo una lectura muy positiva. “Como lo dije ayer, es un símbolo que los reyes de España se hayan acercado al stand de México en la FITUR y que hayan conversado con integrantes indígenas, mexicanos y mexicanas, pues esta conversación es importante”, señaló la presidenta Claudia Sheinbaum. ¿Invitará a los Reyes a México? “Ya vamos a ver”, contestó la mandataria.

En la interrogante parece haber un cierto avance para recomponer las deterioradas relaciones entre el jefe de Estado español y el Gobierno mexicano. Sheinbaum no invitó al rey de España a su toma de posesión, lo que se interpretó como una continuidad del conflicto heredado de su “padre” político, el expresidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

El entonces mandatario exigió en 2019 en una carta que el Rey de España y el Papa pidieran perdón a los pueblos originarios por la conquista. Eso generó un conflicto diplomático que se mantuvo durante todo el sexenio. Siempre, eso sí, bajo el mismo patrón: reproches y ataques de México, que en parte se mantienen ahora, y un absoluto silencio por parte del Gobierno español, que nunca buscó echar gasolina al fuego. España, hasta ahora, practicaba diplomacia; México, política. Son dos caminos distintos.

Lo saben bien dentro del país, donde las opiniones son también diversas. Tras la carta de AMLO, una encuesta del periódico Universal reveló que un 48,3% de los mexicanos rechazaba que el rey de España tuviera que pedir perdón y un 41,7% lo apoyaba. En 2021, El País México publicaba otra encuesta en la que afirmaba que un 62% de los mexicanos creía que AMLO usaba a España para hacer política. Y en 2023, un sondeo de MetricsMx aseguraba que un 50% de los mexicanos creía que el Estado español debía pedir perdón y un 31% no.

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Todos esos datos, divergentes, enseñan una cosa esencial: Cortés sigue formando parte del debate político mexicano. Ambos países tienen ante este espinoso asunto una visión diversa. Mientras México ha usado a España para alentar un nacionalismo del que hace gala el hoy partido gobernante, Morena, España ha mantenido siempre un tono bajo y no ha entrado al trapo de ciertos desplantes.

El primer guiño por parte del Gobierno de Madrid para correr un tupido velo por los sucesos ocurridos hace cinco siglos fue en octubre pasado. Dentro de la actual mayoría parlamentaria española, todos los socios del PSOE tienen una visión parecida a la de Morena, así que con cierta sutileza se dio un primer paso. “Dolor e injusticia hacia los pueblos originarios, a los que se dedica esta exposición. Hubo injusticia, justo es reconocerlo hoy y justo es lamentarlo, porque esa es también parte de nuestra historia compartida y no podemos ni negarla, ni olvidarla”, dijo el ministro de Asuntos Exteriores de España, José Manuel Albares, en la inauguración de una exposición en Madrid sobre la mujer indígena.

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Eso destensó un poco la cuerda, pero desde el Gobierno de Morena la visión no ha cambiado, ni tampoco el tono de su discurso. El pasado 22 de enero, en Puebla, Sheinbaum reiteró que España practicó una invasión del territorio en un “proceso profundamente violento marcado por masacres a poblaciones originarias”.

Además, abrió una clara brecha con los conservadores españoles, lo que puede ser un problema en el futuro si en Madrid hay un cambio en el gobierno. “La derecha —y particularmente la derecha española, con esta legisladora— tiene una posición muy atrasada, porque a nivel internacional, la visión de los pueblos indígenas no tiene que ver con aquella idea de que llegaron a civilizar territorios”, dijo la presidenta mexicana a raíz de unas declaraciones de la diputada española del PP Cayetana Álvarez de Toledo, en la que la legisladora popular afirmaba que México debía agradecer que España llevó la civilización al continente.

En España, este tema empieza también a generar votos, así que el riesgo de contagio de inflamación electoral, que en política es una dolencia común, puede cruzar el charco. Se avecinan negros nubarrones si el debate en la Península Ibérica se centra entre los que creen que patria es escribir "Méjico" y hablar de canibalismo, y los que creen que justicia es poner una ingeniosa publicación en redes cada 12 de octubre con la palabra genocidio.

El discurso de Sheinbaum es coherente tanto con la visión de su formación como con una larga tradición patria que viene desde la independencia. Los dos gobiernos del PAN y el último del PRI intentaron dejar atrás ese relato, que también tiene una fuerte contestación interna, pero Morena lo agita con frecuencia. Lo que choca a algunos es esa beligerancia con Madrid frente a la que tiene ante su vecino del norte, que no hace cinco o dos siglos, sino ahora, ha renombrado el Golfo de México como Golfo de América, persigue en las calles a personas de aspecto o acento mexicano, los llama violadores, les pone y quita aranceles y hasta amenaza con hacer intervenciones militares para acabar con grupos narcos en el país. La delicadeza y comprensión que hay con EEUU no es algo de lo que goza la amigable España.

“Es incomprensible por qué la presidenta quiso heredar ese conflicto que había generado AMLO con España. Incluso hay quien dice que el propio presidente le dijo: ‘te puedes deslindar de ese tema; ese es un tema que yo creé, no necesariamente tiene que ser el tuyo’. Y ella, de alguna manera no ha restaurado esa relación, incluso a pesar de las buenas señales que España ha dado recientemente”, señala el analista político mexicano Carlos Castañeda, a El Confidencial.

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¿Y por qué sucede eso? “Yo creo que ahí hay un tema que tiene que ver más con la tradición republicana de ciertos grupos de izquierda que sigue presente allí, y que se junta con esta discusión también de la conquista. Se pierde la visión diplomática de largo plazo donde creo que sin duda España sería una gran opción para estrechar vínculos y fortalecerlos. Y es una pena. México ha perdido, y no solamente es en esta administración y la pasada, una capacidad diplomática que tuvo durante mucho tiempo de liderazgo en América Latina e, incluso, en algunos casos internacional”, explica Castañeda.

Un movimiento tan ideológico como Morena necesita la idea de patria, del enemigo interno y externo, de agitar a sus masas desde las tripas. Los gringos y los gachupines (como se denomina despectivamente a los españoles) han cubierto siempre ese hueco en el que los agravios y los golpes comparten agenda. Pero a Estados Unidos hoy se le tiene miedo, así que de los viejos dogmas independentistas solo les queda el 'pim, pam, pum' español que ofrece menos riesgo y cierta rentabilidad electoral.

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“España está en una situación, no te diría que más delicada, pero sí se convierte quizás en uno de esos elementos de poco costo político para el Gobierno de la 4º Transformación. Permite mantener esta idea de un discurso hacia adentro que satisface a sus simpatizantes, en donde no tiene por qué doblar las manos y en donde puede mantener cierta agresividad intelectual e ideológica”, explica Antonio Ocaranza, director de OCA reputación y ex portavoz del presidente Ernesto Zedillo, a este medio.

“Creo que hasta cierto punto la presidenta ha tomado más distancia del discurso en contra de España. Admitió que era un buen gesto lo sucedido en Fitur, pero podría haber ido más allá, podría haber lanzado una soga, establecido un puente, y no lo hizo. Y creo que hasta cierto punto España puede cumplir ese papel en el discurso aguerrido de la 4T que ya no puede llevar a cabo con Estados Unidos”, concluye Ocaranza.

La semana pasada, los reyes de España se acercaron al pabellón de México en el marco de la inauguración de la Feria Internacional de Turismo (Fitur) de Madrid. Allí conversaron con representantes de comunidades indígenas integradas en la delegación mexicana, protagonistas centrales de la puesta en escena del país en la feria. A nivel nacional, este breve encuentro no dejó ningún titular, pero del otro lado del Atlántico, tuvo una lectura muy positiva. “Como lo dije ayer, es un símbolo que los reyes de España se hayan acercado al stand de México en la FITUR y que hayan conversado con integrantes indígenas, mexicanos y mexicanas, pues esta conversación es importante”, señaló la presidenta Claudia Sheinbaum. ¿Invitará a los Reyes a México? “Ya vamos a ver”, contestó la mandataria.

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